INICIAR SESIÓNSeis años atrás, una mentira destruyó el amor entre Valeria Montiel y Adrián Montenegro. Él creyó que ella lo había traicionado. Valeria recibió pruebas de que Adrián le era infiel. Ninguno pidió explicaciones y, entre acusaciones, orgullo y palabras imposibles de retirar, terminaron separándose. Poco después, Valeria descubrió que estaba embarazada. Abandonada por su familia y sin nadie a quien recurrir, huyó del país y construyó una nueva vida junto a sus gemelos, Mateo y Sofía. Años más tarde, Adrián descubre la verdad. Los niños son suyos. Convertido en uno de los empresarios más poderosos de Seattle, regresa decidido a recuperar el tiempo perdido. Compra la compañía donde ella trabaja y le presenta un acuerdo imposible de rechazar: casarse con él y criar juntos a sus hijos como una familia, o enfrentarse a una batalla por la custodia que ella teme no poder ganar. Valeria acepta el matrimonio para no arriesgarse a perder a Mateo y Sofía. Pero vivir bajo el mismo techo con el hombre que todavía considera responsable de haberle destrozado el corazón despierta viejas heridas, celos y una atracción que ninguno de los dos consiguió olvidar. Mientras intentan cumplir las reglas de su acuerdo, las mentiras que los separaron comienzan a desmoronarse. Sin embargo, alguien sigue decidido a destruirlos y está dispuesto a utilizar su matrimonio, su pasado y hasta sus hijos para conseguirlo.
Ver más...Seattle, Abril, seis años atrás....
La lluvia caía con fuerza aquella noche, como si el cielo mismo insistiera en acompañar el desastre que estaba a punto de ocurrir. Valeria permanecía inmóvil, con el corazón latiendo con una fuerza dolorosa contra su pecho, mientras lo miraba esperando, a que quizás, todo fuera un simple malentendido… un error. Pero la mirada de Adrián hacia ella no dejaba ningún espacio para dudas. Fría. Distante. Totalmente irreconocible.. —No debiste venir —dijo él, con una calma que dolía más que cualquier grito. Y aquellas palabras atravesaron a Valeria como una herida limpia y profunda. —Necesitaba oírlo de ti — respondió ella, y su voz apenas era firme, aunque por dentro todo se desmoronaba — .Dime que no es cierto. Por un segundo, el silencio se volvió insoportable. Pero Adrián no dudó y respondió con una frialdad casi imposible de soportar. —Lo es... El mundo parecía detenerse. Valeria sintió como el aire abandonaba sus pulmones por un momento, como si de pronto respirar se hubiera vuelto imposible para ella, como si algo le oprimiera el pecho con una fuerza indescriptible. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de su abrigo, buscando sostenerse de algo… de lo que fuera. —Entonces… —susurró—. Todo este tiempo en el que estuvimos juntos, solo fue una simple mentira… Él no respondió de inmediato. Solo observó con esa expresión fría que jamás le había mostrado antes. —Fue un error —sentenció finalmente —. Eso fue… “¿U-un error? Lo que fui para él durante todo este tiempo…¿solo fue un error? ” Aquella palabra cayó entre ellos, pesada y definitiva. Y por un segundo algo dentro de Valeria se rompió, pero no permitió que las lágrimas salieran. No frente a él. No después de eso. Solo asintió lentamente obligándose a mantenerse en pie, a no derrumbarse. —Entiendo —dijo, aunque no entendía nada. Y si, dolía más que nada en el mundo. Se obligó a sostener su mirada una última vez, grabándolo en su memoria… como si no fuera a volver a verlo nunca más. Y quizás…así sería—Siendo así…entonces no hay nada más que decir. Solo espero que cuando llegue el momento, no te arrepientas de tu decisión, porque cuando ese día llegue, no te perdonaré... No vuelvas a buscarme, Adrián. "¿Arrepentirme …? ¿Por qué debería hacerlo Valeria Montiel? Fuiste tú quien traicionó la promesa que hicimos por nuestro amor" Esta vez fue ella quien habló. Él no intentó detenerla, no dijo nada, y eso dolió más que cualquier otra cosa. Valeria se dio la vuelta antes de romperse por completo y comenzó a caminar, sintiendo cada paso más pesado que el anterior, como si estuviera dejando atrás no solo a la persona que había amado durante años … sino también la vida que había imaginado a su lado. La lluvia empapó su cabello, su ropa, su piel... pero no fue suficiente para ocultar el vacío que crecía dentro de ella. Porque en ese momento, aunque él no lo sabía… Valeria no se iba sola y esta vez, no habría vuelta atrás. ............. Valeria llevaba ocho minutos sentada en la sala de espera de la agencia. Empezó a sospechar que había revisado su portafolio tantas veces que, si lo habría una vez más, terminaría encontrando defectos que no existían. Así que optó por cerrarlo. Definitivamente, ya estaba. Había seleccionado sus mejores trabajos desde la llamada de Shannon, que terminó descartado otros tantos, volviendo a incluir dos y cambiando el orden tres veces antes de obligarse a dejarlo quieto. A esas alturas, cualquier modificación adicional probablemente sería producto del pánico y no del criterio profesional. Apoyó ambas manos sobre la carpeta que descansaba encima de sus piernas y soltó el aire lentamente. Era una reunión, nada más. Solo que con la mismísima Shannon Harris. Su cerebro parecía considerar irrelevante la parte de ⪻nada más⪼ La puerta situada al otro extremo de la sala se abrió y una mujer joven, vestida con pantalón oscuro y una blusa clara, se acercó hasta ella. —Señora Montiel, l
—Espero que me hayas llamado por un asunto importante — Adrián se alejó de la cama mientras la puerta del baño se cerraba detrás de Valeria. Del otro lado de la línea hubo un breve silencio.—Por el tono, parece que acabo de arruinar algo importante.Adrián miró hacia la puerta del baño. —Habla, Mark.—Siempre tan agradable. Algún día voy a extrañar profundamente tu calidez humana.—Colgaré si no tienes nada que decir.—Bien, bien. Ya entendí, jefe — la voz perdió parte de la burla — Sobre lo que me pediste, estuve averiguando qué demonios hacen Marco y Clarisa reuniéndose tanto en Eclipse.Eso consiguió toda su atención. Adrián caminó hacia uno de los ventanales.—¿Y?—No van allí únicamente a beber. Marco lleva semanas utilizando esas reuniones para acercarse a personas que normalmente no aceptarían verlo de manera oficial. La princesa de papi lleva semanas contactando discretamente a pequeños accionistas que empezaron a vender después del escándalo. Su familia está comprando esas a
No se acercó. Valeria permanecía en el mismo sitio, observando durante unos segundos más de los que habría querido admitir. Clarisa seguía junto a Adrián, demasiado cerca como para que la escena pasara desapercibida. Su mano continuaba aferrada al brazo de él mientras decía algo que Valeria no alcanzaba a escuchar. Y, por supuesto, la frase de Marco decidió regresar justo en ese momento. " Todos aquí piensan que son la pareja perfecta"Qué oportuno.Valeria apretó apenas los labios.Sabía perfectamente que Marco había dicho eso con una única intención. También sabía que Clarisa parecía tener una habilidad especial para invadir cualquier espacio donde estuviera Adían. Pero, aun así, la imagen frente a ella resultaba irritante. Adrián seguía conversando con el señor Kollerman cuando, casi por casualidad, levantó la vista.La encontró enseguida, y su atención cambio. Fue apenas un segundo, pero Clarisa también lo notó y terminó dirigiendo su mirada hacia donde él miraba y, al descubrir
Adrián terminó de escuchar al hombre frente a él, intercambió un último apretón de manos y aprovechó la primer oportunidad para apartarse del grupo. Ya había tenido suficiente. Buscó a Valeria con la mirada entre los invitados. Nada, no la encontró. La había visto alejarse hacía uno de los extremos del salón hacia unos minutos, pero ahora no estaba junto a las mesas ni entre los invitados que conversaban cerca de la pista. Estaba a punto de ir a buscarla cuando una voz conocida lo detuvo. —¿Adrián? Pensé que no tenías tiempo para venir. Adrián giró. El señor Kollerman se acercaba con una copa en la mano y aquella expresión afable que conservaba incluso después de décadas rodeado de empresarios. —Señor Kellerman. Mi padre no pudo asistir —respondió mientras estrechaba su mano—. Así que vine en su representación. Aunque ya sabe que este tipo de eventos no figura precisamente entre mis actividades favoritas. El hombre soltó una risa.—Lo sé. Siempre buscas la primera excusa












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