FAZER LOGINPov. Valeria
Salí del ascensor con el bolso colgando del hombro y el café aún tibio entre mis manos, esperando encontrar el mismo ambiente de siempre… tranquilo, rutinario, predecible. Pero bastó dar un par de pasos dentro de la empresa para darme cuenta de que algo estaba a punto de pasar ...la entrada principal estaba hecha un lío total cuando entre, todo el mundo iba de un lado a otro. Con papeles en mano, teléfonos sonando, conversaciones a medio terminar ... incluso algunos evitaban detenerse, como si el tiempo de pronto se hubiera vuelto más valioso de lo normal. Fruncí ligeramente el ceño mientras avanzaba, observando el caos con creciente confusión. —¿Qué está pasando aquí…? —murmuré, más para mí misma que para alguien en particular. —¡Valeria! ¡Mujer, que bueno que llegas! Ni siquiera tuve tiempo de reaccionar cuando Emma apareció frente a mí, con una carpeta llena de documentos entre las manos y esa expresión de estrés que rara vez le veía. —El “jefe misterioso” llega en una hora —soltó sin rodeos—. Así que deja de mirar como turista y ven conmigo ya. —¿Qué…? Emma, espera, yo acabo de— Pero como siempre no me dejo terminar. Simplemente me tomó de la mano y comenzó a arrastrarme por el pasillo como si mi vida dependiera de ello. —¡Emma! —¡No hay tiempo! —replicó sin mirarme siquiera—. Tenemos demasiado que hacer. En cuestión de segundos ya estábamos dentro de su oficina. Cerró la puerta detrás de nosotras y dejó los documentos sobre el escritorio con un suspiro pesado. Yo, por mi parte, dejé caer el bolso en el pequeño sofá de descanso y la miré con incredulidad. —¿Y por eso todos están como si el edificio estuviera en llamas? Emma me lanzó una mirada rápida antes de comenzar a organizar los papeles. —Pidio informes. —¿Informes de que exactamente? —De todo —respondió ella. Luego se giró hacia completamente seria —Análisis financieros de los últimos años, rendimiento de cada departamento, reportes de inversión, proyecciones trimestrales…. incluso auditorias internas ... y no solo eso, por si no fuera poco también solicitó evaluaciones del personal clave, y contratos activos con socios extranjeros ¡¿puedes creerlo?!. Parpadee, procesando todo. —Eso es… bastante — solté un suspiro, dejando el vaso de café en el escritorio — Apenas llega y ya pone todo patas ´para arriba —Genial… —murmuré, pasando una mano por mi cabello —Justo lo que necesitamos… Emma me señaló con uno de los documentos. — Así que,si no quieres que nos despidan en nuestro primer encuentro con el gran jefe mandón….muévete — Siempre tan dramática, eh. —Corrección, soy realista —corrigió — Vamos ayúdame amiga. Eres mejor que yo en esto. A partir de ese momento, todo se convirtió en una carrera contra el tiempo, apenas tome asiento cuando Emma comenzó a repartir tareas como si estuviéramos en medio de una emergencia real, y en cierto punto, no estaba tan lejos de serlo. En cuestión de segundos me vi revisando y ajustando los informes financieros de los últimos dos años, que en otro contexto, habrían tomado días enteros en analizar con calma. Pero no, hoy todo tenía que estar listo en menos de una hora, perfectamente ordenado, impecable, como si alguien realmente esperara que el caos se convirtiera en perfección solo con presión. Mientras avanzaba con los gráficos y documentos digitales, no pude evitar sentir una ligera irritación creciendo ; no por el volumen del trabajo, era por la absurda exigencia detrás de todo aquello. Osea ¿Quien llega a una empresa nueva y pide auditorías internas, evaluaciones de personal y contratos internacionales como si fueran simples notas de rutina? ¡Y todo en el primer día! Era demasiado… incluso para alguien que acababa de asumir el control. Aun así, seguí adelante, moviéndome de un lado a otro entre la oficina de Emma y la mía, corrigiendo detalles, imprimiendo archivos, revisando que cada carpeta estuviera en orden, que cada dato coincidiera, que nada quedara fuera de lugar. Para cuando finalmente todo estuvo lo suficientemente organizado como para no parecer un desastre total, apenas tuve tiempo de respirar. Recogí los documentos que me corresponden, acomodé lo mejor que pude mi aspecto frente al reflejo del vidrio y caminé hacia la sala de juntas junto al resto del equipo, con esa incómoda sensación instalada en el pecho… esa que aparece justo antes de que algo cambie, aunque todavía no sepas exactamente cómo ni por qué. Entramos a la sala de juntas casi al mismo tiempo que el resto del equipo,el ambiente era distinto ahí dentro… más pesado. El director ya se encontraba al frente, acompañado por varios miembros importantes de la empresa, todos con sus expresiones serias,pero no fue eso lo que realmente llamó mi atención. Fue él. Aquel hombre en el frente principal. Estaba de espaldas, completamente quieto, con una presencia que sin necesidad de verlo, imponia mas de lo que esperaba. No hacía nada en particular, ni siquiera volteo a vernos…. y aun así, era imposible ignorarlo. Supuse de inmediato que debía ser el famoso “Jefe misterioso” , el nuevo dueño de la empresa del que todos habían estado hablando durante semanas. Pero había algo…algo en su postura, en la forma en que se mantenía ahí, tan seguro, tan familiar, que hizo que una leve incomodidad se instalara en mi pecho. Apenas terminamos de entrar, el director nos dedicó una sonrisa amplia, casi exagerada si me lo preguntan. Nos pidió tomar asiento, y todos obedecimos sin dudar. Yo me acomodé en mi lugar, dejando los documentos frente a mí mientras intentaba concentrarme en lo que estaba pasando ... ignorando esa extraña sensación que no terminaba de desaparecer. El director comenzó a hablar. Explicó que todos ya sabíamos que la empresa había pasado a manos de alguien más. Yo solo escuchaba, pero no podía evitar que mi atención se desviara una y otra vez a ese hombre de espaldas…. hasta que finalmente, el director hizo una pequeña pausa y sonrió aún más. Y entonces lo dijo…. su nombre. Adrian Montenegro… Por un segundo todo se detuvo. Sentí como mi cuerpo se tensaba sin permiso, como mi mente procesaba lo que acababa de escuchar sin lograrlo del todo. No… no podía ser. Trague saliva, obligándome a mantener la compostura, a no reaccionar, a no dejar que nada se reflejará en mi rostro. Era solo un nombre, solo una coincidencia , ¿no? Después de todo…¿cuántos Adrian Montenegro podían existir en el mundo? Seguramente muchos. Tenían que ser muchos. Me aferre a esa idea con más fuerza de la que me gustaría admitir. No podía dejarme llevar por suposiciones absurdas, pero entonces él se giró y finalmente lo vi. .......... Valeria llevaba ocho minutos sentada en la sala de espera de la agencia. Empezó a sospechar que había revisado su portafolio tantas veces que, si lo habría una vez más, terminaría encontrando defectos que no existían. Así que optó por cerrarlo. Definitivamente, ya estaba. Había seleccionado sus mejores trabajos desde la llamada de Shannon, que terminó descartado otros tantos, volviendo a incluir dos y cambiando el orden tres veces antes de obligarse a dejarlo quieto. A esas alturas, cualquier modificación adicional probablemente sería producto del pánico y no del criterio profesional. Apoyó ambas manos sobre la carpeta que descansaba encima de sus piernas y soltó el aire lentamente. Era una reunión, nada más. Solo que con la mismísima Shannon Harris. Su cerebro parecía considerar irrelevante la parte de ⪻nada más⪼ La puerta situada al otro extremo de la sala se abrió y una mujer joven, vestida con pantalón oscuro y una blusa clara, se acercó hasta ella. —Señora Montiel, l
—Espero que me hayas llamado por un asunto importante — Adrián se alejó de la cama mientras la puerta del baño se cerraba detrás de Valeria. Del otro lado de la línea hubo un breve silencio.—Por el tono, parece que acabo de arruinar algo importante.Adrián miró hacia la puerta del baño. —Habla, Mark.—Siempre tan agradable. Algún día voy a extrañar profundamente tu calidez humana.—Colgaré si no tienes nada que decir.—Bien, bien. Ya entendí, jefe — la voz perdió parte de la burla — Sobre lo que me pediste, estuve averiguando qué demonios hacen Marco y Clarisa reuniéndose tanto en Eclipse.Eso consiguió toda su atención. Adrián caminó hacia uno de los ventanales.—¿Y?—No van allí únicamente a beber. Marco lleva semanas utilizando esas reuniones para acercarse a personas que normalmente no aceptarían verlo de manera oficial. La princesa de papi lleva semanas contactando discretamente a pequeños accionistas que empezaron a vender después del escándalo. Su familia está comprando esas a
No se acercó. Valeria permanecía en el mismo sitio, observando durante unos segundos más de los que habría querido admitir. Clarisa seguía junto a Adrián, demasiado cerca como para que la escena pasara desapercibida. Su mano continuaba aferrada al brazo de él mientras decía algo que Valeria no alcanzaba a escuchar. Y, por supuesto, la frase de Marco decidió regresar justo en ese momento. " Todos aquí piensan que son la pareja perfecta"Qué oportuno.Valeria apretó apenas los labios.Sabía perfectamente que Marco había dicho eso con una única intención. También sabía que Clarisa parecía tener una habilidad especial para invadir cualquier espacio donde estuviera Adían. Pero, aun así, la imagen frente a ella resultaba irritante. Adrián seguía conversando con el señor Kollerman cuando, casi por casualidad, levantó la vista.La encontró enseguida, y su atención cambio. Fue apenas un segundo, pero Clarisa también lo notó y terminó dirigiendo su mirada hacia donde él miraba y, al descubrir
Adrián terminó de escuchar al hombre frente a él, intercambió un último apretón de manos y aprovechó la primer oportunidad para apartarse del grupo. Ya había tenido suficiente. Buscó a Valeria con la mirada entre los invitados. Nada, no la encontró. La había visto alejarse hacía uno de los extremos del salón hacia unos minutos, pero ahora no estaba junto a las mesas ni entre los invitados que conversaban cerca de la pista. Estaba a punto de ir a buscarla cuando una voz conocida lo detuvo. —¿Adrián? Pensé que no tenías tiempo para venir. Adrián giró. El señor Kollerman se acercaba con una copa en la mano y aquella expresión afable que conservaba incluso después de décadas rodeado de empresarios. —Señor Kellerman. Mi padre no pudo asistir —respondió mientras estrechaba su mano—. Así que vine en su representación. Aunque ya sabe que este tipo de eventos no figura precisamente entre mis actividades favoritas. El hombre soltó una risa.—Lo sé. Siempre buscas la primera excusa
A los diez minutos, Valeria ya había entendido que aquella gala tenía muy poco de cena y muchísimo de estrategia. El champán era bueno, la música suficientemente baja para no estorbar negocios y las sonrisas estaban tan perfectamente colocadas que empezaba a sospechar que algunas personas habían practicado frente al espejo antes de salir de casa. Adrián, en cambio, estaba en su elemento. No parecía esforzarse por llamar la atención; la atención simplemente terminaba encontrándolo. Ella lo comprobó mientras permanecía a su lado con una copa que apenas había probado. En menos de quince minutos habían pasado frente a ellos empresarios, inversionistas, representantes de fundaciones y un par de apellidos que ella reconoció inmediatamente porque aparecían demasiado seguido en las páginas financieras. Lo curioso era que Adrián no la presentaba como si estuviera cumpliendo una formalidad, sino que la incorporaba. No permitía que las conversaciones giraran únicamente alrededor de él. Cua
.... —¡Tu hermano te hizo quedar como un idiota! , desmontó todo en menos de una hora y consiguió que varios accionistas que estaban empezando a dudar volvieran a cerrar la boca —soltó Clarisa finalmente—. Y tú estás aquí tomando como si nada... como si hubieras ganado. Marco dejó caer un cubo de hielo dentro del vaso y observó cómo desaparecía bajo el licor mientras Clarisa llevaba los últimos cinco minutos quejandose, con una irritación cada vez menos disimulada. Marco siempre había considerado las derrotas bastante útiles. El truco estaba en perder únicamente aquello que no necesitabas. Y eso, él parecía encontrarlo extraordinariamente entretenido. Marco levantó los ojos. —Porque gané. Clarisa lo miró como si acabara de confirmar alguna deficiencia mental importante mientras lo veía tomar del licor. —Quitarlo de esa silla en una reunión habría sido demasiado fácil. Y bastante aburrido. —¿Qué demonios pretendes? Una sonrisa pequeña apareció en su rostro. —Quiero que emp







