تسجيل الدخول|| DOS SEMANAS DESPUÉS || —Con esto podemos dar por cerrada la revisión de esta etapa. La frase del representante consiguió que varias posturas alrededor de la mesa se relajaran casi al mismo tiempo. Adrián permaneció sentado, repasando por última vez las cifras que tenía delante mientras uno de los ejecutivos terminaba de recoger sus notas. La reunión había durado más de dos horas, pero por una vez nadie parecía salir de allí con una lista interminable de correcciones. Los avances habían cumplido con los plazos previstos, salvo algunos ajustes menores, Aurelis estaba satisfecho con el trabajo realizado durante aquellas primeras semanas. —El equipo ha respondido mejor de lo que esperábamos —continuó el representante—. Si mantenemos este ritmo, podemos adelantar parte del siguiente cronograma. Adrián levantó la vista. —No voy a prometerle que todos estarán felices de escuchar eso. Algunas risas rompieron la formalidad de la sala. La reunión terminó pocos minutos después. Hub
—No, ahí no. Un poco más a la izquierda —indicó Valeria, dando dos pasos hacia atrás para comprobarlo mejor—. Si lo dejan tan cerca de la entrada, cuando pongamos las vitrinas va a verse todo amontonado. El trabajador asintió y volvió a mover la estructura mientras Emma, a su lado, consultaba el plano que llevaba doblado entre las manos. Las obras habían comenzado hacía varios días y el lugar ya empezaba a parecer menos un edificio vacío y más algo que realmente les pertenecía. Habían retirado parte de las instalaciones antiguas, las paredes estaban preparadas para recibir los nuevos acabados y esa mañana trabajaban en la iluminación del primer nivel. Shannon había insistido en que la luz debía favorecer las piezas sin convertir la tienda en una sala de hospital, comentario que Emma había repetido tantas veces que Valeria empezaba a sospechar que terminaría escuchándolo hasta dormida. —El techo de esa zona todavía me parece demasiado oscuro —comentó Emma, levantando la vista—. Cuan
Emma terminó de explicarle lo de Cristopher mientras se dirigían al estacionamiento. Según ella, su hermano había decidido acompañarla porque no le hacía ninguna gracia verla instalarse sola en otra ciudad y porque tenía unos negocios aquí. Y , ya que estaba allí, pensaba quedarse unas semanas antes de regresar. Valeria aceptó la explicación sin darle demasiadas vueltas. La sorpresa inicial seguía ahí, sobre todo porque Emma había omitido deliberadamente un detalle bastante difícil de considerar pequeño, pero Cristopher no hizo nada que volviera incómodo el trayecto. Ayudó con las maletas, participó en la conversación cuando correspondía y se comportó con tanta normalidad que Valeria terminó relajándose. Esa misma noche se lo contó a Adrián mientras él revisaba unos documentos en la habitación. No quería cometer con él exactamente aquello que le había molestado con Clarisa: permitir que se enterara de algo relacionado con ella por otra persona. Él volvió al documento, aunque tardó
.... El café que Clarisa había elegido quedaba lo bastante apartado del centro como para no encontrarse con nadie conocido por accidente. A esa hora apenas había unas cuantas mesas ocupadas y ellos se habían instalado en un rincón separado del resto, donde podían hablar sin tener que bajar la voz a cada momento. Clarisa sostenía la taza de té entre ambas manos mientras observaba al hombre sentado frente a ella. No había perdido tiempo con presentaciones ni preguntas innecesarias. Después de recibir su llamada, simplemente le había enviado una dirección y una hora. El investigador abrió el portafolios que llevaba junto a la silla, sacó un sobre grueso y lo dejó sobre la pequeña mesa entre ambos. —Todo lo que necesita saber está ahí. Clarisa dejó la taza sobre el plato y dirigió los ojos hacia el sobre, aunque todavía no lo tocó. —¿No dejaste ninguna información fuera? El hombre se acomodó ligeramente en la silla. Había pasado suficientes años viviendo de encontrar cosas que otr
—No, no. Espera un momento ... porque todavía estoy intentando entender cómo demonios tu vida cambió tanto en unas pocas semanas. Emma acomodó el teléfono hasta conseguir que la imagen dejara de temblar. Cuando volvió a aparecer completa en pantalla, seguía con aquella expresión de absoluto desconcierto que llevaba buena parte de la videollamada provocándole risa a Valeria. La carpeta que su padre le había entregado descansaba sobre sus piernas. La había abierto con intención de seguir revisándola mientras hablaban, pero hacía rato que ninguna de las dos le prestaba demasiada atención. Emma conocía lo de Shannon desde principio a fin, y lo de su posible colaboración juntas. Lo que todavía intentaba asimilar era que aquel mes de prueba hubiese terminado convirtiendo a Valeria en socia de una mujer cuyo trabajo admiraba desde la universidad. Y, casi al mismo tiempo, su padre había puesto delante de su hija una realidad que llevaba seis años creciendo sin ella. —Entonces, para
—Las dos propuestas nos dieron bastante de que discutir, señor Montenegro. El representante de Aurelis estrechó la mano de Alexei antes de volver a su asiento. Sobre la mesa había una sola carpeta, cerrada, y aquello bastó para que el ambiente de la sala se volviera un poco más atento. Habían pasado varios días desde el envío. Grupo Montenegro seguía compitiendo con otras compañías por el contrato, así que nadie esperaba una adjudicación todavía. Lo que Aurelis venía a comunicar era algo más sencillo: con cuál de las dos alternativas del grupo continuarían trabajando durante la siguiente etapa. El hombre explicó que ambas habían cumplido con lo que buscaban y que la decisión había sido más ajustada de lo esperado. Después giró la carpeta y la deslizó hacia Alexei. Adrián reconoció la portada apenas la vio. Era la suya. Alexei levantó la vista hacia su hijo con una satisfacción contenida. No celebró antes de tiempo porque conocía perfectamente la diferencia entre superar una eta







