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La teoría del caos - Parte 2

Auteur: Yuss palacio
last update Date de publication: 2025-09-16 23:30:51

HARPER

Después de darle tantas vueltas al asunto, de meditarlo toda la noche, finalmente tomé una decisión.

Melisa me miraba con los ojos agrandados, sin parpadear y la boca entreabierta. Moví la mano frente a su cara.

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  • CULPABLE EL DESTINO   UN TAL VEZ POSITIVO

    HARPER—¡Por Dios, Harper! Tú y Dante tienen sexo todo el tiempo. ¿¡Cómo no se te ocurrió cuidarte!? —inquirió Mel, dando unos pasos hacia el centro de la oficina.Mis mejillas ardieron.—¿Qué?... ¿Cómo sabes eso? —tartamudeé, avergonzada.Ella rodó los ojos.—¡Por favor! ¿Crees que las paredes del apartamento son a prueba de ruido?Abrí la boca.La cerré.Volví a abrirla.—Créeme, a día de hoy todo el edificio ya debió haberte escuchado —soltó sin más.Solté un chillido ahogado y me cubrí la cara con ambas manos.—¡No puede ser! ¡Qué vergüenza!Escuché a Melisa soltar un suspiro y luego el sonido de sus pasos acercándose.—Ya eso es lo de menos ahora —dijo, tomándome de las muñecas para quitarme las manos del rostro.Levanté lentamente la mirada hacia ella.—Esto también es mi culpa —dijo sin soltarme—. Tú eres la inexperta, debí instruirte mejor…—Claro que no es tu culpa —la interrumpí rápido—. Ya tengo 23 años, y Dante 26; fuimos nosotros los irresponsables y quizás metimos la pat

  • CULPABLE EL DESTINO   CERRANDO CICLOS

    HARPER—¡No me interesan tus excusas! —escupió Mel, conteniendo apenas la rabia.Estaba de pie, con los brazos cruzados, al otro lado del escritorio. Tenía los ojos encendidos en una furia que le conocía bien: estaba a punto de lanzarle cualquier cosa a Robert.Los dos giraron hacia mí. La oficina se sumió por unos segundos en un silencio sepulcral que yo rompí:—¿¡Qué hace usted aquí!? —inquirí con una indignación que no pude disimular.Robert sostuvo mi mirada con esa serenidad calculada que siempre parecía llevar puesta.—Un gusto verte, Harper…No le respondí.Miré a Melisa y caminé rápidamente hacia ella.—¿Estás bien? —la tomé del brazo—. ¿Te hizo algo?Mel negó una sola vez, aunque el temblor en su mandíbula decía otra cosa.—Llegó hace diez minutos —respondió sin apartar la vista de Robert—. Insistió tanto que preferí recibirlo aquí antes de que empezaran a correr rumores en los pasillos.Robert soltó un suspiro apenas perceptible.—Jamás haría algo que pudiera perjudicarte.M

  • CULPABLE EL DESTINO   En boca de todos

    HARPERTragué saliva.—¿M-mamá? ¿Qué haces ahí? Ya es tarde —dije con precaución, bajando de nuevo los escalones que había subido.—Exactamente, ya es tarde —contestó con un tono frío y distante, el mismo que tenía últimamente.Ni siquiera se giró para mirarme. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y pude ver el reflejo del vaso que sostenía en el cristal de los ventanales. Mi madre nunca ha sido una mujer que tome alcohol, mucho menos a esta hora.—Antes, a esta misma hora, ya estabas en tu cama, como cualquier otra muchacha de bien —continuó—. Ahora te desconozco.Solté un largo suspiro.—Mamá, ya no soy una niña… Tengo derecho a estar con mi novio.En cuanto esa última palabra salió de mi boca, ella se giró bruscamente con una expresión que no era de simple disgusto, sino de desprecio absoluto.Me detuve antes de acercarme más.—¿Novio? —inquirió retóricamente, como si repudiara cada sílaba.Dejó el vaso sobre la pequeña mesa junto al ventanal con un golpe seco. El cristal vibró

  • CULPABLE EL DESTINO   Daría todo por ti

    HARPERNos habíamos hecho adictos el uno al otro. Cada encuentro era diferente, explosivo, con hambre; como si fuera la primera vez.Sus manos arrancaron mi vestido, y luego deslizó lentamente por mis piernas las bragas blancas que tenía puestas, hasta dejarlas en mis pies, en donde se quedó hincado, con su rostro frente a mi pelvis.Levantó con pausas la vista mirando fijo mis ojos mientras su boca se acercaba a mi entrepierna y la respiración se me cortaba.Sus labios rozaron el interior de mi muslo; un suspiro caliente que me hizo estremecer. Luego empezó a lamer y succionar tortuosamente lento, pero firme, abriendo mi cavidad con sus dedos para un mejor acceso a mi clítoris. La exposición era total, vulnerable; aun así, nunca me había sentido más segura.Temblaba entera. Corrientes no dejaban de fluir sin contemplaciones, una detrás de otra, por cada extremidad. Logré permanecer erguida empuñando mis manos. Sin embargo, cada vez estaba más cerca de que mis piernas fallaran.Solté

  • CULPABLE EL DESTINO   INEVITABLE CELOSÍA

    HARPERDante me observó confundido un segundo y luego giró la cabeza siguiendo la dirección de mis ojos. Su postura, su expresión, todo cambió de inmediato.Sus brazos me rodearon con más fuerza, de forma protectora.Dylan tenía una mano cerrada alrededor de las llaves de su automóvil. Los nudillos estaban tan blancos que parecía que el metal iba a romperse dentro de su puño. Su mirada pasó de Dante a mí y nuevamente a él.Lenta.Calculadora.—Harper... —pronunció Dante en voz baja, rompiendo ese silencio que pesaba como plomo.No apartó la vista de Dylan, y yo tampoco pude hacerlo.—Sube al auto —pidió, aunque parecía más una orden.—No —respondí de forma contundente.La mandíbula de Dante se tensó y volvió a mirarme.—Mi amor… por favor. Te prometo que no va a pasar nada…—No me importa —lo interrumpí—. No me voy a ir.Los ojos verdes de Dante destellaron preocupación, pero, antes de que pudiera decirme algo, Dylan soltó una risa baja, sin humor.—Al menos deberían disimular —su voz

  • CULPABLE EL DESTINO   Bajo su Helada mirada 

    HARPERParpadeé varias veces.—¿Qué? Papá, eso es imposible. Mamá…—De tu madre me encargo yo —me interrumpió.La simple idea de mi madre y Dante sentados en la misma mesa me aterrorizaba. Y, seguramente, la expresión de mi rostro me delataba.Papá me observó con ternura y me acomodó un mechón de cabello.—No pongas esa cara, princesa —pidió con suavidad—. No estoy diciendo que mañana mismo vayamos a anunciar una boda.—No es por eso, es por mamá —bajé la vista con tristeza—. ¿La has visto? Ni siquiera me mira.Mi voz tembló un poco.—Tenía la esperanza de convencerla antes de que todo esto se hiciera oficial, pero no parece que vaya a ceder. Su odio hacia Dante es inmenso.Papá soltó un suspiro largo y, con delicadeza, me levantó el mentón.—Lo sé, y sé que esto te lastima, pero debes defender tu amor —dijo con firmeza, como si intentara ser esa roca que me sostuviera en medio del océano.Sin embargo, vi un brillo de vulnerabilidad cristalizar sus ojos.—Me enferma pensar en cuánto h

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