FAZER LOGINHARPERAvancé lentamente hacia ella.—¿Danna?… —pronuncié, incrédula—. ¿Qué haces aquí?… ¿Me buscabas a mí?Ella asintió un poco.—¿Podemos hablar, por favor? —contestó, insegura, sin poder mirarme fijamente más de cinco segundos.Su voz y comportamiento consiguieron dejarme todavía más desconcertada. Después de todo lo que había ocurrido entre nosotras, lo último que esperaba era encontrarla frente a la puerta de mi casa.—Está bien… —respondí, todavía sin apartar la mirada de ella.Me hice a un lado para dejarla pasar.—Adelante.Danna entró con cierta vacilación, como si incluso cruzar aquella puerta le costara trabajo. La dirigí hasta el jardín trasero, donde nos sentamos bajo el cenador, cerca de la piscina, alrededor de la pequeña mesa de té.Durante unos segundos, ninguna de las dos dijo nada.Ella mantenía las manos juntas sobre su regazo y no dejaba de mover los dedos.—Pareces muy nerviosa —comenté—. ¿Quieres tomar algo?—No, gracias. Estoy bien.La miré con cierta increduli
HARPERA la mañana siguiente desperté muy temprano, antes de que el sol saliera. No sé si eran los nervios por hacerme esa prueba o por la felicidad que inundaba mi pecho al saber que hoy era mi primer día como la prometida de Dante Coleman.Llegué a la oficina casi al mediodía; me había quedado trabajando en el estudio con las propuestas de diseños. Había aprobado tres de ellos y me sentía tan inspirada que dibujé algunas ideas que podrían funcionar para la nueva colección.Estaba emocionada por presentárselas a mi padre, pero cuando me acerqué a su oficina, Grace me dijo que él y Dante llevaban varias horas ocupados allí adentro, a puerta cerrada.Dante no se había quedado ayer en casa para no incomodar más a mamá, y antes de irse, él y papá hablaron a solas en el estudio durante un buen rato. ¿Acaso se citaron para verse hoy? ¿Qué estará pasando?Algo inquieta, fui a mi oficina. Al ver a Melisa volví a sonreír, y ella de inmediato se levantó.Su grito duró más de un minuto cuando s
HARPERMau dejó caer la cuchara dentro del plato.Dante empuñó tanto la mano que tenía sobre la mesa que sus cubiertos temblaron, y mi padre se levantó para inclinarse sobre la mesa y tomar la revista.Vi en sus ojos cómo quería arrancar página por página. Pero no lo hizo: levantó una mirada severa hacia mamá.—Esto…—Esto es lo que significa para nuestra hija estar con el hombre que ella eligió —replicó sin dejarlo hablar—. ¿¡Esto es lo que quieres!? ¿Verla humillarse públicamente?Contuve el aire.Lo sabía; sabía que no sería una cena tranquila.Dante soltó mi mano y miró hacia ella igual de desafiante.—Más la humilla usted con esto, señora —respondió tajante.Los ojos azules de mamá se abrieron.—¿Qué?—Nada de lo que está en esa mierda es cierto. ¿¡Por qué debería afectarle lo que diga!?Papá asintió.—Estoy de acuerdo. Así que basta, Rebeca; no estamos aquí para eso.Ella se rio.—¿No se supone que esta era una cena para aprobar el nuevo noviazgo de nuestra hija? Pues tengo much
HARPER—¡Debe ser él! —exclamé sin poder ocultar los nervios y una emoción que saltaba de golpe en mi pecho.Mi padre y Mau se rieron.—Cálmate, hermanita. ¿Tus piernas están temblando o te estás moviendo?Solté una risita.—Iré yo misma a abrirle —me giré rápido y caminé unos cuantos pasos antes de volver a retroceder—: ¿Me veo bien, verdad? —inquirí ansiosa.—Claro que sí, cariño. Te ves como lo que eres: una princesa —respondió rápido papá con una sonrisa—. Anda, ve a buscarlo.Asentí varias veces.Respiré profundo y caminé nuevamente hacia la puerta. Al llegar al vestíbulo me encontré con Virginia; al parecer, tenía el mismo objetivo que yo.—Yo lo hago, Virginia. Muchas gracias —dije rápido.Ella sonrió al notar mi emoción y se apartó con discreción, dejándome sola frente a la puerta.Tomé aire una vez más antes de girar el pomo. La puerta se abrió y el frío de la noche entró de inmediato al vestíbulo.Dante estaba ahí, con una presencia que paralizaba. Lucía impecable en un traje
HARPER«¿A quién elegirás, querida?». La pregunta volvió a resonar en mi cabeza.No quería elegir.Y mucho menos verme obligada a hacerlo.Mi madre era la mujer que me dio la vida. Podía estar furiosa conmigo, podía desaprobar cada decisión que tomara e incluso dejar de hablarme durante semanas, pero seguía siendo mi madre.Y Dante...Cerré los ojos un instante.Él era el hombre que había amado toda esa vida.Llevé una mano a mi abdomen.El pensamiento apareció de nuevo.«¿Y si realmente hay un bebé?».Retiré la mano inmediatamente al escuchar pasos detrás de mí.—Señorita Harper.Me giré.Virginia estaba en el vestíbulo, con las manos juntas frente al uniforme.—Bienvenida, señorita. Quería informarle que ya hemos preparado lo que el señor Murphy nos indicó y esperamos sus instrucciones.Tardé un instante en asentir.—Sí… ¿Qué indicaciones te dio papá?Empecé a caminar hacia el interior de la mansión; Virginia me siguió de cerca.—Nos pidió preparar el comedor principal con antelación
HARPER—¡Por Dios, Harper! Tú y Dante tienen sexo todo el tiempo. ¿¡Cómo no se te ocurrió cuidarte!? —inquirió Mel, dando unos pasos hacia el centro de la oficina.Mis mejillas ardieron.—¿Qué?... ¿Cómo sabes eso? —tartamudeé, avergonzada.Ella rodó los ojos.—¡Por favor! ¿Crees que las paredes del apartamento son a prueba de ruido?Abrí la boca.La cerré.Volví a abrirla.—Créeme, a día de hoy todo el edificio ya debió haberte escuchado —soltó sin más.Solté un chillido ahogado y me cubrí la cara con ambas manos.—¡No puede ser! ¡Qué vergüenza!Escuché a Melisa soltar un suspiro y luego el sonido de sus pasos acercándose.—Ya eso es lo de menos ahora —dijo, tomándome de las muñecas para quitarme las manos del rostro.Levanté lentamente la mirada hacia ella.—Esto también es mi culpa —dijo sin soltarme—. Tú eres la inexperta, debí instruirte mejor…—Claro que no es tu culpa —la interrumpí rápido—. Ya tengo 23 años, y Dante 26; fuimos nosotros los irresponsables y quizás metimos la pat







