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La teoría del caos - Parte 8

Author: Yuss palacio
last update publish date: 2025-09-22 23:19:24

HARPER

Cuando desperté, estaba de vuelta en el camarote, recostada en la cama. Mis sienes palpitaban y la luz blanca de la lámpara en el techo hacía el dolor más punzante. Dylan fue la primera persona que vi; él se encontraba a mi lado con una expresió

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    HARPERNo sabía qué detestaba más.La posibilidad de que Dante fuera a tener un hijo con Danna o la certeza de que ella iba a formar parte de nuestras vidas para siempre si aquel niño realmente era suyo.De pronto, alguien tocó a la puerta.Levanté la cabeza.—Harper, por favor, ábreme, debemos hablar —la voz urgente de Dante atravesó mis oídos.Me sequé las lágrimas automáticamente e intenté aparentar una fortaleza que no tenía.Me puse de pie, respiré profundo más de una vez y por fin mi mano temblorosa abrió la puerta. Me alejé hacia el centro de la habitación mientras él entraba, cerrando tras de sí.Tampoco se veía bien. Debajo de esa expresión seria, las grietas de la culpa y la desesperación salieron a flote al mirarme a los ojos.Dio el primer paso hacia mí, pero antes de darme cuenta retrocedí. Lo vi empuñar sus manos y detenerse.—¿Y Danna? —pregunté, disimulando el temblor de mi voz.—Se fue —bajó la mirada—. Dijo que se está quedando en casa de una amiga y que…—Debes ayud

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    HARPERSentí que el aire desaparecía de mis pulmones.No pude moverme.No pude pensar.Durante unos segundos solo fui capaz de mirarla, esperando a que dijera que se había equivocado, que aquello no era verdad, que había alguna explicación que pudiera devolverme el suelo bajo los pies.Pero Danna no dijo nada.La sangre se me enfriaba en las venas mientras seguía intentando procesar aquellas palabras. Todo en mí se negaba a aceptarlas.«¿¡Cómo!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué ahora!?».«¿Y si no era cierto? ¿Si solo quería separarme de Dante con esto?».Las preguntas se acumularon una tras otra.Me levanté de la silla de golpe y miré a Danna, incapaz de ocultar la mezcla de emociones que empezaba a apoderarse de mí.—Esto no puede ser… ¿Cómo pretendes que crea que estás embarazada de Dante? —pregunté.Danna sostuvo mi mirada.—Pero lo estoy.Negué.—Lo siento, pero lo que pasó entre ustedes fue algo fugaz; ni siquiera se conocían bien y se acostaron. ¿Cómo puedo estar segura de que él es el pa

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    HARPERAvancé lentamente hacia ella.—¿Danna?… —pronuncié, incrédula—. ¿Qué haces aquí?… ¿Me buscabas a mí?Ella asintió un poco.—¿Podemos hablar, por favor? —contestó, insegura, sin poder mirarme fijamente más de cinco segundos.Su voz y comportamiento consiguieron dejarme todavía más desconcertada. Después de todo lo que había ocurrido entre nosotras, lo último que esperaba era encontrarla frente a la puerta de mi casa.—Está bien… —respondí, todavía sin apartar la mirada de ella.Me hice a un lado para dejarla pasar.—Adelante.Danna entró con cierta vacilación, como si incluso cruzar aquella puerta le costara trabajo. La dirigí hasta el jardín trasero, donde nos sentamos bajo el cenador, cerca de la piscina, alrededor de la pequeña mesa de té.Durante unos segundos, ninguna de las dos dijo nada.Ella mantenía las manos juntas sobre su regazo y no dejaba de mover los dedos.—Pareces muy nerviosa —comenté—. ¿Quieres tomar algo?—No, gracias. Estoy bien.La miré con cierta increduli

  • CULPABLE EL DESTINO   La Prometida De Dante Coleman

    HARPERA la mañana siguiente desperté muy temprano, antes de que el sol saliera. No sé si eran los nervios por hacerme esa prueba o por la felicidad que inundaba mi pecho al saber que hoy era mi primer día como la prometida de Dante Coleman.Llegué a la oficina casi al mediodía; me había quedado trabajando en el estudio con las propuestas de diseños. Había aprobado tres de ellos y me sentía tan inspirada que dibujé algunas ideas que podrían funcionar para la nueva colección.Estaba emocionada por presentárselas a mi padre, pero cuando me acerqué a su oficina, Grace me dijo que él y Dante llevaban varias horas ocupados allí adentro, a puerta cerrada.Dante no se había quedado ayer en casa para no incomodar más a mamá, y antes de irse, él y papá hablaron a solas en el estudio durante un buen rato. ¿Acaso se citaron para verse hoy? ¿Qué estará pasando?Algo inquieta, fui a mi oficina. Al ver a Melisa volví a sonreír, y ella de inmediato se levantó.Su grito duró más de un minuto cuando s

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