Compartilhar

Capitulo 3

Autor: L. Alejandra
last update Data de publicação: 2022-05-22 10:18:21

La mañana en Barcelona me recibió con un cielo plomizo que reflejaba exactamente mi estado de ánimo. El encanto de la noche anterior se había disipado, dejando paso a una realidad que me golpeó con la fuerza de un huracán. Mi teléfono, apoyado sobre la mesita de noche del hotel, vibraba con una insistencia agresiva que me hizo saltar de la cama.

Era Parker.

Contesté con las manos temblando, una reacción física que odiaba.

—¿Charlotte? ¿Dónde estabas anoche? Llamé a la habitación tres veces después de la cena. El chofer dice que regresaste sola, tarde y empapada. ¿Se puede saber qué demonios estabas haciendo? —su voz, a través del auricular, era un látigo de frialdad y control.

Cerré los ojos, sintiendo cómo la presión en mis sienes aumentaba.

—Estaba trabajando, Parker. La reunión se extendió y luego… me perdí un poco caminando por la ciudad. No es para tanto.

—¿"Perderse"? Charlotte, no eres una turista cualquiera. Eres una Sinclair. Tu comportamiento refleja nuestro apellido, y lo que me describes suena a una irresponsabilidad imperdonable. —Hizo una pausa, y pude imaginarlo ajustándose los gemelos, con esa postura impecable que siempre parecía un reproche—. Mañana tienes una presentación crucial con la junta de navieros. Espero que para entonces hayas recuperado la cordura y el sentido del deber. No me hagas quedar mal.

—No te preocupes, estaré lista —dije, sintiendo cómo las palabras se me atascaban en la garganta.

—Más te vale. Y, por cierto, tu padre está preguntando por qué no respondes sus mensajes privados. Estás empezando a actuar de forma… errática. Corrígelo.

Colgó sin un "te quiero", sin una despedida. Ese era Parker: el hombre que amaba la estructura, el orden y la obediencia ciega. Dejé el teléfono en la cama y me quedé mirando el techo, sintiendo que el aire se volvía irrespirable. La asfixia regresó, pero esta vez con una dosis extra de ira. ¿Errática? Sí, tal vez lo era. Porque por primera vez en mi vida, no quería seguir siendo la pieza de ajedrez perfecta que él movía a su antojo.

El resto del día fue una tortura de informes y correos electrónicos. Cada vez que recordaba la llamada, sentía una punzada de amargura. Me sentía sola, a miles de kilómetros de casa, pero encadenada a una vida que me oprimía más con cada hora que pasaba. Al caer la noche, la necesidad de escapar de nuevo, de silenciar los gritos en mi cabeza, me obligó a salir.

Regresé al Eco del Mar. Necesitaba el ruido, la gente, el anonimato.

Esta vez no busqué un rincón oscuro. Me senté en el mismo taburete de la noche anterior, pidiendo un vodka con soda, buscando algo que me adormeciera los sentidos. Pero la atmósfera era distinta. El lugar estaba lleno, cargado de un humo denso y voces estridentes.

Apenas llevaba dos tragos cuando un hombre, claramente sobrepasado por el alcohol, se dejó caer en el taburete contiguo. Olía a tabaco barato y colonia barata. Me ignoró durante unos minutos, pero luego empezó a girar su taburete, invadiendo mi espacio personal.

—¿Qué hace una chica tan elegante en un lugar como este? —dijo, con los ojos vidriosos y una sonrisa ladeada que me provocó un escalofrío—. ¿Esperando a que alguien te saque de tu burbuja, princesa?

—No estoy interesada —dije, tratando de sonar cortante y apartándome.

—Oh, vamos… —intentó poner una mano sobre mi brazo, su agarre era pegajoso y pesado—. Seguro que tu novio no te trata como mereces. Te ves… tensa. Yo podría ayudarte a relajarte.

Sentí náuseas. Traté de levantarme, pero él me bloqueó el camino, apoyando el brazo en la barra.

—Déjame pasar —ordené, mi voz volviéndose más firme, aunque por dentro mi corazón empezaba a acelerarse por el miedo.

—No seas así. Solo quiero una copa contigo. Eres tan altanera… —se acercó más, su aliento asqueroso rozándome la cara—. Vamos, bonita, no te hagas la difícil.

La situación se estaba volviendo intolerable. Sentía la mirada de algunos curiosos, pero nadie intervenía. El tipo me agarró de la muñeca, apretando más de la cuenta.

—¡Suéltame! —grité, pero él se rio, apretando más.

En ese preciso instante, el mundo pareció detenerse. Una mano firme y grande se cerró sobre el hombro del desconocido, girándolo con una fuerza repentina que lo hizo tambalearse.

—Creo que la dama ya te ha dicho que no —la voz de James Caldwell resonó por encima de la música.

Era él. Sus ojos, antes tormentosos y divertidos, ahora eran dos láminas de acero frío. Se interpuso entre nosotros, dejando al tipo acorralado contra la barra.

—¿Quién demonios eres tú? —espetó el borracho, tratando de recuperar el equilibrio.

—Alguien que no tiene paciencia para tipos que no entienden el significado de la palabra "no" —respondió James, acercándose a su rostro con una calma amenazante—. Tienes exactamente tres segundos para desaparecer de mi vista antes de que decida que tu cara necesita una reforma integral. Y te aseguro que no te va a gustar el resultado.

El desconocido, ante la imponente estatura de James y la frialdad con la que hablaba, soltó un gruñido pero se alejó a trompicones, perdiéndose entre la multitud.

James se giró hacia mí. Su expresión se suavizó al instante, aunque su mandíbula seguía tensa.

—¿Estás bien? —me preguntó, tomándome suavemente de los hombros. Sus manos quemaban, pero de una forma diferente a la anterior. Era una calidez que me devolvió la seguridad.

Asentí, sintiendo que los ojos me escocían. El estrés de la llamada con Parker, la presión de la junta de mañana y el miedo de hace un segundo se combinaron para hacerme sentir increíblemente vulnerable.

—Gracias —murmuré, con la voz rota—. No sé qué… no sé qué habría pasado si no…

—Ya pasó —me interrumpió, guiándome lejos de la barra hacia una mesa apartada en la esquina—. Sal de aquí. Este sitio ya no es para ti.

—James, yo… solo quería…

—Lo sé —dijo, sentándose frente a mí y pidiendo un vaso de agua para ambos—. Querías un poco de silencio, o quizás un poco de ruido para no pensar en el motivo por el que estás tan tensa. Te vi desde la entrada. Parecías estar cargando el peso del mundo sobre esos hombros.

—Es el trabajo —mentí, sintiendo que era el momento de mantener mi fachada—. Y un mal día.

—¿Quieres hablar de ello? —me miró fijamente. No era una pregunta de cortesía; era una invitación real.

—No puedo. No… no es algo que pueda cambiar —respondí, bajando la mirada.

—Todos podemos cambiar las cosas, Charlotte. A veces solo hace falta un poco más de coraje del que creemos tener.

James pidió una ronda de ginebra, esta vez de mejor calidad. Hablamos durante horas. Él, con esa capacidad casi sobrenatural de hacerme sentir que era la única persona en la habitación, logró que el miedo se desvaneciera. Me contó cómo había llegado a Barcelona, cómo su música era su única forma de decir lo que el mundo no quería escuchar. Y, por primera vez, me sentí capaz de compartir pequeñas verdades. No mi nombre completo, ni mi prometido, ni mi familia, pero sí mi soledad.

—A veces siento que estoy viviendo una vida que no me pertenece —confesé, después de un trago largo—. Como si estuviera actuando en una obra de teatro donde odio mi personaje.

—Pues cambia el guion —dijo él, sin vacilar—. La vida es demasiado corta para vivirla bajo las expectativas de otros. Si odias el personaje, haz que la protagonista se vaya, que prenda fuego al escenario y se pierda en el horizonte.

Reí, sintiendo que esa idea, tan radical y peligrosa, sonaba como la única salvación posible. James me hizo sonreír otra vez, me hizo olvidar las amenazas de Parker y la frialdad de mi vida en Nueva York.

Cuando la noche estaba avanzada, nos encontramos caminando de nuevo por las calles vacías. La lluvia había parado, dejando el suelo mojado, reflejando las luces de la ciudad como un camino de diamantes negros.

—¿Mañana tienes que volver a tu jaula? —preguntó James, deteniéndose ante mi hotel.

—Mañana tengo que enfrentar a un grupo de navieros y convencerlos de que soy tan seria y capaz como los hombres que han dirigido este negocio durante décadas —respondí con una sonrisa amarga.

—Lo eres —dijo, dando un paso hacia mí—. Eres mucho más capaz de lo que ellos creen. Pero asegúrate de que, cuando termines, sigas siendo tú misma, no la versión que ellos quieren ver.

Se acercó un poco más. Podía sentir el calor que irradiaba, la electricidad que bailaba entre nosotros. Por un segundo, imaginé qué pasaría si no entrara en ese hotel. Si me fuera con él, a donde fuera que sus canciones lo llevaran.

—Gracias, James. Por defenderla, por la bebida, por… escuchar.

—Cualquier cosa por la sirena fugitiva —dijo, rozando mi mejilla con el dorso de los dedos—. Ten cuidado mañana, Charlotte. No dejes que te apaguen.

Entré en el lobby del hotel con la mente hecha un lío, pero con el corazón latiendo con una intensidad que no sentía desde hacía años. Parker, la boda, la familia Sinclair… todo parecía ahora un decorado de cartón piedra. Y en el centro de todo, la figura de James Caldwell empezaba a brillar con una fuerza que me aterraba y me fascinaba a partes iguales. Mañana enfrentaría mi realidad, pero esta noche, por primera vez, sabía que esa realidad estaba empezando a desmoronarse.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Caprichoso Destino   Epilogo

    El suave roce del cuero contra mis dedos al cerrar el libro me devolvió al presente, al silencio apacible de la biblioteca donde la luz de la tarde se filtraba con un tono dorado, casi irreal. Dejé el ejemplar sobre la mesa, con su portada personalizada, esa en la que Ross y Charlotte habían plasmado tanto de nuestra existencia: las pesadillas, la tortura psicológica, el juego de poder, y finalmente, la rendición. Una mezcla de ficción y realidad que servía como el testamento de un infierno que, afortunadamente, ya solo vivía entre sus páginas.Me recosté contra el respaldo, sintiendo el peso de los años que habían pasado, y extendí el brazo para atraer a Charlotte hacia mí. Ella se acomodó en mi regazo con esa familiaridad absoluta que solo da el haber sobrevivido juntos a lo impensable.—¿Tienes alguna fantasía con tu ex, Charlotte? —le pregunté, bajando la voz hasta un susurro juguetón, mientras mis dedos trazaban círculos lentos en su cintura.Ella soltó una carcajada cristalina,

  • Caprichoso Destino   Fin

    El aire en el despacho de los Kensington era tan denso que parecía sólido. Mi mano reposaba sobre la empuñadura de la puerta, pero mis ojos no se apartaban de la figura que tenía frente a mí. Charlotte estaba de pie, inamovible, frente a su padre. El hombre, cuya sola mención había sido durante años sinónimo de terror y cadenas, ahora parecía un animal acorralado en su propia arrogancia. Pero no era el miedo lo que emanaba de Charlotte; era una calma gélida, una determinación que nunca antes había visto en ella. Había dejado atrás a la mujer quebrada y a la sombra vengativa. Ahora, frente a nosotros, estaba la mujer que había aceptado su totalidad.Parker estaba a mi lado, sus músculos tensos, una presencia física que servía como el muro que cerraba cualquier ruta de escape para el viejo.—Se acabó, padre —dijo Charlotte. Su voz no tembló—. Ya no hay chantajes. Ya no hay secretos que esconder bajo la alfombra. Todo lo que intentaste usar para destruirme, todo lo que manipulaste desde

  • Caprichoso Destino   capitulo 45

    La quietud en la estancia era absoluta, casi sepulcral. Me encontraba en la penumbra del salón, de pie junto a uno de los ventanales que daban hacia los jardines traseros, observando cómo la luz de la luna bañaba los muebles de roble. La mansión, que siempre había sido un monumento a mi éxito y mi control, ahora me parecía una prisión de cristal.En el suelo, apoyado contra la base del sofá de terciopelo, estaba James. La luz azulada de la pantalla de su computadora portátil iluminaba su rostro, marcando cada línea de tensión, cada rastro de una vigilia que ya duraba demasiadas horas. A unos centímetros de él, sobre el sofá, Charlotte dormía. Tenía a Emma acurrucada en sus brazos; ambas eran una imagen de paz que contrastaba violentamente con la tormenta que estábamos viviendo. El pecho de Charlotte subía y bajaba con lentitud, y Emma emitía pequeños sonidos guturales mientras soñaba, ajenas a que el aire que respiraban estaba viciado por verdades que apenas empezábamos a desenterrar.

  • Caprichoso Destino   penultimo capitulo

    El aire en la mansión se sentía como si estuviera cargado de estática, una electricidad que anunciaba una tormenta que habíamos estado posponiendo durante demasiado tiempo. En el jardín, podía escuchar las risas distantes de la familia de James mientras jugaban con Emma. Era un sonido ajeno, una melodía de normalidad que contrastaba brutalmente con el infierno que ardía en el interior de Charlotte.Ella estaba en el despacho, sola. Cuando entré, junto a James, la escena me detuvo en seco. Charlotte estaba sentada en el suelo, rodeada de documentos, fotos de su infancia y los informes que habíamos obtenido. No era Charlotte, pero tampoco era Ross. Había algo más, una fusión aterradora y dolorosa, una consciencia que se estaba fracturando y uniendo al mismo tiempo. Estaba llorando, un llanto seco, profundo, que parecía arrancar las entrañas de su propia existencia.—Sé lo que hicieron —dijo, sin levantar la vista. Su voz era una mezcla de sus dos tonos, una sintonía extraña—. Sé lo que

  • Caprichoso Destino   capitulo 44

    El cristal del ventanal de mi oficina no era suficiente para contener la rabia que bullía en mi interior. Hacía horas que había regresado de una de esas cacerías sin fin, de esas jornadas estériles donde lo único que encontraba era la confirmación de mi propio fracaso. Mi hijo seguía siendo un fantasma, una variable sin resolver en una ecuación que se volvía más compleja con cada día que pasaba. Y ahí estaba ella, sentada frente a mí, con esa mirada que oscilaba entre el terror infantil y una resignación gélida.—¿Por qué? —mi voz no fue un grito, fue algo peor; un susurro cortante, cargado de la frialdad que me había definido durante años—. ¿Cómo te atreviste a ocultarme algo de tal magnitud? ¿Crees que soy un extraño en mi propia casa, Charlotte? ¿Crees que mis recursos, mi nombre y mi influencia son juguetes con los que puedes jugar a las escondidas?Ella retrocedió, apretando sus manos sobre el regazo. Su rostro estaba pálido, casi translúcido bajo la luz de los focos cenitales de

  • Caprichoso Destino   Capitulo 43

    El tiempo en la mansión se había convertido en un fluido viscoso, algo que se estiraba y encogía a su antojo, atrapándonos en un presente perpetuo donde el pasado no era más que un eco constante y doloroso. Habían pasado semanas desde aquella noche en el salón, desde que Ross, con su crueldad característica y su dolor desnudo, nos arrojó la verdad sobre los mellizos y el hijo desaparecido de Parker.Desde entonces, la dinámica había mutado. Parker, el hombre que antes controlaba cada pulgada de nuestro espacio, se había vuelto una sombra obsesiva. Sus pistas sobre el paradero de su hijo lo llevaban a desaparecer durante días, regresando con los ojos inyectados en sangre, el traje impecable pero la mirada perdida, más frío y distante que nunca. La búsqueda de ese niño —del heredero perdido— se había convertido en su nueva droga, una que consumía los recursos de Carrington Enterprises y la poca estabilidad que le quedaba a nuestra tregua.Yo, por el contrario, me había quedado en el cen

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status