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CAPÍTULO 9

作者: Luz Torres
last update 公開日: 2025-12-04 06:50:19

POV ALEKSEY ROMANOV

Estaba a punto de colocarme la camisa cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Me giré de inmediato, con la tensión de siempre, pero cuando vi de quién se trataba, mi cuerpo, acostumbrado al peligro, se permitió relajarse apenas.

Mi madre.

Sin decir nada, volví la vista al espejo y continué vistiéndome, abotonando la camisa con movimientos meticulosos. Ella no dijo nada al entrar. Simplemente caminó con la misma gracia que la caracterizaba, como si flotara en lugar de pis
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    —Parece sangre —comentó Adrik, mirando el horizonte con una sonrisa satisfecha. —Es un presagio —añadió su gemelo, subiendo al asiento trasero y abriendo de nuevo su portátil. Le arrojé otras llaves de vuelta a Adrik, quien las atrapó en el aire con un reflejo limpio, frunciendo el ceño de inmediato. —Antes tengo que ir con ella —sentencié, y mi voz sonó más firme de lo que se había sentido en días—. Debo contarle todo. Jodidamente no haré nada que la aleje de mí. No otra vez. Miré a Akin por el espejo retrovisor, sosteniéndole esa mirada suya que pretendía congelar el mundo. —Tienes razón. No importa quién de ustedes la torture; frente a sus ojos, el verdugo seré yo. No voy a construir mi futuro con Tori sobre los cimientos de otra mentira. Si vamos a quemar a su prima, ella tiene que saber por qué tengo la antorcha en la mano. —¿Entonces? —preguntaron al unísono. Adrik me miraba como si me hubiera vuelto completamente loco, pero Akin... Akin solo entrecerró los ojos, analiza

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    El despertar no fue heroico. No hubo reflejos de asesino ni una transición elegante de la inconsciencia a la acción. Lo primero que sentí fue una presión asfixiante en el pecho y un calor sofocante que no pertenecía al clima siciliano. Abrí un ojo con esfuerzo, encontrándome con la luz naranja y espesa del atardecer filtrándose por las persianas. —Maldita sea... —mi voz sonó como si hubiera tragado arena. Traté de moverme, pero mi brazo derecho estaba atrapado bajo el peso de Adrik, que roncaba suavemente con la boca abierta, babeando peligrosamente cerca de mi hombro. A mi izquierda, Akin estaba sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y el portátil sobre el regazo. Seguía en calzoncillos, pero ya tenía su mirada de "voy a calcular cuántas arterias puedo cortar hoy". —Son las cinco de la tarde —anunció sin mirarme, el brillo de la pantalla reflejado en sus pupilas gélidas—. Has dormido siete horas. —¿Cinco? —Me incorporé de golpe, lo que provocó que Adrik solt

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    POV ALEKSEY ROMANOV —Definitivamente no somos normales —susurré, mientras me tragaba un bostezo que amenazaba con desencajarme la mandíbula—. Tengo sueño. Me puse en pie estirando los brazos todo lo que mi costado herido me permitía y empecé a enfilar hacia las escaleras, arrastrando los pies. —¿A dónde vas? —preguntaron los gemelos al unísono, como si fuera un crimen retirarse a las diez de la mañana. Volteé a verlos con el ceño fruncido y una expresión de pocos amigos. —¿Acaso no es obvio? —cuestioné, retomando el ascenso—. Jodidamente iré a dormir. No podré cazar a nadie ni recuperar a mi mujer si me desmayo por el camino. Para cuando llegué a mi habitación, mis párpados pesaban como si fueran de plomo. Era la puta medicación la que me tenía en ese estado de estupor. Me dejé caer en la cama boca abajo, soltando un quejido de alivio, y justo antes de que mi cerebro se desconectara por completo, sentí varios pesos hundiendo el colchón a mis costados. —¿Sabes? Yo también tengo

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