Share

Capítulo 2

Author: Ree Shinee
last update publish date: 2026-07-20 20:36:19

—¡Oye! ¿Señor? ¿Puede escucharme? —llamó Aletta, presa del pánico.

Le dio unas suaves palmaditas en la mejilla, intentando despertarlo, pero no obtuvo respuesta alguna. Luego, presionó su pecho repetidas veces para bombear el agua hacia afuera, pero él seguía sin reaccionar.

Aletta cerró los ojos por un momento.

—No hay otra opción... perdóneme, señor.

Con los ojos fuertemente cerrados, Aletta posó sus labios sobre los de él para darle respiración boca a boca. Lo hizo varias veces sin dudarlo.

¡Cof, cof!

—¡Gracias a Dios, ha despertado! —exclamó aliviada.

El hombre intentó levantarse; se sentó mientras tosía violentamente, expulsando los restos de agua de sus pulmones.

—¿Se encuentra bien? Venga, déjeme llevarlo al hospital —ofreció Aletta, preocupada.

—¡No! —se negó el hombre de inmediato—. Por favor... solo lléveme a mi casa.

—¿Qué? ¿A su casa? ¿Está seguro de que quiere ir a casa en este estado? ¿No sería mejor que fuéramos al hospital?

—Estoy seguro. Lléveme a casa.

Al ver la mirada suplicante pero firme del hombre, Aletta no tuvo otra opción. Lo ayudó a ponerse en pie de inmediato y lo apoyó sobre sí para marcharse de allí.

Unos cuarenta minutos después, llegaron a una lujosa residencia.

—Cielos... —murmuró Aletta, asombrada. Nunca había pisado un lugar tan majestuoso.

—Llévame a mi habitación —pidió el hombre con voz ronca y débil.

—¿Eh? —Aletta salió de su ensoñación al instante—. S-sí, señor.

Sosteniéndolo, Aletta lo guió hasta que finalmente entraron en una habitación principal sumamente espaciosa. Aletta recostó al hombre sobre una cama king size. Sus ojos seguían deambulando en todas direcciones, admirando asombrada la decoración del dormitorio.

Al volver a la realidad, Aletta miró al hombre, que ahora tenía los ojos cerrados por el agotamiento.

—¿Debería dejarlo así? ¿O qué hago? —murmuró Aletta, confundida—. Su ropa... su ropa sigue empapada. No puede dormir con esta ropa mojada hasta mañana, ¿verdad?

Aletta intentó llamarlo, pero el hombre ya había perdido el conocimiento de nuevo.

—¿Acaso... debo cambiarle la ropa yo misma? —se dijo Aletta en voz baja. Soltó un largo suspiro—. Está bien... solo lo estoy ayudando. Solo le ayudaré a cambiarse, ¿qué tiene de malo? También solía ayudar a Raymond a cambiarse cuando mi hermano enfermaba. Fingiré que es mi hermano enfermo. Sí, ¡solo eso!

Con las manos ligeramente temblorosas, Aletta se acercó. Desabrochó lentamente los botones de su camisa uno por uno, dejando al descubierto su amplio pecho. Después, sus manos pasaron a abrir la hebilla y el botón de su pantalón.

—¿Q-qué estás haciendo?

Una mano grande agarró repentinamente su muñeca. El hombre se incorporó de su posición y la miró fijamente.

Aletta, muerta de susto, retrocedió por reflejo y se sentó erguida.

—¿Eh? ¡N-no! ¡No me malinterprete, señor! ¡No crea que por ser guapo tengo intenciones pervertidas con usted! —espetó Aletta con el rostro sonrojado y la barbilla ligeramente levantada.

Al escuchar esa defensa, Dennis levantó lentamente una ceja.

—Solo quería ayudarle a cambiarse porque su ropa está empapada. ¡No soy una mala persona! —continuó Aletta rápidamente—. A decir verdad, también dudé un poco, pero decidí verlo como a mi hermano menor, así que...

—¿Hermano menor? —interrumpió el hombre, cortando las palabras de Aletta—. Oye... soy mucho mayor que tú.

—Sí, me refiero a que...

Las palabras de Aletta se detuvieron en seco. Sus ojos se abrieron de par en par cuando los labios del hombre que había rescatado aterrizaron de repente sobre los suyos, silenciando todas sus excusas. Se quedó congelada, solo capaz de parpadear una y otra vez.

Luego, con el paso de los segundos, el roce se transformó lentamente en un beso mucho más profundo. Inconscientemente, Aletta fue cerrando los ojos.

‘¿Qué demonios es esto? Pero... sus labios son muy suaves...’

—¿Y bien? No se siente como besar a un hermanito, ¿verdad? —preguntó el hombre tras separar sus labios.

Aletta abrió los ojos poco a poco, mirando al hombre cuyo rostro estaba a escasos centímetros del suyo. Él esbozó una leve sonrisa, dejando a Aletta sin palabras. Su lengua parecía paralizada, incapaz de articular sonido alguno. Solo atinó a tragar saliva con dificultad.

Por alguna razón, cuanto más miraba el rostro del hombre, más cautivada se sentía. El atractivo de aquel sujeto parecía haber paralizado su sentido común. ¿Y cómo no? Ese hombre tenía unas facciones perfectamente esculpidas. Mandíbula marcada, nariz afilada, pestañas rizadas y unos labios que lucían tan tentadores. Su encanto realmente tenía a Aletta hechizada.

Para ser honesta, era exactamente su tipo de hombre ideal.

Al ser observado con tanta intensidad, la sonrisa del hombre se desvaneció lentamente. Tragó saliva y evadió de inmediato la mirada de Aletta.

Sin embargo, cuando intentó apartar el rostro, la mano de Aletta se movió más rápido. Agarró la barbilla de Dennis, obligándolo a mirarla de nuevo, y sin dudarlo, plantó un beso en sus labios.

Si antes había sido Aletta la sorprendida, esta vez la situación se había invertido. El hombre abrió los ojos de par en par, perplejo por la impresión.

No obstante, la sorpresa duró solo unos segundos. Poco después, cerró los ojos y comenzó a disfrutar de la caricia. Con cada segundo, el beso se volvía más profundo. Su lengua empezó a corresponder, mientras sus manos se envolvían posesivamente alrededor de la cintura de Aletta, deslizándose lentamente hasta tocar la piel desnuda de la mujer.

El hombre se dejó llevar por completo en la calidez que Aletta le brindaba, respondiendo a cada toque con gran destreza.

Cuando Aletta empujó sus hombros hasta recostarlo sobre la mullida cama king size, el hombre empezó a tomar el control. Con un movimiento ágil pero lleno de poder, invirtió sus posiciones. Ahora, Aletta ya no estaba encima de él, sino atrapada bajo su fornido cuerpo.

Esta vez, era él quien guiaba.

Lentamente, los toques del hombre se hicieron más pausados, como si se contuviera a propósito. Su respiración acarició la piel de Aletta, sintiéndose tan cálida y agitada, provocando que el cuerpo de ella se tensara de forma inconsciente.

El hombre se detuvo un momento, equilibrándose en el límite entre el deseo y el control. Sus frentes se tocaron, compartiendo respiraciones que ya habían perdido su ritmo.

—Si continúo —susurró el hombre con voz ronca—, no estoy seguro de poder parar.

Aquella advertencia solo logró que el corazón de Aletta latiera aún más rápido. Aletta levantó la mano, acariciando suavemente la mandíbula del hombre sobre ella. Una tenue sonrisa adornaba sus labios.

—¿Cuál es tu nombre?

—¿Mi nombre? ¡Dennis! Me llamo Dennis.

—En ese caso, Dennis —respondió ella en un susurro—, no te detengas.

Esta vez, fue el turno del hombre llamado Dennis de sonreír. Besó la mejilla de Aletta, antes de volver a unir sus labios.

Los dedos largos y firmes de Dennis ya no se quedaron quietos. Uno tras otro, desabrochó con impaciencia los botones de la blusa de Aletta. Luego, con agilidad, soltó el broche de su ropa interior en la espalda.

Dennis entonces desvió su atención. Sus labios abandonaron los de Aletta, que empezaban a hincharse en un tono rojizo, para dedicarse a explorar aquel esbelto cuello blanco con besos húmedos. Los pequeños mordiscos que Dennis le daba se convirtieron en una adicción que embriagaba cada vez más a Aletta. La mujer cerró los ojos con fuerza, sus dedos apretando fuertemente los hombros de Dennis.

—Ssshhh... mmhh… ah… —gimió Aletta, conteniéndose.

Echó la cabeza hacia atrás mientras esa sensación desconocida y estimulante recorría sus nervios hasta la punta de los pies. Sus dedos temblorosos se enredaron entre los mechones del cabello negro de Dennis, que aún seguía un poco húmedo.

El jadeo rendido de los labios de Aletta provocó que el deseo de Dennis alcanzara su punto máximo. Aquel sonido le pareció una melodía sumamente dulce a sus oídos.

Como un hombre normal, le resultaba imposible contenerse ante la belleza y las tentadoras curvas de Aletta. Sin perder más tiempo, se despojó del resto de la ropa que cubría el cuerpo de la mujer, y ella no opuso resistencia alguna.

Esa noche, ambos se sumergieron por completo en un océano de pasión, dejando que el tiempo pareciera detenerse. Una larga noche que ninguno de los dos podría olvidar jamás.

Continuará...

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 39

    Una semana después.Aletta estaba de pie frente al lavabo, mirando su reflejo en el gran espejo del baño. Se quitó el cárdigan que llevaba puesto, quedando solo con una fina camiseta de tirantes. Inclinó el cuerpo y se subió un poco la ropa para comprobar el estado de su espalda.Los moretones, secuelas del maltrato, ahora se habían vuelto de un color negruzco, haciéndole sentir que su cuerpo se veía muy feo.—¡Huuhh! ¿Por qué aún no han desaparecido? —murmuró Aletta.De repente, la puerta del baño se abrió. Aletta, sobresaltada, se puso apresuradamente el cárdigan de nuevo y giró la cabeza. Vio a Dennis entrando.Al ver que Aletta se cubría el cuerpo de inmediato, Dennis pareció un poco molesto.—¿Por qué te cubres así de repente? Eres mi esposa ahora. No hay necesidad de esconderse, de hecho, tengo todo el derecho de ver tu cuerpo cuando quiera. Además, no es la primera vez, ¿verdad? ¿Olvidaste lo que hicimos cuando nos conocimos?—¡Tsk! ¿Qué te pasa, Dennis? ¿Entras y directamente

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 38

    —Suéltala, Dennis. Te lo ruego —dijo Aletta mientras abrazaba a Dennis con más fuerza. Tenía los ojos cerrados, apoyándose débilmente en la espalda del hombre—. No me asustes viéndote así, Dennis.Las manos de Dennis que estrangulaban el cuello de Hannah se aflojaron lentamente al sentir el abrazo de Aletta. Su ira disminuyó gradualmente hasta que finalmente soltó sus manos por completo.Hannah cayó de inmediato al suelo mientras se agarraba el cuello, que le dolía mucho.—¡Cof, cof, cof! —La mujer tosió violentamente, respirando profundamente después de varios segundos de dificultad para obtener oxígeno.Al escuchar toser a Hannah, Aletta abrió los ojos y vio a su amiga ya tirada en el suelo. Soltó su abrazo y luego tiró del hombro de Dennis hasta que el hombre se dio la vuelta para mirarla.El hombre se quedó en silencio con una mirada ligeramente vacía. Esta era la primera vez que lograba controlar su ira hasta el punto de que se calmara tan repentinamente. Normalmente, si estaba a

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 37

    —¿Por qué? ¿Por qué puedes ser tan cruel conmigo? ¿Acaso te he hecho algo malo? —preguntó Aletta con la voz temblorosa, conteniendo las lágrimas.En el fondo de su corazón, todavía esperaba que lo que había escuchado antes fuera solo un terrible malentendido. Sin embargo, la persona de la que esperaba que se defendiera, acababa de admitirlo todo con arrogancia.—Durante todo este tiempo, te preocupaste mucho por mí. Cuando estaba hundida, fuiste tú quien me tendió la mano para ayudarme. Me diste un lugar donde vivir, me diste comida y bebida para que pudiera sobrevivir. También fuiste tú quien me dio una solución para superar mis problemas económicos. Entonces, ¿por qué de repente te has convertido en esto? ¿Por qué? ¿Qué pasa en realidad?Hannah, que antes había apartado la mirada, ahora se volvió y miró fijamente a los ojos de Aletta.—¡Porque te tengo envidia! —siseó Hannah con un tono alto, cargado de odio.Con el rostro enrojecido por la emoción, Hannah dio un paso hacia Aletta,

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 36

    —Todo esto tiene que ser un malentendido, ¿no? Dennis se equivoca, ¿verdad? —insistió Aletta una y otra vez.—¿Qué malentendido, hermana? Todo lo que ha dicho tu marido es cierto —intervino Raymond de repente, haciendo que la mirada de Aletta se dirigiera de inmediato a su hermano menor.—¿Marido? —murmuró Hannah, con el rostro reflejando sorpresa al escuchar a Raymond referirse a Dennis como el marido de Aletta—. ¿Están casados?—¿Por qué no sospechaste de ella en absoluto? ¡Para que lo sepas! La persona que te entregó a mí fue precisamente Hannah.El corazón de Aletta pareció dejar de latir en ese mismo instante. Su interior estaba destrozado, se le hizo un nudo en la garganta y el aire parecía negarse a entrar en sus pulmones. Cada respiración le resultaba sumamente dolorosa.—Déjame explicarte. En aquel entonces, te busqué yendo al apartamento de Hannah. Quería preguntarte si mi deuda ya estaba saldada o no, porque quería vivir libre y dejar de esconderme. De repente, ella me dio

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 35

    —¿Qué pasa, cariño? ¿Te duele mucho el pie? —preguntó Dennis.Aletta negó con la cabeza. Empezaba a comprender y a entender ahora por qué Dennis la había llevado a un lugar lejos del bullicio de la ciudad y de las zonas residenciales. Resultaba que Dennis quería llevarla ante Robert, el líder de «The Butcher», a quien ya le había dado una lección.Dennis se estaba vengando por lo que Robert le había hecho a Aletta con exactamente el mismo trato.Su pierna cojeaba, y la de Robert también. Todo su cuerpo estaba magullado, y Robert había quedado igual.Sin embargo, al ver el estado de Robert, Aletta no se sintió feliz en absoluto. Al contrario, empezó a sentir miedo. Tenía miedo de que Dennis se metiera en problemas más adelante. ¿Y si Dennis tuviera que enfrentarse a la ley y el hombre tuviera que pagar por ello quedándose tras las rejas?¡No! Aletta no quería que eso sucediera.—¿Qué pasa, cariño? Dímelo. ¿Te agarró el pie con demasiada fuerza? ¿Te duele? —preguntó Dennis de nuevo.—No

  • Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia   Capítulo 34

    —¿Todavía te duele el pie? —preguntó Dennis mientras metía algunas prendas de Aletta en una bolsa. Hoy Aletta había recibido el alta del hospital porque su estado había mejorado mucho.Aletta, que estaba sentada al borde de la cama, intentó mover el tobillo lentamente.—Ya no duele tanto cuando está en reposo. Pero si lo presiono o camino, todavía siento una especie de punzada. ¿Por qué será? Mi mano derecha también me duele si la muevo mucho —se quejó Aletta.—El dolor en tu mano derecha es normal porque tienes una pequeña fractura, cariño. Y lo de tu pie es por una luxación articular. Pero el médico dijo que el proceso de recuperación va muy bien. La próxima semana volveremos aquí para un chequeo de rutina —respondió Dennis acercándose a su esposa.Se paró justo frente a Aletta, se inclinó un poco y apoyó ambas manos a los lados de la cama, acorralando el cuerpo de su esposa para que no pudiera esquivarlo. Sus cabezas estaban al mismo nivel y Dennis miró fijamente a los ojos de Alet

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status