LOGINInculpada, puesta en la lista negra y perseguida por usureros, Aletta no tuvo más opción que aceptar la oferta de trabajo de un misterioso hombre al que una vez salvó del río. Dennis, un hombre de mirada tan fría como el hielo que le ofreció una vida llena de lujos, pero que terminó arrastrándola cada vez más profundo hacia un mundo oscuro. Uno a uno, los secretos comenzaron a salir a la luz, hasta revelar la amarga realidad de que el hombre al que amaba resultó ser un jefe de la mafia. Al no querer que su hijo creciera bajo la sombra del mundo criminal y se convirtiera en el heredero de un trono manchado de sangre, Aletta decidió desaparecer sin dejar rastro. Sus cinco años de escondite llegaron a su fin cuando Dennis finalmente logró encontrar a madre e hijo.
View More—¡Maldita sea! ¿Hasta cuándo seguirán persiguiéndome? ¡Dios mío, estoy tan cansada! —murmuró Aletta.
Siguió corriendo a través de la oscuridad hacia la orilla del río, iluminada únicamente por la tenue luz de la luna. Finalmente, sus pasos se detuvieron frente a un pequeño montículo de tierra junto al río, donde la corriente no era demasiado fuerte. Aletta cayó de rodillas y se ocultó entre la espesa hierba y los altos juncos. Se cubrió la boca con ambas manos, conteniendo incluso la respiración para que nadie descubriera su escondite. Y entonces, de repente... —¡No huyas, preciosa! La deuda de tu hermano no desaparecerá aunque te escondas. La voz ronca de uno de los hombres que la perseguían resonó en el silencio, seguida de una risa baja que hizo que Aletta sintiera aún más miedo. Los pasos de aquellos hombres se detuvieron. Sus miradas recorrieron el lugar mientras mantenían las manos apoyadas en la cintura. —Jefe, estoy cansado. Ya no puedo seguir corriendo —se quejó un hombre alto y corpulento. Tenía el vientre abultado y el rostro redondo. Respiraba con dificultad por el esfuerzo. —¡Inútil! —respondió el hombre de menor estatura y complexión, aunque con un rostro mucho más feroz. Los demás que lo acompañaban bajaron la cabeza con evidente temor. Aletta pudo adivinar que aquel hombre era, sin duda, el jefe de esa banda. —¡Oye, Aletta! ¡Escucha bien! ¡Sé que estás escondida por aquí! —gritó, rompiendo el silencio. Aletta, aún escondida, se tapó la boca con más fuerza y cerró los ojos en cuanto escuchó que pronunciaban su nombre. —¡Soy el Jefe de The Butcher! ¡No dudaré en cortarte partes del cuerpo si no pagas la deuda de tu hermano! ¡Te doy un mes para saldarla! Si no lo haces, prepárate para convertirte en mi tercera esposa. ¡Tu casa y todos tus bienes serán míos! ¡Ni se te ocurra escapar, porque te encontraré aunque te escondas en el agujero de una hormiga! Así que piénsalo muy bien desde ahora. ¡Quedar inválida de por vida, morir o convertirte en mi esposa! ¡Crac! Los ojos de Aletta se abrieron de par en par al escuchar el sonido de una rama rompiéndose bajo las patas de un gato callejero. Aquello hizo que la atención de los hombres se dirigiera de inmediato hacia el lugar donde ella estaba escondida. ‘Dios, sálvame’, suplicó Aletta para sus adentros. Apretó aún más los labios y cerró los ojos con fuerza. —Ah... ¿Así que estás escondida ahí? —Miau. Un gato pasó tranquilamente frente al Jefe de The Butcher. —¡Maldita sea! —maldijo el hombre de rostro feroz antes de volver a ponerse erguido. Silencio. Solo se escuchaban el canto de los grillos y el suave murmullo del río. Sin embargo, el corazón de Aletta no compartía esa calma. Desde hacía rato latía desbocado. Poco después, los cinco cobradores de deudas finalmente se rindieron y se dieron la vuelta para marcharse. —Está bien, vámonos. Después de asegurarse de que realmente habían desaparecido, Aletta salió de su escondite y se sentó a la orilla del río mientras intentaba recuperar el aliento. —Ah... ¡Por fin! ¡Esas personas aterradoras al fin se fueron! El ambiente volvió a quedar en silencio. Aletta cerró los ojos por un momento, escuchando el sonido del agua correr, lo cual la ayudó un poco a tranquilizarse. En medio de aquella quietud, Aletta reflexionó sobre la desgracia de su vida. Y no era para menos. Apenas unos días atrás había perdido su trabajo debido a una cruel calumnia de su propio jefe, y ahora el destino parecía no haberse cansado aún de jugar con ella. Por culpa de su hermano, había perdido a su padre para siempre. Él sufrió un infarto al enterarse de que la casa familiar había sido hipotecada por su hijo ante un despiadado prestamista. Y eso no era todo. Su hermano había desaparecido como si la tierra se lo hubiera tragado, dejándola completamente sola con una montaña de deudas cuyo monto era simplemente absurdo. Lo más increíble era que todo ese dinero había sido utilizado para algo ridículamente estúpido. ¿Para qué? ¡Apuestas en línea! ¡Una vez más, apuestas en línea! ¡Aletta sentía que realmente iba a volverse loca! —Papá... ¿qué debe hacer Aletta? —susurró, dejando que las lágrimas recorrieran sus mejillas—. ¡Mira! ¡Tu hijo favorito volvió a causar problemas! Incluso fue el responsable de que te fueras para siempre, ¿verdad? ¿Cómo se siente ver tu vida destrozada por culpa del hijo del que siempre estuviste tan orgulloso? Si tan solo hubieras querido escucharme y hubieras sido más firme con él, ¡nunca habría ocurrido algo como esto! ¡Y ahora soy yo, que no tenía nada que ver, quien debe cargar con todas las consecuencias! Aletta contempló la tranquila superficie del río. No sabía de dónde había surgido aquel impulso, pero por un instante cruzó por su mente el deseo de dejarse hundir y acabar con todo. Sin embargo, en medio de aquel pensamiento desesperado, un fuerte estruendo rasgó la noche, haciendo que Aletta se sobresaltara. ¡Bang! ¡Bang! Aletta se cubrió los oídos por reflejo al escuchar los disparos provenientes del puente. —¿Qué fue ese sonido? —murmuró con tensión. Y apenas unos instantes después... ¡Splash! El sonido de un objeto pesado cayendo al río llegó desde el alto puente de concreto, no muy lejos de donde ella se encontraba. —¿Qué es eso? Aletta agudizó la vista hacia el río y enseguida se puso de pie. En medio de la corriente distinguió la silueta de alguien luchando desesperadamente por sobrevivir. —¿E-es... una persona? Convencida de lo que veía, Aletta entró de inmediato al agua y sujetó la mano de aquella persona que estaba a punto de ahogarse. Luego la arrastró hasta la orilla del río. —¿Hola? ¿Señor? ¿Puede oírme? Continuará...Una semana después.Aletta estaba de pie frente al lavabo, mirando su reflejo en el gran espejo del baño. Se quitó el cárdigan que llevaba puesto, quedando solo con una fina camiseta de tirantes. Inclinó el cuerpo y se subió un poco la ropa para comprobar el estado de su espalda.Los moretones, secuelas del maltrato, ahora se habían vuelto de un color negruzco, haciéndole sentir que su cuerpo se veía muy feo.—¡Huuhh! ¿Por qué aún no han desaparecido? —murmuró Aletta.De repente, la puerta del baño se abrió. Aletta, sobresaltada, se puso apresuradamente el cárdigan de nuevo y giró la cabeza. Vio a Dennis entrando.Al ver que Aletta se cubría el cuerpo de inmediato, Dennis pareció un poco molesto.—¿Por qué te cubres así de repente? Eres mi esposa ahora. No hay necesidad de esconderse, de hecho, tengo todo el derecho de ver tu cuerpo cuando quiera. Además, no es la primera vez, ¿verdad? ¿Olvidaste lo que hicimos cuando nos conocimos?—¡Tsk! ¿Qué te pasa, Dennis? ¿Entras y directamente
—Suéltala, Dennis. Te lo ruego —dijo Aletta mientras abrazaba a Dennis con más fuerza. Tenía los ojos cerrados, apoyándose débilmente en la espalda del hombre—. No me asustes viéndote así, Dennis.Las manos de Dennis que estrangulaban el cuello de Hannah se aflojaron lentamente al sentir el abrazo de Aletta. Su ira disminuyó gradualmente hasta que finalmente soltó sus manos por completo.Hannah cayó de inmediato al suelo mientras se agarraba el cuello, que le dolía mucho.—¡Cof, cof, cof! —La mujer tosió violentamente, respirando profundamente después de varios segundos de dificultad para obtener oxígeno.Al escuchar toser a Hannah, Aletta abrió los ojos y vio a su amiga ya tirada en el suelo. Soltó su abrazo y luego tiró del hombro de Dennis hasta que el hombre se dio la vuelta para mirarla.El hombre se quedó en silencio con una mirada ligeramente vacía. Esta era la primera vez que lograba controlar su ira hasta el punto de que se calmara tan repentinamente. Normalmente, si estaba a
—¿Por qué? ¿Por qué puedes ser tan cruel conmigo? ¿Acaso te he hecho algo malo? —preguntó Aletta con la voz temblorosa, conteniendo las lágrimas.En el fondo de su corazón, todavía esperaba que lo que había escuchado antes fuera solo un terrible malentendido. Sin embargo, la persona de la que esperaba que se defendiera, acababa de admitirlo todo con arrogancia.—Durante todo este tiempo, te preocupaste mucho por mí. Cuando estaba hundida, fuiste tú quien me tendió la mano para ayudarme. Me diste un lugar donde vivir, me diste comida y bebida para que pudiera sobrevivir. También fuiste tú quien me dio una solución para superar mis problemas económicos. Entonces, ¿por qué de repente te has convertido en esto? ¿Por qué? ¿Qué pasa en realidad?Hannah, que antes había apartado la mirada, ahora se volvió y miró fijamente a los ojos de Aletta.—¡Porque te tengo envidia! —siseó Hannah con un tono alto, cargado de odio.Con el rostro enrojecido por la emoción, Hannah dio un paso hacia Aletta,
—Todo esto tiene que ser un malentendido, ¿no? Dennis se equivoca, ¿verdad? —insistió Aletta una y otra vez.—¿Qué malentendido, hermana? Todo lo que ha dicho tu marido es cierto —intervino Raymond de repente, haciendo que la mirada de Aletta se dirigiera de inmediato a su hermano menor.—¿Marido? —murmuró Hannah, con el rostro reflejando sorpresa al escuchar a Raymond referirse a Dennis como el marido de Aletta—. ¿Están casados?—¿Por qué no sospechaste de ella en absoluto? ¡Para que lo sepas! La persona que te entregó a mí fue precisamente Hannah.El corazón de Aletta pareció dejar de latir en ese mismo instante. Su interior estaba destrozado, se le hizo un nudo en la garganta y el aire parecía negarse a entrar en sus pulmones. Cada respiración le resultaba sumamente dolorosa.—Déjame explicarte. En aquel entonces, te busqué yendo al apartamento de Hannah. Quería preguntarte si mi deuda ya estaba saldada o no, porque quería vivir libre y dejar de esconderme. De repente, ella me dio
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