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Capítulo 4

Penulis: Maurito
Anna alzó la vista, y en sus ojos brilló una curiosidad cautelosa y calculada.

—Siempre quise un vestido así. August, ¿puedo probarme uno?

Lo miró con delicadeza. Y, por supuesto, August jamás le negaría nada.

Todo encajó a la perfección.

Anna se probó un vestido tras otro, mientras August no le quitaba los ojos de encima, dándole sugerencias y, de vez en cuando, acomodándole la cola del vestido.

La sala VIP se llenó con sus risas y con los halagos del personal. Era como si Anna hubiera sido la verdadera protagonista desde el principio.

Y yo permanecí sentada en silencio, en un rincón, como una espectadora de principio a fin.

El agotamiento me aplastaba. Pero, aun así, no sentía ni el menor disgusto ni fastidio al ver cómo interactuaban.

Lo único que sentía era hastío.

Solo esperaba que todo terminara.

Debió de ser mi presencia lo que hizo reaccionar a August, porque tomó varios vestidos y se acercó a mí con torpeza. Pero como no tenía ninguna intención de escuchar sus ridículas excusas, no le di tiempo ni de abrir la boca.

Escogí el vestido más sencillo de todos. Después de todo, tampoco iba a servirme de nada, como era de esperar.

Esa noche, Anna y yo fuimos secuestradas y llevadas a un almacén abandonado.

Después de dudarlo mucho, decidí comunicarme con August por enlace mental para decirle que me habían secuestrado.

Aunque ya estaba preparada para recibir indiferencia y desconfianza, su voz ansiosa resonó en mi mente:

—Aguanta. ¡Ya voy por ti!

Me quedé atónita. Pero cuando me giré y vi a Anna también atada, la realidad me golpeó. Al parecer, ella también se había contactado con él.

Poco después, August llegó al almacén. Sus ojos se abrieron de par en par al verme indefensa, tirada en el suelo.

—¡Sophina!

Frente a la mirada amenazante de August, el secuestrador sonrió y dijo:

—Vamos a jugar a un juego, August. Solo puedes salvar a una de las dos. ¿A quién eliges?

Solo entonces August reparó en Anna. Antes, August habría escogido a Anna sin vacilar ni un segundo. Pero, esta vez, al verme en semejante estado, sintió culpa.

En medio de su vacilación, Anna sonrió débilmente.

—Salva a Sophina. Ella es tu Luna…

Con una determinación repentina, August tomó a Anna entre sus brazos.

Aunque ya esperaba su decisión, aun así me dolió. Yo no quería morir. Sobre todo, ahora, cuando todavía no había alcanzado mi libertad. Por lo que empecé a forcejear.

—Sálvame…

Mientras la conciencia se me escapaba, la voz quebrada de August resonó por todo el lugar.

—¡Espérame, Sophina! ¡Voy a volver por ti!

Pero no volvió la mirada hacia mí ni una sola vez.

Y yo, rindiéndome a la oscuridad, me desmayé.

Cuando por fin desperté, ya era la tarde del día siguiente.

No estaba muerta.

August estaba sentado a mi lado. Dudó un momento antes de encontrar las palabras.

—Sophina, Anna quedó muy afectada por el secuestro. Le prometí llevarla fuera unos días para que despejara la mente. Me temo que tendré que cambiar de fecha la ceremonia de mañana. No te molestará, ¿verdad?

Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.

August se apresuró a buscar excusas.

—No te preocupes. Esta será la última vez. Te doy mi palabra. Nunca volverá a pasar…

Levanté el brazo y lo interrumpí.

—Vete. De verdad no me molesta. En serio.

Las lágrimas me corrieron por las mejillas.

Pero no nacían de la tristeza.

Esa era la centésima vez que August aplazaba el ritual de apareamiento.

¡Por fin era libre!

Cuando August se fue, aliviado, yo por fin respiré tranquila. Nunca más tendría que verlos envueltos en su cariño mutuo. Mi mundo ya no giraría alrededor de August. Ya no tendría que seguir interpretando el papel de su compañera amorosa, cediendo siempre a su voluntad.

Por fin tenía la opción de decir que no y liberarme de aquella farsa de tres personas. Por fin podía volver a ser yo misma, completamente libre de cadenas.

«August, ojalá nuestros caminos no vuelvan a cruzarse jamás».
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