INICIAR SESIÓNAntonella:
Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto.
Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el embarazo, padres primerizos, cuidados del bebe recién nacido. hasta ahora los sigue leyendo sin olvidar los de estimulación prenatal.
Me alegra verlo tan emocionado, lo mejor de todo es que hoy iremos a que le quiten el yeso. Está feliz como una perdis, ha despertado temprano a nosotros nos a obligado a despertar con él aunque al final me volví a dormir y le advertí que si me despertaba conocería mi ira además que no iría al siguiente control. Con eso se calmo, aunque podía sentirlo observándome, que molesto. Me levante y cambie para luego partir al consultorio donde le quitarían el famoso yeso.
No tardo mucho en ser liberado sin embargo el médico le ha dicho que no haga nada brusco en estos tres días como cabalgar o tener largas caminatas. Al regresar a casa me fui donde Adam porque debíamos alistar las cosas para el comienzo de este nuevo año escolar.
A las dos en punto está Giancarlo esperándome en la puerta junto con la camioneta, seguro nos va a llevar de paseo.
—Hola mi amor. – Me saluda para de ahí besarme.
—Hola. Por lo visto no has esperado nada en ir por tu camioneta. – Le comento. –Necesito trasladarme. –Es su respuesta.
—Ok ¿A dónde piensas llevarnos de paseo? – Lo interrogo.
—Les parece a comer un rico helado. – Sugiere.
—Si. – Me emociono. – También una cremolada, comprende que estamos en verano y este calor esta que me cocina.
—Tus deseos son ordenes. – Me responde abriendo la puerta de la camioneta.
—Valla que caballeroso estás. – Le respondo.
Nos dirigimos a la heladería de siempre compra un rico helado de hojaldre junto al de Talia, él por su parte pide de chocolate, le quito un poco de su helado pata al final tomar juntos una deliciosa cremolada de fresa.
Así es como los días de verano los pasamos juntos.
Giancarlo:
Estuve esperando con ansias a que me retiren el yeso, especialmente porque por fin podría hablar con ese para que deje de molestarnos enviando regalos. Ahora se quiere dar del abuelo amoroso y preocupado porque no va con su hijo y nos deja tranquilos. Antonella ignora de quien se trata pero se molesta porque no le digo quien es, hemos llegado a discutir por eso. Lo bueno es que esto termina hoy.
—¿Seguro que no puedo acompañarte? – Me pregunta.
—Son unos negocios que tengo que atender y voy a estar muy ocupado. – Le explico.
—No voy a molestar, me quedare con mi mamá. – Me ve con ojos de cachorrito.
—Antonella no puedes estar haciendo viajes largos. Michael dijo que tienes que cuidarte.— Le recuerdo.
—Quiero ver a mi mamá. Estar contigo, sabes que los bebés se ponen intranquilos cuando no estas. – No quiero que vaya porque sé que regresare de mal humor cuando hable con ese y no es bueno que Antonella me vea así.
—Voy y vengo, arreglo unos asuntos y ya. —Trato de persuadirla.
—¿Qué asuntos? Además nos quedamos hasta mañana y ya. – Insiste.
—No, ya te dije que son asuntos de la empresa.— Le contesto.
—Son los regalos ¿Verdad? —Me atrapo.
—Son unos contratos que tengo que firmar, lo estuve postergando pero ya no puedo hacerlo. Es importante que ya me ponga en camino. —Mejor escapo antes que discutamos.
—¿Por qué no quieres que valla? ¿Qué ocultas?— Ya estoy pisando en falso. —¿Acaso tienes una amante?
—No digas tonterías. – Me acerco a darle un beso, me esquiva. — ¿Qué es?
—Un contrato. Ahora me voy. – Me giro.
—¿Quién es? – Pregunta. – Déjame acompañarte.
—No, esto tengo que arreglarlo solo. Así que te quedas, punto. – Sin querer la grito, giro a verla y esta con lágrimas en los ojos.
Bien, vete y dejamos solos. —Corre.
—Antonella. – Lo acabo de malograr todo. Voy tras ella, se encierra en la habitación.
—Abre la puerta. Por favor. – Le digo.
—No que quieres estar solo. Perfecto, no pensamos molestarte más. Apresúrate o llegaras tarde. – Ese tono de voz tranquilo cuando esta molesta es cuando me da más miedo.
—Lamento lo que dije, abre. Te lo pido. – Quiero arreglar las cosas antes de irme.
Escucho la cerradura abrirse: Ya nos miraste, estamos bien. Ponte en marcha para que regreses pronto.
Le doy un ligero beso: Cuídense, los amo.
Me pareció corto el viaje, quizás sea porque estuve pensando que decirle a ese y atenerme a lo que fuera capaz de hacer con el fin de acercarse a Antonella y mis hijos con la historia de hacerse el abuelo modelo, tal vez hasta con el fin de expiar sus errores. La mejor forma que podría hacerlo es olvidándose que existimos, dejándonos tranquilos.
Entre al edificio de su empresa cargando la bolsa negra con todos los obsequios que ha enviado en el último mes. Estoy seguro que llamo la atención de todos pero me da igual. Pronto soy detenido por un guardia de seguridad: Buenas tardes señor ¿Qué trae en esa bolsa y qué busca?
—Vengo a ver al señor Massimo Coppola. – Contesto, no oculta su sorpresa al oír mi respuesta.
Se recompone: ¿Tiene cita para verlo?
Miento: Si, con su permiso. – Me alejo, voy hacia el ascensor.
Al hombre que se encuentra controlando el ascensor le indico ir hacia el último piso. Es lógico que se encuentre ahí la oficina de ese hombre. Al llegar me acerco de inmediato a la secretaria de la gerencia.
—Buenas tardes, vengo a ver al señor Inu Massimo Coppola. – Soy amable.
—¿Tiene cita? – Pregunta mientras soy examinado por ella.
—No pero estoy seguro que me atenderá dígale que viene a verlo Giancarlo Madicci. – Le respondo.
Traga saliva: Lo siento pero sin cita no puede recibirlo.
—Dígale quien soy, solo le pido eso, por favor. – La miro directamente a los ojos.
—Está bien no obstante si mi jefe no quiere atenderlo desistirá de acuerdo. – Veo suplica en su mirada. – Es mi primera semana aquí y no deseo ser despedida. Necesito el empleo.
—Lo prometo. – Le doy mi palabra.
Ella ingresa con temor a la oficina, espero unos minutos hasta que aparece la muchacha me dice: Pase.
Tomo la bolsa y le doy un gracias a la muchacha. Paso y lo veo sentado a él en su escritorio.
—No creí verte algún día aquí ¿A qué has venido? – Me pregunta como si nada.
—A devolverte esto. – Le tiro la bolsa. – No necesitamos nada que provenga de ti. También a exigirte que nos dejes tranquilos.
—Recapacita de una buena vez, esto es por tu bien. – Se levanta.
—¿Por mi bien? No me hagas reír. Nunca necesite algo tuyo. – Le recuerdo.
—Te olvidas que me buscaste. – Me habla.
—Si lo hago es para ponerte un alto. – Le digo.
—Me refiero a cuando eras un niño y me pediste ayuda. Lo olvidaste. – No imagine que sacara aquello.
—Claro, me enviaste aquel infierno de orfanato. Ten por seguro que aquello lo tengo presente. – Respondo.
—Entiende, no podía decirle a mi mujer que tenía un hijo que no reconocí de mi ex esposa. Además preferías que te botara a la calle. – Agrega.
—Mil veces a ir a ese sitio. Crees que es bonito esperar a ser el siguiente a desaparecer en las noches, escuchar los gritos de niños, temer ser al que lo lleven a castigar. Tener que ser invisible. – Le explico.
—No lo sabía además al día siguiente fui a pedir tu custodia pero me la negaron porque tenía que seguir un proceso para reconocerte. Cuando iban a dar la sentencia te escapaste. Te buscamos. – Quiere excusarse.
—Claro que te arrepentiste al enterarte lo que me heredo mi abuela, más que quitarle a los Madicci. – No hay otra explicación.
—Estás equivocado. – Se defiende.
—No puedo creer que tuvieras conciencia. – Me burlo.
—Mi esposa fue quien me hizo ver mi error… Esa misma noche se entero de todo y me exigió ir por ti. – Me cuenta. Me quedo en silencio. – Admito que actúe muy mal en mi vida, he pagado mis errores con creces.
—Me da igual si los reconoces o no. Déjame a mi fuera de esto. – No quiero saber nada.
—La única justificación que puedo dar por mis acciones es el amor de Mi esposa. Todo lo hice por ella y como me castigo la vida quitándome lo que más quise. Esa noche cuando te entregue, ella entro a mi despacho y descubrió las fotografías rotas, las armo descubriendo la verdad. Cuando nos enteramos que escapaste Mi esposa me culpo, te buscamos hasta contrate un detective privado. Las discusiones entre ambos aumentaron hasta el punto en que me iba dejar llevándose a Giovanni y la pequeña que esperaba. Peleamos muy fuerte, no quería que se fuera, al escapar de mi se tropezó y cayo por las escaleras, murió de inmediato. – Vi el dolor en su mirada, me dio lastima. – Al ya no estar ella lo demás no me importaba y es ahí cuando Giovanni lo deje de lado.
—Si tanto quieres expiar tus culpas hazlo olvidándote que existe mi familia y yo. – Le doy la mejor solución. – Si quieres hasta digo que te perdono con tal que no vuelvas aparecerte. Con su permiso me retiro.
—Hijo. – Me llama.
—Nunca vuelva a llamarme así. – Me giro y azoto la puerta.
Lo peor es que no esperaba encontrarme a Giovanni saliendo del ascensor, me saluda lo ignoro. No estoy de ánimo para ser amable con él por suerte las puertas del ascensor se cerraron antes que intentara algo para detenerme.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







