تسجيل الدخول
POV SophieIan no logró alcanzarme; se quedó corto por apenas unos segundos. Acababa de subir al taxi cuando lo vi salir corriendo desesperado por las puertas del salón. Persiguió el auto durante varias cuadras, deteniéndose solo cuando las fuerzas le fallaron por completo. Después, mi teléfono empezó a sonar sin parar.No respondí.El día anterior habíamos ido al juzgado para firmar los papeles y formalizar el divorcio. Le había prometido que, inmediatamente después de la ceremonia de hoy, iríamos al registro civil para inscribir nuestro nuevo matrimonio. Le mentí diciéndole que sería una doble celebración. El muy estúpido me creyó.Sin embargo, engañarlo no me produjo ninguna alegría; solo sentí un vacío inmenso y doloroso que me calaba hasta los huesos.Mientras yacía en aquella mesa de operaciones, lista para dejarme morir, las palabras de Patricia resonaron en mi cabeza. En nuestras sesiones, ella ya había notado lo peligrosamente dependiente que yo era de Ian. Intentó advertirme
POV Tercera persona Durante ese tiempo, bajo el pretexto de Sophie de que necesitaban reconstruir su relación desde cero y con calma, comenzaron a dormir en habitaciones separadas.Un día, de la nada, Sophie cortó un mango en rodajas y entró con una sonrisa radiante al despacho donde Ian trabajaba:—Ian, creo que recordé algo.Él se quedó inmóvil, con una expresión indescifrable en el rostro.—Recordé que te encantan los mangos —continuó ella, acercándole el plato—. Antes, todos los días antes de salir de la oficina, me llamabas para pedirme que te tuviera un poco preparado.A Ian le cayó encima un balde de agua helada que le congeló la sangre en las venas. Jack era el que amaba los mangos. Lo que Sophie acababa de evocar era un recuerdo íntimo con su exesposo.Al ver que él no reaccionaba, Sophie lo miró con fingida confusión:—¿Por qué no comes? ¿Acaso lo recordé mal? Pero estoy segura de que a mi esposo le fascinaba. No me digas que tengo a otro marido escondido por ahí.—¡Claro qu
POV Tercera persona Como era de esperarse, ver el acta de matrimonio en semejante estado de descomposición desató la furia de Sophie.La supuesta amnesia parecía haberle destrozado también el temperamento. Con los ojos enrojecidos en llanto y rabia, comenzó a manotear todo lo que encontraba a su alcance en la mesa de noche para arrojárselo a Ian a la cabeza.—¡Ni siquiera pudiste cuidar nuestro acta de matrimonio! —le gritó, con la voz quebrada—. ¡No me amas, todo es una mentira! ¡Quiero el divorcio!La sola palabra "divorcio" hizo que a Ian se le detuviera el corazón. Preso del pánico, se desplomó de rodillas ahí mismo, junto a la cama del hospital, intentando atajar los objetos que ella le lanzaba.—Fue mi culpa, mi amor, lo siento, perdóname —suplicó, levantando las manos—. Podemos pedir una reposición en el registro civil. Te juro por mi vida que esta vez la guardaré en un lugar seguro. Por favor, créeme, ¿sí?Le tomó un largo rato de humillarse de rodillas y una transferencia inc
POV Tercera persona Sophie despertó al tercer día de su cirugía.En cuanto abrió los ojos, Ian, que no se había apartado de su lado en setenta y dos horas, se puso de pie de un salto, abrumándola a preguntas:—Sophie, mi amor, despertaste. ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?Ella dudó un instante. Bajo las cobijas, apretó los puños con fuerza. Tras un breve silencio, ladeó la cabeza y preguntó con total extrañeza: —¿Quién eres tú?Ian se quedó petrificado. De inmediato, el corazón le dio un vuelco de pura euforia. Mientras esperaba a que ella reaccionara, había ensayado mil disculpas y explicaciones en su cabeza, preparándose para el desprecio y mentalizado para reconquistarla desde cero. Jamás imaginó que el golpe la haría perder la memoria. Olvidarlo todo era, milagrosamente, su oportunidad de volver a empezar.Obligándose a contener la alegría que le estallaba en el pecho, le sostuvo la mirada:—Soy tu esposo. Registramos nuestro matrimonio apenas la semana pasada y la boda es a fin
POV Tercera persona A partir de ese día, los celos se propagaron en Ian como un incendio forestal. Cada segundo que pasaba, cada gesto de Sophie y cada uno de sus cuidados se transformaron en provocaciones ante sus ojos enfermos. Entre más la amaba, más le dolía; y entre más le dolía, más se distorsionaba ese amor hasta convertirse en odio. Jessica se encargó de avivar el fuego, machacando una y otra vez con el pasado de Sophie y Jack para empujarlo al abismo:—¿No te parece injusto? La has amado por años y ella solo te eligió cuando se quedó sin opciones, como un plato de segunda mesa. Si yo fuera tú, me desquitaría.Horas después, con la culpa pegada al cuerpo y el peso del error aplastándolo en el asiento del auto, manejó de regreso a casa. En el camino, se detuvo mecánicamente a comprar los panes dulces que a Sophie tanto le gustaban. Mientras esperaba el paquete, recordó las palabras de la terapeuta, Patricia Brown: «Un detalle dulce de vez en cuando, señor Colson, ayuda a anclar
POV Tercera persona Camino al hospital, aferrado al volante, Ian revivía su historia con Sophie en un desfile caótico e hiriente. Los recuerdos lo asaltaban en desorden, con la misma crueldad con la que la lluvia la había castigado a ella horas antes.Recordó el día en que se cruzaron por primera vez, en segundo año de universidad. Él se había desplomado en la cancha de básquetbol por una baja de azúcar y Sophie, una completa desconocida que iba pasando, le salvó la vida regalándole los dulces que llevaba en el bolso.Fue un flechazo instantáneo. Ian se obsesionó con ella de inmediato, sin imaginar el golpe que vendría después: Sophie era la mujer que su compañero de cuarto, Jack, llevaba meses cortejando. Para cuando Ian descubrió la verdad, ya era tarde; ella ya estaba en brazos de otro.La noche en que se enteró de la boda, el mundo de Ian se vino abajo; pasó las horas a oscuras, quebrado por un llanto que no pudo contener. Al amanecer, con los ojos hinchados y el orgullo en ruinas







