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C*CK MILITAR MÍO 🪖 🍑🍆

Author: Grace
last update publish date: 2026-07-02 17:45:43

JEZEBEL

«Cena en mi casa esta noche. Siete en punto. No llegues tarde.» Eso fue todo lo que dijo Jax. Sin por favor, sin palabras extras. Solo ese tono profundo y autoritario incluso a través de un mensaje.

Pasé el resto del día distraída, moviéndome inquieta en la silla porque ya me estaba mojando solo de pensar en lo que tenía planeado.

Llegué justo a tiempo con una minifalda negra y una blusa ajustada que resaltaba mi escote. Mis pezones se endurecieron en cuanto bajé del coche. Jax abrió la puerta con una camisa negra simple y jeans. Me miró como si quisiera comerme viva.

—Entra —dijo, jalándome dentro por la cintura. La puerta se cerró y me empujó contra ella inmediatamente, besándome con rudeza. Su lengua entró en mi boca y sus manos agarraron mi culo por debajo de la falda—. Te pusiste esto para provocarme, ¿verdad?

—Tal vez —respondí contra sus labios, sonriendo con descaro—. ¿Qué vas a hacer al respecto, viejito?

Sus ojos brillaron. Me levantó como si no pesara nada y me llevó directo a la mesa de la cocina. La cena quedó completamente olvidada. Me sentó en el borde, me abrió las piernas bien anchas y se arrodilló. Sin aviso. Me subió la falda y enterró su cara en mi coño.

—¡Oh joder! —grité, mis manos volando a su cabello. Su lengua lamió largo y lento desde mi entrada hasta mi clítoris. Lo chupó con fuerza, luego empujó dos dedos bien profundo dentro de mí. Ya estaba empapada. Los sonidos mojados de él comiéndome llenaron la habitación.

—Sabes tan jodidamente bien y tu coño es tan hermoso —gruñó entre lamidas—. Este dulce coñito está chorreando para mí otra vez.

Gemí fuerte, frotándome contra su boca. Añadió un tercer dedo y los curvó, golpeando justo ese punto que me hizo encoger los dedos de los pies. Mis piernas empezaron a temblar. No se detuvo. Lamió y chupó hasta que me corrí fuerte en su lengua, gritando su nombre y chorreando toda su cara.

Se levantó, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Su polla estaba presionando fuerte contra sus jeans.

—Desnúdate. Ahora.

Me quité la ropa rápido, quedando completamente desnuda en su cocina. Me agarró, me dobló sobre la mesa. Escuché su cremallera, luego sentí esa gruesa polla golpeando contra mi culo. La frotó a lo largo de mi raja, provocándome.

—Ruega por mi polla, Lila. Dime lo mucho que necesitas que te la meta en este coño.

—Por favor, Jax. Fóllame. Necesito que me estires y me llenes. Hazme tuya.

Me embistió profundo de un solo golpe fuerte. Grité, mis paredes apretándolo. Se sentía aún más grande que la última vez. Agarró mis caderas y empezó a follarme con fuerza, la mesa temblando debajo de nosotras. Cada embestida hacía que mis tetas se presionaran contra la madera fría.

—¡Dios, sí! ¡Más fuerte! —supliqué, empujando hacia atrás para encontrarlo.

Subió la mano y la envolvió alrededor de mi garganta, jalándome contra su pecho mientras seguía follándome. No demasiado fuerte, pero suficiente para hacerme sentir poseída.

—¿Te gusta eso? Que te ahogue mientras destruyo este coño apretado?

—¡Sí! ¡Joder, me encanta! La presión mezclada con el placer hacía que todo se sintiera más intenso.

Salió y me volteó sobre mi espalda en la mesa. Me subió las piernas al pecho y volvió a entrar. Esta posición le permitía llegar tan profundo que lo sentía en el estómago. Se inclinó, escupió en mis pezones, los chupó y mordió suavemente mientras embestía.

—Eres una chica tan sucia —dijo con la voz entrecortada—. Provocando a un militar mayor como yo. ¿Crees que puedes manejar lo que realmente quiero hacerte?

Me reí sin aliento, aún descarada aunque me estuviera follando sin sentido.

—¿Eso es todo lo que tienes? Pensé que los soldados fuertes y grandes duraban más.

Eso me ganó un gruñido. Me jaló el pelo con fuerza, arqueándome la espalda, y me folló aún más rápido. El sonido de sus caderas golpeando contra mí era fuerte y sucio.

Después me llevó al dormitorio. Durante las siguientes dos horas me tomó en todas las posiciones. De espaldas con mis tobillos en sus hombros. Cabalgándolo mientras me azotaba el culo y me decía que rebotara más fuerte. Otra vez en cuatro con su pulgar presionando contra mi culito, provocándome ahí. Era un desastre de gemidos y sudor.

En un momento lo estaba cabalgando al revés, con las manos en sus muslos, cuando mi teléfono empezó a sonar en la mesita de noche. Miré y vi que era mi tío llamando.

—Mierda, es él —jadeé, intentando frenar.

Jax no se detuvo. Al contrario, empujó más fuerte hacia arriba, llegando muy profundo.

—Contesta —ordenó, con una mano todavía agarrando mi cadera.

Mi corazón latía con miedo y una excitación loca. Agarré el teléfono con manos temblorosas y respondí, intentando sonar normal.

—Hola, tío.

Jax metió la mano y frotó mi clítoris mientras permanecía enterrado dentro de mí. Mordí fuerte mi labio para no gemir.

—Hola, solo chequeando. ¿Hablaste con Jax sobre la caja de herramientas?

Apenas podía concentrarme. Jax se movía lento y profundo, su gruesa polla frotando ese punto perfecto.

—S-sí. La dejé. Todo está bien.

—Suenas rara. ¿Estás bien?

Jax pellizcó mi clítoris y casi perdí el control. El placer me atravesó.

—Estoy bien. Solo… estoy con amigos. ¿Hablamos después?

Colgué rápido antes de poder gritar. En cuanto terminó la llamada me corrí fuerte, temblando y gritando. El terror de casi ser descubierta mezclado con el orgasmo hizo que fuera uno de los más fuertes que había sentido.

—Estás loco —jadeé, derrumbándome sobre su pecho.

Jax nos giró para quedar encima. Me folló más lento ahora, mirándome a los ojos.

—Te gusta el riesgo. Puedo sentir lo mojada que te pones cuando tienes miedo.

Tenía razón. Me estaba hundiendo más profundo. Entre las folladas rudas y esos raros momentos suaves donde me besaba con ternura y acariciaba mi cabello, me estaba encariñando. Esto era más que solo polla. Me gustaba él. Mucho.

Más tarde, después de otra ronda donde me hizo correr a chorros por toda su cama, estábamos enredados juntos. Su mano frotaba mi espalda suavemente.

—He estado pensando —dijo en voz baja—. Uno de mis compañeros de la unidad, Marcus. Es de confianza. He visto cómo nos miras a todos. ¿Alguna vez has pensado en estar con más de un hombre a la vez?

Mis ojos se abrieron como platos. La idea me impactó, pero también envió una nueva ola de calor entre mis piernas.

—¿Quieres decir… compartirme?

—Tal vez. Si te portas bien. Yo estaría ahí todo el tiempo. Controlándolo. —Besó mi cuello—. Pero solo si tú quieres. Eres mía primero.

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