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6. Negociando con el Diablo

Author: Tara
last update publish date: 2026-09-11 02:46:17

El silencio en la oficina de Luciano Morelli se extendió como un alambre tensado demasiado. Sus palabras aún colgaban en el aire entre ellos —cuánto tiempo fingirás que tienes otra opción— y Ruby odiaba que tuviera razón y que alguna parte traicionera de ella quisiera decir que sí solo para ver qué pasaría después.

"¿Qué implicaría exactamente este contrato?".

La sonrisa burlona de Luciano se profundizó. Se movió de vuelta hacia su escritorio con la gracia pausada de un hombre que nunca había sido apresurado en su vida, acomodándose en la silla de cuero como un rey reclamando su trono.

"Términos prácticos. Vivirás conmigo. Asistirás a eventos como mi esposa. Presentarás un frente unido al público y a la prensa. Serás discreta sobre la naturaleza de nuestro acuerdo. Nadie fuera de esta habitación puede saber que el matrimonio es contractual".

Ruby tragó saliva. "¿Y el heredero?".

"Discutiremos eso cuando llegue el momento. No espero que calientes mi cama en contra de tu voluntad, señorita Costa. Pero sí espero exclusividad. Ningún otro hombre ni escándalo que pueda avergonzarme o poner en peligro el acuerdo".

"¡Gracioso! Esas suenan como reglas para mí. ¿Y usted?".

"¿Y yo qué?".

"¿Cuáles son sus obligaciones? ¿O soy la única que firma renunciando a su libertad?".

Luciano la estudió por un largo momento. "Ya no eres la misma mujer que trabajaba para mi hijo, ¿verdad?".

Ruby sostuvo su mirada. "Esa mujer no tenía nada que perder. Esta tampoco. Así que si quiere que me case con usted, señor Morelli, tendrá que darme una razón. Una de verdad".

El silencio que siguió fue eléctrico. Ruby podía oír su propio corazón retumbando en sus oídos. Acababa de desafiar a uno de los hombres más poderosos de la ciudad y no tenía idea de si acababa de sellar su destino o de tirar por la borda su última oportunidad.

Entonces Luciano hizo algo que ella no esperaba. Se rió.

"Justo", dijo. "¿Qué quiere, señorita Costa?".

La mente de Ruby corría a toda velocidad. Este era el momento del que Bianca siempre le había hablado, cuando dejas de ser una víctima y empiezas a ser una jugadora.

"Seguridad financiera. Una asignación mensual que sea mía, independientemente de lo que pase entre nosotros. Una propiedad a mi nombre, algo a lo que pueda recurrir si todo sale mal y un acuerdo firmado de que cuando termine el año, me marche con lo suficiente para empezar de nuevo. Sin deudas. Sin ataduras".

"¿Algo más?".

"Quiero que Lorenzo y Noemi lo sepan. Quiero que me vean a su lado y entiendan exactamente lo que tiraron por la borda. Pero también quiero su promesa de que no me usará como arma sin mi consentimiento. Si vamos a acabar con ellos, quiero ser parte de la planificación".

"Quieres una sociedad".

"No deseo ser algún peón o muñeca actuando bajo su mando. Si voy a casarme con usted, aunque sea en papel, necesito saber que esto es diferente y que no solo estoy cambiando una jaula por otra".

Luciano estuvo callado un largo momento. "No eres lo que esperaba, señorita Costa".

"¿Es eso un cumplido o una advertencia?".

"Ambos". Se levantó y cruzó hasta donde ella estaba, deteniéndose lo suficientemente cerca como para que ella pudiera oler su colonia. "Acepto sus términos. Todos. Pero tengo una condición propia".

El aliento de Ruby se atascó. "¿Cuál?".

"Nunca me mentirás. Pase lo que pase entre nosotros, necesito honestidad absoluta. ¿Puedes prometerme eso?".

La ironía casi le hizo reír. Aquí estaba un hombre que le había estado ocultando secretos desde el momento en que se conocieron, que sabía exactamente quién era ella en esa entrevista y fingió lo contrario, exigiéndole honestidad. Pero algo en su expresión le dijo que esto no era un juego de poder.

"¿Puede prometerme lo mismo?".

Un músculo en su mandíbula se contrajo. "Puedo intentarlo".

No era un sí. Pero era lo más cercano a la vulnerabilidad que había visto en él y por razones que no podía explicar, le hizo querer confiar en él.

"Entonces sí, me casaré con usted, señor Morelli".

"Luciano", la corrigió. "Si vamos a estar casados, deberías llamarme Luciano".

"Luciano", repitió ella, probando el peso de ello.

Sus labios se curvaron en algo que no era exactamente una sonrisa. "Haré que mis abogados redacten los papeles. Firmaremos mañana. Mientras tanto...". Metió la mano en el cajón de su escritorio y sacó una tarjeta de crédito negra. "Cómprate algo apropiado".

Ruby miró fijamente la tarjeta. "No necesito su dinero".

"Tienes cien dólares a tu nombre y un aviso de desalojo pendiendo sobre tu cabeza. Toma la tarjeta, Ruby. Considéralo un adelanto de tu primera asignación mensual".

La forma en que dijo su nombre hizo que algo revoloteara en su pecho. Alcanzó la tarjeta, sus dedos rozando los de él por el más breve momento. El contacto envió una chispa por su columna y se retiró rápidamente, esperando que él no lo hubiera notado. Su sonrisa burlona le dijo que sí lo había notado.

El ático era aún más impresionante de lo que Ruby había imaginado. Estaba de pie en el centro de la sala de estar, girando lentamente para absorberlo todo.

"Tu habitación está por el pasillo a la izquierda", dijo Luciano, quitándose la chaqueta. "La suite principal es mía, pero tendrás tu propio espacio".

Ruby asintió, todavía abrumada. Había pasado el día comprando con Bianca, usando la tarjeta de Luciano para comprar ropa que se sentía como disfraces. Ahora, de pie en su ático rodeada de evidencia de su riqueza, la realidad de lo que había aceptado finalmente estaba hundiéndose.

"Esto está pasando de verdad", murmuró.

Luciano se sirvió una copa del bar. "¿Tienes dudas?".

"No. Solo... procesando".

"Bien. Significa que te lo estás tomando en serio".

Ruby se giró para enfrentarlo. "¿Cómo sabía que diría que sí?".

"No lo sabía". Dejó el vaso y se movió hacia ella, deteniéndose a unos centímetros. "Pero reconozco la desesperación cuando la veo y tú eres la mujer más bellamente desesperada que he conocido".

"No soy hermosa, soy práctica".

"Esas no son mutuamente excluyentes. Pero tienes razón. Esto es un acuerdo comercial. Haría bien en recordarlo".

Ruby tragó saliva con dificultad. "¿Hay algo más que deba saber? ¿Alguna otra regla?".

"Solo una. No confíes en nadie. Ni en la prensa, ni en mis asociados y especialmente no en mi familia. Actual o ex, ninguno".

"¿Incluyéndolo a usted?".

Sonrió con suficiencia. "Especialmente en mí".

Ruby debería haber tenido miedo, en cambio, sintió una emoción extraña y peligrosa que no podía explicar.

"Buenas noches, Luciano", dijo suavemente.

Él retrocedió lentamente. "Buenas noches, Ruby".

Ella se giró y caminó por el pasillo, sintiendo su mirada en su espalda cada paso del camino. Cuando finalmente llegó a su habitación y cerró la puerta, presionó la espalda contra ella y soltó un aliento que no sabía que había estado conteniendo.

Su nueva vida acababa de comenzar y una pequeña voz susurró que la parte más peligrosa no eran los enemigos esperando fuera de estas paredes. Era el hombre parado al otro lado de la puerta.

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