LOGINRuby despertó con la luz del sol entrando por las ventanas y, por un momento desorientador, no tenía idea de dónde estaba. La cama bajo ella era increíblemente suave, las sábanas crujientes y fragantes con algo caro. La habitación era enorme, más grande que todo su apartamento, decorada en tonos crema y dorado.
Entonces la memoria la golpeó.
Se incorporó lentamente, presionando una mano contra su pecho. Estaba en el ático de Luciano Morelli. Había aceptado casarse con él y en algún lugar de este mismo edificio, el hombre en cuestión probablemente estaba despierto, moviéndose a través de su rutina matutina con la misma precisión fría que aplicaba a todo lo demás.
Un suave golpe en la puerta la hizo saltar.
"¿Señorita Costa?". Una voz de mujer, educada y profesional.
Ruby salió de la cama apresuradamente. Abrió la puerta y encontró a una mujer de mediana edad con un uniforme impecable.
"Soy Daisy. Administro la casa. Si necesita algo, por favor no dude en pedirlo".
"Gracias".
"El señor Morelli me pidió que la despertara. El desayuno está servido en el comedor".
"Solo voy a vestirme y venir".
Daisy asintió y se fue, dedicándole a Ruby una pequeña sonrisa.
Veinte minutos después, emergió con un vestido color crema sencillo y se dirigió hacia el comedor. El ático era aún más impresionante a la luz del día. Encontró a Luciano ya allí, desplazándose por su iPad mientras sorbía café. Levantó la vista cuando ella entró.
"Me sorprende que no hayas enviado una banda de música". Ruby se deslizó en la silla frente a él. "¿O eso está programado para después de la boda?".
Un fantasma de sonrisa cruzó sus labios. "Lo consideré. Daisy me convenció de lo contrario".
"Tendré que agradecerle".
"Los abogados estarán aquí a las once. Tendrán el contrato listo para firmar. Después de eso, necesitaremos discutir cómo vamos a anunciar esto", dijo Luciano, devolviendo su atención a su teléfono.
Ruby picoteó un cruasán, de repente sin hambre. "¿Anunciar?".
"Nuestro matrimonio. No podemos mantenerlo en secreto para siempre. Cuanto antes lo hagamos público, mejor. Nos dará control de la narrativa antes de que alguien más pueda moldearla".
"Quieres decir antes de que Lorenzo y tu exesposa se enteren por alguien más".
"Exactamente. ¿Cómo crees que reaccionarán?".
Ruby consideró la pregunta. "Lorenzo estará furioso. Lo verá como un ataque personal que, para ser justos, lo es. Noemi fingirá estar feliz por mí mientras secretamente trama mi destrucción. Estará celosa y ardiendo, seguro, ahora que tengo la ventaja. No puedo opinar sobre tu ex".
"¿Y tu madre?".
La pregunta la tomó desprevenida. "No lo sé. No he hablado con ella en meses. Probablemente se pondrá del lado de Noemi como siempre".
"Lidiaremos con ella cuando llegue el momento. Por ahora, concéntrate en hoy. Firma el contrato. Instálate. El resto seguirá".
Ruby asintió, aunque su estómago se revolvía. "¿Y la boda en sí? ¿Vamos a tener una ceremonia de verdad o esto es solo papeleo?".
Los labios de Luciano se curvaron. "Asumí que querrías algo pequeño. Una ceremonia en el juzgado, quizás. Pero si prefieres algo más elaborado...".
"El juzgado está bien". Las palabras salieron más rápido de lo que pretendía. "Solo necesito que esto sea legal".
"Práctica como siempre. Haré los arreglos. Podemos casarnos para el final de la semana".
Las palabras resonaron en el cráneo de Ruby. Dentro de cinco días, sería la señora Luciano Morelli y todo cambiaría.
Los abogados llegaron puntualmente a las once. Ruby leyó los documentos cuidadosamente. No era abogada, pero entendía lo suficiente para saber que este contrato era inquebrantable.
Asignación mensual. Propiedad a su nombre. Un paquete de indemnización que la dejaría financieramente segura si el matrimonio se disolvía y al final de un año, la opción de irse limpia. Tal como habían acordado.
"Todo parece estar en orden. ¿Dónde firmo?".
Luciano la observó desde el otro lado de la habitación. "¿No vas a negociar más?".
"Ya negocié. Aceptaste mis términos. Si el contrato refleja esos términos, no queda nada que discutir".
"¿Ya confiando en mí? Te advertí que no lo hicieras".
Ruby sostuvo su mirada con firmeza. "No estoy confiando en ti. Estoy confiando en el sistema legal. Si intentas arruinarme, te demandaré por todo lo que vales".
Luciano se rió. "Realmente eres algo diferente, señorita Costa".
"Ruby", lo corrigió. "Si vamos a casarnos, deberías llamarme Ruby".
Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una expresión seria.
Firmó el contrato. Cuando terminó, Luciano firmó a su lado. Los abogados recogieron los documentos y se marcharon con murmullos de felicitaciones, dejándolos solos en la vasta sala de estar.
"Está hecho. Ya no hay vuelta atrás".
"¿Quieres volver atrás?". Luciano la miró directamente a los ojos.
Consideró la pregunta. "No. Por primera vez, siento que estoy avanzando en lugar de quedarme quieta". Levantó la vista hacia él, de repente consciente de lo cerca que estaba parado. "¿Y tú? ¿Alguna duda?".
La mirada de Luciano cayó a sus labios, demorándose allí un latido antes de volver de golpe a sus ojos. "Ninguna".
El aliento de Ruby se atascó. Podía sentir el calor irradiando de su cuerpo, oler el aroma familiar de su colonia. Si se inclinaba solo un poco, si cerraba la distancia entre ellos...
Su teléfono vibró, destrozando la tensión. Lo buscó a tientas, agradecida por la distracción. La pantalla se iluminó con el nombre de Bianca.
"Debería contestar".
Luciano asintió, retrocediendo. "Por supuesto. Estaré en mi estudio si me necesitas".
Se alejó y Ruby se llevó el teléfono a la oreja, su corazón aún acelerado. "¿Bianca?".
"Cuéntame todo". La voz de Bianca vibraba de emoción. "¿Firmaste? ¿Está hecho? ¿Eres oficialmente la esposa de un multimillonario?".
Ruby se rió a pesar de sí misma. "Está hecho. Firmé el contrato esta mañana".
"¡DIOS MÍO! Esto es una locura. Lo más loco que has hecho nunca y estoy tan orgullosa de ti. ¿Cuándo es la boda?".
"Final de la semana. Ceremonia en el juzgado".
"¿Juzgado? Ruby, te estás casando con uno de los hombres más ricos de la ciudad. ¡No puedes casarte en un juzgado!".
"No es un matrimonio real, Bianca. Es un contrato. Un acuerdo comercial".
Hubo una pausa. "¿Eso es lo que te estás diciendo a ti misma?".
Ruby abrió la boca para responder, pero las palabras no salían. Porque Bianca tenía razón, era lo que se estaba diciendo a sí misma. Si era verdad o no era una pregunta completamente diferente.
"No sé qué es. Solo sé que firmé los papeles y ahora no hay vuelta atrás".
La voz de Bianca se suavizó. "Ruby, escúchame. Has pasado toda tu vida dejando que otras personas te definan. Lorenzo. Noemi. Tus padres. Tal vez este contrato sea tu oportunidad de descubrir quién eres realmente, qué quieres realmente".
"¿Y si lo que quiero resulta ser algo que no debería tener?".
"Entonces lidiarás con ello".
El silencio en el coche era sofocante.Ruby estaba sentada rígidamente en el asiento de cuero, sus manos dobladas firmemente en su regazo, su mirada fija en las luces borrosas de la ciudad más allá de la ventana tintada. La confrontación en el estudio la había dejado cruda, expuesta de una manera que no había sentido desde la noche en que sorprendió a Lorenzo y Noemi. Le había dado el token a Luciano. Lo había confrontado con la verdad. Y él no le había dado nada más que fría indiferencia."¿Por qué debería importar?"Las palabras resonaban en su cráneo como una herida que no dejaba de sangrar.Se h
El descubrimiento ocurrió un martes cualquiera.Ruby había estado buscando un archivo en el estudio de Luciano cuando notó una puerta que nunca había visto antes. Estaba escondida detrás de una estantería, casi invisible. Vaciló solo un momento antes de empujarla.La habitación más allá era pequeña y oscura, iluminada por una sola ventana. Era un armario, se dio cuenta, pero no uno ordinario. Dentro colgaba una hilera de trajes y abrigos, todos oscuros, todos caros. Y en el extremo más lejano, empujada hacia atrás como si estuviera olvidada, había una chaqueta negra que reconoció.Su corazón se detuvo.Hab
Había pasado un mes desde el veredicto.La mansión se había asentado en un nuevo ritmo: más silencioso, más calmado, despojado de la tensión que había definido las semanas previas al juicio. Camilla estaba en prisión, sus apelaciones pendientes pero su poder roto. Marcus Hale había desaparecido, fiel a su palabra. Bianca había regresado a su vida en la ciudad, enviándole mensajes a Ruby a diario con actualizaciones sobre el trabajo, los hombres y el caos general de su existencia.Y Luciano se había retirado a su trabajo.No con frialdad. No con crueldad. Pero sí de manera constante, implacable, como siempre hacía cuando algo le preocupaba. Se levantaba antes del amanecer, trabaj
Los días después de la llamada de Marcus Hale se asentaron en un ritmo incómodo.Ruby había esperado alivio, un levantamiento de la presión que había estado creciendo durante semanas. En cambio, sintió un vacío extraño, como si la amenaza de Marcus hubiera sido lo único que la mantenía unida. Sin ella, se quedó sola con los pensamientos que había estado evitando.Pasaba las mañanas en el estudio, revisando documentos del juicio y preparando declaraciones. Pasaba las tardes en el jardín, caminando los mismos senderos que había caminado cien veces antes. Pasaba las noches sola en el ala este, mirando el techo, preguntándose por qué se sentía tan inquieta.
Tres días pasaron sin una palabra de Marcus Hale.Ruby trató de llenar las horas con distracciones, pero su mente seguía desviándose hacia ese momento en el estudio. La forma en que Marcus había mirado fijamente el archivo. La forma en que sus manos habían temblado. La forma en que había mirado a Luciano como si estuviera viendo un fantasma."Has cambiado. El Luciano que conocía nunca habría hecho esta oferta."Ella también lo había visto. Pero también sabía que hombres como Marcus Hale no simplemente se marchaban. Atacaban cuando menos lo esperabas."Estás cavilando", dijo Luciano desde el otro lado de la mesa del desa
Los mapas de la ciudad estaban extendidos sobre el escritorio de Luciano, junto con documentos financieros, registros corporativos y un dossier detallado sobre Marcus Hale que Arthur había compilado años atrás. Ruby estaba sentada junto a Luciano, su portátil abierto, sus dedos volando sobre el teclado mientras cruzaba nombres y fechas.Bianca estaba sentada en la esquina, sus rodillas contra su pecho, su expresión atormentada."Necesitamos entender qué quiere", dijo Luciano, caminando de un lado a otro de la habitación. "La venganza es un motivo, pero no es un plan. Marcus es demasiado inteligente para actuar por impulso"."Quiere destruirte", dijo Bianca en voz baja.







