로그인Nathaniel—¿Por qué dices que soy una mentirosa?Scarlett permaneció junto a la maleta abierta, esperando mi respuesta. Había dejado de discutir. Eso me inquietó más que cualquiera de sus reproches.La había llamado mentirosa a gritos y ahora tenía que sostener esa palabra frente a ella. Bastaba con sacar el teléfono, mostrarle las fotografías del contrato y preguntarle cuánto de nuestra historia había formado parte del encargo de Claire.Llevaba semanas imaginando ese momento. En ninguna de mis versiones Scarlett me miraba como entonces, con los ojos enrojecidos y la firme decisión de no apartarlos de los míos.—Nathaniel —insistió—. Respóndeme.Apreté la mandíbula. Si le enseñaba el contrato, obtendría una explicación. También perdería la oportunidad de saber si alguna vez había pensado contármelo por sí misma. La había visto tocar el sobre durante aquel desayuno. Todavía recordaba la esperanza absurda que sentí mientras esperaba que lo abriera.—Quiero saber una cosa —respondí.Sca
Scarlett—¿Te vas con él? —preguntó Nathaniel.Su mirada pasó de Ethan a la maleta abierta junto a la puerta. No levantó la voz. Los hombres como Nathaniel no necesitaban gritar para intimidar; habían construido imperios pronunciando las amenazas con la misma serenidad con la que otros pedían café.Ethan se volvió hacia él.—Scarlett no se va conmigo —aclaró.Nathaniel le dirigió una mirada helada.—No te pregunté a ti, Blake.La mandíbula de Ethan se tensó. Me interpuse antes de que aquella noche terminara con una segunda cita arruinada y un despido.—No me voy con Ethan —respondí—. Estoy buscando mi propio apartamento.Nathaniel volvió a mirar la maleta.—¿Desde cuándo?—Desde que comprendí que no tengo motivos para seguir viviendo aquí.—Este apartamento forma parte de tus beneficios laborales.—Qué curioso. Cuando me lo ofreciste, dijiste que era el favor de un amigo.Sus ojos grises se endurecieron.—Las circunstancias cambiaron.—En eso estamos de acuerdo.Ethan permanecía junto
ScarlettDespués de la actitud de mierda de Nathaniel, sus desplantes y aquella facilidad para enfurecerse conmigo sin explicarme por qué, había empezado a entender que nuestra relación no tenía futuro. Al menos no mientras yo siguiera intentando recuperar al hombre que me había enamorado y él se empeñara en demostrarme que ya no existía.Entenderlo no hacía que doliera menos. Todavía quería saber qué había cambiado. Repasaba nuestras conversaciones buscando el momento exacto en que había dejado de quererme, como si encontrarlo me permitiera volver atrás y corregir algo.Yo también había mentido. Cargaba con una culpa que no podía contarle a nadie y sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarla. Pero Nathaniel no me había pedido explicaciones sobre mi secreto. Me había dicho que no me amaba, que solo era su amante y que no estaba a su altura. No podía seguir suplicándole una respuesta diferente.Me habría encantado renunciar, dejarle la identificación sobre el escritorio y mandar
DanielLa nueva deuda había sido firmada once días después de que Nathaniel pagara la anterior.Revisé la fecha por cuarta vez, deseando haber leído mal. No era una renovación ni un interés pendiente. El padre de Claire había solicitado otro préstamo, usando como garantía parte de la empresa que aseguraba estar tratando de salvar. Después había pedido dos líneas de crédito adicionales y ocultado los documentos entre las cuentas antiguas.Nathaniel no había abandonado a aquella familia.Había dejado de rescatar a un hombre que volvía a saltar al vacío en cuanto alguien lo sacaba.Cerré la carpeta y fui a buscar a Claire.La encontré sentada en el suelo del dormitorio, apoyada contra la cama. Todavía llevaba la ropa del día anterior y tenía el maquillaje extendido bajo los ojos. A su alrededor había pañuelos usados, hojas de los abogados y una copa de vino que apenas había tocado.Su teléfono estaba en altavoz.—Tienes que presionarlo más —ordenó su padre desde el otro lado—. Nathaniel
NathanielLa primera lágrima descendió por la mejilla de Scarlett antes de que pudiera ocultarla.Se la limpió con rapidez, como si aquel gesto bastara para negar lo ocurrido. Esperé que levantara la cabeza y lanzara una de sus bromas. Scarlett siempre encontraba alguna frase insolente con la que protegerse, incluso cuando todo a su alrededor se estaba derrumbando.Pero aquella noche no encontró ninguna.Otra lágrima cayó. Después otra.Scarlett bajó el rostro y apretó los labios, furiosa con su propio cuerpo por traicionarla frente a mí. Sus hombros temblaron mientras trataba de recuperar el control, pero cuanto más se esforzaba por detenerse, más difícil parecía resultarle.Nunca la había visto llorar así.La había visto enfrentarse a una junta directiva que dudaba de su capacidad, bajar sola a un sótano para buscar pruebas contra Miller y desafiar a Claire incluso cuando sabía que podía destruirla. Scarlett se reía cuando tenía miedo, atacaba cuando estaba herida y convertía cada h
Scarlett—Dímelo delante de los dos, Nathaniel —exigí, sosteniéndole la mirada—. ¿Qué soy para ti cuando otro hombre quiere estar conmigo?Durante un segundo creí que respondería.Algo oscuro cruzó sus ojos. Nathaniel miró la mano de Ethan sobre la mesa, luego mis labios y finalmente mi rostro. Tenía la mandíbula tan tensa que parecía capaz de romperse un diente, pero no pronunció ninguna de las respuestas que yo necesitaba escuchar.—No voy a discutir esto aquí —declaró él.Una risa amarga escapó de mi garganta.—Fuiste tú quien interrumpió mi cita.—Fue un error.Aquellas tres palabras me golpearon con una precisión desagradable.—¿Qué parte fue un error? —pregunté—. ¿Venir hasta nuestra mesa, actuar como un cavernícola o comportarte como si tuvieras algún derecho sobre mí?Nathaniel no respondió. Regresó junto a Vivian, tomó su chaqueta y dejó varios billetes sobre la mesa.Así de fácil.Había irrumpido en mi cita, había estado a punto de arrancarle la cabeza a Ethan con la mirada







