LOGINPOV: NathanielNunca pensé que me alegraría tanto ver a Marcos sosteniendo un bolígrafo.Llevábamos cuarenta minutos encerrados en una sala de reuniones, con dos abogados, una carpeta de documentos, cinco vasos de café que nadie se había atrevido a probar y suficientes silencios incómodos para llenar una semana.Scarlett estaba sentada a mi lado. No me había tomado de la mano desde que llegamos.No podía reprochárselo.—Antes de firmar, quiero revisar una última vez las declaraciones —dijo Marcos, acercándose la carpeta.Su abogado suspiró.—Ya las revisamos esta mañana. Y ayer por la tarde.—Quiero volver a leerlas —insistió Marcos—. Es lo único que va a quedar de todo esto.Lo observé pasar las páginas. Tenía la mandíbula apretada y los ojos cansados. Durante meses habíamos convertido aquella pelea en una guerra de versiones, abogados y reproches. Yo había llegado dispuesto a defenderme de todo; ahora solo quería que terminara sin otra mentira.—Las declaraciones están completas —in
POV: Claire Mi padre acababa de ponerle fecha al día en que perderíamos nuestra casa. Ocho semanas. Cincuenta y seis días para vaciar las habitaciones donde había crecido, desmontar los muebles de mi madre y entregar las llaves de un lugar que, durante años, había creído que siempre nos pertenecería. Yo ya sabía que existía una fecha. Oírsela decir a él, con el bolígrafo todavía en la mano, la volvía real. Observé el documento sobre la mesa. —¿No podemos conseguir más tiempo? —pregunté. Mi padre negó con la cabeza mientras guardaba su bolígrafo. —Ya hablé con los abogados, Claire. La fecha es definitiva. —¿Y cuándo pensabas decírmelo? —Te lo estoy diciendo ahora. Solté una risa sin humor. Aquella era una de sus especialidades: tomar decisiones que nos afectaban a todos y después presentarlas como hechos inevitables. —Entonces vamos a perder la casa —dije. —Vamos a mudarnos —corrigió—. Con tiempo y con orden. Habíamos quedado en vernos aquella tarde para revisar las cosas
DanielLa noche antes de viajar a Boston, Claire seguía esperando mi respuesta, con la llave de mi apartamento entre los dedos. Había conseguido preguntarme si quería buscar una casa con ella; ahora parecía a punto de explicarme que no era necesario contestar todavía.Le sujeté la mano antes de que pudiera guardar la llave.—Sí, Claire. Quiero que busquemos un lugar juntos cuando vuelva.Se le aflojó la boca en una sonrisa que intentó contener.—Podemos empezar a mirar mientras estés en Boston.—Podemos —acepté, acercándola—. Aunque me gustaría participar antes de que hayas elegido el edificio y contratado la mudanza.Claire me dio un golpe suave en el pecho.—Acabo de preguntarte si quieres vivir conmigo y ya estás poniendo condiciones.—Una sola. Que también me dejes escoger algo.Su sonrisa cambió. Me observó unos segundos y después apoyó la llave sobre la mesa, junto a mi maleta abierta.—¿Qué te gustaría?La pregunta me tomó desprevenido. Conocía sus preferencias con una precisió
ScarlettPor un instante tuve ganas de prometerle que no me iría.Nathaniel seguía inclinado sobre mí, esperando una respuesta que parecía costarle más que cualquier discusión. Le acaricié la mejilla. Sentí cómo apoyaba un poco el rostro en mi mano y tuve que contener aquel impulso de tranquilizarlo a cualquier precio.—Quiero ir, Nathaniel —admití—. Estoy ilusionada. Y también quiero volver contigo.Él bajó la mirada hacia mi boca, pero permaneció quieto.—Lo sé.—Entonces tendrás que creerme cuando te diga las dos cosas.Me costó pronunciarlo con firmeza. Después de pasar tanto tiempo intentando acercarme a él, todavía me sorprendía tener que defender que mi vida también cabía entre nosotros.Nathaniel me rodeó la cintura y apoyó la frente junto a la mía.—Voy a extrañarte.Le pasé los dedos por el cabello.—Puedes decírmelo cuando pase.Su boca se curvó apenas.—¿Aunque estés ocupada conquistando Filadelfia?—Siempre puedo reservarte unos minutos entre una conquista y otra.Se rio
VivianEthan tuvo que apartarme de su cuello para encontrar la cerradura.—Dame un segundo —pidió, con una mano todavía en mi cintura.Lo solté lo necesario. Me gustó verlo equivocarse de llave antes de abrir; llevaba toda la noche intentando averiguar cuánto podía afectarlo y aquella pequeña torpeza me dio una respuesta bastante satisfactoria.Entró conmigo de la mano y encendió una lámpara junto al sofá. Había un libro abierto boca abajo, una manta doblada y una planta que había crecido inclinada hacia la ventana. El lugar olía a madera y a ropa recién lavada.Ethan colgó la chaqueta y recogió el libro para llevarlo a una mesa.—¿Estabas leyendo eso? —pregunté, acercándome.—Anoche. Me quedé dormido.Miré el título y sonreí. Era la novela en la que se basaba una película que habíamos discutido durante la recepción.—Ahora entiendo por qué defendías tanto ese final.Él se apoyó en el borde de la mesa.—También puedo prestártela.—Primero voy a comprobar si realmente la terminaste.Ab
EthanVivian dejó de acariciarme el pecho. Esperé con la mano todavía en su cintura, aunque empezaba a sentirme demasiado expuesto en medio del guardarropa.Ella bajó la mirada un momento.—Al principio quería olvidarme del rechazo de Nathaniel —admitió—. Esta noche quería venir contigo. Me habría molestado que no estuvieras.Aflojé los dedos sobre su cintura. Había esperado una respuesta ingeniosa, quizá una protesta por haberlo mencionado. Su sinceridad me dejó sin la defensa que estaba preparando.—¿Te habría molestado por qué? —pregunté.Vivian levantó la cara.—Porque quería ver si te gustaba mi vestido. Porque pensé que algunas conversaciones serían menos aburridas contigo. Y porque tenía ganas de besarte antes de que llegaras. ¿Necesitas que siga?Sonreí pese a mí mismo.—Puedes seguir si quieres.Me dio un pequeño golpe en el pecho, pero sus hombros perdieron tensión. Recogí mi chaqueta y señalé unos sillones libres junto al vestíbulo. Vivian me acompañó y se sentó a mi lado,







