MasukAl ver a Miguel, la expresión de Águila mostró una tensión evidente. Mirasol notó su cara y arrugó ligeramente el entrecejo antes de retirar la mirada, pensativa.—Todos están aquí —dijo Miguel con una sonrisa, saludando a Ferlín con una inclinación de cabeza—. Padre.Ferlín tomó su taza de té.—¿Ya te enteraste de las noticias?Águila apretó los puños involuntariamente. Una sensación de inquietud brotó en su interior. Desde que Miguel se había aliado con la familia Zamora de Starema, su postura claramente se había inclinado hacia la familia de Enzo. ¡Su regreso repentino definitivamente anunciaba algo malo!—Sí. El impacto de la opinión pública en línea es grande. Pero Enzo debe tener su una forma de manejarlo, ¿no? —Miguel se sentó en un sofá de la sala, con un tono despreocupado.Una empleada doméstica se acercó con mucho cuidado y le sirvió una taza de té de alta calidad. Enzo murmuró con desdén:.—Ben ya está manejando el asunto. En cuanto a los rumores falsos en línea… cuando la
Ben salía de la villa cuando su celular sonó. Era el hospital. —¿Es usted familiar de la señorita Celia Sánchez? Ben se tensó y arrugó el entrecejo, preocupado.—Sí, lo soy. ¿Qué le pasa?Después de escuchar lo que decía la persona al otro lado de la línea, su expresión se ensombreció y se dirigió rápidamente al garaje.—Entendido. Voy de inmediato.***En el hospital, en la sala de urgencias, una enfermera terminó de vendar la mano de Celia y le dio algunas instrucciones. Ella salió, sosteniendo su brazo. Al levantar la mitrada, vio a Ben acercándose rápidamente hacia ella.—¡Celi!—¿Ben?—¿Estás bien?La expresión de Ben era tensa y seria, llena de preocupaciones.—¿Qué pasó exactamente? ¿Cómo ocurrió el accidente?Celia bajó la mirada y estaba a punto de decir algo cuando dos agentes de tránsito se acercaron. —Disculpen, ¿cuál de ustedes es la señorita Celia Sánchez?—Soy yo —respondió Celia.—Señorita Sánchez, somos los investigadores del accidente. Necesitamos tomar su declarac
Al anochecer, Celia llegó a la puerta de la suite donde se hospedaba César, cargando varios regalos costosos. Dudó un momento antes de tocar el timbre.No pasó mucho tiempo antes de que él la abriera. Acababa de salir de la ducha. Su cabello estaba húmedo, y la bata de baño que llevaba aún desprendía un vapor cálido, mezclado con el aroma del gel de baño exclusivo del hotel de lujo.—Estas cosas son para ti. —Celia le extendió las bolsas.Él bajó la mirada para examinarlas.—¿Qué son?—Regalos de agradecimiento.Él alzó la mirada y arqueó una ceja.—¿Agradecimiento por qué?—La familia Bustos fue hoy a disculparse. Seguro tiene que ver contigo, ¿no?Después de pensarlo bien, la única persona que encajaba era él. César se hizo a un lado.—Pasa, déjalos adentro.Celia solo planeaba dejar los regalos e irse. Pero al darse la vuelta, se sobresaltó al encontrarlo justo detrás de ella. Retrocedió, golpeando el borde de una mesa y casi cayendo. César, con reflejos rápidos, la sujetó por la ci
Celia no respondió. Eric tomó aire y miró a Olaya.—Tú también, pídele disculpas.Olaya se sorprendió, mirándolo con incredulidad.—¿Quieres que me disculpe con ella? —¡Hazlo!Al ver la expresión de Eric, Olaya ya no se atrevió a replicar. Finalmente, con evidente disgusto, le dijo a Celia:—Lo siento. Como madre e hijo se habían disculpado, sin importar si eran sinceros o no, ella tenía que aceptarlo por las apariencias. Sonrió levemente. —Señor Bustos, por respeto a usted, consideremos el asunto ya saldado.Eric suspiró, aliviado.—Gracias por su amabilidad, señorita Rojas. Sin duda logrará grandes éxitos en el futuro. Espero que algún día podamos colaborar.—Por supuesto.Tras todo esto, Eric se fue con su familia, sin causar más molestias. Enzo se tocó la barbilla, pensativo.—¿Po qué Eric Bustos se mostró tan… humilde? Él simplemente no podía creerlo. ¿Acaso salió el sol por el oeste? Celia se acercó por detrás y le masajeó los hombros. —Papá, ¿no fue por respeto a ti y a Be
Lía esperó unos momentos en el pasillo exterior hasta que Celia salió. Se acercó rápidamente y le preguntó: —¿Cómo te fue? Celia suspiró aliviada y levantó los documentos que sostenía. —¡Listo! ¡Y todo gracias a ti! Lía caminó a su lado.—No pensé que conocieras a Aitana. Cuando hay conexiones previas, las cosas son más fáciles.Celia miró los documentos en sus manos, sin decir nada. Sin importar la profesión o industria, los contactos realmente eran cruciales.*** De regreso en el instituto, Celia entregó el proyecto a Nicolás. Dylan, a su lado, tomó los papeles y los revisó con sorpresa. —¿Ya está hecho? Antes de que Celia respondiera, Lía, con los brazos cruzados, dijo con orgullo: —Cuando mi cuñada se pone manos a la obra, nada sale mal. —Espera… ¿cuñada? —Dylan miró a Celia—. ¿Cuándo te convertiste en su cuñada? —Ella es… —César Herrera es mi primo. ¿Qué tiene de malo que la llame cuñada? —dijo Lía, poniendo las manos en las caderas. —Ah, conque eres pariente de los He
El instinto la llevó a acariciar su cara. La sensación que sintió era completamente distinta a la que recordaba. Esa sutil diferencia fue como una aguja fina, clavándose inesperadamente en la parte más vulnerable de su corazón, provocándole un dolor agudo y punzante. ¿Era esa la razón por la que aún llevaba la máscara frente a ella? Celia volvió en sí de repente. ¿Acababa de… compadecerse de él? Intentó retirar la mano, pero su muñeca fue atrapada con más fuerza, con una presión innegable. —¿Te da asco? —preguntó él. Ella se quedó paralizada un momento antes de responder con exasperación: —¿A los hombres también les preocupa su cara? —¿Por qué no les preocuparía? —César tomó su mano suave y jugueteó con ella—. Mi cara es el cartel para atraerte. Celia puso sus ojos en blanco otra vez… Forcejeó para liberarse de su abrazo y regresó a su asiento, guardando silencio. *** Al llegar a Colina Serena, Celia bajó del auto y vio a Ben saliendo a recibirla. Sus pasos se detuvieron un in






