Alisin

Hindi na available rito ang kuwentong "Cuando el Amor se Convirtió en Recuerdo".

En la víspera de la boda, Alejandra, la madrastra de Juan publicó una foto en twitter. En la foto, ella llevaba el vestido de novia que yo había elegido, sostenía un ramo de rosas rojas, y le pedía un beso a Juan con expresión tímida. El texto de la foto decía: ¨Deseo cumplido¨. Esta vez no llamé a Juan para quejarme y llorar como antes. Solo dejé un "me gusta", y un comentario:"La captura de pantalla ya hecha, se la he enviado al padre de Juan." Y poco después, Alejandra eliminó la publicación, mientras Juan me llamó: -Alena, eres demasiado celosa. A partir de ahora, pasaré toda mi vida contigo. Hoy simplemente cumplí el deseo pequeñito de Alejandra. ¡Habla con mi padre y explícaselo! Pórtate bien, y te preparo un regalo. Me reí con burla: -Juan, ¿no entiendes el lenguaje humano? ¡Ve a explicárselo a tu padre!

Kaugnay na Nobela
El Precio de la Traición

El Precio de la Traición

Fiction·Renato Ríos

Estaba a punto de dar a luz cuando Liana, la ex de mi esposo, llegó a nuestra casa con la excusa de que solo se quedaría unos días. Cada vez que me veía, se llevaba la mano al pecho, como si el solo hecho de verme embarazada la hiciera sufrir. Bruno, mi esposo, estaba convencido de que yo estaba provocándola a propósito, solo por tener la barriga enorme. —Lia no se siente bien, no puede tener hijos. ¡Y tú sigues paseándote así, como si nada! ¡Se nota que necesitas una lección para que aprendas! Dicho esto, mandó que me encerraran en el viejo ático que llevaba años sin usarse, y ordenó que nadie me subiera comida. Lloré y le rogué que me dejara salir. Le expliqué que la última ecografía mostraba que los gemelos eran enormes, que el doctor había dicho que debía ir al hospital de inmediato. Pero, para él, eso fue como si le contara un chiste sin gracia. —Todavía faltan tres días. No me vengas con cuentos —me respondió sin una sola gota de compasión—. ¡Ve al ático y ponte a pensar en lo que hiciste! ¡Pagarás por estar molestando a Lia! Las contracciones eran tan brutales que, arañando la madera podrida, acabé arrancándome las uñas. Gritaba tan fuerte que me dolía la garganta, pero nadie acudió en mi auxilio. La sangre me cubría el cuerpo y empapaba todo el suelo. Uno de los bebés ya había salido, pero el otro se quedó atrapado en mi vientre, atorado en un baño de sangre. Tres días después, Bruno estaba sentado, tomando sopa y, como si nada, dijo: —Que Michelle me sirva más sopa y le pida perdón a Lia. Si lo hace, la llevaremos al hospital para que tenga a los niños. Nadie dijo nada. Porque la sangre que bajaba desde el ático ya había llegado hasta el segundo escalón.

4.3K views2025-05-26 14:38:29

Después de Siete Hijos, Lo Abandoné

Después de Siete Hijos, Lo Abandoné

Fiction·Isabella Solís

Cuando Jaime Rosales llevó al hospital a su séptima amante para que yo atendiera el parto, sus amigos apostaron a ver cuántos segundos tardaría yo en armar un escándalo. Sin embargo, ni siquiera cuando el llanto del recién nacido resonó en la sala de partos, nadie me oyó alzar la voz. —Jaime, ya es el séptimo. ¿No crees que esta vez Camila sí se enojó de verdad y decidió no volver a hablarte? Él respondió con indiferencia: —Ella no puede darme herederos sanos y yo necesito herederos para mi fortuna. Tarde o temprano iba a tener hijos con otras mujeres. Mejor que sean varios de una vez; así tendrá que aceptarlo. En ese momento salí con el bebé en brazos y, con la serenidad que exigía mi trabajo, anuncié: —Felicidades. Es un niño. Pesó tres kilos ochocientos gramos y tanto él como la madre están bien. Jaime sonrió, tomó al pequeño en brazos y me tendió un convenio de divorcio. —Fírmalo. Es solo una farsa para darle gusto a Valentina. Insistió en que me divorciara de ti antes de aceptar tener otro hijo conmigo. Si vuelve a quedar embarazada, tendremos ocho hijos. Pero, por muchos hijos que tenga con otras mujeres, tú seguirás siendo la señora Rosales. Nadie podrá quitarte ese lugar. Ya había participado en aquella farsa seis veces. Esta vez, firmé mi nombre sin vacilar. Tiempo después, acepté la propuesta de matrimonio de otro hombre. Jaime parecía haber olvidado que yo no era estéril. El problema era otro: los dos éramos portadores de la misma enfermedad genética recesiva. Cada embarazo entre nosotros implicaba un riesgo real de que el bebé naciera gravemente enfermo. Con un hombre que no fuera portador, yo sí podía tener hijos sanos. ¿Por qué estaba tan seguro de que criaría hijos ajenos únicamente para conservar el título de señora Rosales?

8.1K views2026-08-06 15:11:48

To Readers

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