MasukSol había heredado la luz de Taylor y el fuego de Sky, pero había elegido manifestarlo a su manera. Su cola demoníaca, dorada como el sol del mediodía, no solo era un arma. Todo lo que atravesaba con ella se convertía en oro, piedras, trozos de metal, incluso juguetes rotos. La pequeña no tardó en descubrir que podía “arreglar” las cosas de los sirvientes convirtiéndolas en piezas preciosas.—Solo los objetos, Sol. —le repetía Sky, paciente— Nunca a las personas.La niña asentía muy seria… y al día siguiente aparecía con una cuchara de madera convertida en oro macizo.En forma de loba, Sol rugía y de su garganta salía fuego puro, una llamarada dorada que hacía vibrar el aire. Los entrenadores reales ya habían pedido permiso para, algún día, integrarla en las defensas del reino. Taylor, mientras tanto, solo podía mirarla embobado.Luna, en cambio, se había inclinado hacia la gravedad y las sombras.Sus cuernos, pequeños pero poderosos, no eran solo un adorno. Podía hacerlos crecer y ex
Las consortes fueron convocadas días después al salón del trono, a pesar que 5 años atrás se las había librado de su cargo, de su condena, todo cambio llevaba su tiempo, La separación de las mujeres de la corona, del poder, de todo lo que aquello conllevaba, requería tiempo, palabras correctas, pero sobre todo, Azazel quería asegurarse de que sus familias no pudieran volver a utilizarlas, por supuesto que el rey durante todo ese tiempo no las visitaba con otra intención que no fuese el de simplemente tomar un té con una vieja amiga, a eso por supuesto sumada la presencia de Lilith.Ese día cuando ingresaron al salón, quizá por última vez, ya no vestían como adornos de lujo, sino como mujeres hermosas que valían por sí mismas, llevaban ropas cómodas, pero dignas, sin marcas de pertenencia más que sus propios nombres. Azrael las esperó de pie, sin corona, con Lilith a su lado, El rey no esperaba a ningún viejo amor, porque amor entre ellos jamás hubo, por supuesto que les guardaba un gr
El tiempo, al fin, dejó de ser enemigo.Habían pasado varios años desde la caída de la familia de Morgana y su ejecución en la Sede de Justicia. Las cicatrices del reino seguían allí, visibles en los barrios pobres, en los campos que aún se replantaban, en las miradas desconfiadas de algunos demonios viejos. Pero, poco a poco, el invierno de mentiras que había ahogado a Demon comenzaba a retirarse.Los hijos de Sky ya no eran recién nacidos.Con cinco años, Sol, Luna, Estrella y Orión seguían siendo pequeños, pero ya no tan dependientes del regazo constante de su madre. Caminaban, o volaban, o corrían en forma de lobo, por los pasillos del palacio con una naturalidad inquietante, como si hubieran nacido para gobernar esos corredores.Fue solo cuando Azrael los vio correr, reír, discutir entre ellos en tres idiomas distintos de la corte, que comprendió que el tiempo de su trono había terminado.No porque fuera débil, sino porque, por primera vez, el futuro le parecía verdaderamente seg
Las horas habían pasado.Tanto los alfas como Sky se habían bañado y cambiado; ahora estaban vestidos de gala, como si el Pabellón Cielo se hubiera transformado en una pequeña sala de coronación íntima, conseguir todo lo que necesitaban para los bebés había sido un caos organizado, pañales improvisados, mantas suaves traídas a toda prisa, ropitas mínimas que los sirvientes casi cosieron en el aire, pero lo realmente difícil no había sido eso.Lo verdaderamente complicado había sido convencer a toda la familia real de que los dejaran solos.Tras un parto imposible, todos querían ver a los cachorros reales, los sanadores, las concubinas, los príncipes, incluso Azrael y Lilith habrían permanecido allí pegados si Sky no hubiera dejado claro, con esa mirada suya de princesa y reina al mismo tiempo, que necesitaba unas horas solo con sus alfas y sus hijos.Después de todo, lo que había ocurrido no tenía precedentes.En el Reino Demoníaco, un embarazo normal duraba dos años, en el Reino Lupi
Taylor fue el encargado de recibir a los bebés, los limpio con paños limpios, y los envolvió con una torpeza dulce, colocándolos en el espacio libre de la cama, muy cerca de Sky, pero lo bastante lejos para no mancharlos con sangre.Y es que la sangre, era demasiada, la herida del vientre de Sky manaba rojo oscuro y sombras, una mezcla imposible que amenazaba con desbordarse, su rostro se había puesto pálido, y los labios amoratados, sus ojos, entreabiertos, se perdían en un punto lejano.—No… —murmuró, apenas audible— No me… no me dejen…—No te vamos a dejar. —respondió Kenan al instante, pegando su frente a la de ella— No te atrev… —su voz se quebró.Y Jano reaccionó, volvió a centrar toda su mente en la herida, frenó el pánico y recordó que había operado a lobos con las entrañas fuera, había detenido hemorragias imposibles y esta vez no sería distinto, no se lo permitía fallarle a la mujer que amaba.—Taylor, aprieta aquí. —ordenó, guiando la mano del guerrero para presionar justo
Los colmillos de Kenan se hundieron en el cuello de Sky, en el mismo lugar donde ya la había reclamado, y una descarga de placer recorrió el cuerpo de la princesa como un rayo oscuro, superpuesto al dolor, que la llevo a arquear la espalda, esta vez por una mezcla imposible de sensaciones, tanto así que un sollozo de confusión escapo de sus labios.—Kenan… —susurró, entre lágrimas— No… no sé… qué… siento…Taylor aprovechó el momento y se inclinó sobre el vientre embadurnado de ungüento y, con un movimiento rápido, dejó que una de sus garras emergiera, entonces hizo un corte superficial, una línea apenas más profunda que un rasguño.—¿Eso duele? —preguntó, sin apartar la vista de los ojos vidriosos de Sky.La princesa parpadeó, respirando entrecortado porque el veneno de placer de la marca de Kenan aún vibraba en sus nervios.—No… —confesó, sorprendida— No sentí… nada.Taylor sonrió, era una sonrisa rota, desesperada.—Bien.Dijo y antes de que Jano pudiera reaccionar, el guerrero tomó







