Share

Capítulo 2

last update Petsa ng paglalathala: 2026-06-22 13:17:41

Afuera ya no era de día, aunque no era un oscurecimiento normal, tampoco era una tormenta, quizás estaba alucinando, pero no creía que fuese el caso porque veía el terror en el rostro de cada uno a mi alrededor, porque las nubes no eran grises, el firmamento entero se había teñido de un rojo espeso, como si fuese un mar de sangre, algo totalmente aterrador, aunque el sol seguía allí en lo alto, pero ya no era dorado más parecía un ojo enfermo, distorsionado, observándonos.

Mientras tanto, un murmullo colectivo comenzó a crecer a nuestro alrededor, como el latido desbocado de mi propio corazón que hacía eco en mis oídos, porque quizás ahora sí el pánico me estaba atrapando.

—Mamá, ¿qué es lo que sucede? ¿A dónde debemos llevar a Sky?

Si alguien más lo hubiera oído, juraría que realmente estaba preocupado por mí, aunque tal vez sí lo estaba, quizás el vínculo de compañero lo estaba destrozando por dentro, tal vez ahora para los príncipes Alfa ya no era la chica rara, esa misma que acosaron y humillaron, claro que no, por supuesto, ahora era su compañera, esa misma que la diosa luna dictaminaba que debían amar y proteger más que a su propia vida, y las ganas de carcajearme me invadieron por un segundo, quizás había perdido la razón finalmente.

—No lo sé. —musitó Luna Esmeralda, la Luna del reino, la mujer que rara vez permitía que se le notara el miedo— En verdad no lo sé. El Rey Demonio está aquí. No hay a dónde escapar… Lo siento mucho, Sky. Créeme que no fue nuestra intención…

Su voz se quebró, y no pude evitar quedarme viéndola confundida, incluso si supiera todo lo que sus hijos me habían hecho, si supiera cada insulto, cada empujón, cada risa, todas y cada una a costa mía, aun así, ella no tenía por qué pedir perdón, porque no era ella la que me había roto, y sin embargo sus ojos estaban cubiertos de culpa.

Para mi suerte o confusión, me percaté de que al fin mi voz había regresado, aunque estaba segura de que si quisiera rechazar a estos tres idiotas volvería a quedar muda, aun así, no intentaría rechazarlos por el momento, no hasta que supiera qué era lo que estaba sucediendo.

—¿De qué habla, Luna? ¿Qué es lo que sucede…?

—Silencio.

Una sola palabra fue dicha, aunque por supuesto que no había sido luna Esmeralda, ella jamás me haría callar, la orden que retumbó por todo el campo como si fuese un trueno estallando sobre nuestras cabezas, no provenía de ella, provenía de alguien más, un hombre, estaba segura, aunque también estaba segura que no fue dicha por un simple hombre lobo, pues esa voz cargaba con una fuerza que nos atravesó el pecho y nos obligó a callar, aunque también hubieron algunos que gritaron aún más fuerte, presos del terror al no poder controlar sus propios cuerpos, mientras que otros cayeron de rodillas, gimiendo.

Algo terrible estaba ocurriendo, eso era más que evidente, pero ¿qué?

—¡Protejan a los Reyes! ¡Protejan a los príncipes!

Los betas aparecieron desde todos los flancos, como si el suelo simplemente los hubiera escupido allí, algunos conservaban su forma humana, con armas brillando en sus manos; otros ya transformados en enormes lobos de pelaje erizado y fauces descubiertas, todos ellos avanzando hacia un punto que yo no alcanzaba a ver.

La presión en mi muñeca aumentó, y Jano intentó jalarme hacia la dirección contraria, alejándome del epicentro de todo, pero yo sentía que no podía moverme.

—He dicho… ¡silencio!

La misma voz, repitió la orden sagrada, y el aire vibró con el eco de aquel rugido, no era un grito normal, no era un alfa imponiendo su autoridad, mucho menos una orden de mando dirigida a la manada, era otra cosa, algo jamás visto, jamás escuchado.

Y fue cuando un grupo de diez betas salió despedido por los aires, como si fuesen simples muñecos de trapo, vi sus cuerpos al chocar contra el suelo y los muros, escuché esos crujidos secos que me hicieron erizar la piel, y entonces el olor a sangre comenzó a esparcirse, metálico y espeso.

La multitud comenzó a abrirse aún más, aunque esta vez no para escapar, simplemente se estaban apartando del camino por el que iban cayendo los betas, y al mismo tiempo sin desearlo comenzaron a formar un corredor macabro que conducía directo al dueño de aquella voz.

Y entonces lo vi.

—No puede ser… —susurré, sintiendo que el aire se me congelaba en los pulmones.

Porque a pocos metros de mí, erguido en medio del caos, había un hombre, si es que podía llamarse hombre, porque más bien era un gigante, que debía medir, por lo menos, dos metros y medio, sus hombros eran tan anchos que cualquier guerrero lobo se vería pequeño a su lado, sus ojos ardían como brasas oscuras, profundos y antiguos, llenos de algo que mi mente se negaba a nombrar, mientras una energía espesa, negra y roja, parecía palpitar a su alrededor, deformando el aire, y aun así, nada de eso fue lo que me paralizó, porque lo que me dejó clavada en el lugar fue ver cuánto se parecía a mí.

Sentí, por primera vez en mi vida, que mi reflejo no estaba solo en un espejo.

—Hija. —dijo, y esa sola palabra hizo temblar el suelo bajo nuestros pies— Al fin te he encontrado.

El mundo se redujo al sonido de esa afirmación… Hija.

Las risas de los príncipes alfas, los años de burlas, de empujones en los pasillos, de entrenamiento, de miradas de desprecio de toda la manada, de doctores diciendo “no tiene lobo, es un error, tal vez nunca despierte”, todo eso se hizo añicos como cristal delgado.

Creí que mi vida había cambiado para siempre solo un día atrás, cuando los tres Alfas que habían sido parte de mi tortura toda la vida, se proclamaron como mis compañeros destinados, pero fue en ese preciso instante, con el cielo rojo, los betas inconscientes, los príncipes tensos a mi espalda y el Rey Demonio llamándome hija, que entendí la verdad… Nada, absolutamente nada, volvería a ser lo mismo.

Porque al fin comprendí que tal vez la razón por la que nunca encajé entre los hombres lobo… era porque, en realidad, nunca había sido uno de ellos.

Patuloy na basahin ang aklat na ito nang libre
I-scan ang code upang i-download ang App

Pinakabagong kabanata

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 112

    Sol había heredado la luz de Taylor y el fuego de Sky, pero había elegido manifestarlo a su manera. Su cola demoníaca, dorada como el sol del mediodía, no solo era un arma. Todo lo que atravesaba con ella se convertía en oro, piedras, trozos de metal, incluso juguetes rotos. La pequeña no tardó en descubrir que podía “arreglar” las cosas de los sirvientes convirtiéndolas en piezas preciosas.—Solo los objetos, Sol. —le repetía Sky, paciente— Nunca a las personas.La niña asentía muy seria… y al día siguiente aparecía con una cuchara de madera convertida en oro macizo.En forma de loba, Sol rugía y de su garganta salía fuego puro, una llamarada dorada que hacía vibrar el aire. Los entrenadores reales ya habían pedido permiso para, algún día, integrarla en las defensas del reino. Taylor, mientras tanto, solo podía mirarla embobado.Luna, en cambio, se había inclinado hacia la gravedad y las sombras.Sus cuernos, pequeños pero poderosos, no eran solo un adorno. Podía hacerlos crecer y ex

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 111

    Las consortes fueron convocadas días después al salón del trono, a pesar que 5 años atrás se las había librado de su cargo, de su condena, todo cambio llevaba su tiempo, La separación de las mujeres de la corona, del poder, de todo lo que aquello conllevaba, requería tiempo, palabras correctas, pero sobre todo, Azazel quería asegurarse de que sus familias no pudieran volver a utilizarlas, por supuesto que el rey durante todo ese tiempo no las visitaba con otra intención que no fuese el de simplemente tomar un té con una vieja amiga, a eso por supuesto sumada la presencia de Lilith.Ese día cuando ingresaron al salón, quizá por última vez, ya no vestían como adornos de lujo, sino como mujeres hermosas que valían por sí mismas, llevaban ropas cómodas, pero dignas, sin marcas de pertenencia más que sus propios nombres. Azrael las esperó de pie, sin corona, con Lilith a su lado, El rey no esperaba a ningún viejo amor, porque amor entre ellos jamás hubo, por supuesto que les guardaba un gr

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 110

    El tiempo, al fin, dejó de ser enemigo.Habían pasado varios años desde la caída de la familia de Morgana y su ejecución en la Sede de Justicia. Las cicatrices del reino seguían allí, visibles en los barrios pobres, en los campos que aún se replantaban, en las miradas desconfiadas de algunos demonios viejos. Pero, poco a poco, el invierno de mentiras que había ahogado a Demon comenzaba a retirarse.Los hijos de Sky ya no eran recién nacidos.Con cinco años, Sol, Luna, Estrella y Orión seguían siendo pequeños, pero ya no tan dependientes del regazo constante de su madre. Caminaban, o volaban, o corrían en forma de lobo, por los pasillos del palacio con una naturalidad inquietante, como si hubieran nacido para gobernar esos corredores.Fue solo cuando Azrael los vio correr, reír, discutir entre ellos en tres idiomas distintos de la corte, que comprendió que el tiempo de su trono había terminado.No porque fuera débil, sino porque, por primera vez, el futuro le parecía verdaderamente seg

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 109

    Las horas habían pasado.Tanto los alfas como Sky se habían bañado y cambiado; ahora estaban vestidos de gala, como si el Pabellón Cielo se hubiera transformado en una pequeña sala de coronación íntima, conseguir todo lo que necesitaban para los bebés había sido un caos organizado, pañales improvisados, mantas suaves traídas a toda prisa, ropitas mínimas que los sirvientes casi cosieron en el aire, pero lo realmente difícil no había sido eso.Lo verdaderamente complicado había sido convencer a toda la familia real de que los dejaran solos.Tras un parto imposible, todos querían ver a los cachorros reales, los sanadores, las concubinas, los príncipes, incluso Azrael y Lilith habrían permanecido allí pegados si Sky no hubiera dejado claro, con esa mirada suya de princesa y reina al mismo tiempo, que necesitaba unas horas solo con sus alfas y sus hijos.Después de todo, lo que había ocurrido no tenía precedentes.En el Reino Demoníaco, un embarazo normal duraba dos años, en el Reino Lupi

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 108

    Taylor fue el encargado de recibir a los bebés, los limpio con paños limpios, y los envolvió con una torpeza dulce, colocándolos en el espacio libre de la cama, muy cerca de Sky, pero lo bastante lejos para no mancharlos con sangre.Y es que la sangre, era demasiada, la herida del vientre de Sky manaba rojo oscuro y sombras, una mezcla imposible que amenazaba con desbordarse, su rostro se había puesto pálido, y los labios amoratados, sus ojos, entreabiertos, se perdían en un punto lejano.—No… —murmuró, apenas audible— No me… no me dejen…—No te vamos a dejar. —respondió Kenan al instante, pegando su frente a la de ella— No te atrev… —su voz se quebró.Y Jano reaccionó, volvió a centrar toda su mente en la herida, frenó el pánico y recordó que había operado a lobos con las entrañas fuera, había detenido hemorragias imposibles y esta vez no sería distinto, no se lo permitía fallarle a la mujer que amaba.—Taylor, aprieta aquí. —ordenó, guiando la mano del guerrero para presionar justo

  • Cuando la presa se convirtió en reina   Capítulo 107

    Los colmillos de Kenan se hundieron en el cuello de Sky, en el mismo lugar donde ya la había reclamado, y una descarga de placer recorrió el cuerpo de la princesa como un rayo oscuro, superpuesto al dolor, que la llevo a arquear la espalda, esta vez por una mezcla imposible de sensaciones, tanto así que un sollozo de confusión escapo de sus labios.—Kenan… —susurró, entre lágrimas— No… no sé… qué… siento…Taylor aprovechó el momento y se inclinó sobre el vientre embadurnado de ungüento y, con un movimiento rápido, dejó que una de sus garras emergiera, entonces hizo un corte superficial, una línea apenas más profunda que un rasguño.—¿Eso duele? —preguntó, sin apartar la vista de los ojos vidriosos de Sky.La princesa parpadeó, respirando entrecortado porque el veneno de placer de la marca de Kenan aún vibraba en sus nervios.—No… —confesó, sorprendida— No sentí… nada.Taylor sonrió, era una sonrisa rota, desesperada.—Bien.Dijo y antes de que Jano pudiera reaccionar, el guerrero tomó

Higit pang Kabanata
Galugarin at basahin ang magagandang nobela
Libreng basahin ang magagandang nobela sa GoodNovel app. I-download ang mga librong gusto mo at basahin kahit saan at anumang oras.
Libreng basahin ang mga aklat sa app
I-scan ang code para mabasa sa App
DMCA.com Protection Status