INICIAR SESIÓNLa mañana llegó acompañada de una agradable tranquilidad en las instalaciones de las Panteras. Desde muy temprano, los pasillos de la organización estaban llenos de movimiento, con hombres trasladando documentos, equipos de seguridad y materiales destinados a las distintas áreas de operaciones. Después de varios días de ausencia, Grace finalmente regresaba a sus funciones, y aunque todavía debía evitar esfuerzos físicos excesivos, el médico le había asegurado que su recuperación avanzaba favorablemente. Aquella noticia le había devuelto el entusiasmo, pues estaba cansada de permanecer encerrada, de que todos la trataran como si fuera de cristal y, sobre todo, de que Jack aprovechara cualquier oportunidad para recordarle que debía descansar.Con su habitual elegancia, Grace atravesó el pasillo administrativo llevando una carpeta entre los brazos. Su cabello negro caía suavemente sobre sus hombros y sus profundos ojos azules recorrían las oficinas con una familiaridad que le provocó una
Grace permaneció paralizada durante los primeros instantes, incapaz de comprender cómo una simple broma había terminado de aquella manera. Vio a Jack recibir un golpe en el labio y a Olivier retroceder con una ceja partida, mientras ambos continuaban atacándose sin dar tregua. El sonido de los puños chocando contra la carne, las botas golpeando el suelo y las respiraciones agitadas llenaba el corredor.Cuando Olivier volvió a lanzar un golpe directo hacia el rostro de Jack, Grace reaccionó.—¡¡¡BASTAAAAAAAAAAAA!!!Su grito resonó con tanta fuerza que varios soldados se sobresaltaron. La joven corrió hacia ellos y se interpuso justo cuando Olivier lanzaba otro puñetazo. El enorme hombre consiguió detener su mano a escasos centímetros de su rostro, con los músculos del brazo completamente tensos y los ojos abiertos por el horror de haber estado a punto de golpearla.—¡Grace! —exclamó, bajando inmediatamente el puño.Ella lo miró con una furia que jamás le había mostrado.—¡¿Qué demonios
Jack caminaba por los pasillos de la central de las Panteras cargando el bolso de Grace sobre uno de sus hombros, mientras ella avanzaba a su lado con una expresión de absoluto descontento. Kassandra había autorizado que los miembros de los Lirios ingresaran a las instalaciones sin inconvenientes, especialmente Jackson, quien tenía permiso para moverse libremente por la organización.Después de todo, ambas fuerzas trabajaban juntas y sus líderes mantenían una alianza que iba mucho más allá de los negocios. Sin embargo, aquella tarde Jack no estaba preocupado por los asuntos de seguridad ni por las operaciones pendientes, sino por la pequeña mujer que llevaba casi veinte minutos intentando convencerlo de hacer un viaje absurdo para comprar unos pasteles.Grace había recibido excelentes noticias durante su control médico. Sus costillas estaban recuperándose satisfactoriamente y el doctor le había dado el alta, aunque todavía debía evitar esfuerzos excesivos durante un tiempo. Aquello ha
La mañana siguiente amaneció despejada, con un cielo azul que se extendía sobre las pistas del aeropuerto privado donde aterrizaría el avión de Kassandra. Desde temprano, varios vehículos negros permanecían estacionados cerca de la zona de recepción, mientras los hombres de seguridad vigilaban los alrededores con la discreción que caracterizaba a ambas organizaciones. Grace y Jack esperaban a sus respectivos jefes junto a las camionetas, revisando los últimos detalles de los informes que debían entregarles apenas descendieran de la aeronave. Detrás de ellos se encontraba el jefe de seguridad de los Lirios, acompañado por cuatro de sus hombres, mientras que al otro lado permanecía Olivier con otros cuatro integrantes de las Panteras. Todos mantenían una postura profesional, aunque Olivier llevaba varios minutos observando a Grace sin poder apartar completamente la mirada de ella.La joven parecía distinta. Su rostro había recuperado parte del color que había perdido durante su hospital
Al otro día, el avión de Kassandra aterrizó en América. Apenas las puertas se abrieron, más de diez hombres descendieron primero, desplegándose alrededor de la aeronave con precisión militar. Olivier iba al frente, seguido de Denisse y el resto de las Panteras que habían viajado desde Francia.Denisse estiró los brazos con exageración y suspiró.—El sueño americano... mmm... no es tan lindo como lo pintan. Prefiero París.Olivier siguió caminando sin siquiera mirarla.—Aquí está nuestra organización, así que aquí debemos estar.Denisse sonrió de lado.—Claro... la organización... no tiene absolutamente nada que ver con una pequeña mujer de cabello negro, ojitos azules profundos, que vivía por ti y que ahora te ignora como si jamás hubieras existido.Olivier le lanzó una mirada de advertencia.—Deja de molestarme.—¿Por qué? ¿Te incomoda?—Entre ella y yo no hay nada.Denisse soltó una carcajada.—Claro que no hay nada. Yo misma me opondría si esa mujer te perdonara. Te quiero, Dios sa
Al otro día, en las Empresas Lancaster, Noah cruzó las puertas del edificio sin previo aviso. Bastó verlo entrar para que toda la recepción se pusiera de pie casi al mismo tiempo. Los saludos comenzaron a escucharse por todos lados mientras él respondía apenas con un movimiento de cabeza, caminando con la seguridad que siempre lo caracterizaba. Hacía varios días que trabajaba desde casa para cuidar a Olivia durante su resfrío, así que su aparición tomó por sorpresa a todo el personal.Subió directamente al último piso y apenas salió del ascensor, su secretaria se levantó de inmediato.—Señor Lancaster, qué bueno tenerlo de vuelta. En su escritorio están todos los documentos pendientes de firma.Noah dejó el maletín sobre una mesa auxiliar.—¿Alguna novedad?—Sí. El señor Alan ha estado trabajando todos los días. Llega muy temprano y se va tarde. Al otro día vuelve incluso antes que el resto del personal.Una leve sonrisa apareció en el rostro de Noah.—Bien. Iré a verlo. Tráeme un caf







