Masuk“Tienes dos opciones, pequeña presa: sal por esa puerta y dile a todos que eres humana.” Sus ojos gris oscuro me clavaron en el sitio, la voz fría y goteando una calma aterradora mientras hablaba. “O ponte de rodillas y conviértete en mi pequeña mascota.” Me quedé paralizada ante sus palabras. Matricularme en la Academia Silvermoon, una escuela de lobos, no fue mi peor decisión. La peor decisión fue que me obligaran a compartir dormitorio con Asher Blackthorn: el glacial capitán de hockey, un príncipe licántropo despiadado… y mi peor pesadilla. Se supone que debía pasar desapercibida, ocultar mi identidad y sobrevivir al año sin que nadie descubriera la verdad. Yo era humana. En una escuela donde los lobos pueden oler el miedo, detectar mentiras y consideran a los humanos poco más que presas, un solo error podía costarme la vida. Pero Asher lo sabe. Sabe lo que soy. Y en lugar de delatarme, me hace una oferta que no puedo rechazar. Fingir ser su pequeña mascota… y él guardará mi secreto. Simple. Excepto que nada en Asher Blackthorn es simple. Cuanto más tiempo paso a su lado, más me doy cuenta de que el monstruo que todos temen no es el único lado de él. Bajo su fría arrogancia hay una oscuridad que parece entender la mía… y una posesividad que se vuelve más peligrosa con cada día que pasa. Él está decidido a quebrarme, y yo estoy decidida a pelear contra él… aunque me cueste la vida.
Lihat lebih banyakCAPÍTULO 1
~CHLOE~
—Lo siento, señorita Harper, pero tenemos que suspender el tratamiento de su madre.
Me quedé congelada. Una lágrima se deslizó por mi mejilla y cayó al suelo que contemplaba sin parpadear.
—Tiene un saldo pendiente. El hospital ha sido comprensivo, pero este es nuestro límite.
Tragué las lágrimas, luchando contra el nudo espeso que me obstruía la garganta para poder hablar.
—Por favor… la semana pasada pagué la mitad. Le prometo que pagaré el resto antes de que termine el mes —solté las palabras mientras la mujer mayor se acercaba. Un estetoscopio colgaba de su cuello y sus ojos se clavaban en los míos con una mirada que me hacía sentir completamente impotente.
Y perdida.
Estaba perdida.
—Por favor. Se lo prometo…
—Lo siento mucho, señorita Harper. Si dependiera de mí…
Enderecé los hombros y caí de rodillas. El azulejo frío me quemó las rótulas. La cabeza colgaba baja mientras las lágrimas por fin fluían sin control.
—Se lo ruego, por favor. Solo necesito llegar al final de este mes. Le prometo que pagaré el resto. Por favor… no puedo perder a mi madre. Por favor… se lo suplico —mi voz se quebró en un sollozo ahogado. Las manos temblorosas se juntaron en una plegaria desesperada—. Por favor, se lo ruego. Después de este mes lo pagaré todo.
—Señorita Harper, levántese.
Negué con la cabeza.
—El saldo pendiente es de tres mil dólares. Durante el último año se ha matado trabajando para pagar cada mes, pero ya no vale la pena. Su madre está en muerte cerebral. Tiene un veinticuatro por ciento de posibilidades de despertar alguna vez.
—¡Todavía respira! —grité—. No puedo abandonarla. ¡Por favor, solo este mes! Se lo ruego, conseguiré el dinero. Se lo pagaré… ¡solo no suspendan su tratamiento!
Soltó un suspiro bajo. El clic de sus tacones resonó contra el azulejo mientras se inclinaba y me ayudaba a levantarme.
—Está bien. Todavía no lo suspenderemos.
La esperanza floreció en mi pecho.
—Yo… gracias.
—Pero tiene que pagar este mes. De lo contrario, nos veremos obligados a terminar su cuidado.
—Lo haré.
Durante el minuto siguiente repasó de nuevo el caso de mi madre, insistiendo en que sus posibilidades de supervivencia eran escasas y dejando entrever que debería rendirme. Pero no podía. Madre nunca se había rendido conmigo. Ni cuando estuve enferma, ni nunca. Siempre estuvo ahí para mí y para Vassena. No podía abandonarla ahora.
Después de la cuarta advertencia, agradecí a la doctora y arrastré mi cuerpo entumecido hasta el pasillo. En cuanto salí, el olor acre de químicos y medicamentos me golpeó las fosas nasales, acompañado del frío penetrante del aire acondicionado.
Me dirigí a la habitación de mi madre y la miré a través del pequeño cristal: su figura pálida y frágil.
—Madre, te salvaré —murmuré.
Antes de que pudiera procesar lo que ocurría, un par de manos agarró mi muñeca y me hizo girar. Una mano brutal chocó contra mi mejilla. El sonido nauseabundo de la bofetada resonó en el aire junto al impacto brutal contra mi mandíbula. Tropecé hacia atrás y mi espalda golpeó contra la pared.
El dolor atravesó mi mandíbula y el sabor metálico de la sangre inundó mis labios.
Alcé la vista, el pecho agitado, y me encontré con el rostro contorsionado de furia de Vassena.
—¡¿Esto es lo que querías decir cuando dijiste que ibas a salvar a Madre?! —gritó, levantando la mano para golpearme otra vez, hasta que una figura detrás de ella la sujetó.
—Vassena, yo…
—¡¿Tú qué?! ¡Casi le quitan el soporte vital a Madre! —chilló, extendiendo las uñas largas y perfectamente manicuras para arañarme—. ¡Nos dijiste que tenías un plan! ¡Nos dijiste que estabas encantada de pagar el tratamiento de Madre! ¡¿Qué pasó?!
Gritó todavía más fuerte, atrayendo la atención de todos los presentes en el pasillo. Me apreté más contra el rincón, encogiéndome.
—¡Hablas muy alto, pero no pudiste hacer nada! ¡No conseguiste suficiente dinero para la cirugía de Madre y ahora está retrasada! ¡Tú le hiciste esto!
Abrí la boca para hablar, pero James intervino para sujetar a Vassena, atrayéndola contra su pecho mientras ella se derrumbaba en un llanto desgarrador. Lágrimas ardientes y amargas me surcaban el rostro. Extendí la mano para consolarla, pero James me apartó de un manotazo y su mirada fría y decepcionada se cruzó con la mía.
—Puede que seas mi novia, Chloe, pero hoy estoy decepcionado de ti —dijo con dureza—. La última vez dijiste que habías encontrado la forma de pagar el tratamiento de la tía. ¡Dijiste que se iba a curar! Pero fallaste. Ahora Vassena está destrozada. Si no podías pagarlo, ¡deberías haberlo dicho antes!
Abrí la boca para defenderme, para contarles la verdad: que sí tenía el dinero, pero lo había usado para pagar la matrícula universitaria de Vassena. Las palabras se me murieron en la garganta.
—Hablaste de una beca que pagaba, ¿verdad? —continuó James, la voz goteando desprecio.
—Yo… yo… sí…
—¡Eres una mentirosa! ¡Te odio! —gritó Vassena desde sus brazos—. ¡Si le pasa algo a Madre, su sangre estará en tus manos!
La miré con los ojos desorbitados. Una lágrima se desprendió de mi mentón mientras veía cómo James se la llevaba arrastrando por el pasillo. Mi mirada recorrió a los curiosos que se habían reunido: sus ojos llenos de juicio, observándome como si fuera un monstruo.
No me quedé. Agarré mi bolso y corrí. Corrí hasta que ya no pude más, mientras sus palabras seguían resonando en mis oídos, clavándoseme hondo.
Las piernas por fin me fallaron y me desplomé sobre la acera helada. El frío me cortó las rodillas mientras el teléfono vibraba contra mi cuerpo.
Con dedos temblorosos saqué el aparato. Miré la pantalla cuando apareció una notificación:
> ACEPTACIÓN EN LA ACADEMIA SILVERMOON
Me quedé paralizada. La mano suspendida en el aire mientras tocaba la pantalla y abría la carta completa:
> La Academia Silvermoon acepta por la presente a Chloe Harper como estudiante becada. La escuela ofrece una excelente educación, oportunidades de patrocinio y el entorno ideal para ampliar sus conocimientos. Felicitaciones por estar entre los cinco mejores solicitantes de beca. Debe presentarse en la Academia Silvermoon mañana. Las actividades educativas se discutirán junto con su asignación de beca de 5.000 dólares.
Me quedé mirando la cifra.
Era real.
Había solicitado meses atrás después de tropezarme con el anuncio en internet. En aquel momento creí que era una e****a: no había forma de que existiera una escuela para hombres lobo, criaturas míticas. Y mucho menos que pagaran una asignación.
Pero mirando la pantalla decidí creer la mentira. Tenía que aferrarme a ese hilo de esperanza.
Cinco mil dólares podían cubrir el tratamiento de Madre. Podían cubrir la matrícula de Vassena en la mejor academia y los cuidados médicos.
Volví a mirar el nombre. Silvermoon: La Academia de los Lobos.
Los rumores susurraban que los humanos no estaban permitidos allí. Ningún humano había sobrevivido ni un solo día en esa escuela. Nadie vivía para contarlo: solo se encontraban sus cuerpos destrozados.
Una ola repentina de miedo me invadió.
Esta era la oportunidad que buscaba. Aunque me matara.
Escribí rápidamente mi respuesta:
> Me siento honrada de ser finalmente aceptada por una escuela tan prestigiosa. Yo, Chloe Harper, me presentaré en la escuela mañana.
Pulsé enviar y solté un suspiro tembloroso.
—Aguanta, Madre. Te salvaré.
~~~
Pasé toda la noche empacando lo poco que tenía. No tenía mucha ropa, así que la maleta era pequeña: principalmente mis libros, unos pocos conjuntos y un par de zapatos de repuesto. Por la mañana llegué al punto de encuentro exacto que indicaba el correo.
Al parecer no confiaban en los humanos y querían que la recogida fuera discreta.
Aferré el equipaje con fuerza bajo el aire frío de la mañana. El sol apenas había asomado por el horizonte, proyectando un brillo gris y sombrío sobre la calle vacía. Marqué el número de Vassena por centésima vez, queriendo decirle que me iría por un tiempo. Ya le había enviado varios mensajes explicando que me marchaba unas semanas y volvería con el dinero; el mismo mensaje se lo había mandado a James.
Ninguno de los dos había contestado.
Solté un suspiro bajo y de pronto mi mirada captó un elegante sedán negro que se deslizaba por la calle silenciosa. Las ventanas estaban muy tintadas. El aire se agitaba a su alrededor mientras avanzaba, pero el motor no emitía el más mínimo sonido.
Se detuvo suavemente justo frente a mí.
El cristal bajó, revelando a un hombre enorme y fornido que me miraba desde arriba. Temblé. Su aura era demasiado poderosa, casi sofocante.
—¿Chloe Harper?
—Sí, señor.
La puerta del coche se abrió con un clic. Sin decir palabra, subí con mi equipaje. La puerta se cerró de golpe detrás de mí. Durante todo el trayecto ninguno de los dos pronunció una sola palabra.
Poco a poco un pesado entumecimiento se apoderó de mí. La cabeza se me sentía pesada y dejé que la oscuridad me arrastrara.
~~~~
—Chloe Harper.
Me desperté de un sobresalto ante la voz grave del conductor. Abrió la puerta, esperando que bajara. Había esperado a medias despertar en algún lugar siniestro, pero mi mirada se posó en un imponente castillo de aspecto antiguo que se alzaba a lo lejos.
Grabadas sobre las puertas de hierro, en letras de color rojo sangre, estaban las palabras:
*ACADEMIA SILVERMOON*
CAPÍTULO 46**CHLOE**Me dolía todo y el alcohol en mi sistema no ayudaba en absoluto. Asher me había levantado en brazos y me había sacado de la fiesta. Reconocí vagamente algunas voces hablando con él, pero estaba demasiado cansada para abrir los ojos y confirmar de quién se trataba.El trayecto en coche hasta la enfermería fue un borrón. Por suerte seguía abierta, y para entonces ya pude reconocer la voz distintiva de la enfermera.—Oh, eres tú otra vez —murmuró mientras le decía a Asher que me dejara en la cama.Me tumbé en la cama del hospital mientras ella me ponía algunas cosas en la cara, haciendo que escociera más. Ese escozor fue seguido rápidamente por una sensación fresca, y me relajé cuando el dolor fue desapareciendo poco a poco.—Perdona si esto duele —murmuró mientras trabajaba. Después de unos cuantos toques y revisiones, me dejó sola para que descansara en la cama y centró su atención en Asher.—¿Estaba bebiendo en esa fiesta a la que fuisteis los dos?Asher giró len
CAPÍTULO 45 ~CHLOE~—Déjame ayudarte a levantarte —ofreció el chico—. Quieres bailar, ¿verdad?Asentí con torpeza y lo dejé tirar de mí hasta ponerme de pie. Me tambaleé hacia delante, pero él me sostuvo con rapidez. Mientras todavía intentaba recuperar el equilibrio, aparecieron otros dos chicos, ambos sonriéndome con sorna.—¿Es ella? —preguntó uno de ellos, y el que me sostenía asintió.—Sí.Los otros dos se acercaron, examinando mi cara como si yo fuera algún tipo de extraterrestre. Irritada, usé la mano libre para apartarlos de un manotazo. Ellos retrocedieron a tiempo, esquivando mi mano. Se miraron sonriendo, y eso solo me enfureció más.—¿Qué os pasa a los dos? —pregunté, molesta. Levanté la vista hacia el primer chico, señalando a los otros dos.—¿Son tus amigos?—Así es —confirmó, sonriendo.—Entonces deberías controlarlos. No soy ningún espécimen para que me miren fijamente —le dije, y él soltó una risita.—Vaya, sí que tienes carácter. Quizá por eso Asher está interesado
CAPÍTULO 44CHLOE—¡Luke, qué demonios! —exclamé, lanzándole una mirada asesina antes de dirigirla hacia aquella abominación de bebida.—¿Estáis intentando matarme? —los acusé, irritada porque el amargo regusto se negaba a desaparecer.—No, no. No es nada de eso, de verdad —se rio tanto que hasta se le escaparon lágrimas por las comisuras de los ojos. Este imbécil lo estaba disfrutando.—Noah aquí pensó que sería gracioso darte una de las especiales —comentó, y fruncí el ceño.—¡Oye, no sabía que casi se iba a desmayar con ella!—¿Cómo se llama esta especial, eh? ¿La puerta de la muerte?Ante mis palabras, los dos se echaro
CAPÍTULO 43~CHLOE~—Asher, me alegra tanto que hayas venido —dijo Bianca, materializándose a su lado. Parpadeé al principio, sin creerme que quien estaba viendo ahora fuera Bianca.Ya parecía una modelo de pasarela durante el almuerzo, pero de alguna forma había conseguido verse aún mejor. Estaba vestida para matar. Su maquillaje estaba perfecto y no disimulaba lo mucho que intentaba captar la atención de Asher.—¿Vienes a por una copa? —preguntó, aleteando las pestañas. Convenientemente me ignoró a mí, que estaba a su lado, e incluso intentó acercarlo sutilmente hacia ella, pero él no se movió. Su expresión cambió ligeramente, pero no se desmoronó.Sustituyó su sonrisa por una aún más grande e intentó de nuevo.—¡Ash! Ya era hora de que llegaras —oí gritar a Luke. Se acercó a nosotros, copa en mano y con esa sonrisa característica suya.—¿Por qué no me dijiste que la fiesta iba a ser tan enorme? —preguntó Asher, ahora con un leve tono de irritación. Bianca seguía colgada de su brazo


















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