Mag-log inLa mañana siguiente amaneció despejada, con un cielo azul que se extendía sobre las pistas del aeropuerto privado donde aterrizaría el avión de Kassandra. Desde temprano, varios vehículos negros permanecían estacionados cerca de la zona de recepción, mientras los hombres de seguridad vigilaban los alrededores con la discreción que caracterizaba a ambas organizaciones. Grace y Jack esperaban a sus respectivos jefes junto a las camionetas, revisando los últimos detalles de los informes que debían entregarles apenas descendieran de la aeronave. Detrás de ellos se encontraba el jefe de seguridad de los Lirios, acompañado por cuatro de sus hombres, mientras que al otro lado permanecía Olivier con otros cuatro integrantes de las Panteras. Todos mantenían una postura profesional, aunque Olivier llevaba varios minutos observando a Grace sin poder apartar completamente la mirada de ella.La joven parecía distinta. Su rostro había recuperado parte del color que había perdido durante su hospital
Al otro día, el avión de Kassandra aterrizó en América. Apenas las puertas se abrieron, más de diez hombres descendieron primero, desplegándose alrededor de la aeronave con precisión militar. Olivier iba al frente, seguido de Denisse y el resto de las Panteras que habían viajado desde Francia.Denisse estiró los brazos con exageración y suspiró.—El sueño americano... mmm... no es tan lindo como lo pintan. Prefiero París.Olivier siguió caminando sin siquiera mirarla.—Aquí está nuestra organización, así que aquí debemos estar.Denisse sonrió de lado.—Claro... la organización... no tiene absolutamente nada que ver con una pequeña mujer de cabello negro, ojitos azules profundos, que vivía por ti y que ahora te ignora como si jamás hubieras existido.Olivier le lanzó una mirada de advertencia.—Deja de molestarme.—¿Por qué? ¿Te incomoda?—Entre ella y yo no hay nada.Denisse soltó una carcajada.—Claro que no hay nada. Yo misma me opondría si esa mujer te perdonara. Te quiero, Dios sa
Al otro día, en las Empresas Lancaster, Noah cruzó las puertas del edificio sin previo aviso. Bastó verlo entrar para que toda la recepción se pusiera de pie casi al mismo tiempo. Los saludos comenzaron a escucharse por todos lados mientras él respondía apenas con un movimiento de cabeza, caminando con la seguridad que siempre lo caracterizaba. Hacía varios días que trabajaba desde casa para cuidar a Olivia durante su resfrío, así que su aparición tomó por sorpresa a todo el personal.Subió directamente al último piso y apenas salió del ascensor, su secretaria se levantó de inmediato.—Señor Lancaster, qué bueno tenerlo de vuelta. En su escritorio están todos los documentos pendientes de firma.Noah dejó el maletín sobre una mesa auxiliar.—¿Alguna novedad?—Sí. El señor Alan ha estado trabajando todos los días. Llega muy temprano y se va tarde. Al otro día vuelve incluso antes que el resto del personal.Una leve sonrisa apareció en el rostro de Noah.—Bien. Iré a verlo. Tráeme un caf
Llegando a América, Grace inhaló profundamente apenas cruzó las puertas del aeropuerto. El aire era distinto al de Francia, más cálido, más seco. Levantó lentamente la vista y una enorme extensión de cielo completamente azul la recibió sobre su cabeza. Cerró los ojos un instante dejando que la brisa moviera algunos mechones de su cabello.Sintió una extraña sensación de libertad.Quizás porque, por primera vez venía sin la presión de tener todo listo para Kassandra, eran solo unos días libres con su primo. Nadie conocía a la mujer que llevaba semanas intentando olvidar un amor imposible.Jack sonrió al verla observar todo con tanta atención.—Bienvenida a América, prima.Grace giró hacia él con una pequeña sonrisa.—Gracias... es muy distinto a Francia aunque ya habia estado aquí, llegamos de noche y solo vine a trabajar.—Y eso que todavía no has visto nada. Ahora, también venimos a trabajar... pero primero pienso darte una vuelta por el lugar. No voy a dejar que conozcas este país e
La mañana llegó y Olivier entró a la mansión con la carpeta bajo el brazo. Había revisado personalmente todos los documentos del traslado y quería entregárselos a Kassandra antes de regresar a la central. Apenas cruzó la puerta, levantó la vista de inmediato, buscándola casi por instinto. Recorrió la sala, la terraza, el jardín que se veía por los ventanales y la cocina, pero Grace no aparecía por ninguna parte.En ese momento Kassandra bajó las escaleras.—Ahí está todo, señora. Ya no falta nada, estamos listos para irnos mañana.Kassandra recibió la carpeta y comenzó a hojear los documentos.—Bien, prepara todo. Yo me iré en dos días más.—Sí, señora.Olivier seguía mirando discretamente hacia los alrededores, como esperando verla aparecer en cualquier momento.Kassandra levantó una ceja al notar su actitud.—¿A quién buscas? ¿A Grace?—No, no busco a nadie.Kassandra soltó una risa irónica.—Cobarde. El día que reconozcas tus sentimientos será tarde... bueno, la verdad ya es tarde.
A la mañana siguiente, Olivier caminaba hacia la terraza donde Kassandra lo esperaba para revisar los últimos preparativos antes del viaje. Al cruzar el jardín, una escena hizo que sus pasos se detuvieran.Grace estaba entre los rosales, estirándose con cuidado para intentar cortar una rosa. Aún se movía despacio por las costillas fracturadas. Olivier apretó el puño y caminó hacia ella decidido a hablarle, pero antes de que pudiera llegar, Jack apareció por un costado.—Por qué eres porfiada. Te dije que te la cortaría yo. Te puedes clavar una espina.Grace dejó escapar una risa suave.—Qué exagerado eres, no me hará daño.—Aun así.Jack tomó las tijeras de podar que ella sostenía, cortó la rosa con cuidado, le quitó una por una las espinas y recién entonces se la entregó.—Ten. Ahora sí.Grace la recibió sonriendo.—Gracias.—¿Para qué la quieres?Grace acarició los pétalos con la yema de los dedos.—Para llevármela de recuerdo. Tengo un libro lleno de rosas de todos los lugares dond







