MasukCon todo el dolor de nuestro corazón nos despedimos de mamá por separado, dándonos tiempo para estar con ella a solas y dedicarle unas palabras. Yo le dije lo mucho que la echaba de menos y le conté un poco como siempre, mi día a día en la escuela con mis amigas y los planes de futuro más próximo que se me venían encima. Había planeado ir a la universidad y sobre eso no había discusión, pensé que le haría ilusión saber que iba a seguir los pasos de mi padre. Una tímida sonrisa se me escapa al recordar ese momento y de lo orgullosa que estaría mi madre si aún estuviera con vida.
Lo que mi padre habló con ella después, lo desconozco, prefiero dejarle su espacio con el amor de su vida, y lo digo con total convicción ya que en estos tres años no ha tenido ojos para nadie más. Aunque sus amigos le habían insistido en que ya era momento de intentar conocer a alguna mujer, él se negaba, aún seguía anhelando a mi madre. Suspiro mientras nos dirigimos dando un paseo al burger de moda en Huntsville. La señora Brooks montó el negocio hace un par de años y se ha convertido en uno de los locales más concurridos de la ciudad y no solo porque las hamburguesas están de muerta, sino porque también ponen el detalle en la atención al cliente. Vengo poco por este lugar porque es malísimo para mi dieta, pero por una vez de vez en cuando, no pasa absolutamente nada. Entramos al local y nos sentamos en una de sus amplias mesas. El local está decorado un poco a la antigua, como las típicas cafeterías de la zona sur de los Estados Unidos. La señora Brooks nos dice que enseguida se acercan a tomarnos nota, que por favor ojeemos la carta. Mis papilas gustativas no pueden ser más felices al leer cosas como; bacon ahumado crujiente, doble burger smash con queso cheddar y pepinillos. Casi estoy babeando cuando escuchamos un alboroto que provenía de una de las mesas más alejadas del local, pero cosa rara de las más cercanas a la barra. Un grupo de chicas estaban montando un escándalo, entre grititos eufóricos y risas estridentes. —Venga Ethan, me prometiste que esta noche saldríamos juntos… —mierda esa voz la conocía y de sobra, no era nada más y nada menos que la de Isabel. La muy tonta le hacía morritos a Ethan Brooks, el hijo de la dueña del local. Sé por los rumores del instituto, que ella era la novia de turno de él. No se le conocía una novia oficial ni estable a ese chico, por eso lo de novia de turno. Era muy popular entre las chicas, aparte de su atractivo innegable, era una de las estrellas del equipo de fútbol americano del instituto, creo recordar que quarterback. Como sea, a mi ni me va ni me viene, pero con Isabel aquí todo puede ir de mal en peor, espero pasar desapercibida para ellas, aunque con mi padre aquí, espero se estén quietecitas. —Ya te he dicho que esta noche tengo que ayudar en el restaurante Isabel, y no se hable más. Ethan la deja con la palabra en la boca, la deja ahí de pie enfrente de todas sus amigas y se dirige a nuestra mesa, seguro que para tomarnos nota. —Buenos días señor Monroe —gira su cabeza y me mira—, es un gusto verlo otra vez por aquí. —Ethan muchacho, hacía tiempo que no te veía por aquí —mi padre iba a menudo y encargaba comida para llevar a la oficina. —Sí, bueno es que he estado liado con mis estudios y el fútbol —Ethan se toca el pelo como disculpándose de algo. Nos toma nota de nuestras hamburguesas con patatas y aritos de cebolla, todo un clásico somos mi padre y yo. A mí no me ha dirigido la palabra, más que nada porque jamás hemos hablado, ni siquiera un hola en el instituto, yo no soy el tipo de chica que él frecuentaría, aunque solo fuera por amistad. Ese tipo de chicos tenía muy estudiado el círculo que los rodeaba, ellos no podían ir con chicas feas o con nerds, no, ellos estaban a otro nivel y no aceptarían a una gorda como amiga si quiera. Ethan Brooks era un chico alto, de pelo largo por debajo de las orejas, ojos azules y una mandíbula esculpida por los mismos dioses. A él no le hacía falta si quiera destacar en los deportes, porque adónde fuera llamaba la atención de todo el mundo, sobre todo de las féminas. —Bueno cariño, ahora dime; ¿vas a estudiar en la universidad del estado? —mi padre me tomó de las manos y me miró con máxima seriedad. —Papá, de verdad que aún no has deducido tu solito que sí, que iré a la misma universidad que tu —se le iluminó la carita—, y, además, estudiaré lo mismo. Ya sabes que me vuelven loca los números. —Me haces muy feliz cariño —su cara no podía ocultar la tremenda sonrisa de oreja a oreja—. Ahora que te queda tan poco lleva cuidado y no saques malas notas. —Ni que te hubiera llevado alguna vez malas notas a casa… —No, eso es verdad, no tengo queja cielo. Ethan nos trajo los platos con las bebidas. Isabel y su séquito se marcharon minutos después, no sin antes percatarme de que me echó una mirada asesina. Estoy segura de que, si no fuera por la presencia de mi padre, me habría insultado sin importarle nada. Yo lo único que quería era terminar ya ese día e irme a casa, ver tal vez un capítulo o dos de mi serie favorita y poco más. =========================================================== Al día siguiente en el instituto volví a ser la niña que se vestía con ropajes absurdos, se hacía un moño bajo con su mata de pelo salvaje y su cara no mostraba gracia alguna, o al menos así lo creía yo. Iba caminando por los pasillos entre clase y clase, en cinco minutos empezaría álgebra y por nada del mundo me gustaría llegar tarde, pero de repente por megafonía del instituto se escucha: ‟Katherine Monroe, acuda inmediatamente al despacho del director” Me quedé petrificada en el sitio. No podía hilar dos pasos sin perder un poco el equilibrio, me encontraba desorientada ¿para qué quería verme el director? En mi vida, y digo bien, en mi puñetera vida había tenido que visitar el despacho del director, yo solo veía a ese señor cuando recibía un premio en el salón de actos y cosas así. La gente me miraba y yo no podía salir de mis pensamientos y reaccionar, menos mal que vi correr a lo lejos a Robin, ella sin duda me había visto quedarme muerta. —Kathy, lo has oído te han llamado por megafonía. ¿Qué haces que no te mueves? —me miró de arriba a abajo—. Oye, estás bien, tierra llamando a Kath… —y va y me da con el dedo en la frente. Me quejo del golpe, pero no le cuestiono sus métodos porque ha logrado que reaccione. —Vo-voy… es que no sé por qué me llamará a mí. Robin, tal vez he hecho algo malo y me quieren expulsar o algo así. —¿Tú hacer algo mal? Chica, si eres como una monja. Eso me ofendió un poco, pero bueno me acompañó hasta el despacho del director y la muy descarada llamó a la puerta por mí y el director me hizo pasar. Rata de alcantarilla, ¡Robin había desaparecido así de golpe! —Oh, señorita Monroe por fin, pase, pase —el director me hace pasar con un gesto de su mano. No está solo, o no, sentado justo frente a su escritorio está Ethan Brooks, taladrándome con sus ojos azules—. Siéntese, tenemos que hablar. Ese tenemos que hablar me da escalofríos, y encima no sé qué tiene que ver esto con Ethan. Me senté bien agarrada a mi carpeta rosa, algo de valor me infligía. —Verá seguro se está preguntado el por qué la he hecho venir —asentí—. No me andaré con rodeos jovencita, usted es posiblemente la mejor estudiante que tenemos en la escuela y más concretamente usted es un genio en álgebra —adónde querrá ir este hombre. Por un micro segundo miro a Ethan, el cual no había dejado de mirarme. Con vergüenza dirijo mis ojos otra vez al director que seguía yéndose por las ramas. —Señor director, no quiero ser grosera, pero me estoy saltando mi tan amada clase de álgebra —nótese la ironía en mi tono. —Oh, si por dios, disculpe. En resumidas cuentas, necesitamos que le de clases particulares al señor Ethan Brooks. —¿Que? ¿Yo, por qué? —me levanté de golpe—. Debe-debe haber alguien mejor que yo para eso. Además, —me giro a verlo— ¿tan malo eres en álgebra? Ethan se ha ofendido y por su mirada y gestos, creo que ahora mismo quiere matarme. M****a, por qué a mí…Ese idiota bueno para nada me cargó. Me levantó en sus brazos como si yo fuera un saco de plumas, como una delicada flor. La cosa es que no soy nada de eso. ¡Joder, peso seguramente casi lo mismo que él! Se podía haber hecho daño en la espalda o algo así por mi culpa y nunca, nunca me lo hubiera perdonado, porque, aunque sea un zopenco, lo hizo con buena intención.Que bien se sintió. Nunca antes había experimentado que un hombre me llevara así, entre sus brazos, me cargara como algo preciado y delicado y me depositara con todo el cuidado del mundo encima del sofá.Para colmo y mi más absoluta vergüenza no me dejó hacer nada, él lo hizo todo, me curó y me vendó los pocos rasguños que me hice al quedar atrapada entre ese montón de astillas. Es un dramático, apenas unos pequeños cortes que con unas tiritas se hubiera solucionado. —Bueno, ya está. Ven, prueba a ponerte en pie.Me ayudó a ponerme de pie y a dar unos pequeños pasos y por fin el macho alfa se quedó tranquilito. Yo no dije
Esta noche me he lucido y he dado rienda suelta a mis habilidades en la cocina, que dicho sea de paso heredé de mi señora madre.Durante muchos años yo ayudaba en el restaurante siempre que me lo permitían las clases y los entrenamientos. Más de una vez tuve que sustituir al cocinero cuando se ponía enfermo o le surgía cualquier cosa. Fue justo en ese preciso momento que descubrí que me gustaba cocinar, pero lo que más me apasionaba era ver cómo disfrutaban otros comiendo lo que yo les preparaba. Es uno de los pocos hobbies que me puedo permitir en mi tiempo libre.Curtis y las chicas ya se habían ido. Entre Katherine y yo recogimos todo el salón. Yo terminé fregando los platos, por nada del mundo iba a permitir que mi anfitriona se estropeara esas lindas manos con el estropajo. Hay que decir que para mí fue un profundo shock descubrir que en realidad no se dedica a la administración de empresas, sino al diseño de modas. No solo eso, si no que ella es la propia diseñadora y tiene una
Si monto un circo, seguro me crecen los enanos. Por si no fuera poco que Jan me está bombardeando a mensajes desde anoche, va Ethan y me suelta eso de que vivamos juntos.No lo soporto. Lo único bueno que tiene ese hombre es a ese adorable pequeñín de cabellos rubios que me tiene enamorada perdida. Siempre he querido ser madre y últimamente no sé por qué parece que tengo buena vibra con los más pequeños de la casa. Las hijas de mis amigos se vuelven locas cuando me ven, y yo con ellas también la verdad. Nunca pensé que sería cierto eso que decían de que a cierta edad se te despierta el instinto maternal.Es una pena que aún no tenga padre para la criatura, pero prometo que, si no se da el caso, lo tendré sola. Seré una encantadora y guapísima madre soltera. ¡Y punto!–Oye, tierra llamando a Kat. ¿Me escuchas? –que hartura de hombre.–Te escucho perfectamente. Y no me llames Kat así con tanta confianza. No soy ningún gato y tampoco te di permiso para que me trates con tanta familiarid
—Terminemos ya con toda esta tontería —Ethan se puso en pie—. Sencillamente no pueden estar casados. —Ethan cariño, sí que lo estamos —su madre le enseña en seguida el dedo donde porta la alianza.—Tonterías. ¿Cómo vas a estar casada con él, si nunca te divorciaste de papá?Aquello fue como un jarro de agua fría e inmediatamente todas las miradas acusatorias recayeron sobre Susan. Al padre de Katherine no le salían las palabras. Solo miraba intensamente a la mujer con la que se había casado. ¿Susan no se divorció? Eso no puede ser, eso la convertiría en una bígama.—Eso que dice es cierto —Susan tomó de las manos a su marido para infligir seguridad—. Mi amor respira tranquilo, yo nunca me divorcié por el sencillo motivo de que nunca estuve casada.La sonrisa en la cara de Susan era genuina, de placer absoluto al darle la noticia al hombre del que se había enamorado. —Pero… pero, siempre se la ha conocido en el pueblo como señora Monroe, todos siempre la hemos llamado así —Katherine
Tanto Ethan como la mujer que habita en la casa y parece pasar de él, llevan ya despiertos y en acción desde hace algo más de una hora. Decidieron ir al café de la madre de Ethan, que por cierto ya ha comentado en alguna que otra ocasión que ahora regenta el local su hermano, Aaron Brooks.Durante el trayecto le va explicando a la callada Katherine, que el zángano de su hermano no quiso estudiar después de terminar el instituto, que lo acogió un tiempo en su casa mientras decidía qué hacer con su vida y que no se esperaba que su hermano volviera tan pronto a la ciudad de su infancia.Al principio pensó que solo era un capricho y que pronto se cansaría de pegarse diariamente madrugones para servir cafés, pero Ethan estaba muy equivocado y en estos años el chico había conseguido aumentar las ganancias del negocio al triple, todo gracias a nuevas estrategias de marketing y de fidelización de los clientes. Tenía que admitir que a su hermanito se le daba bastante bien regentar y gestionar
KatherineSalgo huyendo en dirección a la puerta, intentando huir del momento incómodo que ha surgido entre los dos. Sinceramente no creo que a Ethan le importe o intimide tanto verme vestida así, cómoda, al fin y al cabo, yo no soy su tipo. Es una de las cosas que más claras me dejó en el pasado.—Sí ¿Quién es?Abro la puerta rápido, intentando huir de la situación que he dejado a mis espaldas.—Su pedido señorita —oh, es un chiquillo de apenas dieciséis años, no muy alto, pero bien parecido.Se ha quedado a falta de una sílaba para completar el -señorita-. No respira, apenas parpadea y su br







