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Autor: Sassenach W
last update Data de publicação: 2026-08-06 06:43:01

Pero ella se acordaba. Por supuesto que se acordaba. Cuando no estaba maldiciendo a ese hombre por haberle hecho daño, pasaba más tiempo del que debería maldiciéndolo por darle el tipo de sexo que nunca antes ni después había vuelto a encontrar. Un sexo que te abrasaba el alma, a veces tierno, a veces sucio, pero siempre íntimo. Le complacía en secreto saber que él tampoco había vuelto a encontrar eso. O al menos eso decía él. Aunque claro, tal vez esa era otra táctica del manual del mujeriego. ¿Cómo saberlo?

Tessa se obligó a sostenerle la mirada con frialdad. Respiró hondo y soltó la mayor mentira de su vida. —Tú no me haces falta.

Debería haber recordado que nada encendía tanto el instinto competitivo de David como un desafío. Vio un destello de calor en sus ojos, ira y gula y una mezcla de emociones que no podía ni empezar a identificar. En un segundo estaba allí de pie ante ella y al siguiente la estaba arrastrando hacia él, aplastando su boca contra la suya tan rápido que ella no habría podido apartarse ni intentándolo. Soltó una protesta ahogada, se revolvió contra él y luego, a medida que la inevitable marea de calor la inundaba, se encontró derritiéndose en ese abrazo tan pero tan familiar. La dureza inicial de su beso se suavizó y él empezó a jugar con ella, encendiendo todas sus respuestas hasta dejarla loca de lujuria reprimida y con una necesidad tan fuerte que no podía ni empezar a sofocar. Las piernas le flaqueaban tanto que se agarró a él, respondiendo de forma salvaje, descontrolada. Cada parte de su cuerpo le dolía, le ardía y le palpitaba. Si la tirara al escritorio ahora mismo, o incluso al suelo, ella dejaría que la tomara y ambos lo sabían.

Entonces, tan de repente como se había abalanzado sobre ella, se soltó y dio un paso atrás. Su respiración era más rápida de lo normal, su boca estaba húmeda por la de ella. Aun así, se las apañó para sonar sereno cuando dijo: —No creo que te crea. —Luego se giró y se dirigió hacia la puerta—. No trabajes hasta muy tarde.

—¿Qué me dices de este chico? —preguntó Megan mientras pasaban los perfiles de los hombres solteros en el sitio de citas que, según insistía, tenía el mayor éxito con los solteros de Solmere.

Estaban en el despacho de Tessa y Megan acababa de terminar de configurar su cuenta. Hacía apenas veinticuatro horas, Tessa sabía que no habría creado un perfil, pero desde aquel beso abrasador de ayer, estaba decidida a salir ahí fuera e intentar encontrar a un hombre genuino y decente. Uno que no la derritiera con sus besos cada vez que reapareciera en su vida. Pero el hombre cuya foto estaba viendo en su portátil definitivamente no era ese tipo de hombre.

—Quiero corregir su ortografía —dijo.

Megan soltó una risita y pasó al siguiente. Cresta mohicana, tatuajes y un collar de perro con pinchos.

—Qué asco —dijeron al unísono.

El tercer perfil presentaba a un hombre de aspecto perfectamente normal con gafas, una melena completa y, lo que era quizás más importante, un perfil escrito por alguien que evidentemente había aprobado la secundaria.

—Es ingeniero. Nunca se ha casado, pero busca pareja. —Megan levantó la vista hacia ella—. Eso está bien, ¿no?

—Sí. —Tessa terminó de leer su perfil—. Me gusta que mencione que le gusta tomarse las cosas con calma. De verdad que no puedo con nada rápido en este momento.

—Genial, vamos a enviarle un guiño —dijo Megan, pulsando un par de botones antes de que Tessa pudiera apartarle la mano de un manotazo.

—¿Qué has hecho?

Megan se rio, ese trino alegre de una mujer que sale con chicos a menudo y no tiene secuelas del amor. Aún. —Tienes que hacerles saber que estás interesada. Así es como funciona. Mandas un guiño.

—No estoy nada preparada para esto.

—Claro que lo estás. —Su asistente salió bailando del despacho—. Llámame si me necesitas.

Megan ni siquiera había llegado a la puerta cuando un ruido extraño procedente de su portátil hizo que Tessa diera un chillido: —Te necesito.

Megan se asomó por encima del hombro. —Oye, te ha devuelto el guiño.

—¿Eso es bueno?

—Es genial. Significa que ha leído tu perfil y le interesas. Está en línea ahora, así que podéis chatear. Mira, te ha mandado un mensaje. Ábrelo.

«Hola, Karen. Veo que eres virgen».

—¿Virgen? —chilló ella—. ¿Qué es, un pervertido?

—¿Quieres relajarte? —insistió Megan—. Sigue leyendo. Se refiere a que eres nueva en la página. No me puedo creer que nunca hayas probado las citas por Internet.

—Ah. Dice: «Aquí tienes un poco más sobre mí». Hum, creo que ha adjuntado su currículum.

—Dale una oportunidad al chico. Y recuerda que hay muchísimos hombres ahí fuera, así que sigue buscando si este no funciona.

—Vale. Gracias.

Siguió leyendo. Le había enviado un perfil, obviamente redactado con antelación para este tipo de ocasiones, y cuando terminó no quedaba casi nada de su trayectoria académica y laboral que no supiera. Se llamaba Joe y de verdad sonaba como un buen chico. Nada extravagante, lo cual estaba bien.

Estaba bastante segura, por ejemplo, de que no empujaría a una mujer contra su propio escritorio para besarla hasta dejarla sin sentido. Ciertamente no sin pedir permiso primero. Y estaba recontra segura de que no saldría a paso de marcha de su despacho tras dejar claro que ella todavía se sentía desesperadamente atraída por él, dejándola echando chispas de frustración sexual además de enfadada por su propia estupidez. Lo cual hacía que Joe estuviera muchísimo más cerca de la perfección que ciertos hombres que ella se abstendría de nombrar.

Le respondió a Joe, contándole un poco sobre ella. Luego volvió al trabajo. Cuando volvió a revisar su correo electrónico al final del día, tenía unos cuantos guiños al azar y Joe había respondido. Tenía que admitir que daba gusto mantener una conversación de «vamos a conocernos» con un hombre, aunque fuera rozando el anonimato. Tampoco es que no hubiera salido con nadie más después de David, pero no había sido nada serio, y habían pasado unos cuantos meses desde la última vez que había salido con un chico o le había dado a alguno la oportunidad de conocerla.

Joe terminó invitándola a tomar un café. «Siempre quedo a tomar un café en la primera cita», explicó él, obviamente teniendo en cuenta su condición de «virgen». «Sin presiones. Solo es una hora de nuestro tiempo y si no queremos continuar, no pasa nada. Y si queremos, pues seguimos desde ahí. ¿Qué te parece?».

¿Qué le parecía?

No tenía ni la menor idea, así que decidió exponerle la situación entera a sus mejores amigas, Isabella y Olivia.

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Último capítulo

  • DE VUELTA A TI   91

    “¿El padrino?”, le preguntó David a Paul.“Encantado de ayudar. Soy Paul, por cierto”. Los hombres se dieron la mano.“¿Pero quién me va a llevar al altar?”.Joe dio un paso adelante. “Sería un honor para mí, como amigo que te aprecia muchísimo, llevarte hasta el altar”.“¿Pero Laurel? Tendrás que ser dama de honor. No puedo dejar fuera a Laurel”.“La verdad es que no voy vestida para la ocasión”.Todos la miraron con uno de sus habituales atuendos vaporosos y Tessa pensó que nunca se había visto mejor. “Estás perfecta”.“¿Qué queréis que haga yo?”, preguntó la tía, pareciendo mucho menos histérica ante este cambio de planes de lo que Tessa se habría imaginado.“Tal vez podrías hacer un anuncio”, dijo David. “Si te ves con ánimo”.“Supongo que no es más complicado que hablar ante la Asociación de Damas”, le informó ella con picardía.“Entonces, en marcha”.Él la tomó de la mano con fuerza y caminaron hacia las puertas dobles que daban al invernadero.“Mis amigos no están aquí”, le sus

  • DE VUELTA A TI   90

    Pearl asintió. “A mí me pasó la primera vez que vi a Paul. Claro que yo solo tenía catorce años por aquel entonces y él ni sabía que yo existía. Pero no me importó. Lo quería de todas formas”.En ese momento entró David. Tessa lo miró al otro lado de la habitación, recordó el primer día que se conocieron y cómo le había bastado una sola mirada para sentir que el tiempo se detenía y el mundo se paralizaba.“Me pregunto si a mí también me pasó”, dijo. —----------- “¿Qué te pasó a ti también?”, preguntó David.Tessa ignoró su pregunta. “Dime que tienes noticias”.“Esperaba que tú tuvieras alguna”.Ella sacudió la cabeza. “Si tan solo la feliz pareja hiciera acto de presencia, esta sería una boda fantástica”.“No entres en pánico hasta que sea necesario”, le aconsejó Pearl. Sus ojos marrones estaban llenos de empatía. Era genial tener una amiga como Pearl. Sabía que Tessa no se preocuparía si no hubiera motivos para hacerlo. “Hay cosas que no podemos controlar”.Por alguna razón, ambas mi

  • DE VUELTA A TI   89

    Él asintió con la cabeza, sin sorprenderse en absoluto de haberla impresionado una vez más. Aunque claro, con los precios que cobraba, más le valía ser impresionante.Ella se escurrió de nuevo hacia el salón de baile después de que el equipo floral hubiera terminado, como hacía siempre, comprobando que todo estuviera perfecto. Mientras caminaba entre las filas de sillas, ajustando esta de aquí, moviendo una planta en maceta medio centímetro hacia allá, su mirada se posó en una maceta de rosas amarillas. Al acercarse para tocar un pétalo suave de color amarillo crema, sintió cómo una extraña paz se apoderaba de ella.El amor sí importaba.Todos los días había parejas lo bastante valientes como para comprometerse ante amigos y familiares, cínicos y románticos, e intentar dar lo mejor de sí para que funcionara. Se tomó un momento para desearles en silencio a Sophie y Stewart éxito en su vida matrimonial.Había estado sola, con doscientas sillas vacías y cientos de plantas en flor represe

  • DE VUELTA A TI   88

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  • DE VUELTA A TI   86

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