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Autor: Sassenach W
last update Data de publicação: 2026-08-12 00:26:21

—¿Citas por internet? —dijo Isabella esa noche cuando Tessa y Olivia llegaron a su casa para la noche de chicas—. Guau. Sin ofender, pero incluso siendo yo la "loca" del grupo, jamás pensé que te considerarías buscar pareja por internet, aunque supongo que es bueno que estés volviendo a pensar en tener citas en serio.

Olivia asintió de acuerdo: —Izzy tiene razón —dijo—. En realidad nunca recuperaste tu chispa alocada después de lo de aquel tal David.

Tessa puso los ojos en blanco y se encogió de hombros. —Bueno —dijo, ignorando a propósito el comentario sobre David—, no solo tengo que usarlo para buscar pareja. Una podría usar la página para conseguir rollos de una noche.

—¿Rollos de una noche? ¿En serio? —preguntó Olivia.

—Oye, para gustos, colores.

—Ahí está la locura —añadió Isabella—, y nosotras que pensábamos que se había esfumado.

Tessa le dio un gran mordisco a un brownie antes de decir: —Sinceramente, ni siquiera sé qué estoy haciendo. Creo que tengo miedo.

—Cielo, contratas acróbatas para bodas. Arrastras a los novios para que lleguen a tiempo a la ceremonia. Una vez te vi escalar personalmente a un árbol para arreglar una guirnalda de luces. Y llevando tacones de diez centímetros. Creo que puedes manejar a un tío de una página de citas.

—Supongo que tienes razón. —Se llevó una mano al pecho, donde el corazón le latía desbocado.

Olivia la miró con preocupación. —Pareces mucho más alterada de lo que sería normal para una cita a tomar café. ¿Qué pasa? Además, ni siquiera nos has contado la razón de este cambio tan repentino sobre salir con gente.

—Ay, Liv, es todo un lío —se lamentó Tessa e inmediatamente se metió el último trozo de brownie en la boca. Una vez que obtuvo todo el consuelo que la comida podía ofrecerle, miró a sus amigas y suspiró—: Hoy he visto a David —les contó.

—Aaaah...

—¿Qué?

Isabella y Olivia soltaron las palabras al mismo tiempo.

—¿Cómo? —preguntó Olivia.

Así que Tessa les contó todo a sus amigas. Cómo había entrado en su oficina con Sophie Michaelson, cómo era el padrino de la boda de Sophie, cómo había vuelto él solo más tarde y terminó contando lo del beso.

—¡Capullo! —fue la sucinta respuesta de Isabella a la historia. Algo por lo que Tessa estuvo enormemente agradecida—. ¿Y ahora piensa que puede entrar como si nada en tu negocio e intentar volver a meterse en tus pantalones? Vamos, ni de coña.

—Ya, lo sé.

—Es una jugada muy ruin.

—Salir por ahí y conocer a hombres nuevos es una idea fantástica. De verdad. Te distraerá de tu ex —dijo Olivia.

—Supongo que tienes razón —respondió Tessa.

—Tiene razón. ¿Y sabes qué más necesitas? —preguntó Isabella.

Tessa pensó en algunos de los típicos consejos bienintencionados y no se le ocurrió ninguno: —Por favor, no digas juguetes sexuales.

Isabella le dirigió una sonrisa de oreja a oreja. —Asumo que ya tienes un buen repertorio, como debería tener toda mujer.

—Lo tengo.

Isabella se rió: —Pero no, me refería a una noche de chicas fuera de casa.

Tessa suspiró: —Ay, me encantaría. Ha pasado un buen tiempo desde que salimos las tres juntas. Lo único que hacemos últimamente es sentarnos por aquí a ver la tele. —Un descanso de las preocupaciones y el estrés con sus amigas le vendría de maravilla—. Solo tenemos que buscar un día en el que estemos todas libres. Por desgracia, voy a estar a tope este fin de semana y el que viene.

—No pasa nada. —Y al ver que Tessa abría la boca para protestar, Isabella la frenó diciendo—: Y, Sra. Organizadora Extraordinaria, esta la voy a organizar yo. Tú solo vienes, salimos y nos lo pasamos bien. Eso es todo. ¿Entendido?

Impulsivamente, la abrazó: —Entendido. Gracias.

—------------

—Somos Caballitos de Mar —explicó la voz al otro lado del teléfono.

Tessa cerró los ojos. Definitivamente no cobraba lo suficiente para este trabajo. —¿Caballitos de mar? A lo mejor lo que necesita es un acuario, no una organizadora de bodas —dijo lo más amablemente que pudo.

La risa de la joven resonó repentina y alta en su oído: —No, quiero decir que Colin, el chico con el que me voy a casar, y yo pertenecemos al club de submarinismo Los Caballitos de Mar.

—Ah, vale, ya la entiendo.

—Debes de haber pensado que estaba loca —dijo la mujer, con otra carcajada estruendosa. Tessa se unió con una risita educada, sin admitir que efectivamente había asumido que la mujer estaba para que la encierren—. Antes de hacernos perder el tiempo a las dos con una reunión, quiero preguntarte si podrías organizar una boda submarina.

—¿Una boda submarina, en plan La Sirenita?

—Supongo que algo así. Verás, buceamos entre barcos hundidos cerca de la costa y pensamos que sería superguay casarnos bajo el agua.

—Vaya, ¿a que sí? —Tessa se froto la sien. Era imposible que le entrara dolor de cabeza tan rápido—. Aunque va a ser difícil cortar la tarta.

Más risas respondieron a su comentario: —Ya veo que nos vamos a llevar bien. No, lo que estoy pensando es si podríamos alquilar un barco con fondo de cristal para los invitados y que Colin y yo nos casemos debajo. No se nos habría ocurrido, pero conocimos a un juez de paz que también bucea. Podría realizar la ceremonia desde el barco y, en lugar de decir "sí, quiero", haríamos la señal del pulgar hacia arriba. ¿No es totalmente genial?

—Oh, totalmente —respondió Tessa, intentando no sonar sarcástica.

—Queremos casarnos el próximo agosto. Necesitamos algunas ideas. De verdad queremos que nuestra boda destaque como algo diferente.

Por eso no habría problema.

—Entonces, ¿lo harás?

—¿Organizar una boda en un barco con fondo de cristal para que dos submarinistas hagan la señal del pulgar hacia arriba? —Negó con la cabeza—. Claro, ¿por qué no?

—¡Genial! ¿Cuándo podemos ir a verte?

Fijó una cita para los enamorados del submarinismo, y luego estuvo a punto de venirse abajo y romper a llorar cuando su siguiente cita le informó de que quería una boda completamente tradicional. Iglesia, flores, vestido blanco, damas de honor, banquete en un hotel, todo sencillo, sobrio y normal. Qué descanso.

Mientras terminaba la propuesta, Sophie Michaelson llamó, sonando entusiasmada: —He oído que Melissa Stanhope consiguió la tarta más divina para su boda de este sábado.

—Sí, es preciosa. Laurel, nuestra repostera, tiene un verdadero don.

—¿Pero la carroza de Cenicienta? Es una idea alucinante.

Tessa recordó entonces que habían sido los Stanhope quienes le habían recomendado sus servicios a los Michaelson. —Y lo mejor de todo es que la tarta está hecha con calabaza.

—¡Lo sé! Ella me lo contó. ¿Puedo tener algo así para mi boda?

—Por supuesto que sí. —¿Es que esta mujer no tenía ni una sola idea original propia?—. No la misma tarta, por supuesto, porque Laurel crea un diseño único para cada evento, pero puedes darle unas pautas.

Un suspiro flotó a través del teléfono: —Mi madre quiere una tarta tradicional de varios pisos con los muñequitos de la novia y el novio en la parte superior, pero yo quiero algo más romántico, más "yo".

—Estoy segura de que podemos encontrar algo que os haga felices tanto a ti como a tu madre —dijo diplomáticamente.

—Eso espero. En fin, nos vemos el próximo sábado.

—¿El próximo sábado?

—En la boda de Melissa.

—Ah, claro. Aunque no voy como invitada. Si hago bien mi trabajo, ni siquiera deberías notarme.

Sophie se rió con su elegancia habitual: —Nadie podría pasar por alto tu presencia.

Antes de que pudiera preguntarle qué se suponía que significaba eso —de forma educada, por supuesto—, la mujer ya se había colgado.

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