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CAPÍTULO 49

Penulis: Nancy Grey
last update Tanggal publikasi: 2026-09-13 05:48:26

Punto de vista de Lia

El alivio me inundó.

—Gracias.

—Además —añadió Dante, una sonrisita curvándole los labios—, ver a mi hermano idiota intentar recuperarte mientras estás de pie justo al lado del hombre que anoche te folló hasta no poder más… Eso va a ser entretenido.

Sentí que se me calentaba la cara.

—Dante…

—¿Qué? —preguntó, inocente, aunque los ojos le bailaban de diversión—. Es verdad. Cada vez que intente tocarte, vas a estar pensando en mis manos en ti. Cada vez que intente coquetear,
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  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR    CAPÍTULO 61

    Punto de vista de LiaUna sonrisa indefensa y ganas se me curvó en los labios a pesar del revoloteo nervioso en el estómago.—Eso es exactamente lo que quiero —susurré, la voz temblando de honestidad.La mano grande le bajó por el cuerpo con una intención deliberada y posesiva: trazando la curva de la cintura, deslizándose por el ensanche de la cadera, luego metiéndose con descaro bajo el bajo de los pantaloncitos minúsculos de dormir. Las yemas ásperas y callosas me rozaron la piel sensible de los muslos interiores, haciéndome temblar, antes de cubrirme el coño empapado con posesividad. Jadeé de golpe cuando arrastró dos dedos gruesos despacio por los pliegues resbaladizos e hinchados, recogiendo mi humedad abundante con un tarareo bajo de aprobación.—Tan jodidamente mojada ya —murmuró, casi para sí—. Chorreando por mí… por esto.Me apretó el glúteo con fuerza con la otra mano, amasando la carne suave, y luego deslizó los dedos otra vez entre los glúteos. La yema del dedo corazón me

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    Punto de vista de LiaCompletamente, inconfundiblemente excitado. Y yo acababa de rozarle la erección a través de la tela fina del pantalón de pijama.Lo sentí tensarse detrás, lo sentí inspirar de golpe.Un momento no se movió ninguno. No respiró ninguno. Solo nos quedamos congelados: yo de espaldas a él, él con el cuerpo encerrándome contra la encimera, los dos hiperconscientes de lo que acababa de pasar.—Lia —dijo Víctor en voz baja, la voz ronca y tensa. Un aviso. O un ruego. No supe cuál.Debería moverme. Apartarme. Crear distancia entre nosotros y fingir que esto no estaba pasando.Pero no lo hice.En vez de eso moví las caderas otra vez —esta vez a propósito—, apretándome contra él con un balanceo mínimo y lento. Sentí el largo entero y pesado de su polla latir contra mí en respuesta.Víctor soltó un sonido bajo y gutural en lo hondo de la garganta, algo entre un gemido y un gruñido que le vibró por el pecho y me recorrió la columna. La mano libre bajó a posarse en la cadera,

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    Punto de vista de LiaMe desperté jadeando.Los ojos se me abrieron de golpe en la oscuridad de la habitación, el corazón martilleando, el cuerpo entero temblando de una excitación sin cumplir.Tardé varios segundos en orientarme. En acordarme de dónde estaba. En darme cuenta de que había sido un sueño.Solo un sueño.Pero dios, se había sentido tan real. Todavía casi sentía sus manos en mí, todavía oía sus voces en los oídos, todavía sentía la sensación fantasma de estar llena de los dos.Me moví en la cama y noté la humedad entre los muslos. El camisón subido alrededor de la cintura. Las bragas absolutamente empapadas.En el sueño había estado tan cerca. Justo al borde de correrme. Y despertarme me lo había robado, dejándome desesperada, doliendo y completamente insatisfecha.Me quedé tendida un rato largo, intentando que el cuerpo se calmera, intentando ignorar el latido persistente entre las piernas.Pero no funcionaba. Si acaso, estar despierta y pensar en el sueño —en lo que Dan

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    Punto de vista de Lia—Eso es —animó Dante, suave—. Lo estás haciendo muy bien. Relájate, nena. Deja que el cuerpo se abra para mí.Empujó un poco más —solo el primer nudillo— y se detuvo, dejándome acostumbrarme a la sensación desconocida de que me penetraran ahí.Se sentía raro. No exactamente doloroso, pero desde luego extraño. Intenso. Una plenitud distinta a cualquier cosa que hubiera vivido.Y por delante también seguía llena: la polla seguía enterrada en el coño, gruesa y dura, y ahora tenía su dedo trabajando despacio dentro del culo.—¿Cómo se siente? —preguntó Dante, quedándose completamente quieto, dándome tiempo.—Raro —admití, sin aire—. Pero… no mal. Solo distinto.—Va a ir a mejor —prometió Dante—. El cuerpo se va a acostumbrar. Y cuando estés lista —cuando puedas tomar más— se va a sentir increíble. Estar llena en los dos sitios a la vez. Fíate.Empujó el dedo un poco más hondo —hasta el segundo nudillo ahora— y jadeé ante la sensación.—Respira —me recordó Dante, suav

  • DESEOS PROHIBIDOS: LOS DADDIES SABEN MEJOR     CAPÍTULO 57

    Punto de vista de LiaNo provocó. No entró despacio.Me agarró las caderas con las dos manos y empujó hacia adelante de un solo golpe potente, llenándome por completo, estirándome, sentándose tan hondo que lo sentí en todas partes.Jadeé ante la invasión súbita —el estiramiento, la plenitud, el ardor ligero de que me tomaran tan del todo— y Dante gimió largo y grave.—Dios, sí —gruñó, los dedos clavándoseme en las caderas lo bastante para moretear—. Tan apretada. Tan perfecta. Te sientes increíble.Se retiró hasta que solo quedó la punta dentro y luego volvió a entrar de golpe, duro.Grité, las manos agarrando el respaldo del sofá, el cuerpo entero balanceándose hacia adelante con la fuerza de su empujón.Marcó un ritmo brutal de inmediato: sin preparación suave, sin subida lenta. Solo empujones duros, hondos e implacables que daban en cada punto sensible dentro de mí y hacían crujir el sofá debajo.—Esto es lo que necesitas —dijo Dante, ronco, subrayando las palabras con empujones es

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    Punto de vista de LiaAntes de que pudiera responder, antes siquiera de procesar lo que acababa de prometerme, me besó otra vez.Este beso era distinto del primero. Más urgente. Más exigente. La lengua le barreó la boca con una posesión absoluta, reclamándome, saboreándome, devorándome como si no pudiera tener bastante.Las manos fueron a la cintura, agarrándome con firmeza, y de pronto me estaba levantando.Jadeé contra su boca y por instinto le rodeé la cintura con las piernas, los brazos yendo a su cuello para agarrarme. Me sostuvo fácil, la fuerza evidente en lo sin esfuerzo que aguantaba mi peso.Nos cruzó el estudio, los labios sin dejar los míos, sorteando caballetes y material de pintura con la seguridad de quien conoce este espacio de memoria incluso con los ojos cerrados.Luego sentí que me bajaba. No al suelo, sino a algo suave.Abrí los ojos y vi que nos había llevado a un sofá grande de cuero, gastado, junto a las ventanas: probablemente donde se sentaba a contemplar su o

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