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ADIÓS MEIN LING

last update publish date: 2026-09-12 13:56:54

El trayecto desde el penthouse hasta la mansión de los Di Santi transcurrió entre la quietud de la mañana y la certeza silenciosa de que las cosas ya no volverían a ser iguales. Al cruzar las puertas de seguridad, el ambiente en el recibidor reflejaba el peso de los últimos días.

En la amplia sala principal ya se encontraban reunidos los hermanos Di Santi —Alessandro, Damián y Bianca—, junto con Thiago y Alessia Ling, acompañados por su tío Zhang y su tía Yang. Cassandra y Clara brillaban por s
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  • DINASTÍA DI SANTI-LING   RECONCILIACIÓN A MEDIAS CON LAS MATRIARCAS

    La puerta de la habitación principal se cerró con un clic sordo, aislando el eco de los gritos y la tensión que aún flotaba en la planta baja. La estancia estaba envuelta en una penumbra silenciosa. Cassandra se cruzó de brazos frente a los grandes ventanales, dando la espalda a la entrada, con la mandíbula tensa y los hombros cargados de una furia fría que llevaba años acumulando.Ángelo se quedó de pie junto al umbral, con el peso de la culpa pesándole en los hombros como pocas veces en su vida. Pasó una mano por su cabello, barriendo los rastros de frustración, antes de dar unos pasos cautelosos hacia ella.—Cassandra... —empezó él con voz ronca, intentando encontrar un terreno firme.—¿Qué, Ángelo? ¿Qué vas a decirme ahora? —lo cortó ella, girándose de golpe con los ojos oscurecidos por el dolor y la rabia—. ¿Que fingir tu propia muerte fue por nuestro bien? ¿Que dejar que tus propios hijos carguen con el luto, con el odio y con la culpa fue una brillante estrategia?—Tenía que ha

  • DINASTÍA DI SANTI-LING   UNIÓN Y TENSIÓN EN EL ALMA

    El aire en el sótano aún conservaba el olor a hierro y pólvora cuando los líderes se apartaron de los restos de Mein Ling para reunirse de urgencia en el despacho principal de la mansión. Alessandro, Thiago, Alessia, Bianca, Zhang, Yang, Luciana y Damián rodearon la mesa de caoba con los rostros endurecidos. Entre las sombras, Li Wei permanecía callado, observando cómo sus hijos y nietos habían terminado el trabajo que su generación dejó inconcluso, purgando a la serpiente que durante décadas los había envenenado.Enzo se apoyó en el borde de la mesa, con la mandíbula tensa.—Hablé con Ángelo hace unas horas. Tengo la confirmación absoluta: Rogelio Sandoval, "El Toro Negro", está detrás de Luciana —anunció Enzo sin rodeos, dejando que la gravedad de sus palabras cayera sobre todos—. Su gente intentó llevársela en el club, y no van a frenar hasta quebrarla.La tensión en la estancia se condensó de inmediato. No hubo dudas ni vacilaciones; los Di Santi y los Ling se pusieron en alerta m

  • DINASTÍA DI SANTI-LING   ADIÓS MEIN LING

    El trayecto desde el penthouse hasta la mansión de los Di Santi transcurrió entre la quietud de la mañana y la certeza silenciosa de que las cosas ya no volverían a ser iguales. Al cruzar las puertas de seguridad, el ambiente en el recibidor reflejaba el peso de los últimos días.En la amplia sala principal ya se encontraban reunidos los hermanos Di Santi —Alessandro, Damián y Bianca—, junto con Thiago y Alessia Ling, acompañados por su tío Zhang y su tía Yang. Cassandra y Clara brillaban por su ausencia, retiradas en una de las alas privadas de la mansión, aún procesando el colapso emocional de saber que sus esposos habían vuelto de la muerte. Cassandra y Clara se encontraban demasiado delicadas para soportar otra reunión de alta tensión. A un lado, manteniendo una postura de vigilancia férrea, estaba Larry. Arrieta, el exesposo de Mein Ling, quien observaba el suelo con una mezcla de culpa y amargura contenida. Enzo y Luciana entraron juntos. Aunque las secuelas físicas de su prim

  • DINASTÍA DI SANTI-LING   TATUAJES Y ENOJO

    La luz pálida y dorada del amanecer comenzó a filtrarse lentamente por los grandes ventanales del penthouse, disipando las sombras de la noche y tiñendo las sábanas revueltas de un tono cálido y tranquilo.Enzo yacía despierto, con la espalda apoyada contra el respaldo de la cama y el brazo izquierdo extendido, sosteniendo el peso de Luciana, que dormía profundamente con la cabeza apoyada sobre su pecho. Su respiración era suave, acompasada, y cada latido de su corazón contra el de él era la prueba más firme de lo que habían sellado horas antes.Con extremo cuidado para no despertarla, Enzo estiró el brazo derecho hacia la mesita de noche donde descansaba su teléfono satelital. Marcó los dígitos con rapidez y esperó apenas un tono antes de que la voz ronca y eficiente de Larry respondiera al otro lado de la línea.—¿Patrón?—Larry. Escúchame bien —habló Enzo en un susurro grave, pegado al aparato, vigilando que Luciana ni siquiera se moviera—. Vas a mandar a preparar un desayuno espec

  • DINASTÍA DI SANTI-LING   ENTREGA EN LUNA LLENA

    La luz de la luna llena seguía bañando la habitación en una claridad plateada, pero dentro de ese refugio blindado el aire ya se había vuelto denso, febril y cargado de una electricidad cruda.Enzo se cernió sobre ella con una devoción hambrienta. Pero antes de bajar, se detuvo. Un segundo, solo para mirarla, para memorizarla, para grabar en los huesos cómo se veía Luciana bajo la luna, con el pelo desparramado en la almohada como una corona oscura, con los ojos brillando, con los labios entreabiertos, con el pecho subiendo y bajando rápido.—Dios, qué hermosa eres —murmuró Enzo con la voz rota, acariciándole la mejilla con el dorso de los dedos, despacio, como si tuviera miedo de mancharla con sus manos curtidas—. Cómo es posible que estés aquí conmigo.—Porque te elegí —susurró ella, girando la cabeza para besarle la palma.Esas palabras le llegaron a Enzo directo al pecho. Cerró los ojos, las dejó entrar y cuando los abrió, ya no era solo deseo lo que ardía en ellos. Era gratitud,

  • DINASTÍA DI SANTI-LING   EL ÁNGEL Y EL TORO NEGRO

    Las palabras de Luciana se habían quedado flotando en el aire del penthouse mientras Enzo la mantenía sentada en el amplio sillón de piel frente a los ventanales. El ambiente era denso, cargado de reproches acumulados y de la verdad que por fin salía a la luz.—¿Me vas a decir que mi padre, Ángelo, y Li Wei, mi cuñado, te dijeron todo eso... mientras fingían su propia muerte? —espetó Luciana con los ojos anegados en lágrimas pero ardiendo de coraje, cruzándose de brazos—. ¿En qué demonios estaban pensando? ¡Juegan con fuego y nos usan como si fuéramos piezas de un maldito tablero!Enzo se pasó las manos por el rostro, con la mirada suplicante y el alma hecha pedazos, dando un paso al frente para arrodillarse frente a ella y tomarle las manos.—Sí, Luciana... tu padre y Li Wei me lo dijeron todo —confesó él con la voz rota—. Y lo hice por no perderte, entiéndeme de una vez. ¡Yo te amo! Me enfrento al infierno entero y a mi propia familia por ti, mi reina.Luciana sollozó con fuerza, cu

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