FAZER LOGINLas palabras de Luciana se habían quedado flotando en el aire del penthouse mientras Enzo la mantenía sentada en el amplio sillón de piel frente a los ventanales. El ambiente era denso, cargado de reproches acumulados y de la verdad que por fin salía a la luz.—¿Me vas a decir que mi padre, Ángelo, y Li Wei, mi cuñado, te dijeron todo eso... mientras fingían su propia muerte? —espetó Luciana con los ojos anegados en lágrimas pero ardiendo de coraje, cruzándose de brazos—. ¿En qué demonios estaban pensando? ¡Juegan con fuego y nos usan como si fuéramos piezas de un maldito tablero!Enzo se pasó las manos por el rostro, con la mirada suplicante y el alma hecha pedazos, dando un paso al frente para arrodillarse frente a ella y tomarle las manos.—Sí, Luciana... tu padre y Li Wei me lo dijeron todo —confesó él con la voz rota—. Y lo hice por no perderte, entiéndeme de una vez. ¡Yo te amo! Me enfrento al infierno entero y a mi propia familia por ti, mi reina.Luciana sollozó con fuerza, cu
La caravana de vehículos de alta gama atravesó los imponentes portones de seguridad del Club Privado de la Familia Turner, un santuario exclusivo rodeado de jardines minimalistas y vigilancia de alcurnia donde las reglas del mundo exterior simplemente no aplicaban.El primero en descender de su auto fue Alessandro, quien de inmediato le abrió la puerta a Anya Turner, su novia e hija del dueño del lugar, tomándola de la mano con una mezcla de complicidad y firmeza. Detrás de ellos, los amigos de Luciana y Mateo bajaron con cierta cautela, intentando asimilar el lujo y la tranquilidad del sitio tras el altercado en el Onyx. Mateo, aunque mantenía una fachada tranquila, no le quitaba los ojos de encima a Luciana, tragándose en silencio los celos y el profundo amor que sentía por ella, sabiendo que en cualquier momento se jugaba la vida con solo acercársele demasiado.—Bienvenidos al club de mi familia. Aquí nadie va a venir a incomodarlos con jueguitos estúpidos —les aseguró Anya con una
El bullicio ensordecedor del Club Onyx vibraba desde la entrada, donde las luces neón de colores cambiantes cortaban la oscuridad y el bajo de la música hacía temblar el suelo. El grupo cruzó el acceso VIP con pasos seguros: Vicente y Armando abrieron el camino entre la marea de gente, mientras Luciana y Alessandro ingresaban al corazón del lugar envueltos en una atmósfera de absoluta tensión y expectativa.En cuanto pisaron la zona de los reservados, Alessandro divisó rápidamente una mesa iluminada tenuemente. Anya lo esperaba sentada allí con una copa en la mano, charlando con un par de conocidos. Al ver llegar a su pareja, el rostro de Anya se iluminó con una sonrisa brillante. Alessandro se acercó a ella de inmediato, rodeándole la cintura y plantándole un beso cómplice en los labios antes de acomodarse a su lado.Por su parte, Luciana no tardó en avistar a sus compañeros de la universidad cerca de la barra.—¡Chicos! —exclamó Luciana con una sonrisa luminosa, acercándose a saluda
La noche había avanzado sobre la costa, regalando un cielo despejado repleto de estrellas que se reflejaban en el mar oscuro. Junto a la orilla de la playa privada del chalet, Nico había encendido una fogata pequeña pero acogedora. Sentados sobre mantas gruesas y abrigados con suéteres ligeros, ambos sostenían varillas de metal con malvaviscos tostándose lentamente al calor de las brasas.Para Bianca, el peso de los últimos días parecía haberse desvanecido por completo. Se sentía cómoda, en paz y genuinamente feliz, riendo mientras los malvaviscos se pasaban de tueste.Nico la miró con una sonrisa nostálgica, removiendo las brasas con una ramita antes de decidirse a hablar de algo que rara vez compartía con alguien.—A veces siento que haga lo que haga en la empresa de mis padres, nunca es suficiente —confesó Nico en voz baja, mirando el fuego—. Mi hermano mayor siempre fue el favorito, el académiquito perfecto, el que nunca comete errores. Para ellos, yo solo soy el desastre que pre
El bullicio y el lujo del centro comercial contrastaban con la tormenta que se cocinaba a pocos metros. Luciana caminaba entre los pasillos con una gracia magnética, luciendo su mini falda y su top impecable, riendo y charlando animadamente con sus amigas de la universidad y con Mateo, el chico que no le quitaba los ojos de encima. Apenas a unos pasos de distancia, ocultándose con torpeza y cero discreción detrás de una columna de mármol, Enzo rechinaba los dientes de celos. Sus nudillos estaban blancos mientras fulminaba con la mirada cada paso de su novia. —Jefe, debe calmarse. Esta persecución tan obvia lo único que va a lograr es alejarla más —advirtió Larry, intentando razonar con él en voz baja. Enzo se giró con los ojos inyectados en sangre, furioso. —¡Me importa un carajo! Luciana es mía. ¿No la ves? Mira cómo va vestida, cómo ríe... si le doliera lo nuestro, estaría encerrada llorando, no paseándose así. —Señor, claro que le duele —insistió Larry con paciencia—, pero ella
El rugido de la motocicleta fue disminuyendo a medida que el pavimento dio paso a un camino de terracería y, finalmente, al sonido eterno de las olas rompiendo contra la orilla. Tras unos minutos más de trayecto, la ciudad y sus tensiones quedaron completamente atrás cuando Nico detuvo el motor frente a una hermosa playa virgen, coronada por un exclusivo chalet de lujo con ventanales de cristal que alquiló solo por unas horas para la ocasión.El aire salado y fresco golpeó el rostro de Bianca, quien se quitó el casco con las manos ligeramente temblorosas, mezcla de la adrenalina del viaje y de unos nervios dulces que hacía mucho tiempo no sentía. Al ver el impresionante paisaje que se extendía frente a ellos, se le escapó un suspiro de genuina admiración.Nico se bajó de la moto, se quitó el casco y se acercó a ella con una sonrisa radiante, notando el brillo de asombro en sus ojos.—Llegamos, princesa. Espero que te guste —le dijo Nico con suavidad, extendiéndole la mano.Sin dejar d







