LOGIN—Quiero salir con alguien. Ser más que el agujero de alguien para follar —se quebró Wren, el placer y el desamor amargo mezclándose mientras dejaba que papi le llenara el coño una vez más.
En verdad, Wren no quería eso en absoluto. Sabía que esto no era real para él. Que solo era su juguete sexual.Pero, tonta e ingenua, Wren sí sentía algo cada vez que Victor la follaba.Mucho de algo, de hecho.—Solo vas a estar a un vuelo de distancia«¿Cuál es tu película favorita?» preguntó Wren con suavidad una noche, los dedos aún enroscados en su pelo, reteniéndolo a propósito para que no se moviera después del sexo.La mano de Victor se detuvo contra su cuero cabelludo. La miró desde arriba, gratamente sorprendido.Ellos no hablaban en la cama después de follar. Cada vez que él lo intentaba, ella lo cortaba con más sexo. ¿Y quién era él para discutir con un coño necesitado?Aun así, el cambio no era mal recibido.«La verdad no veo películas. Demasiado ocupado haciendo miles de millones», dijo con suficiencia, acomodándose a su lado y acercándola.Más mierda que no hacían. Pero otra vez, esta noche ella no se apartó. Victor no pudo evitar que la sonrisa se le colara en la cara.Ella levantó la cabeza, los ojos entrecerrándose mientras sostenía su mirada, decidida a mantener la conversación.La mayoría de las noches se convencía de que si solo se lo follaba y lo m
Por suerte para Victor (¿o para Wren?), ella quería lo que él ofrecía.Incapaz de discutir, lo llevó de vuelta a su habitación de la residencia, donde follaron toda la noche.Cuando despertó, él se había ido y Wren estaba devastada.La cama individual se sentía demasiado grande. El aire era fino. Sin oxígeno.«Y tanto para lo de que no puede dejarme ir», se lamentó, y se giró demasiado rápido, soltando un gemido.El cuerpo le dolía de esa forma deliciosa y usada que solo empeoraba el vacío.Luego vio las rosas en la almohada donde su cabeza había estado unas horas antes y su boca estúpida no dejaba de curvarse hacia arriba.«Son preciosas», le dijo al fantasma de él, oliendo las flores mientras el móvil le vibraba en la mesilla.La esperanza le inundó el sistema como siempre hacía cuando una notificación encendía la pantalla.Solo que esta vez no se decepcionó.Era un mensaje de él.Es
Siguió follándola durante ello sin aflojar.El golpe húmedo y salvaje de sus caderas contra las de ella volviéndose brutal y sin tregua.«Quédate», graznó mientras se agitaba sobre su polla, pálida y resoplando, cuando él amenazaba con romper otra vez el corazón que acababa de remendar, solo con salir por la puerta. «Por favor. No me dejes otra vez. No puedo hacerlo una segunda vez. No lo sobreviviré.»Tú también me deseas, ¿verdad, niña? Ni siquiera me importa si solo estás encaprichada. Tus ojos no mienten. Eso es necesidad de verdad. Deseo de verdad. Algo… de verdad.«Yo también te eché de menos», confesó, tropezando de vuelta al escritorio, sin aliento no por el esfuerzo sino por su petición.El coño se le cerró tan fuerte sobre la polla que parecía que intentaba arrancársela.A él le importaban dos cojones.¿Cuándo fue la última vez que se sintió querido? ¿Deseado? ¿Quizá incluso un poco poseído? No se iba a ir a ni
Victor miró cómo le giraban los engranajes en la cabeza mientras le apaleaba brutalmente el coño glorioso y hambriento. Ella no se quedó quieta. Las caderas se le alzaban para cada embestida condenatoria mientras se atragantaba de aire bajo su mano.El agarre en su garganta se apretó hasta que manchas negras le bailaron en los bordes de la visión.Él le chupó la mejilla salada y susurró con voz ronca: «Tendrás suerte si no te mueres en mi polla de lo a menudo que te voy a follar, niña.»Sin compromiso. Una respuesta empapada de dominio y misoginia.Ella casi se desmayó de todos modos, joder, puta básica en la que él la había convertido.Si hubiera podido tragar saliva, lo habría hecho. Oía su propio latido en los oídos, sentía el pulso de su polla dentro cada vez que él llegaba al fondo.Los sentidos le ardían de necesidad. Estupidez. Valentía que solo podía traer una buena pollada.Abrió la boca para pedir más. Su coraz
Luego se levantó otra vez, empeñado en follarse esas tetas un poco más antes de poder soportar ya el tormento de verla follarse a sí misma.«Joder, están tan grandes y tiesas como papi las recuerda», gimió, cuando volvió a empuñar la carne blanda que amaba.Perdiendo la paciencia con su polla cachonda, se empujó de un lado a otro entre sus tetas y golpeó entre ellas con embestidas cortas y brutales.«Joder, sí», suspiró pesado, mientras ella chillaba debajo de él por la sobreestimulación.Su dedo follándola. La polla de papi clavándose en sus tetas mientras se las empuñaba dolorosamente fuerte. Los alaridos de Wren ya ni siquiera eran palabras, tanto le encantaba.Solo sus gemidos guturales y los gruñidos de él sonaban más alto que el ruido de la piel golpeando con una agresividad dura.«Joder, niña, son perfectas, pero no basta. Ven aquí. Papi necesita coño», dijo, la voz ronca de necesidad.Se salió de entre
Se acabaron los suspiros y la contención. Solo hambre desesperada y voraz mientras se manoseaban y se comían la boca como adolescentes. Victor se apartó lo justo para mirarla. Algo casi desvalido se sentaba en su expresión junto a la posesividad. Una vulnerabilidad que Wren no había conocido nunca, pero que quería poseer. «Eres tan jodidamente guapa», dijo con un suspiro pesado. «Podría follarme a quien quisiera, ¿sabes?, pero mi polla solo suplica por ti. Le darás a mi polla lo que ansía, ¿verdad, niña?» dijo con voz ronca, la pregunta retórica. «Sí, papi», ronroneó de todos modos, abrazándolo mientras él le dejaba besos apresurados en el cuello, dejando un rastro de fuego a su paso. Le manoseó las tetas con ansia, le restregó la mejilla contra la suya y le dijo: «Papi se va a follar estas tetas y luego ese coño travieso. La polla de papi está dura y frustrada. Es hora de follar, ¿verdad, niña?»







