Masuk«Entrégamelo», dijo el profesor Lexington, el flamante padrastro de Tiana, su voz profunda cortando los murmullos que corrían por el aula magna como un cuchillo, con la mano extendida en una autoridad inflexible.
¿Qué m****a estaba pensando al venir a Francia con él?
El profesor Matt Lexington, un genio muy respetado en su campo a los 39 años, estaba convencido de que Tiana Carmichael lo odiaba a muerte. Sus constantes miradas fulminantes y comentarios mordaces durante las reuniones familiares reforzaban esa creencia. Lo que Matt no sabía era que el motivo por el que Tiana había montado en cólera cuando su madre se volvió a casar era porque Tiana anhelaba la polla de su padrastro.
Fue lujuria a primera vista.
Un calor abrasador se encendió en su interior en el instante en que lo conoció en su graduación de secundaria el año pasado. Su figura alta, hombros anchos y mandíbula cincelada hicieron que sus muslos se apretaran involuntariamente.
Tiana seguía resentida con su madre por haber divorciado a su padre después de engañarlo. La traición caló tan hondo que el hecho de que Tiana tuviera una erección furiosa de mujer por Matt no le remordía la conciencia en lo más mínimo. Que los recién casados felices descubrieran esa erección furiosa era otra historia completamente distinta.
El problema de entregarle la hoja de papel era que en ella detallaba, con palabras crudas y sin filtro, cómo Tiana había estado soñando con que Matt la follara sin sentido desde que se conocieron.
Escenas de sus manos inmovilizándola, seguidas de su polla devastando su coño sin piedad hasta el fin de los tiempos, salpicaban la página.
Su madre, Helen, pensó que enviar a Tiana con Matt en su semestre en el extranjero era una idea maravillosa para que se conocieran. Una oportunidad para crear lazos, dijo, ya que de todos modos ella estaba empezando la universidad.
Joder, Tiana quería conocerse con él, sí, pero en el sentido más carnal. Él le doblaba la edad (un poco joven para mamá, de todos modos), pero qué más daba. Su coño quería esa polla.
Durante el último mes había estado mostrándole su coño desnudo bajo minifaldas y yendo a sus clases sin sujetador.
Sus pezones duros habían estado marcándose contra la tela de sus blusas desde que llegaron a Francia, suplicando la atención de Matt.
¿Pero se dio cuenta él? No. Igual que cuando lo provocaba en casa, sabiendo que no podía follarla y deleitándose morbosamente con ello. Él la torturaba follando a su madre. Ella le devolvía el favor siendo un recordatorio constante de que nunca volvería a follar con nadie más. Tortura mutua, eso era.
Ni siquiera una mirada prolongada hacia ella. Siempre apartaba la vista, lo que solo alimentaba su frustración y deseo. ¿Qué creía que estaba haciendo?
Hasta hoy, cuando finalmente renunció a provocarlo por el momento. El dolor entre sus piernas, sin embargo, no renunció a ella. Así que empezó a escribir sus fantasías sexuales sobre Matt follándola, su pluma garabateando apresuradamente sobre el papel mientras su clítoris latía de abandono.
«Entrégamelo, señorita Carmichael», insistió Matt de nuevo, su voz bajando un octavo, cargada de irritación.
Tiana dudó, sus dedos arrugando los bordes del papel, sabiendo perfectamente que él la delataría si leía sus confesiones explícitas.
No le encantaba cómo su madre había destrozado la familia con su aventura, pero tampoco quería perderla… ni el acceso a babear por el cuerpo musculoso y espectacular de Matt durante las vacaciones. El tipo era un plato prohibido y delicioso. Que no pudiera tocarlo no significaba que no pudiera mirarlo. Podía imaginarse sus manos recorriéndolo mientras lo trepaba como un árbol.
«Matt», intentó decir Tiana suavemente, su voz quebrándose en la garganta con una mezcla de miedo y excitación.
Un Matt irritado estaba harto de fingir que su polla no estaba dura como piedra la mitad del tiempo durante sus clases. La provocación constante lo llevaba al límite sin parar. Además, ella nunca prestaba atención a nada de lo que él decía.
Tiana lo estaba frustrando de m****a, su provocación descarada haciendo que sus huevos dolieran. ¿Estaba rogando a que le follaran su coño joven y apretado hasta dejarlo en carne viva al enseñárselo cada cinco minutos?
Sí.
El atisbo brillante de sus labios lo perseguía.
¿Tenía tetas gigantes y respingonas que tensaban la tela de sus camisas transparentes, suplicando ser manoseadas?
También sí.
Pero ahora era un hombre casado, atado por votos. No podía follarse todo lo que se moviera, aunque no había follado con Helen en más de un mes. La distancia entre ellos lo carcomía la cordura. Solo aceptó el trabajo porque necesitaban el dinero para pagar su casa nueva.
Las videollamadas y el sexo telefónico ya no bastaban, dejándolo frustrado y con bolas azules. Matt estaba cachondo como nunca todo el tiempo, su polla palpitando ante la mínima idea de alivio. ¿Qué m****a estaba pensando al dejar a su esposa nueva atrás para enseñar en el extranjero todo un puto semestre?
Estaba perdiendo la cabeza, y el cuerpito sexy de Tiana, con curvas exuberantes en todos los lugares donde Helen ya no las tenía, su culo redondo e invitador, no ayudaba en absoluto.
Ella lo tentaba como fruta prohibida.
Hoy se le había acabado la paciencia. Iba a echar a la pequeña zorra provocadora de su clase. Fin de la discusión. De todos modos ella no necesitaba esta asignatura para su carrera. ¿Qué m****a tenía que ver Matemáticas con las artes liberales? Solo era una excusa para jugar con él.
«Ahora, señorita Carmichael», tronó Matt, su voz resonando por todo el aula magna.
Arrancó la hoja de papel de sus manos con un tirón brusco que le arrancó un jadeo.
Lo que vino después fue su perdición. Un paso a paso de él doblándola allí mismo en el aula magna hizo que sus ojos se abrieran de par en par. Se suponía que le bajaría las bragas y los pantalones de un tirón y le metería su polla gruesa directamente en su coño zorra y empapado (sus palabras, no las de él).
Los detalles lo asaltaron en trazos gráficos y pornográficos. Su primer instinto fue apartar la mirada, arrugarla y negar la oleada de sangre hacia su entrepierna, pero joder, sus ojos no obedecieron.
Recorrieron cada línea sucia mientras su polla se endurecía dolorosamente contra la cremallera. Le costaba ocultar su erección. Los trucos habituales para disimular sus semierecciones no iban a servir esta vez. Su polla se estaba endureciendo rápidamente. Había perdido todo control sobre mantenerla a raya.
Así que de repente dijo, en el tono más calmado que pudo reunir: «Clase terminada».
Los estudiantes alrededor de Matt y Tiana estallaron en un alboroto de charlas sorprendidas, confusión y ruido de mochilas. Matt acababa de empezar la última clase del día hacía cinco minutos, pero las vacaciones de primavera se acercaban, así que nadie le cuestionó a la cara.
La emoción zumbaba en el aire mientras los estudiantes de Matt recogían sus cosas. Mientras tanto, él se había acercado más a Tiana para ocultar su erección. Un movimiento audaz, pero ¿qué opción tenía?
Los jóvenes solteros y cachondos solo querían largarse para poder follar, sus risas desvaneciéndose al salir del aula magna. Cabrones con suerte.
¿Qué le tocaba a Matt? Disciplinar a su puta de hijastra. El pensamiento le envió una emoción retorcida a pesar de la culpa.
No, se reprendió a su polla. Solo iba a hablar con ella.
Joder, necesitaba echar un polvo desesperadamente. Su polla necesitaba alivio. Helen llegaba este fin de semana. Helen llegaba este fin de semana, se repetía en silencio como una oración desesperada mientras ponía cara seria a Tiana, con la mandíbula apretada.
«Bueno, me tengo que ir», dijo Tiana apresuradamente, su voz entrecortada por la mortificación mientras recogía sus cosas.
Tenía ganas de largarse de allí y meter la cabeza en un cubo de agua helada para enfriar las llamas en sus mejillas. Luego tirarse en la cama y hundir los dedos en su coño dolorido para apagar el fuego entre sus piernas.
Provocar a Matt estaba empezando a ponerla cachonda más allá de lo razonable, su excitación dejando su coño desnudo y sus muslos empapados.
Que la pillaran fantaseando con Matt follándola estaba encendiendo alarmas en su mente, advirtiendo de desastre en casa, pero joder si no quería follárselo de todos modos.
¿Desde cuándo desearlo superaba odiarlo?
«No tú», dijo Matt con firmeza, posando una mano pesada en el hombro de Tiana, su palma caliente contra su piel, los dedos apretando lo justo para hacerla temblar de anticip
ación.
No le estaba pidiendo que se quedara para follar. Iba a cantarle las cuarenta. ¿O no?
Desde luego no Vivian. Zorra fría y despreocupada. Le enseñaría a faltarle al respeto. A ignorarlo. A hacerle sentir menos que un hombre. «¿Ves cuánto le encanta a mi niña pequeña? La aterrorizas y aun así suplica por mi polla. No voy a parar. ¿Quieres quedarte en mi casa? Será en mi cama, mirando mientras me follo a tu hija cada noche. Tienes que aprender tu sitio. Quiero que sientas exactamente cómo es quedar segunda», le vació el corazón rencoroso a su mujer. Demasiado poco y demasiado tarde, pero ahí estaba. Metió la mano bajo los brazos de una Cora que chillaba y le agarró las dos tetas con manos duras. Luego apretó. «Por favor. Papi, tu polla me mataría. No cada noche. Por favor, mamá. ¡Oh, sí! Justo como… ¡joooodeeeeer!» gritó Cora como una descosida, mientras Declan usaba sus tetas de asas para tirarla de vuelta sobre su polla y empalarla en ella. «Esto no te molesta, ¿verdad, Viv?» la provocó Declan, arremetiendo de verdad contra el coño de Cora, subiéndola y bajándola
Declan miró a su mujer, luego el coño abierto y goteante de Cora, y sonrió de lado.Así, sin más, la cara de su mujer decidió por él.Agarró las caderas de Cora y se clavó hasta el fondo de una embestida dura que le arrancó un grito de la garganta a Cora.«¡Mamá! ¡Papi! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh, joder!» gritó Cora, mientras el placer de tomar una polla después de meses de estar vacía la abrumaba de golpe, cortándole el impulso. «Perdón, mamá», soltó ahogada.Pero Declan no lo sentía.La reacción de Vivian no tenía precio.Se retiró y empezó a follarse a Cora al instante.Embestidas hondas y castigadoras se clavaron en Cora, mandándole el cuerpo de un lado a otro. Declan la folló con ira con todo lo que tenía.Sus huevos golpeándole el coño mojado. Los sonidos chapoteantes de su coño siendo estirado rudo y crudo por la polla gorda de Declan. Los alaridos de éxtasis de Cora. Y los gemidos de satisfacción de Declan. Esos fueron los sonidos que llenaron la habitación y ahogaron la indignación de Viv
«Nadie decepciona a tu madre como yo, princesa», dijo, pajéandose la polla despacio, viendo cómo los ojos de ella seguían el movimiento. «Papi no está decepcionado de ti. Ven aquí. Puedes chupar la misma polla que tu madre tuvo en la boca hace una hora si eso es lo que de verdad quieres. Está bien, princesa. Los dos somos fracasos esta noche.»«Sí, papi», aceptó demasiado rápido, la vergüenza y el respeto por sí misma olvidados en el momento en que él sacó la polla.Gateó por la cama a cuatro patas, casi cargando contra él como un guepardo, los ojos cachondos clavados en su polla.Las lágrimas se secaron rápido. Fue como si le hubieran accionado un interruptor en el cerebro. Se lanzó contra él y le metió la polla en la boca demasiado rápido, demasiado hondo, atragantándose al instante.«Joder», gimió Declan ante su imprudencia, mirándola con el ceño fruncido desde arriba, temiendo que le arrancara la polla limpia del cuerpo.Demasiados dientes. Demasiada saliva. Demasiado ansiosa, jod
Cora tragó con fuerza. La postura territorial y de control de Declan y la idea de que lo había enfadado le hicieron palpitar el clítoris. Su coño estaba loco. Cuanto más la fulminaba como un depredador, un carcelero, más mojada se ponía.Todo el cuerpo se le calentó. Se apretó los muslos, desesperada por calmar el dolor otra vez insistente entre ellos.«¿Puedo ir? Papi, es solo una noche. Volveré pronto. Solo van a estar Kelly y…» soltó, y luego se apagó de golpe.La mentira de que no asistían chicos se le quedó atascada en la garganta. La cámara de su habitación se solapó con la postura imponente de papi.Declan dio un paso más cerca, mirándola de arriba abajo.«¿Kelly y quién? ¿El chico de follar nuevo que quiere restregarte? Ya estás cebada para una follada después de esta tarde, princesa», dijo con una mueca, el aliento caliente en sus labios, haciéndola temblar. «Sí, papi te estaba mirando esta tarde, puta de mierda. ¿Crees que no sé detrás de qué corres una semana antes de que e
Declan quería darle a su mujer la respuesta que necesitaba, pero las palabras simplemente no salían.Justo cuando la boca se le abrió para responder, el móvil de ella vibró.Él se guardó, como si no hubiera pasado nada. La intimidad del momento se evaporó, porque Declan sabía quién llamaba.Incluso en una puta situación así, ella le contestaría. Interrumpiría su conversación por él.Ella se levantó, encontró un pañuelo, se limpió la cara en el reflejo de la pantalla oscura del ordenador y contestó el móvil.Sin saber que su marido estaba a sesenta centímetros, muriéndose por dentro.«Hola, padre», dijo, tomando la llamada, su llamada, como siempre hacía.Padre esto, padre aquello.Incluso después de que Declan comprara la empresa del hombre, el padre de Vivian aún parecía ser más hombre para su mujer de lo que lo era Declan.Viejas heridas resurgieron. El padre de Vivian despreciando a Declan
Se tragó su polla para matarle la diversión. Recordarle que este era su juego. Arriba y abajo. De un lado a otro.La garganta lo llevó a un frenesí, callándolo del todo. Puede que las lágrimas le fluyeran del tragárselo hasta el fondo, pero las piernas de él estaban inestables. Gemidos largos y arrastrados.«Si mantiene las piernas cerradas hasta que se escriba ese último examen», dijo, jadeando contra su cadera, la saliva goteándole del tronco cuando se salió de él otra vez para hablar. «No la tocas nunca más. Confías en que sea responsable. Vienes solo a mí. Yo te mantendré follado. No te cuelas en su habitación porque tu polla se aburrió. Me respetas, joder, y respetas este matrimonio.»Él asintió demasiado rápido, el cerebro casi ignorando la perspectiva de que Cora fuera responsable, y luego dijo con voz tensa: «Es una puta, Viv. Se desviará. ¿Entonces qué?»Ella le volvió a meter la polla en la boca, desordenada y mojada, con saliva goteándo







