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Papi Profesor Cachondo 1

last update publish date: 2026-04-03 19:18:43

«Entrégamelo», dijo el profesor Lexington, el flamante padrastro de Tiana, su voz profunda cortando los murmullos que corrían por el aula magna como un cuchillo, con la mano extendida en una autoridad inflexible.

¿Qué m****a estaba pensando al venir a Francia con él?

El profesor Matt Lexington, un genio muy respetado en su campo a los 39 años, estaba convencido de que Tiana Carmichael lo odiaba a muerte. Sus constantes miradas fulminantes y comentarios mordaces durante las reuniones familiares reforzaban esa creencia. Lo que Matt no sabía era que el motivo por el que Tiana había montado en cólera cuando su madre se volvió a casar era porque Tiana anhelaba la polla de su padrastro.

Fue lujuria a primera vista.

Un calor abrasador se encendió en su interior en el instante en que lo conoció en su graduación de secundaria el año pasado. Su figura alta, hombros anchos y mandíbula cincelada hicieron que sus muslos se apretaran involuntariamente.

Tiana seguía resentida con su madre por haber divorciado a su padre después de engañarlo. La traición caló tan hondo que el hecho de que Tiana tuviera una erección furiosa de mujer por Matt no le remordía la conciencia en lo más mínimo. Que los recién casados felices descubrieran esa erección furiosa era otra historia completamente distinta.

El problema de entregarle la hoja de papel era que en ella detallaba, con palabras crudas y sin filtro, cómo Tiana había estado soñando con que Matt la follara sin sentido desde que se conocieron.

Escenas de sus manos inmovilizándola, seguidas de su polla devastando su coño sin piedad hasta el fin de los tiempos, salpicaban la página.

Su madre, Helen, pensó que enviar a Tiana con Matt en su semestre en el extranjero era una idea maravillosa para que se conocieran. Una oportunidad para crear lazos, dijo, ya que de todos modos ella estaba empezando la universidad.

Joder, Tiana quería conocerse con él, sí, pero en el sentido más carnal. Él le doblaba la edad (un poco joven para mamá, de todos modos), pero qué más daba. Su coño quería esa polla.

Durante el último mes había estado mostrándole su coño desnudo bajo minifaldas y yendo a sus clases sin sujetador.

Sus pezones duros habían estado marcándose contra la tela de sus blusas desde que llegaron a Francia, suplicando la atención de Matt.

¿Pero se dio cuenta él? No. Igual que cuando lo provocaba en casa, sabiendo que no podía follarla y deleitándose morbosamente con ello. Él la torturaba follando a su madre. Ella le devolvía el favor siendo un recordatorio constante de que nunca volvería a follar con nadie más. Tortura mutua, eso era.

Ni siquiera una mirada prolongada hacia ella. Siempre apartaba la vista, lo que solo alimentaba su frustración y deseo. ¿Qué creía que estaba haciendo?

Hasta hoy, cuando finalmente renunció a provocarlo por el momento. El dolor entre sus piernas, sin embargo, no renunció a ella. Así que empezó a escribir sus fantasías sexuales sobre Matt follándola, su pluma garabateando apresuradamente sobre el papel mientras su clítoris latía de abandono.

«Entrégamelo, señorita Carmichael», insistió Matt de nuevo, su voz bajando un octavo, cargada de irritación.

Tiana dudó, sus dedos arrugando los bordes del papel, sabiendo perfectamente que él la delataría si leía sus confesiones explícitas.

No le encantaba cómo su madre había destrozado la familia con su aventura, pero tampoco quería perderla… ni el acceso a babear por el cuerpo musculoso y espectacular de Matt durante las vacaciones. El tipo era un plato prohibido y delicioso. Que no pudiera tocarlo no significaba que no pudiera mirarlo. Podía imaginarse sus manos recorriéndolo mientras lo trepaba como un árbol.

«Matt», intentó decir Tiana suavemente, su voz quebrándose en la garganta con una mezcla de miedo y excitación.

Un Matt irritado estaba harto de fingir que su polla no estaba dura como piedra la mitad del tiempo durante sus clases. La provocación constante lo llevaba al límite sin parar. Además, ella nunca prestaba atención a nada de lo que él decía.

Tiana lo estaba frustrando de m****a, su provocación descarada haciendo que sus huevos dolieran. ¿Estaba rogando a que le follaran su coño joven y apretado hasta dejarlo en carne viva al enseñárselo cada cinco minutos?

Sí.

El atisbo brillante de sus labios lo perseguía.

¿Tenía tetas gigantes y respingonas que tensaban la tela de sus camisas transparentes, suplicando ser manoseadas?

También sí.

Pero ahora era un hombre casado, atado por votos. No podía follarse todo lo que se moviera, aunque no había follado con Helen en más de un mes. La distancia entre ellos lo carcomía la cordura. Solo aceptó el trabajo porque necesitaban el dinero para pagar su casa nueva.

Las videollamadas y el sexo telefónico ya no bastaban, dejándolo frustrado y con bolas azules. Matt estaba cachondo como nunca todo el tiempo, su polla palpitando ante la mínima idea de alivio. ¿Qué m****a estaba pensando al dejar a su esposa nueva atrás para enseñar en el extranjero todo un puto semestre?

Estaba perdiendo la cabeza, y el cuerpito sexy de Tiana, con curvas exuberantes en todos los lugares donde Helen ya no las tenía, su culo redondo e invitador, no ayudaba en absoluto.

Ella lo tentaba como fruta prohibida.

Hoy se le había acabado la paciencia. Iba a echar a la pequeña zorra provocadora de su clase. Fin de la discusión. De todos modos ella no necesitaba esta asignatura para su carrera. ¿Qué m****a tenía que ver Matemáticas con las artes liberales? Solo era una excusa para jugar con él.

«Ahora, señorita Carmichael», tronó Matt, su voz resonando por todo el aula magna.

Arrancó la hoja de papel de sus manos con un tirón brusco que le arrancó un jadeo.

Lo que vino después fue su perdición. Un paso a paso de él doblándola allí mismo en el aula magna hizo que sus ojos se abrieran de par en par. Se suponía que le bajaría las bragas y los pantalones de un tirón y le metería su polla gruesa directamente en su coño zorra y empapado (sus palabras, no las de él).

Los detalles lo asaltaron en trazos gráficos y pornográficos. Su primer instinto fue apartar la mirada, arrugarla y negar la oleada de sangre hacia su entrepierna, pero joder, sus ojos no obedecieron.

Recorrieron cada línea sucia mientras su polla se endurecía dolorosamente contra la cremallera. Le costaba ocultar su erección. Los trucos habituales para disimular sus semierecciones no iban a servir esta vez. Su polla se estaba endureciendo rápidamente. Había perdido todo control sobre mantenerla a raya.

Así que de repente dijo, en el tono más calmado que pudo reunir: «Clase terminada».

Los estudiantes alrededor de Matt y Tiana estallaron en un alboroto de charlas sorprendidas, confusión y ruido de mochilas. Matt acababa de empezar la última clase del día hacía cinco minutos, pero las vacaciones de primavera se acercaban, así que nadie le cuestionó a la cara.

La emoción zumbaba en el aire mientras los estudiantes de Matt recogían sus cosas. Mientras tanto, él se había acercado más a Tiana para ocultar su erección. Un movimiento audaz, pero ¿qué opción tenía?

Los jóvenes solteros y cachondos solo querían largarse para poder follar, sus risas desvaneciéndose al salir del aula magna. Cabrones con suerte.

¿Qué le tocaba a Matt? Disciplinar a su puta de hijastra. El pensamiento le envió una emoción retorcida a pesar de la culpa.

No, se reprendió a su polla. Solo iba a hablar con ella.

Joder, necesitaba echar un polvo desesperadamente. Su polla necesitaba alivio. Helen llegaba este fin de semana. Helen llegaba este fin de semana, se repetía en silencio como una oración desesperada mientras ponía cara seria a Tiana, con la mandíbula apretada.

«Bueno, me tengo que ir», dijo Tiana apresuradamente, su voz entrecortada por la mortificación mientras recogía sus cosas.

Tenía ganas de largarse de allí y meter la cabeza en un cubo de agua helada para enfriar las llamas en sus mejillas. Luego tirarse en la cama y hundir los dedos en su coño dolorido para apagar el fuego entre sus piernas.

Provocar a Matt estaba empezando a ponerla cachonda más allá de lo razonable, su excitación dejando su coño desnudo y sus muslos empapados.

Que la pillaran fantaseando con Matt follándola estaba encendiendo alarmas en su mente, advirtiendo de desastre en casa, pero joder si no quería follárselo de todos modos.

¿Desde cuándo desearlo superaba odiarlo?

«No tú», dijo Matt con firmeza, posando una mano pesada en el hombro de Tiana, su palma caliente contra su piel, los dedos apretando lo justo para hacerla temblar de anticip

ación.

No le estaba pidiendo que se quedara para follar. Iba a cantarle las cuarenta. ¿O no?

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