De Don Juan a casado con una chica Curvy

De Don Juan a casado con una chica Curvy

last updateLast Updated : 2026-10-02
By:  AZAHARAUpdated just now
Language: Spanish
goodnovel18goodnovel
Not enough ratings
18Chapters
17views
Read
Add to library

Share:  

Report
Overview
Catalog
SCAN CODE TO READ ON APP

Un accidente obliga a Saúl Marín, un multimillonario y reconocido gigoló, a casarse con la mujer que le salvó la vida: Angélica Bermúdez, una chica curvy a quien jamás habría elegido como esposa. Obligado por su padre a cumplir un contrato matrimonial de cinco años para conservar su herencia, Saúl acepta aquel matrimonio convencido de que solo tendrá que soportarlo hasta que termine el plazo. Sin embargo, lo que menos esperaba era descubrir que detrás de aquella mujer curvy se escondía un ser maravilloso, inteligente, sensible y capaz de despertar en él sentimientos que nunca había experimentado. Cuando Angélica descubre que él nunca la amó y decide marcharse al finalizar el contrato, Saúl tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: ¿La dejará ir como estaba previsto o luchará por recuperar a la mujer que terminó convirtiéndose en su verdadero amor?

View More

Chapter 1

El tipo de sangre

—¡Angélicaaaa!

El grito de mi hermana me hizo levantar la cabeza.

—¿Qué pasa? —contesté desde la cocina. 

—¡He roto aguas!

Me quedé paralizada durante un segundo.

—¿Qué? 

—¡Que he roto aguas! ¡Creo que el bebé ya viene!

Miré el almanaque que estaba pegado al refrigerador en el que claramente la fecha de parto estaba prevista para  dentro de dos semanas. 

Rápidamente corrí a la habitación sosteniendo el trozo de pan con mantequilla de maní que me estaba comiendo.

Cuando entré en la habitación, mi hermana estaba sentada en la cama, pálida y con una mano sobre el vientre.

—¿Puedes levantarte? —pregunté angustiada. 

—No lo sé. —masculló entre dientes. 

Me acerqué a ella y la ayudé a incorporarse.

—Vamos a intentarlo. —dije sosteniéndole de la cintura con mi brazo. 

Ella se apoyó en mi hombro, mientras yo sostenía en mi otra mano el trozo de pan. 

—¡Aaaah! —gritó mientras se encorvaba. 

—Tranquila. —murmuré intentando calmarla—. Vamos,  despacio.

—¡Date prisa joder! —exclamó y volvió a gritar—. ¡Ahhh! 

—¿Dónde está Efraín? —Le pregunté nerviosa mientras me metía el pan en la boca de una sola vez. 

Era algo inevitable. Cada vez que me ponía nerviosa, me entraba mucha hambre.

—Deja ya de comer —gruñó ella— y olvídate de él, joder. 

—Está bien. —contesté tragando el bocado.

—No hables con la boca llena —replicó tomando las llaves de su coche—. Tienes que conducir tú y joder, date prisa. 

Me llevé la mano al bolsillo, nerviosa buscando el teléfono. Tenía que llamar a mi cuñado y avisarle lo que estaba sucediendo. Esta vez, Alicia lanzó un grito desgarrador. 

Tomé las llaves del coche con desesperación y sin discutir. 

Mi hermana estaba a punto de dar a luz y yo no podía quedarme allí, esperando a que eso sucediera.

—Vamos, Alicia. No puedes hacerme esto. Que bien sabes que le tengo miedo a la sangre. 

—¿Y que esperas, Angélica? ¿Que le diga a Mateo que no nazca hasta que lleguemos al puto hospital?

Abrí los ojos con asombro. Ella tenía razón. Mi sobrino estaba por nacer y eso era lo importante. 

Salimos de su casa y como pudimos llegamos hasta el coche. La ayudé a sentarse en el asiento del copiloto. Rodeé el automóvil, creo que nunca me había movido tan rápido como en ese instante. Subí al asiento y forcejeé con el cinturón hasta que logré estirarlo lo suficiente. Finalmente logré ponérmelo, cerré la puerta y arranqué el coche rumbo hacia el hospital.

Todo ocurrió muy deprisa.

En cuanto llegamos, una enfermera atendió a mi hermana y, después de comprobar que el parto había comenzado, se la llevaron directamente a la sala de urgencias.

—¿Puedo acompañarla? —pregunté. 

—Lo siento, tendrá que esperar fuera. —contestó la mujer. 

Asentí.

—Está bien.

La vi desaparecer por el pasillo y me quedé allí, con el corazón acelerado.

Iba a ser tía. Sonreí al pensarlo. Por fin iba a conocer al pequeño que durante tantos meses había esperado.

Me senté en una de las sillas de la sala de espera y saqué mi teléfono intentando distraerme.

No podía dejar de mover la pierna de forma ansiosa. Estaba un tanto preocupada por el adelanto del parto. Siendo primeriza, no era muy normal, según lo que habíamos estado investigando el parto puede retrasarse, pero rara vez, adelantarse.

De pronto, escuché pasos rápidos en el pasillo, voces y el ruido de unas ruedas acercándose a toda velocidad. Levanté la cabeza.

Una camilla apareció al fondo del pasillo.

Varias personas corrían detrás de ella.

—¡Rápido!

—¡Aparten!

Sobre la camilla había un hombre. Estaba herido, podía ver la sangre en su ropa y su rostro.

No pude distinguir exactamente qué le había sucedido, pero tenía el rostro pálido y llevaba los ojos cerrados. 

Durante un instante, abrió los ojos y nuestras miradas se cruzaron. No sé por qué, pero sentí algo extraño, como si su situación me importara. Era un poco absurdo que me preocupara por alguien que no conocía. 

Sin embargo, como siempre lo ha dicho mi hermana, soy exageradamente sensible.

Rápidamente la camilla desapareció cuando entraron al quirófano.

Unos segundos después, dos personas llegaron corriendo. Uno era un hombre de unos sesenta años, con el cabello completamente canoso, la otra, una mujer pelinegra, elegante que parecía tener unos cuantos años menos.

Por la forma en que estaban alterados, supuse que debían ser sus padres.

Se quedaron frente a las puertas del quirófano. Después de unos minutos, el hombre se acercó a una enfermera.

No le presté demasiada atención a aquel asunto, pues no tenía nada que ver conmigo. Volví a mirar mi teléfono.

La mujer, sin embargo, pasó cerca de mí. Me miró de arriba abajo. Después miró los asientos. Y, aunque había varios libres a mi lado, decidió sentarse dos o tres lugares más lejos. 

No me sorprendió aquella actitud. Digamos que ya estaba acostumbrada. La gente solía evitar sentarse demasiado cerca de mí. Quizá pensaban que les quitaba espacio o que iba a aplastarlos.

Había aprendido a fingir que no me importaba. Y, con el tiempo, me había acostumbrado a aceptar ese tipo de reacción. 

Volví a concentrarme en mi teléfono hasta que escuché la voz de una enfermera dirigiéndose al hombre. 

—Señor Marín, necesitamos hablar con usted.

Levanté la mirada.

El hombre se acercó rápidamente.

—¿Qué ocurre?

La enfermera habló en voz baja, pero pude escucharla.

—Su hijo necesita una transfusión de sangre urgente.

El hombre se puso tenso.

—¡Joder! —exclamó con preocupación y miró a la enfermera con incredulidad—. ¿No tienen en el banco de sangre?

—No. En este momento no contamos con una unidad disponible. 

—Entonces consíganla. —ordenó con voz firme. 

—Estamos intentando localizar un donante compatible, señor. 

—Hagan lo que sea necesario. —insistió—. Pagaré lo que haga falta.

La enfermera negó con la cabeza.

—Señor, no es cuestión de dinero. Es un tipo de sangre poco frecuente y su hijo necesita la transfusión cuanto antes.

El hombre regresó junto a su esposa.

Yo podía escucharlos perfectamente desde donde estaba sentada.

—¿Qué sucede? —preguntó ella.

—Saúl necesita una transfusión urgente y ya sabes que ese tipo de sangre AB negativo es difícil de conseguir. 

La mujer palideció y comenzó a llorar.

—No podemos perder a nuestro hijo. —dijo entre sollozos de dolor. 

—No lo vamos a perder.

—¿Y si no encontramos la sangre?

El hombre no respondió.

La mujer se llevó las manos al rostro.

—Es nuestro único hijo.

Yo permanecí inmóvil. AB negativo era justo mi mismo tipo de sangre. Podía ayudar, pero una parte de mí sintió miedo. No por la sangre, sino por las consecuencias de ser donante. Había oído decir que cuando donas sangre, engordas el doble.

Sacudí ligeramente la cabeza.

¿Qué tonterías estaba pensando?

Aquel hombre podía morir, y yo podía ayudarlo. Miré hacia las puertas del quirófano. Recordé su rostro cuando pasó frente a mí. No lo conocía, pero necesitaba de mi ayuda. Me levanté despacio. Caminé unos pasos hacia la pareja.

—Disculpen.

La mujer levantó la cabeza y me miró con repulsión. 

—¿Qué desea? —preguntó con voz cortante.

—Disculpe es que yo… —guardé silencio por un segundo— escuché sin querer lo que estaban hablando.

La mujer hizo un gesto de molestia.

—Lárguese, por favor. Ahora mismo estamos en una situación muy delicada. ¿No ve? 

—Lo sé. Precisamente por eso…

El hombre me miró.

—¿Qué quiere decir?

Respiré profundamente.

—Que tengo el mismo tipo de sangre que su hijo necesita.

Expand
Next Chapter
Download

Latest chapter

More Chapters

To Readers

Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.


No Comments
18 Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status