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Capítulo 6

Autor: KarenW
Punto de vista de Maeve

Ni siquiera había abierto la puerta cuando escuché risas del otro lado.

—¿Viola va a ser mi nueva mamá? —preguntó Cam, con entusiasmo en la voz.

Mi mano se quedó inmóvil sobre la manija.

—Puedes llamarme mamá si quieres —dijo Viola entre risas—. Aunque dudo que tus amigos te crean. Me veo demasiado joven para eso.

—No me importa. Quiero que tú seas mi mamá. ¡Mamá, mamá, mamá!

Cam casi nunca me llamaba así, y jamás con ese entusiasmo.

Y ahora llamaba así a otra mujer.

Respiré despacio y abrí la puerta.

Los tres estaban sentados en el sofá.

Viola levantó la mirada con una sonrisa impecable y educada, pero no le llegaba a los ojos. Adrian apenas me miró, como si yo hubiera interrumpido algo más importante. Cam parecía decepcionado, como si yo le hubiera arruinado su momento.

—Vine apenas me lo pediste —dije al entrar.

Me senté frente a ellos.

Adrian me extendió los documentos.

—Firma la última página. No hace falta que los leas. Mi abogado se encargó de todo.

Aun así, fui pasando las hojas una por una.

Adrian suspiró, irritado.

—De verdad no hace falta que los leas. Ni que fueras a entender los términos legales.

Cam se rio.

—Es verdad. Tú nunca lees esas cosas. ¡Firma de una vez! Papá y Viola prometieron llevarme al parque de diversiones después de esto.

Miré a mi hijo.

Se parecía tanto a Adrian, y hablaba igual que él.

Si había una sola persona que me hacía dudar antes de irme, era Cam. Todavía era un niño. Podía perdonar sus palabras y su actitud.

Pero no podía ignorar la verdad: mi propio hijo no me amaba.

—Cam —dije con suavidad—, antes de casarme con tu papá, yo era la mejor estudiante de mi generación. Incluso publiqué dos artículos en una de las revistas científicas más respetadas. Así que dime, ¿cómo no voy a saber leer?

—¿Y eso qué importa? —resopló, haciendo un puchero—. Aunque sepas leer, igual vives de papá. No como Viola. Yo la he visto ayudar a papá con asuntos de negocios. ¿Tú puedes hacer eso? Ella habla con los amigos de papá sobre tipos de cambio y acuerdos comerciales. ¿Tú entiendes algo de eso?

Se volvió hacia Viola, con los ojos llenos de orgullo.

—Lo mejor de Viola es que es independiente. Yo quiero crecer y ser como papá y como ella.

Luego volvió a mirarme. Algo desagradable brilló en sus ojos. Quizá asco o decepción.

—No quiero ser como tú, mamá —dijo sin rodeos—. Papá dice que eres una mantenida, que vives de él. ¿Quién querría ser un parásito?

Sus palabras fueron casuales, pero dolieron demasiado.

—Tal vez deberías intentar parecerte más a Viola —añadió—. No vivir de los demás y arreglarte un poco más, ¿sí?

—Está bien —dije en voz baja—. Me ocuparé más de mí misma.

Justo como Cam y Adrian querían. Después de firmar el acuerdo de divorcio, me pondría a mí misma primero, junto con el sueño que alguna vez había abandonado.

Apoyé la mano sobre los papeles y pregunté por última vez:

—Cam, ¿entiendes lo que significa que mamá firme esto?

Él sonrió, feliz y seguro.

—¡Sí! Significa que por fin podré decir frente a todos que Viola es mi mamá. Ella se mudará con papá y conmigo, y me llevará a la escuela todos los días. Podré presumirla con mis amigos. ¡Mis amigos se van a quedar con la boca abierta!

Bajé la mirada hacia los documentos y firmé.

Así de simple, todo terminó.

Todos los lazos que me quedaban en esta ciudad se cortaron de raíz.

Adrian, Viola y Cam ahora serían una familia.

—¡Sí! ¡Hora del parque de diversiones!

Cam saltó del sofá y corrió hacia la puerta. Se detuvo en el umbral, sonriendo de oreja a oreja.

—¡Mamá! ¡Papá! ¡Vamos! —gritó, mirando a Viola y a Adrian.

Viola fue la primera en levantarse. Se acercó y tomó su mano con delicadeza.

Adrian no se movió de inmediato. Me miró apenas un segundo. Algo imposible de leer cruzó por sus ojos.

—Gracias, Maeve —dijo en voz baja—. Cuando cierre los acuerdos pendientes, volveré a hablar contigo. Lo digo en serio. Espérame.

No dije una sola palabra.

Poco después, los tres se fueron. Ni Adrian ni Cam miraron atrás una sola vez.

Bajé la mirada hacia mi celular.

El fondo de pantalla seguía siendo la foto en la que yo cargaba a Cam a la salida del hospital, poco después de que nació. Adrian nos rodeaba con los brazos. La carita diminuta de Cam estaba pegada a la mía, y él sonreía.

Yo había pensado que ese día era el comienzo de una vida llena de amor. Resultó ser el comienzo de diez largos años de humillaciones silenciosas.

Cambié el fondo de pantalla, me levanté, tomé mi pequeña maleta y salí rumbo al aeropuerto.

Adiós, Adrian. Adiós, Cam.

Ustedes me vieron como una carga, una vergüenza, una mujer que no sabía cuál era su lugar.

Pero yo sabía la verdad. Era capaz de mucho más.

Y gracias a todos ustedes, por fin tenía el tiempo, la oportunidad y el valor para elegirme a mí misma.

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