Share

7

Author: Lizzie
last update publish date: 2025-12-17 05:16:50

En el fastuoso vestíbulo del Hotel Metropolitan, rodeado de cristal y mármol relucientes, Dante Ashworth se sentía fuera de sí. Su reloj marcaba diez minutos para el inicio de la Recepción Anual de Bienes Raíces en el Piso veintiocho. Todo lucía tal como él lo solicitó, que pareciera que entraran al castillo de la reina o en el Vaticano, todo lleno de oro. Le encantaba la decoración, los invitados y la elegancia que su apellido le brindaba.

—Señor Ashworth, debemos subir —apremió el señor Wells, su asistente, visiblemente nervioso—. Pero la señora Karina aún no ha llegado, y su teléfono sigue...

—¡Cállate! —cortó Dante, con un tono bajo y peligroso que heló a Wells—. No quiero que repitas lo que ya sé.

Dante estaba en un estado de furia gélida. Había enviado el vestido carmesí como una orden silenciosa, esperando que ella acudiera obedientemente para mantener la fachada. En tres años de matrimonio, ella siempre había obedecido, y era la primera vez que la digna y linda Karina no hacía lo que él pedía.

—No puede ser —masculló Dante, sacando su teléfono por enésima vez. Marcó el número y la misma voz mecánica le devolvió el mensaje: «El número marcado está apagado».

Su humillación era pública. Había periodistas, personas influyentes, socios y empresarios reunidos, y esperaban que la señora Ashworth apareciera flamante y elegante como siempre, de la mano de su esposo Dante Ashworth.  Necesitaba a su esposa para proyectar estabilidad y enterrar el rumor de la guerra declarada por Teo Harroway. Sin Karina a su lado, él parecía vulnerable, y eso era un pecado capital en el mundo de los negocios.

Justo en ese momento, una figura familiar se acercó con deliberada elegancia. Era Olivia Neely, luciendo un vestido de noche plateado que atrapaba todas las luces del vestíbulo. Olivia sabía que Karina no iría. No necesitaba ser adivina para saber que después de considerarlo infiel, se alejaría por completo de él.

—Dante, qué casualidad —susurró Olivia, acercándose con una sonrisa que no alcanzaba a iluminar sus ojos—. Estoy aquí, lista. Me parece que la señora de la casa no llegó, y no puedes estar solo. Te prometí que si me necesitabas para algo...

Dante sintió la presión de todas las miradas y los murmullos. Necesitaba un acompañante de inmediato, y Olivia, aunque comprometía su orgullo, era una aliada poderosa.

—Bien —aceptó Dante con un movimiento de cabeza brusco, permitiendo que ella se colgara de su brazo—. Wells, al ascensor.

Mientras tanto, en el Piso dieciocho, la Recepción Anual de la Sociedad de Andrología era un ambiente vibrante, lleno de conocimiento y respeto mutuo. Karina estaba aterrada de que le preguntaran por su esposo o indagaran sobre su vida marital. Se mantuvo alejada de los chismes por años, y no quería que su regreso al mundo médico fuese opacado por Dante.

Karina Harroway hizo su aparición, no en el color champán profesional que había planeado Teo, sino en el vestido rojo carmesí que Dante le había enviado. Había elegido usar la ostentación de él como una audaz declaración de independencia. El rojo intenso, combinado con su innata elegancia, la volvía un espectáculo visual.

Karina iba del brazo de Julian Harroway, su hermano adoptivo y escolta. Julian, impecable en su traje de diseño, sintió que la atención colectiva se posaba sobre ellos, y su vanidad brilló. Era la escena que había anhelado en silencio: ser el hombre junto a Karina en el centro del escenario. Eran solo ellos dos, como siempre quiso.

Los murmullos se extendieron por el salón con rapidez:

—¿Quién es ese hombre? ¿Un médico famoso? —comentó alguien con curiosidad mientras sostenía su copa de champan—. La mujer a su lado es realmente deslumbrante.

—No lo reconozco, no lo había visto antes —respondió con cortesía—. Es demasiado joven para ser una eminencia.

—¡Él no es el protagonista! La mujer a su lado lo es —aclaró una figura veterana en el campo—. Es la nieta del doctor Harroway, la hija de la famosa doctora Harroway. Cuando era niña, causó revuelo en el campo con su famosa cirugía 819 en el nervio femoral. Luego escuché que se casó con ese magnate, Ashworth, y desapareció...

Los cuchicheos se hicieron más grandes a medida que Karina se balanceaba como un barco en medio de una tormenta.

—¡Ah, es ella! Había oído hablar de su talento, pero es la primera vez que la veo —comentó alguien a la ligera—. Es muy hermosa. Realmente no parece una doctora tan rígida como nosotros.

Los asistentes intercambiaron risas discretas, pero el respeto era palpable. Era la nieta de un renombrado doctor y una mujer con una historia intachable en su relación con Dante. Karina había logrado su objetivo: su debut era un éxito total. Todos quedaron boquiabiertos y Karina se sintió como la reina que era.

Karina se dirigió a su abuelo, quien la presentó a incontables figuras destacadas, confirmando su ingreso al equipo de expertos en andrología del Primer Hospital de la Ciudad Chicago como "estudiante de formación especial". Karina no sería una residente. Alguien con su antigua experiencia y renombre, merecía más.

En ese momento, Luciano Stanton, el filántropo y antiguo amor, se acercó a la mesa de los Harroway, y su presencia irradiaba una calma noble que contrastaba con el ambiente. Luciano casi perdió el habla cuando vio a Karina. Lucía tan espectacular como en su soltería, e incluso mejor que cuando la conoció.

—Doctora Harroway —saludó Luciano con una sonrisa genuina—. Es inspirador verte aquí, donde perteneces.

A pesar de ser un filántropo acostumbrado a esas cenas, Luciano buscaba un momento a solas con Karina para entender su verdadero estado emocional. Karina por su parte entabló una apasionada conversación con él sobre su regreso, aun cuando Luciano quería y esperaba más de ella esa noche.

—Karina —continuó Luciano, ignorando la tensión palpable de Julian a su lado—. Me alegra que estés brillando, pero sé que todo esto es una revolución personal. ¿Cómo te sientes de verdad con todo lo que sucede en tu vida personal y con tu casi ex esposo? ¿Necesitas un momento para respirar?

Karina le agradeció la sensibilidad y le sonrió.

—Sí, por favor, me encantaría tomar aire fresco.

Luciano miró al que no consideraba un némesis.

—Julian, ¿me permites un momento a solas con Karina? —preguntó Luciano, con una cortesía que no daba lugar a la negativa.

Julian apretó los labios, pero tuvo que ceder el paso.

—Por supuesto —dijo con una sonrisa cortés.

Karina le dio su mano a Luciano y se dirigieron a los ascensores centrales que unían todas las recepciones del hotel. Luciano le dijo que lucía hermosa esa noche, y que era la persona más fuerte que conocía. Mientras esperaban, las puertas de uno de los ascensores que acababa de llegar al piso se abrieron de par en par.

Dentro estaban Dante Ashworth y Olivia Neely. Olivia estaba descaradamente aferrada al brazo de Dante, sonriendo de triunfo.

Dante, al ver a Karina, se congeló. Ella no solo había desobedecido su orden, sino que había elegido la recepción de su abuelo y, peor aún, estaba acompañada por Luciano Stanton, su antiguo rival en el amor y un pilar de la filantropía rival.

El rojo vibrante del vestido que Dante le había enviado ardía sobre Karina como una burla directa. Olivia fue la primera en hablar.

—Vaya, Dante. Parece que la doctora Harroway finalmente dejó su rincón —dijo sonriente—. Y con el señor Stanton, ¡qué elegante!

Karina sintió el ardor de la humillación, pero su rabia fue más fuerte. Ella no iba a permitir que él mantuviera esa farsa un segundo más. Dante no solo la engañaba interna, sino públicamente.

Se acercó un paso al ascensor y miró a Dante directamente a los ojos, ignorando a Olivia. Su tono era helado y cortante.

—Dante —interrogó Karina, con una calma que lo desarmó—. ¿Ya firmaste el acuerdo de divorcio o estás muy ocupado?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • De esposa rechazada a su perdición   144

    Al día siguiente, el campus todavía bullía con los rumores de la pelea en el bar. La historia de cómo el baterista de la banda había noqueado al capitán de fútbol circulaba en versiones cada vez más exageradas y más egocéntricas para Leo, pero Elena solo podía pensar en la mirada de orgullo de Dante en la comisaría, un orgullo basado en una mentira atroz de solo cuidar de Elena y no porque Mark quería algo que le pertenecía. Logró interceptar a Leo cerca de los casilleros de la facultad, arrastrándolo por el brazo hacia un rincón apartado detrás de las máquinas de café.—¡Leo, esto es extremadamente peligroso! —le susurró con la voz entrecortada, mirando hacia ambos lados del pasillo, evitando miradas curiosas—. Mi padre casi nos descubre anoche. Estuvo a nada de sospechar algo por cómo nos mirábamos. No podemos seguir ocultándonos así; un día de estos vamos a cometer un error fatal frente a ellos y no habrá vuelta atrás. Se acabó, Leo.Leo, lejos de parecer preocupado, se apoyó contr

  • De esposa rechazada a su perdición   143

    La energía en el local era eléctrica y una vibración subía desde el suelo de cemento hasta las rodillas. Leo estaba tras la batería, con la camiseta empapada pegada a la espalda, moviéndose con una fuerza y precisión que hipnotizaban a la multitud, pero esa noche, Elena no lo miraba simplemente como una espectadora más o como la "novia de fachada"; sus ojos brillaban con la complicidad eléctrica de lo ocurrido la noche anterior en su habitación.Vitoreaba, aplaudía con las manos en alto y no le quitaba la vista de encima, sintiendo un nudo en la garganta y un calor repentino cada vez que él, entre redoble y redoble, le dedicaba una sonrisa fugaz y cargada de intención desde el escenario. Elena estaba fascinada por lo que estaba comenzando a nacer entre ellos, por lo que estaba creciendo, por lo que germinaba como una flor.—Estás diferente hoy, Elena —comentó Suzanne, la novia de Mike, acercándose con una cerveza en la mano y gritando para ser escuchada—. Se te nota a kilómetros, tien

  • De esposa rechazada a su perdición   142

    El lunes por la mañana, Elena decidió que no podía enfrentar la realidad del campus ni las miradas inquisidoras de todos los que seguían hablando de ese beso que no debió pasar con Mark. El peso de los besos robados en el baño de la tía Ana y la intensidad asfixiante de Leo eran demasiado para procesar en frío. Fingió una migraña terrible y algo de fiebre. Dante y Karina, siempre protectores, no dudaron de su palabra al verla tan pálida y ojeras.—Cariño, quédate en la cama. Te traeremos medicinas y sopa más tarde. No pienses en la universidad ni en los libros hoy —le dijo Karina, besando su frente antes de salir y cerrar las cortinas para dejar el cuarto en penumbra.Elena pasó el día entero entre sábanas de hilo, sintiéndose una hipócrita de primera clase, pero comiendo helado y viendo malas comedias románticas. Cada vez que cerraba los ojos, sentía la presión de las manos de Leo en su cintura y escuchaba su voz ronca pidiéndole que dejara de luchar contra lo inevitable. El silencio

  • De esposa rechazada a su perdición   141

    El domingo llegó con un sol radiante que se filtraba entre los altos pinos del jardín y era un clima que contrastaba muy bien con la tormenta interna que consumía a Leo y Elena. La mansión de Ana y Luciano, ubicada en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, estaba decorada con una elegancia sobria para el nuevo cumpleaños de Sofía. Risas casi adolescentes, música de ambiente y el aroma penetrante de un solomillo al vino tinto llenaban el aire.Dante y Karina caminaban orgullosos entre los invitados, saludando a los parientes lejanos y compartiendo anécdotas sobre lo mucho que habían crecido sus hijos. Sin embargo, el aire entre Leo y Elena era tan gélido que cortaba la respiración de cualquiera que se acercara. Se mantenían en extremos opuestos del jardín: él, recostado contra una columna de madera, la favorita de Luciano, con una copa de champaña intacta; ella, fingiendo una conversación animada con una prima segunda que apenas recordaba.Ana, siempre observadora y con ese inst

  • De esposa rechazada a su perdición   140

    El campus de la universidad se convirtió en un campo de batalla silencioso después de esa revelación, discusión y alejamiento después de la fiesta. Durante una semana completa, Leo y Elena perfeccionaron el arte de evitarse casi exitosamente. Elena cambiaba de ruta bruscamente si divisaba la motocicleta negra de Leo estacionada a lo lejos, y él se refugiaba en el sótano de ensayos de la banda, descargando su furia contra la batería hasta que las manos le ampollaban y los oídos le zumbaban.Dante y Karina notaban la tensión, pero la atribuían al cansancio acumulado de los exámenes y al estrés de las entregas de proyectos. Por supuesto ninguno de los dos habló con sus hijos porque los hermanos se peleaban a fin de cuentas y no querían ser intrusivos. Sin embargo, la tregua forzada terminó con una llamada telefónica el domingo por la mañana que desmoronó cualquier plan de distancia que los separaba de volverse a ver.—Es el cumpleaños de su prima Sofía —anunció Dante con entusiasmo desde

  • De esposa rechazada a su perdición   139

    La noche del baile de gala llegó tan afilada que podía cortar la tensión con un cuchillo. El gimnasio de la universidad estaba irreconocible, cubierto de telas brillantes y luces estroboscópicas, pero para Leo, el único punto de luz era la entrada. Elena, decidida a cumplir su advertencia, apareció con un vestido de satén corto, ceñido al cuerpo y de un rojo profundo que destacaba violentamente contra la palidez de su piel. El escote en la espalda y el corte alto en la pierna dejaban poco a la imaginación. Estaba radiante, pero su mirada tenía un brillo gélido, casi metálico.Leo se separó de sus amigos en cuanto la vio llegar. Ella se negó a que fuera a buscarla a la casa para no alertar a sus padres, y aunque solo podría ser el chaperón, Karina era intuitiva y podría mirar entre las fisuras de su mentira para conseguir la verdad.—Estás hermosa —le susurró Leo al recibirla cerca de la entrada, con orgullo posesivo y una sospecha que le cerraba el estómago.Seguía pensando que ella h

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status