LOGINAdrián no respondió de inmediato. No confiaba en Fernanda y tampoco había olvidado todo lo que hizo contra Victoria, aunque su pregunta carecía de la competencia y el resentimiento que antes habrían acompañado cualquier mención de su hermana.—Su salud no te corresponde.—Tienes razón —admitió Fernanda—, pero llevas varios minutos actuando como si la terapia fuera una agresión y pareces necesitar hablar con alguien que no pueda darte la respuesta que deseas.—¿Ahora pretendes aconsejarme?—No. Apenas consigo entender mis propias decisiones y todavía existen días en que quisiera culpar a cualquier persona para no mirarme, así que no tengo autoridad para enseñarte nada.La sinceridad redujo parte de la hostilidad de Adrián. Fernanda se sentó en el suelo después de que el personal anunciara otra demora, mientras él permanecía de pie, incapaz de adoptar una postura menos defensiva delante de la mujer que había intentado destruir su relación.—La psicóloga que nos trató cuando éramos niños
Adrián llegó a la consulta convencido de que cumplir con la exigencia de Victoria no significaba aceptar las conclusiones de un desconocido. Se sentó frente al terapeuta y explicó lo de Daniel, los resultados médicos y los riesgos del embarazo como si presentara un informe que no admitía interpretaciones, procurando reducir sus decisiones a una respuesta razonable ante un peligro comprobado.—Su preocupación tiene fundamentos —reconoció el terapeuta—, pero eso no explica por qué comenzó a tomar decisiones otra vez sin consultar a su mujer.—Victoria minimiza el peligro.—¿O usted necesita creer que lo minimiza para justificar su vigilancia?Adrián endureció la expresión.—No vine para discutir si tengo derecho a preocuparme.—Tampoco he dicho que no lo tenga. Estoy preguntando qué hace con ese miedo.—Busco soluciones.—Incluso cuando esas soluciones afectan el cuerpo de otra persona.Adrián apartó la mirada. Hablar de la infancia, la pérdida y las decisiones de sus padres le parecía
Adrián llegó al hospital sin informarle a Victoria de la consulta. Había dicho que se reuniría con los abogados para revisar algunos asuntos relacionados con la adopción, una mentira incompleta que utilizó para convencerse de que todavía no la estaba traicionando, aunque sabía que ocultar el verdadero destino de aquella salida ya constituía una decisión tomada a sus espaldas.El especialista lo recibió con evidente cautela y dejó los documentos sobre el escritorio antes de invitarlo a sentarse.—Esperaba que viniera acompañado por su prometida.—Necesito comprender algo antes de hablar con ella.—La información médica le pertenece a Victoria.—Estoy autorizado para conocer los resultados.—Eso no significa que pueda tomar decisiones en su nombre.Adrián se inclinó hacia el escritorio, resistiéndose al tono que parecía colocarlo como una amenaza para la mujer a quien intentaba proteger.—Si interrumpiera el embarazo, ¿el peligro disminuiría?El médico permaneció callado durante unos se
Adrián permaneció despierto hasta el amanecer, atrapado entre la alegría que despertaba el embarazo y la idea de que podía convertirse en la causa de una pérdida imposible de soportar. Cuando Victoria abrió los ojos, él ya había revisado sus medicamentos y reorganizado las actividades del día para reducir cualquier esfuerzo que considerara innecesario.—Hoy veremos vestidos —le recordó ella.—Podemos posponerlo.—No quiero hacerlo.—Dormiste poco.—Porque desperté varias veces y te encontré mirándome.Adrián intentó responder, pero Victoria se levantó antes de que pudiera sugerirle descansar nuevamente. Ella comprendía su miedo porque también temía lo que pudieran revelar los siguientes estudios, aunque comenzaba a cansarse de demostrar que seguía siendo capaz de decidir sobre su cuerpo.Camille, Regina e Isabel las acompañaron a la prueba. Adrián también insistió en acudir y se instaló cerca del salón, asegurando que permanecería fuera hasta que Victoria solicitara su opinión, aunque
Victoria esperó entonces una explicación, pero él permaneció callado durante tantos segundos que la alegría del anuncio comenzó a mezclarse con una inquietud que ya no podía ignorar.—Dime qué te explicó el médico.Adrián se apartó lo suficiente para contemplarla, consciente de que ocultarle la información significaría repetir aquello que tantas veces había dañado su relación.—El riñón continúa funcionando, pero algunos valores indican que podría estar deteriorándose.Victoria cerró los dedos alrededor de los suyos.—¿Saben por qué?—Todavía no. Puede ser una reacción al tratamiento, una infección o el inicio de una disfunción del injerto.—Entonces tendrán que averiguarlo.—El embarazo puede empeorar todo.La expresión de Victoria cambió, aunque no retiró las manos. Adrián le explicó los riesgos mencionados por el especialista, incluyendo la posibilidad de que el riñón perdiera parte de su función, la hipertensión, el rechazo y las complicaciones para ella y el bebé. Evitó hablar de
Victoria despertó durante la madrugada y encontró a Adrián observándola. Él tenía una mano apoyada sobre su cintura y la expresión de quien llevaba horas sin dormir, atrapado en pensamientos que no estaba dispuesto a compartir.—¿Cuánto tiempo has estado así?—No lo sé.—Eso significa demasiado.Adrián acarició su mejilla y Victoria comprendió que los resultados contenían algo que no le había contado, pues su manera de vigilarla no correspondía a una simple variación en los estudios.—Quiero saber exactamente qué dijo el médico.—Hablaremos después de las siguientes pruebas.—No quiero que vuelvas a decidir qué información puedo soportar.Él se incorporó, dispuesto a explicarle, pero unos golpes apresurados sonaron en la puerta. Mathis entró seguido por Camille, llevando una caja enviada por Regina con opciones para la boda. El niño subió a la cama entre ambos y comenzó a mostrarles cada objeto, obligándolos a posponer una conversación que Victoria no pensaba olvidar.Durante el desay







