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Ese mismo día, después del desayuno y aprovechando que Camille y Mathis se habían quedado jugando con Eduardo bajo el cuidado de Regina, Victoria y Adrián regresaron a su habitación para pasar la mañana juntos. Ahora permanecían en la cama, todavía muy cerca el uno del otro, con esa calma satisfecha que solo aparecía cuando conseguían olvidarse durante un rato de todo lo que ocurría fuera de aquellas paredes.Adrián se inclinó y dejó un beso lento sobre el vientre desnudo de Victoria antes de acomodarse nuevamente a su lado. La preocupación seguía presente, pero no comenzó a hablar de seguridad ni a organizar nada por su cuenta; simplemente permaneció junto a ella y esperó unos segundos antes de preguntar:—¿Qué necesitas?La pregunta consiguió que ella levantara la mirada.—Entender por qué sigue convencido de que mi voluntad no cuenta. Daniel escucha lo que digo, pero siempre encuentra una forma de convertirlo en otra cosa.Adrián apoyó una mano sobre el respaldo de una silla.—Porq
A la mañana siguiente, Victoria seguía pensando en el video de Daniel mientras desayunaba con Camille y Mathis, aunque procuraba que ninguno de los dos notara cuánto le había alterado verlo vivo hablando de ella como si todavía existiera una historia pendiente entre ambos. Adrián, sentado frente a ella, aparentaba una calma que únicamente alguien que lo conociera bien podía reconocer como esfuerzo; respondía a los niños, corregía a Mathis cuando intentaba alimentar al perro debajo de la mesa y hasta permitió que Camille le explicara durante varios minutos por qué su corbata no combinaba con la camisa, pero su atención regresaba constantemente hacia Victoria.—No tienes que mirarme cada treinta segundos —murmuró ella cuando los niños comenzaron a discutir sobre quién debía llevar un dibujo a Eduardo.—No lo hago.—Adrián.—Estoy practicando la discreción.Victoria sonrió apenas y esa pequeña reacción pareció aliviarlo más de lo que habría admitido. Clara llegó poco después con Eduardo
—Amo al hombre que puede reconocer quién fue sin esconderse detrás del CEO perfecto —respondió Victoria—, porque ese hombre puede equivocarse, puede tener miedo y puede incluso seguir siendo insoportable, pero ya no necesita convencer a todo el mundo de que siempre tiene razón.Adrián dejó escapar una sonrisa.—Podías haber terminado antes de insoportable.—Entonces habría sido una declaración incompleta.Él apoyó finalmente la mano sobre su cintura.—Sigue.Victoria lo observó durante unos segundos, consciente de que años atrás habría dado cualquier cosa por tener una conversación así y que ahora, precisamente porque ya no necesitaba suplicarla, podía hablar con libertad.—Cuando Mathis te preguntó si alguna vez intentaste decidir por mí, podrías haberle contado una versión conveniente. Podías decir que siempre actuaste pensando en mi seguridad y dejar que él creyera que eso explicaba todo, pero elegiste reconocer que algunas veces utilizaste la protección para justificar el control.
Mathis permaneció pensando en la explicación de Adrián con una seriedad que contrastaba con su edad, mientras Camille continuaba tomada de la mano de Victoria y observaba de vez en cuando la pantalla donde Daniel permanecía inmóvil.—Entonces si mamá quiere hacer algo y tú crees que es peligroso, puedes decirle que no te gusta, pero ella todavía puede hacerlo —concluyó Mathis.Adrián asintió.—Exactamente.—¿Aunque pienses que está equivocada?—También.Victoria arqueó una ceja.—Espero que recuerdes esa respuesta la próxima vez que tengamos una discusión.Adrián la miró con una expresión que consiguió aliviar ligeramente la tensión.—Nadie dijo que tenga prohibido discutir.—Eso suena mucho más parecido a ti.Mathis sonrió, aunque Camille todavía parecía preocupada.—Yo no quiero que ese señor venga aquí.Victoria volvió a agacharse para quedar frente a ella.—Nosotros tampoco queremos que se acerque, por eso hay personas trabajando para mantenernos seguros. Tú no tienes que preocupa
Adrián bajó la mirada hacia las manos entrelazadas de ambos y después volvió a observar a Victoria, como si todavía le sorprendiera que ella pudiera reconocer todo lo que había hecho mal y aun así elegir acercarse.—La diferencia —dijo Victoria— es que ahora sí me ves.Algo cambió en la expresión de Adrián. Levantó la mano de ella y besó lentamente sus dedos aun sujetos a los de el sin apartar la mirada.—Ahora no sé cómo dejar de verte.Victoria sintió que aquellas palabras llegaban a un lugar demasiado sensible, aunque no tuvo tiempo de responder porque el encargado de abrir los archivos pidió su atención desde el otro extremo de la habitación.—Encontramos otra cosa y, por la información interna, parece mucho más reciente que las fotografías.Regina que iba entrando a la habitación se acercó inmediatamente.—¿Cuánto más reciente?—Semanas.La imagen apareció en la pantalla y Victoria reconoció a Daniel antes de que nadie pronunciara su nombre.Definitivamente estaba vivo y sus ojos
Mientras Victoria seguia consternada, Adrián permaneció en silencio, aunque su expresión cambió cuando recordó la explicación de Alejandro sobre la fuga del hospital. Daniel no había improvisado aquella operación: conservaba personas capaces de ingresar con credenciales falsas, manipular protocolos y conseguir información clínica que nunca debería haber estado a su alcance.—Dijiste que todavía tiene médicos trabajando para él —recordó Adrián—. Necesito saber exactamente qué significa eso.Alejandro apoyó los antebrazos sobre la mesa.—No conozco a todos. Daniel siempre separó a las personas que utilizaba para que ninguno supiera demasiado sobre los demás, pero sé que conserva contactos entre médicos, técnicos, administradores y laboratorios privados. Algunas relaciones vienen de muchos años atrás.Adrián giró inmediatamente hacia Victoria.Ella reconoció aquella expresión.—¿Qué estás pensando?—En tus últimos estudios.Victoria tardó unos segundos en comprender.—Adrián...—Si Daniel







