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Capítulo 5

Autor: Lulival
last update Fecha de publicación: 2026-06-24 04:45:35

Para sorpresa de Victoria, Adrián no se negó.

—Está bien mañana iré contigo —respondió.

Aun así, Victoria no sabía si había aceptado por preocupación o por obligación. Aunque su voz no mostró emoción, despertó en ella una expectativa que hacía tiempo no se permitía sentir. Aquella mañana se levantó temprano, se puso un vestido cómodo y guardó cuidadosamente sus estudios y el historial médico en una carpeta. No esperaba flores ni palabras de preocupación, solo que Adrián cumpliera su promesa.

Cuando bajó, él hablaba por teléfono en la sala. Al verla, levantó una mano para pedirle que esperara y cubrió el auricular con la palma.

—Saldremos en quince minutos.

Victoria asintió, se sentó en el extremo contrario del sofá y colocó la carpeta sobre sus piernas.

Volvió a revisar todos los documentos.

La noche anterior había comprobado dos veces que estuvieran completos. También los había revisado al despertar. Sin embargo, no pudo evitar hacerlo nuevamente, como si aquel gesto fuera capaz de aliviar la inquietud que sentía.

Adrián terminó pronto la llamada, tomó su café y se acercó a ella.

—¿Todavía te sientes mal?

—No. Es solo una revisión de rutina.

—Entonces no debería tardar demasiado.

Lo dijo con naturalidad.

No sonaba indiferente, pero tampoco intentaba consolarla. Simplemente estaba expresando un hecho.

Victoria sonrió y cerró la carpeta.

—Eso espero.

En ese momento, el teléfono que estaba sobre la mesa volvió a sonar.

Al reconocer el tono, Victoria sintió que el pecho se le tensaba.

Adrián miró la pantalla.

La llamada provenía del Hospital San Gabriel.

Respondió sin dudarlo.

—Doctor Ramírez.

Victoria no supo qué le dijeron, pero la expresión tranquila del hombre se volvió cada vez más seria. Los dedos con los que sostenía el teléfono se cerraron con fuerza.

—¿Está seguro?

Guardó silencio mientras escuchaba.

—¿Cuándo comenzó?

Otra pausa.

—De acuerdo. Iré enseguida.

Cuando pronunció aquellas últimas palabras, Victoria ya conocía la respuesta.

No necesitaba preguntar.

La llamada tenía que estar relacionada con Fernanda.

Adrián colgó y tomó el abrigo que descansaba sobre el sofá.

—Fernanda reaccionó durante la estimulación neurológica de esta mañana. El médico quiere que vaya inmediatamente.

Al decirlo, finalmente apareció una emoción en sus ojos.

Era la esperanza que llevaba tres años reprimiendo.

Victoria se levantó lentamente.

—Pero tenemos la cita a las diez y media.

Los movimientos de Adrián se detuvieron durante un instante, como si hasta ese momento hubiera recordado la promesa que le había hecho.

—Lo sé.

Decía que lo sabía, pero sus pasos no se detuvieron.

Victoria lo observó en silencio. No lo presionó ni volvió a recordárselo. Simplemente esperó a que tomara una decisión.

Después de unos segundos, Adrián habló:

—Le pediré a Manuel que te lleve. Si el médico necesita alguna explicación, me pondré en contacto con él más tarde.

Victoria lo miró.

—Ayer prometiste que irías conmigo.

Adrián frunció ligeramente el ceño. Su voz reflejó cierta dificultad.

—Victoria, esta vez es diferente. Fernanda podría estar mostrando señales de recuperación de la conciencia. Tengo que ir.

Tenía que hacerlo. Siempre utilizaba esas mismas palabras y, durante los últimos tres años, cada vez que Adrián las pronunciaba, el resultado era el mismo: su cumpleaños podía celebrarse otro día y su aniversario compensarse después, pero Fernanda nunca podía esperar.

Victoria asintió suavemente y dejó de discutir.

—Comprendo.

Adrián pareció respirar aliviado. Se acercó y habló con un tono más amable.

—Llámame cuando termine la consulta.

Victoria lo miró y sonrió.

—No será necesario.

Adrián pareció desconcertado.

—Victoria...

—Ve —lo interrumpió ella con absoluta tranquilidad—. El médico te está esperando.

Adrián la observó unos segundos antes de darse la vuelta y marcharse.

Cuando la puerta se cerró, la residencia volvió a quedar en silencio.

Victoria permaneció inmóvil, mirando la carpeta entre sus manos. No lloró ni se enfadó. En el fondo, siempre había sabido que terminaría ocurriendo lo mismo.

Lo que más le dolía no era que Adrián hubiera roto su promesa, sino descubrir que comenzaba a acostumbrarse a sus decepciones.

Finalmente, tomó el teléfono y llamó a la clínica.

—Buenos días. Quisiera reprogramar la consulta que tenía para hoy.

La recepcionista le ofreció una nueva cita para la semana siguiente.

Victoria dio las gracias, colgó y guardó nuevamente la carpeta dentro de su bolso.

No salió de inmediato.

Solo al mediodía decidió conducir hasta el hospital.

No sabía exactamente por qué lo hacía.

Quizá necesitaba comprobar con sus propios ojos qué clase de esperanza conseguía que Adrián renunciara a ella una y otra vez sin dudarlo.

El área de neurología se encontraba tan silenciosa como siempre.

Una enfermera la reconoció y la saludó con una sonrisa.

—El señor Montenegro está dentro.

Victoria asintió y avanzó lentamente por el pasillo.

Cuando llegó frente a la habitación, sus pasos se detuvieron.

En el interior reinaba el silencio.

La luz del sol entraba por la ventana y caía sobre la cama blanca. Fernanda continuaba tendida allí, sin despertar y sin mostrar ninguna reacción.

Adrián estaba sentado junto a la cama.

Sostenía suavemente la mano de Fernanda y, con la cabeza inclinada, parecía hablarle en voz baja.

Victoria no consiguió escuchar las primeras palabras.

Solo alcanzó a distinguir la última frase.

—Estoy aquí, Fer. No tengas miedo.

La carpeta pareció perder todo su peso entre las manos de Victoria.

No era solo la ternura con la que Adrián sostenía la mano de Fernanda, sino la naturalidad del gesto, como si aquel lugar siempre le hubiera pertenecido y su matrimonio con Victoria fuera apenas una pausa. Fernanda seguía inmóvil, pero él la miraba como si pudiera responderle.

Victoria sintió culpa por el pensamiento que llevaba tanto tiempo reprimiendo: si su hermana despertaba, todo terminaría para ella. No porque la odiara ni porque deseara que continuara enferma, sino porque su regreso destruiría la única posibilidad que había tenido de ser amada por Adrián.

La idea la avergonzaba. No quería competir con su hermana ni comparar sus sufrimientos, pero tampoco podía negar lo que sentía. Amaba a Adrián desde antes de casarse con él, incluso cuando sabía que sus ojos solo seguían a Fernanda. Había aceptado aquel matrimonio porque lo amaba y esperaba que algún día dejara de verla como la solución a un problema.

Ahora comprendía que ese día quizá nunca llegaría. Adrián llevó la mano de Fernanda hasta sus labios y Victoria retrocedió. No lo obligaría a mirarla cuando su corazón pertenecía a otra mujer. Bajó la vista hacia su anillo y se lo quitó con calma. No había ira ni intención de herirlo, solo una decisión.

Lo guardó en el bolso, miró por última vez la habitación y caminó hacia el elevador. Cuando Fernanda despertara, no esperaría a que Adrián la abandonara.

Esta vez, Victoria se marcharía primero.

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Comentarios (12)
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Wendy Aguilar
A mí recién me pasó igual ...
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Somer Aguiño
la novela está muy buena
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Somer Aguiño
por qué si estaba en el capítulo 270 me piden ingresar un correo o cuenta me regresa. al primer capítulo, no es justo
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