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Capítulo 2

Author: Zyda Moana
Era como si, de la noche a la mañana, me hubiera convertido en otra persona.

Al borde del colapso, recurrí a una persona tras otra, desesperada, tratando de confirmar quién era realmente. Pero nadie me recordaba.

Sin saber qué más hacer, volví a buscar a mi esposo, el hombre con quien convivía día y noche, e intenté explicarle todo lo extraño que me estaba pasando.

Pero Nicolás siguió sin creerme. Pensó que estaba loca, me humilló delante de todos y me echó del laboratorio.

Después ordenó a los guardias de seguridad del laboratorio y de la residencia que no me dejaran acercarme y que tampoco permitieran que volviera a aparecer frente a él.

Con el tiempo, casi todos acabaron tomándome por loca. Creían que había perdido la razón y que todo lo que decía no eran más que delirios.

Más adelante, me internaron por la fuerza en un hospital psiquiátrico. Apenas llevaba unos días allí cuando terminé quebrándome por completo y decidí quitarme la vida.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

Me puse de pie, dispuesta a irme.

—Me voy ahora mismo. No te preocupes, no volveré a hacer algo así. Pero si intentas hacerme algo, haré que tu esposa se entere.

Nicolás me lanzó una mirada fría. No dijo nada más y simplemente me echó.

Lo conocía bien. Si de verdad estaba convencido de que yo era su secretaria, se lo pensaría dos veces y no intentaría acabar conmigo de inmediato.

Me dejé caer, abatida, en las escaleras del edificio mientras los recuerdos de mi vida anterior volvían una y otra vez a mi cabeza.

Podía entender que una persona me confundiera con alguien más.

Pero ¿por qué todos me tomaban por otra persona?

En mi vida anterior, hasta el momento de mi muerte seguía sin entender por qué ocurría todo aquello. Incluso llegué a preguntarme si de verdad era mi memoria la que estaba fallando.

Pero ahora que tenía una segunda oportunidad, tenía que descubrir la verdad.

***

Volví a casa de Camila.

En mi vida anterior, mientras buscaba desesperadamente respuestas, había hecho todo lo posible por averiguar dónde vivía. Al final descubrí que su casa estaba en el mismo complejo residencial que la nuestra.

La cerradura con reconocimiento facial detectó mi rostro y enseguida sonó el clic que indicaba que la puerta se había desbloqueado.

Nunca había estado allí y, aun así, podía abrir la puerta con mi propia cara.

Observé con atención todo lo que había en la casa.

Casi todos los objetos de uso diario eran del estilo que me gustaba, muy parecidos a los que yo misma solía usar.

Corrí al dormitorio y empecé a buscar cualquier cosa que pudiera demostrar mi verdadera identidad.

Dentro de uno de los cajones había un documento de identidad boca abajo.

Lo tomé con las manos temblorosas.

El nombre era, efectivamente, Camila Ríos.

Pero la fotografía era mía.

Aquello era tan inexplicable que las piernas me fallaron y terminé desplomándome en el suelo. Un escalofrío de miedo me recorrió todo el cuerpo.

Me repetí una y otra vez que no debía creer en lo que estaba viendo.

Pero estaba demasiado cansada.

Sin darme cuenta, caí profundamente dormida.

Cuando volví a abrir los ojos, ya era por la tarde.

Mi primer impulso fue ir a la policía.

Pero en mi vida anterior ya había intentado denunciar lo ocurrido y no tenía ninguna prueba.

Nadie creyó que pudiera estar ocurriendo algo tan extraño. Pensaron que simplemente estaba diciendo cosas sin sentido.

Así que esta vez lo más importante era encontrar pruebas.

Todo lo que pudiera demostrar quién era realmente debía seguir en la casa donde había vivido durante tantos años.

Al día siguiente, aproveché que Nicolás había ido al laboratorio y fui a su residencia.

Al pasar junto a la empleada doméstica, me miró con cierta sorpresa, pero enseguida me saludó con amabilidad.

—Señorita Ríos, ¿vino a buscar al señor Ferrer? Acaba de salir. Si es algo urgente, puede llamarlo.

Forcé una pequeña sonrisa.

—Lo sé. Él me pidió que viniera por unos documentos. Los recojo y me voy enseguida.

Sin decir nada más, seguí de largo y entré.

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