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Capítulo 3

Author: Zyda Moana
Mientras subía las escaleras, todas las personas que antes me conocían me llamaban señorita Ríos.

Sentí que el miedo se apoderaba cada vez más de mí.

Los recuerdos de mi vida anterior volvieron a mi mente como una pesadilla, y aceleré el paso.

Guiándome por aquellos recuerdos, marqué el código de la habitación y entré.

Junto a la cama seguía colgada la fotografía de nuestra boda.

El nombre seguía siendo el mío, pero el rostro no era el mío.

Esta vez estaba segura de que no me estaba equivocando.

Y aun así, seguía sin poder explicar todo aquello.

¿Por qué todos me llamaban Camila Ríos?

Con la ayuda de mis recuerdos, busqué el cuaderno que había escondido en el dormitorio.

Ni siquiera Nicolás sabía de su existencia.

En mi vida anterior había ido demasiado lejos y terminé haciendo que Nicolás se enfadara conmigo.

Por eso se negó rotundamente a dejarme volver a entrar en la casa, y nunca pude recuperar aquel cuaderno.

Desde pequeña tenía mala memoria, así que siempre había tenido la costumbre de anotar toda la información de las personas que conocía.

Ahí estaban los contactos de todas las personas que había conocido desde pequeña.

Mientras pudiera encontrarlos, estaba segura de que encontraría la manera de demostrar quién era realmente.

Pero antes de poder empezar a buscar, mi celular sonó de repente.

Era Nicolás.

Su voz llena de furia llegó desde el otro lado de la línea.

—¡Camila! ¿Qué demonios estás haciendo? ¡Entraste a mi casa en pleno día para robar! ¿Quieres que llame a la policía y haga que te arresten?

La ternura y el cariño que antes tenía hacia mí habían desaparecido por completo.

No le presté atención y seguí buscando desesperadamente aquel cuaderno.

Nicolás levantó todavía más la voz.

—¿Qué locura estás haciendo ahora? Ya voy para allá. Si vuelves a tocar algo de mi casa, te vas a arrepentir...

Había esperado demasiado para tener esta oportunidad.

No estaba dispuesta a desperdiciarla.

Así que colgué.

Revolví cajones y armarios durante mucho tiempo hasta que finalmente encontré, en el cajón más bajo del dormitorio, aquel cuaderno tan familiar.

Lo abrí llena de esperanza.

Pero estaba completamente en blanco.

***

Lo revisé una y otra vez, pasando página tras página.

Incluso después de que Nicolás regresara y volviera a echarme de la casa, seguía sin poder aceptar lo que había ocurrido.

No podía entender cómo aquel cuaderno que yo misma había llenado con mis propias manos no tenía ni una sola marca.

Esa noche no pude dormir.

Mientras no descubriera qué estaba pasando, en cualquier momento podía terminar igual que en mi vida anterior, encerrada por todos como si estuviera loca.

Mientras daba vueltas en la cama, de repente recordé el orfanato donde había crecido.

Aunque hacía mucho tiempo que había sido demolido, no creía que no quedara ninguna pista.

Si encontraba a las personas de aquel entonces, también podría demostrar mi identidad.

A la mañana siguiente fui al antiguo orfanato donde había vivido.

Pero aquel lugar estaba completamente deteriorado y abandonado.

Ya no quedaba nadie allí.

Detuve a las personas que pasaban y les pregunté si sabían adónde habían ido los antiguos habitantes del orfanato.

Como esperaba, todos respondieron exactamente lo mismo.

No sabían nada.

Era como si alguien les hubiera dado la misma respuesta.

Mis pensamientos se volvieron cada vez más confusos.

Me cubrí la cabeza con las manos, mirando todo aquello con desesperación.

¿Y si todo lo que veía frente a mí era falso?

¿Y si realmente era yo quien estaba teniendo alucinaciones?

Consumida por la angustia, entré al viejo orfanato buscando alguna pista.

En ese momento, una voz sonó detrás de mí.

—¿Valeria Mendoza?

Me giré bruscamente.

Una mujer desconocida estaba de pie detrás de mí.

Acababa de pronunciar el nombre que llevaba tanto tiempo sin escuchar.

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