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Capítulo 7

Autor: T. Lili
El corazón de Elena empezó a latir con fuerza. Levantó el dedo índice y lo apoyó apenas sobre el pecho firme de él, intentando crear un poco de distancia. Su voz llevaba un temblor casi imperceptible.

—No, no te muevas.

Él bajó la cabeza. Su aliento tibio rozó, casi sin tocar, el borde de su oreja.

—¿Así de mandona? ¿Ni siquiera me dejas cambiarme los zapatos?

Elena se quedó paralizada y alzó la mirada hacia el hombre que tenía a centímetros.

En esos ojos profundos se reflejaba su expresión alterada. En sus labios apareció una sonrisa que no llegaba a ser sonrisa.

Lo estaba haciendo a propósito.

El rostro de Elena se calentó. Lo empujó con fuerza y se escabulló por el espacio a su lado, casi huyendo hacia la sala.

Al ver su espalda apresurada, Cristian bajó la mirada. En la comisura de sus labios apareció una leve curvatura.

En ese momento, la profesora Silvia salió de la cocina con un plato y, al ver a Cristian, lo saludó con entusiasmo.

—Ah, Cristian, pasa, pasa.

—Profesora Silvia.

—Sí —asintió ella, sonriendo con suavidad hacia la cocina—. Arturo, llegó tu estudiante favorito.

El profesor Arturo había sido el tutor de Cristian en la facultad de Medicina. Lo apreciaba mucho y su relación era especialmente cercana.

Al oírla, el profesor salió de la cocina con un delantal puesto y un plato de carne guisada en las manos. Al ver a Cristian, no pudo ocultar su alegría.

Cristian inclinó levemente la cabeza.

—Profesor.

—Bien, bien —respondió el profesor, satisfecho—. Siéntate rápido, hoy vas a comer rico.

Luego miró hacia Elena en la sala y sonrió con amabilidad.

—Elena, siéntate. No te pongas nerviosa, siéntete como en tu casa.

—Está bien —respondió ella, asintiendo con docilidad.

Una vez sentados, la profesora Silvia hizo las presentaciones.

—Elena, este es Cristian, estudiante del profesor Arturo. Regresó hace poco del extranjero y ahora es médico jefe invitado en el hospital Central.

Luego se volvió hacia él.

—Cristian, Elena es mi alumna.

Elena mantuvo su actitud de buena estudiante.

—Mucho gusto, Doctor Aguirre.

—Mucho gusto, Señorita Elena —respondió él.

La llamó por su nombre.

La profesora Silvia se sorprendió un poco.

—¿Ya se conocen?

—No.

—Sí.

Las respuestas salieron casi al mismo tiempo.

Elena apretó los labios, temiendo que ese hombre soltara alguna barbaridad al siguiente segundo.

Si eso pasaba, su imagen frente a la profesora quedaría arruinada

Se adelantó de inmediato.

—No somos muy cercanos, por eso...

—La Señorita Elena fue ayer al hospital. ¿Tan rápido se le olvidó?

Elena no supo si reír o llorar. Pero como no se atrevía a llevarle la contraria, se limitó a asentir con resignación, esbozando una sonrisa forzada:

—Se me han cruzado los cables.

Los dos profesores los observaron en silencio. El ambiente se volvió extraño.

Pasaron unos segundos.

—Comamos mientras está caliente —dijo el profesor Arturo mientras sacaba una buena botella de vino—. Cristian, no nos vemos desde hace tres años. Hoy tienes que tomarte una copa conmigo.

—Claro.

Elena soltó un suspiro silencioso. Apretó los dientes al ver cómo ese hombre, frente a los profesores, se mostraba tan educado y humilde, completamente distinto a lo que ella había visto.

Qué bien sabía fingir.

Gracias a lo majos que eran los profesores, hubo muy buen ambiente en todo momento de la comida.

Después de comer, el profesor Arturo y Cristian se quedaron conversando en la sala. Elena ayudó a la profesora Silvia a recoger los platos.

En la sala, el profesor Arturo tomó la iniciativa.

—Cristian, leí con atención el artículo que mencionaste en tu correo sobre la carga viral del HPV de alto riesgo y la progresión de las lesiones cervicales. La combinación de inteligencia artificial con modelos de datos es clave para definir el umbral de actividad viral.

—Profesor —respondió Cristian—, los métodos de detección actuales suelen identificar las lesiones cuando ya es tarde. Esta línea de investigación busca indicadores de alerta más tempranos. Si tiene éxito, la precisión podría superar el noventa por ciento.

—Lo lograrás. Confío en ti.

Él sonrió apenas. En el fondo de sus ojos pasó una sombra difícil de percibir.

El profesor continuó.

—Desde que falleció tu madre, insististe en cambiar de carrera y enfocarte en ginecología. Para alguien que estudiaba finanzas, era como empezar en otro mundo. Has recorrido un camino más duro que muchos, y lo que has logrado es la mejor respuesta.

—Gracias por todo su apoyo durante estos años —dijo Cristian con voz baja.

—Entre maestro y alumno no hace falta decir eso. Lo que sí me preocupa es la familia Aguirre. ¿Puedes con todo?

En la cocina, Elena colocaba los platos dentro del lavavajillas, pero tenía el oído atento a la conversación de la sala.

Se contuvo un momento y al final no pudo evitar preguntar.

—Profesora, ¿el doctor Aguirre no estudió Medicina desde el principio?

La profesora Silvia suspiró suavemente y bajó un poco la voz.

—No. Ese chico, no lo ha tenido fácil.

Elena se detuvo un instante, prestando más atención.

—Él estudia Medicina por una obsesión —continuó la profesora, con tono compasivo—. Su madre murió de cáncer cervicouterino. Cuando lo detectaron, ya estaba en etapa avanzada. En ese entonces, él apenas cursaba su primer año de universidad.

Algo golpeó suavemente el corazón de Elena. Sus manos se movieron más despacio sin darse cuenta.

La profesora se secó las manos y empezó a preparar café.

—Su familia también es bastante complicada. El pobre está rodeado de buitres.

¿Rodeado de buitres? ¿Tan difícil lo tenía?

Con razón, siendo ya médico jefe, todavía iba a trabajar como modelo masculino en bares. Eso sí, su ética profesional dejaba mucho que desear, incluso se atrevió a grabarla para amenazarla.

¿Le habría pagado poco?

Mientras divagaba, la profesora agitó la mano frente a sus ojos.

—¿Elena? ¿En qué estás pensando?

—Nada. Solo pensé que Cristian es bastante digno de lástima

La profesora sonrió levemente y no siguió profundizando en el tema. Había llamado a Elena no solo para comer, también tenía algo más que decirle.

—Elena, el material que entregaste sobre nutrición en enfermedades crónicas ya entró oficialmente en cooperación comercial. Justo conozco a alguien cuya familia encaja en este caso. Quieren contratarte como nutricionista privada. ¿Qué opinas?

¿Contratarla como nutricionista privada?

Ella dudó un poco.

—¿De quién se trata?

—De Doña Aguirre, de la familia Aguirre de ciudad Norte. Tiene diabetes desde hace años y últimamente las complicaciones han empeorado. Quiere un plan de alimentación terapéutico profesional.

—¿La familia Aguirre de ciudad Norte?

—Sí. Tengo una relación de muchos años con la señora. Tú irías por mi recomendación, así que puedes estar tranquila. La paga y las condiciones serán buenas.

Eso no le preocupaba en absoluto.

Después de todo, la familia Aguirre era una de las más poderosas de ciudad Norte. ¿Una oportunidad así cayéndole del cielo?

No era que dudara de sí misma, pero desde que obtuvo la certificación avanzada, se había dedicado casi por completo a cuidar a Bruno y no había tenido práctica real. ¿De verdad la familia Aguirre aceptaría?

Aunque, pensándolo bien, su profesora era una autoridad en nutrición y además existía esa relación previa. Todo tenía sentido.

Elena no iba a dejar pasar una oportunidad así. Tomó del brazo a la profesora y, con tono mimoso, preguntó:

—¿Incluye alojamiento?

No le faltaba dinero. Además de lo que le había sacado a Bruno, tenía dividendos del instituto de investigación de su profesora, y antes de dejar su trabajo ganaba bastante bien. Comprar un departamento no era problema.

Pero todavía no era el momento.

Ella y Bruno seguían siendo esposos solo de nombre. Mudarse de golpe o irse a vivir con Lulu solo traería problemas innecesarios.
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Último capítulo

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 20

    Si ella no podía dormir, entonces había personas que tampoco.Movida por un impulso casi involuntario, Elena abrió la aplicación de las cámaras de vigilancia de Villa Montegrande.Eso se lo debía a Lulu. Cuando había comprado muebles de segunda mano, de paso había mandado instalar varias cámaras.Abrió varias pantallas a la vez y, en la de su dormitorio principal, vio a alguien.Valentina estaba recostada en su cama, sin el menor reparo, incluso con una expresión de autosatisfacción descarada.Era repugnante, sencillamente repugnante.¿De verdad le gustaba ese tipo de perversión?Está bien. Algún día les mandaría un gran regalo a los dos.En la pantalla, Bruno salió del baño con una toalla alrededor de la cintura. Caminó directo hacia la cama y se lanzó sobre Valentina, con una mezcla de pericia e impaciencia.Elena no tenía ningún interés en seguir viendo algo tan desagradable. Tomó el celular que usaba para el trabajo y, sin apartar la vista de la pantalla, marcó el número de Bruno.

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 19

    Aquella señora era, al parecer, la segunda esposa.La primera había fallecido joven y había dejado un hijo, aunque su relación con la familia Aguirre no era precisamente cercana.Pero, al fin y al cabo, donde hay madrastra, suele aparecer también un padrastro. Ni siquiera las familias adineradas se salvan de eso.A las diez de la noche, Elena volvió a ducharse y luego hizo una videollamada a Lulu. Quería saber si había algún avance con el asunto de Bruno.Colocó el celular sobre la mesa de noche y, mientras se aplicaba crema corporal, esperó a que la llamada se conectara.En cuanto escuchó el sonido de conexión, habló sin mirar la pantalla:—Cariño, te digo algo. En la próxima vida sí o sí voy a conquistar al heredero de la familia Aguirre, te voy a llevar conmigo a vivir rodeada de lujos. Lástima que en esta vida ya no se pueda.Levantó una pierna y la apoyó en el borde de la cama, presionó el dispensador y extendió una buena cantidad de crema por la pantorrilla.—Por cierto, ¿hay alg

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 18

    El primer día de trabajo de Elena en la mansión Aguirre fue todo un éxito.Durante la cena volvió a ganarse el gran reconocimiento de Doña Aguirre, quien incluso la invitó a que, de ahora en adelante, comieran juntas.Con la cena terminada, también daba por finalizada su jornada laboral.Aun así, no se quedó quieta. Fue a buscar al chef y le pidió un frasco de vidrio. Dentro colocó algunas verduras que había pedido al mediodía a AndrésLos cubrió con sal y agua limpia, añadió unos granos de pimienta fresca y unas gotas de licor fuerte. Tras dejarlos en remojo alrededor de una semana, servirían como un acompañamiento fresco y apetitoso.El mayordomo Andrés sonrió y comentó:—Señorita Elena, con todo el cuidado que pone para la Doña Aguirre, seguro que le va a encantar.—Andrés, mejor llámeme por mi nombre —respondió ella mientras llevaba el frasco a un lugar fresco—. Cuando esté listo, que todos lo prueben. Si hay algo que mejorar, díganmelo.—De acuerdo, entonces te llamaré Elena.—Gr

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 17

    Todas las miradas se dirigieron entonces hacia Elena, que estaba de pie junto a Doña Aguirre. Mantenía la espalda recta, vestida con una camisa blanca y pantalón negro. Su rostro era sencillo, pero delicado.Inclinó levemente la cabeza ante los presentes.—Las enfermedades de base de Doña Aguirre no son compatibles con alimentos altos en grasa ni en azúcar. Eso dificulta el control de su condición.Habló con calma y claridad.—El arroz integral es rico en fibra y tiene un índice glucémico bajo. La cocción al vapor es la forma más saludable de preparar los alimentos. Las verduras se adaptan a sus preferencias y, además, son adecuadas para el otoño, ayudan a aliviar la sequedad del organismo.Blanca puso los ojos en blanco mientras giraba el enorme diamante de su anillo.—Hablas muy bonito. Pero quién sabe si no nos estás tomando el pelo.—Basta.La voz de Doña Aguirre sonó de repente. Sus ojos, aunque velados por la edad, lanzaron una mirada fulminante a Blanca.—No eres quién para cues

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 16

    Elena siguió al mayordomo Andrés hasta el salón principal. Un aroma elegante de sándalo la envolvió de inmediato.Detrás de un biombo tallado en madera noble, Doña Aguirre estaba sentada en un diván de caoba. No tenía ni un solo pelo canoso fuera de su sitio y lucía un vestido de seda oscura que denotaba su rango, pasando con calma las cuentas de madera entre sus manos.Al oír los pasos, alzó ligeramente los párpados. Su mirada era profunda y serena.Andrés anunció en voz baja:—Doña Aguirre, la nutricionista, la Señorita Elena, ha llegado.Elena habló con respeto:—Hola, Doña Aguirre.No respondió de inmediato. Se limitó a examinarla de arriba abajo, con una mirada cargada de la autoridad que da el poder y los años, como si pudiera ver a través de las personas.El ambiente quedó en completo silencio.Tras unos segundos, Doña Aguirre habló por fin:—Si fue recomendada por la profesora Silvia, entonces probemos. Pero si no quedo satisfecha, no piense que por venir presentada por alguien

  • Del matrimonio falso a esposa del heredero supremo   Capítulo 15

    No pudo evitar maldecir por dentro.Levantó la colcha y se bajó de la cama. Al ver la alfombra hecha un desastre, las mejillas le ardieron. Las imágenes de la noche anterior daban vueltas en su mente."La verdad es que sabe hacer de todo", pensó.Se vistió y salió descalza. Apenas llegó a la puerta de la habitación, escuchó voces conversando.—Señor, la trampa ya está lista. Ahora solo falta que muerdan el anzuelo.—Sigue vigilando.—Entendido.Cristian alcanzó a ver la silueta en la puerta y dijo con tono indiferente:—Déjame el auto.Tomás se quedó un segundo en blanco y enseguida entendió.Asintió.—Iré a la empresa en taxi.Dicho eso, se fue sin mirar atrás, apurando el paso.Solo cuando oyó el sonido de la puerta al cerrarse, Elena salió finalmente.Se adelantó y explicó:—No estaba espiando a propósito.Pero tenía demasiadas dudas.Caminó hasta el sillón individual frente a Cristian y se sentó. Lo miró una y otra vez, sin disimulo.—¿Qué quieres preguntar? —dijo él.Tenía un rost

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