MasukPOV de ElenaLa pantalla se quedó negra.Un segundo antes, el rostro de Victor llenaba la pantalla, tranquilo y seguro de sí mismo. Al siguiente, solo había oscuridad y el suave sonido de la llamada finalizada.Nikolai no se movió.Permaneció de pie en medio del despacho privado, como si alguien hubiera cortado los hilos que lo mantenían en pie. Tenía los hombros rígidos. La mano que todavía sostenía el teléfono se había puesto blanca por la fuerza con la que lo sujetaba. Podía escuchar su respiración: corta, controlada, el tipo de control que exige un precio a cada segundo que se mantiene.No dije nada. No había nada útil que pudiera decir. Las palabras que Victor había dejado suspendidas en el aire —nunca debiste haber sido un Carter— todavía se asentaban en la habitación como el humo.Entonces Nikolai se volvió.—Rastreen la llamada. Ahora.La orden fue tranquila, pero los dos hombres que esperaban cerca de la puerta se movieron como si hubiera gritado. Uno de ellos ya tenía una ta
POV de ElenaLa fotografía no me permitía apartar la mirada.Margaret Carter estaba sentada en una sala de estar iluminada por el sol que parecía casi acogedora, casi normal. Una taza de té intacta descansaba sobre la mesa frente a ella. Las cortinas suaves estaban parcialmente cerradas.Su expresión era tranquila, como si simplemente se hubiera detenido a mitad de un pensamiento y alguien hubiera robado aquel instante antes de que pudiera terminarlo. Debajo de la imagen, el mensaje era breve y preciso como un bisturí.Recuperaste a Elena. Ahora veamos qué tan rápido puedes salvar al resto de tu familia.La mano de Nikolai se cerró con fuerza alrededor del teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Al principio no dijo nada. Se limitó a mirar el rostro de su madre, como si la pantalla pudiera cambiar por sí sola si se negaba a parpadear.Entonces la llamó.El teléfono sonó.Y sonó.Hasta que saltó el buzón de voz.Colgó y volvió a marcar. El mismo sonido vacío. La misma voz
POV de ElenaLa voz atravesó el caos como una cuchilla cortando la seda.—Nadie se mueva. Suéltenla.Reconocí aquella voz antes de ver el rostro. Pertenecía al mismo lugar donde vivían los recuerdos de los veranos de mi infancia, las rodillas raspadas y la forma en que alguien solía interponerse entre mí y cualquier tormenta.Mi hermano.Lucas.Estaba de pie al comienzo de la pasarela, con media docena de hombres desplegados detrás de él, las armas ya levantadas y las expresiones serias y profesionales. No había vacilación. Ni sorpresa.Lo había planeado.El pensamiento cayó en algún lugar vulnerable y aterrorizado dentro de mí. Había sabido lo suficiente como para venir armado. Había sabido lo suficiente como para venir, sin importar lo que encontrara.Sus ojos me localizaron al instante.Toda su expresión cambió.La máscara dura y controlada que mostraba al mundo se resquebrajó durante medio segundo. Lo vi examinar mi labio partido, la hinchazón de mi mejilla y la manera en que sost
POV de ElenaLas cuerdas habían comenzado a sentirse como parte de mí.No eran como las ásperas y dolorosas del almacén. Estas estaban más limpias, más ajustadas, elegidas por alguien que entendía exactamente cuánto tiempo podía permanecer una persona consciente mientras luchaba contra ellas. Mis muñecas ardían allí donde las fibras ya habían desgastado la piel hasta dejarla en carne viva. Cada vez que el yate se balanceaba con el oleaje, la silla crujía y la presión cambiaba, enviando nuevas punzadas de dolor por mis brazos hasta alcanzar la herida de mi hombro, que apenas comenzaba a sanar.Dejé de intentarlo después del tercer intento. El dolor era un idioma que ya hablaba con fluidez.Lillian caminaba de un lado a otro.Tres pasos hacia los amplios ventanales que daban al agua gris y tres pasos de regreso. Sus tacones producían pequeños golpes irritados contra la cubierta pulida. Revisaba su teléfono cada cuarenta segundos, como si la pantalla pudiera desarrollar dientes de repent
POV de ElenaLo primero que sentí fue dolor.Palpitaba detrás de mis ojos con un ritmo lento y enfermizo, extendiéndose después hasta que todo mi rostro comenzó a doler. Mi mejilla ardía donde la mano de Damien había impactado. Cada respiración rozaba aquella zona dolorida y, por un instante, pensé que todavía estaba en el jet, que seguía cayendo a través de aquel túnel gris de ruido y presión.Entonces, la superficie bajo mi cuerpo se movió.No era el asiento duro de un avión. Era algo más suave. Algo que se balanceaba con un movimiento delicado y constante.Me obligué a abrir los ojos.La luz se reflejaba sobre la madera pulida y la tapicería color crema. El aire olía a sal, a colonia cara y al tenue rastro metálico de la sangre que todavía permanecía en mi propia piel. Tenía las muñecas atadas a los brazos de una silla. Los tobillos también.Otra vez cuerdas. Las mismas que me habían lastimado en el almacén, solo que ahora estaban más limpias, más ajustadas y colocadas con mayor cu
POV de ElenaLos pasos que acababan de entrar en el almacén todavía resonaban cuando se escuchó un segundo par.Estos eran diferentes.No tenían el peso medido y deliberado de Victor Carter. Eran firmes, decididos, cargados de una fuerza silenciosa que hacía que hasta el aire pareciera volverse más denso.Todos se giraron.Nikolai estaba de pie en la entrada.Sostenía un arma a un lado del cuerpo, con el cañón firme y el rostro transformado en una expresión que jamás le había visto antes. Una quietud tan absoluta que parecía una cuchilla. Sus ojos estaban fijos en su padre y no se apartaban de él. La luz plateada que entraba por la ventana superior le marcaba los pómulos y, durante un segundo interminable, pensé que el suelo podría abrirse y tragarnos a todos.—Nikolai… —Su nombre escapó de mis labios antes de que pudiera detenerlo. Desgarrado. Desesperado—. Ayúdame. Por favor, sácame de aquí.No me miró.Todavía no. Todo su cuerpo estaba orientado hacia Victor, como si el resto del a







