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Capítulo 4

Penulis: Author Marr
last update Tanggal publikasi: 2026-08-17 11:04:01

Nathaniel me miró largamente.

—Porque Derek no es mi hijo —dijo.

Me quedé atónita.

—¿Qué?

—Margaret ya estaba embarazada de Derek de otro hombre antes de que yo me casara con ella. Lo acepté porque amaba a Margaret. Pero Derek, él nunca fue mi sangre, y durante todos estos años lo he visto destruir todo lo que construí, incluyéndote a ti.

Tragué saliva. Este gran secreto pesaba entre nosotros.

—¿Entonces nunca lo consideraste realmente tu hijo? —pregunté.

—Lo consideraba mi responsabilidad, pero mi amor por él murió cuando empezó a manipular las finanzas de mi empresa y a hacerte daño a ti —dijo.

Se acercó de nuevo, esta vez no retrocedí. La palma cálida de su mano tocó mi mejilla, secando el resto de las lágrimas.

—¿Sabes? Te he observado desde el primer día que llegaste a esta casa. Vi tu forma de sonreír aunque tu corazón estuviera destrozado. Vi cómo te mantenías firme aunque Derek te tratara como polvo. Y quiero ser el hombre que te haga feliz.

Lo miré.

—Esto es una locura. Eres mi suegro.

—Y Derek es tu esposo, el que pasa las noches en brazos de otra mujer. Mereces algo mejor. Mereces a un hombre que te valore, y estoy listo para ser ese hombre.

Me mordí el labio. Dentro de mi pecho, libraba una batalla. Esto está mal, muy mal. Pero por otro lado, Derek me había traicionado tantas veces. ¿Por qué debía yo seguir siendo leal a un hombre que nunca fue leal conmigo?

—Solo necesito una palabra —susurró Nathaniel, su rostro acercándose, sus labios casi rozando mi oído—. Di que sí, y Derek lo perderá todo. Y yo te daré todo lo que desees.

Guardé silencio un buen rato. Para ser sincera, en ese momento mi mente era un caos, así que respondí:

—Sí.

Nathaniel sonrió, pero luego hizo algo que no esperaba.

Me besó.

Sus labios tocaron los míos con suavidad, calidez, y una pasión contenida durante mucho tiempo. Me sobresalté un segundo, y luego, de algún modo, mi cuerpo respondió. Mis manos se alzaron, aferraron la solapa de su chaqueta, atrayéndolo más cerca. El beso fue largo, profundo, lleno de todo lo que nunca habíamos dicho.

Cuando nuestros labios se separaron, jadeaba. Nathaniel me miró con los ojos oscurecidos por el deseo.

—He esperado esto durante años —dijo.

No respondí. Solo lo miré, consciente de que había cruzado una línea de la que no se podía volver atrás.

Nathaniel retrocedió lentamente, alisó su chaqueta ligeramente arrugada. Había un destello extraño en sus ojos, no solo satisfacción, algo que no lograba descifrar.

—Te espero en el coche —dijo, su voz recuperó la formalidad, como si nada hubiera pasado. Como si no acabara de besar a su propia nuera—. Tienes quince minutos para arreglarte.

Se dio la vuelta y salió del comedor, dejándome sola con el corazón latiendo con fuerza y los labios aún calientes por su tacto.

Me quedé allí, aferrada al borde de la mesa de ébano, tratando de recuperar el aliento. Pensamientos caóticos daban vueltas en mi cabeza: ¿Qué acabo de hacer? Esto está mal. Muy mal. Pero ¿por qué se siente tan bien?

Caminé hacia la habitación, abrí el armario y mi mano alcanzó un vestido largo negro que había estado escondido. Un vestido demasiado atrevido, demasiado sexy, que compré hace un año pero nunca me atreví a usar por miedo a las críticas de Derek.

Hoy lo usaría.

Me puse el vestido lentamente, sintiendo la tela de seda fría contra mi piel. En el espejo, mi reflejo había cambiado. Mi cuerpo regordete seguía siendo el mismo: los pliegues del vientre, los muslos anchos, los brazos gruesos. Pero había algo diferente en mis ojos. Había una determinación que nunca antes había visto. Un destello de deseo y venganza que me hacía parecer viva.

Me arreglé el cabello, me apliqué lápiz labial rojo y tomé mi pequeño bolso. Cuando caminé hacia la puerta principal, mis pasos se sintieron más ligeros. Ya no era la esposa engañada. Era una esposa preparada para la venganza.

Afuera, el coche negro de Nathaniel ya esperaba. Estaba junto a la puerta, abriéndomela. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo.

—Estás preciosa —dijo.

Sonreí con sutileza.

—Lo sé.

Aceleramos alejándonos de la mansión. Miré por la ventanilla, observando el paisaje pasar. A mi lado, Nathaniel conducía en silencio, mirándome de reojo de vez en cuando.

—No tengas miedo, ya lo tengo todo planeado. La reunión de la junta comenzará a las diez. Derek y Anita estarán allí. Y yo reproduciré todas las pruebas de malversación de fondos de la empresa y de su infidelidad —dijo.

Asentí.

—¿Y después?

—Después, Derek lo perderá todo: sus acciones, su puesto, su reputación. Y tú obtendrás el setenta por ciento de los bienes del matrimonio. Serás libre.

Lo miré.

—¿Y nosotros?

Sonrió, una sonrisa que me puso la piel de gallina.

—Ya veremos qué pasa. Pero una cosa te prometo: nunca volverás a estar sola.

Tragué saliva, mi pecho latía con fuerza. Había algo detrás de sus palabras que me hacía dudar si era una promesa o una amenaza.

---

Llegamos al edificio de Whitmore Group. El rascacielos de cristal azul se alzaba imponente en el cielo de la ciudad.

Nathaniel estacionó en el sótano privado. Caminó a mi lado hacia el ascensor exclusivo, su mano rozando mi espalda de vez en cuando, un toque breve que se sentía como una descarga eléctrica.

Miré nuestro reflejo en las paredes brillantes del ascensor. Nathaniel detrás de mí, más alto, mayor y más poderoso. Y yo delante, la mujer gorda que siempre había sido humillada, ahora erguida en un vestido negro que abrazaba cada curva de mi cuerpo.

El ascensor se detuvo en el piso 35, la sala de juntas.

Nathaniel salió primero. En el pasillo, algunos ejecutivos nos miraron con los ojos desorbitados, no solo por la presencia de Nathaniel, sino por mí a su lado. Escuché susurros.

—¿Esa es Seraphina? ¿La esposa de Derek?

—Dios mío, mira ese vestido. Qué atrevida. Se le marcan todas las lonjas.

No me importó. Caminé erguida, con la barbilla en alto, sonriendo. Que cuchicheen, que me insulten.

La larga mesa en forma de U ya estaba llena de directivos. En el extremo, Derek estaba sentado con un traje azul oscuro, su rostro apuesto aún fresco, como si no hubiera pasado la noche en brazos de Anita.

A su lado, Anita, con falda ajustada y blazer blanco, sonrió con sarcasmo.

Entré detrás de Nathaniel. Mi vestido negro arrastraba por el suelo, mi lápiz labial rojo destacaba bajo las luces de la sala. Derek me miró con desaprobación.

—¿Por qué estás aquí? ¿Y por qué...?

—Soy la secretaria de tu padre, ¿lo olvidaste? —respondí.

Derek miró a Nathaniel, luego de nuevo a mí.

—Father, ¿por qué está Sera aquí? Esta es una reunión de la junta.

—Yo la traje —dijo Nathaniel con tono plano, sentándose en la silla de la presidencia. Señaló la silla a su lado—. Seraphina, siéntate aquí.

Caminé hacia esa silla, pasando junto a Derek. Mi perfume, de flores nocturnas recién aplicado, rozó su nariz. Derek inhaló y vi cómo su mandíbula se tensaba.

—Sera —susurró con dureza cuando pasé a su lado—. Hablamos después.

Lo miré de reojo.

—Vamos a hablar de muchas cosas después, Derek.

Me senté junto a Nathaniel. Bajo la mesa, su mano rozó mi muslo, un toque secreto que solo nosotros dos sabíamos. No me moví. Solo sonreí hacia los directivos que me miraban desconcertados.

La reunión comenzó.

Nathaniel abrió el orden del día, hablando de los informes financieros, de los nuevos proyectos. Yo escuchaba con atención, pero mis ojos se desviaban de vez en cuando hacia Derek, que se veía inquieto, y hacia Anita, que no dejaba de mirarme con odio.

Entonces Nathaniel dijo:

—Ahora, antes de cerrar la reunión, hay algo que quiero compartir.

Presionó un botón en su control remoto.

—Un nuevo descubrimiento sobre la malversación de fondos en el departamento de finanzas. Y tengo las pruebas.

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