Compartir

Capítulo 5

Autor: Author Marr
last update Fecha de publicación: 2026-08-17 11:09:24

La pantalla en la pared se encendió. Vi destellos de datos, gráficos y números que comenzaban a aparecer. El rostro de Derek palideció. Anita se mordió el labio, sus manos aferradas con fuerza al borde de la mesa.

Nathaniel se preparó para presionar el siguiente botón, el que reproduciría todas las pruebas de malversación y la infidelidad de Derek frente a toda la junta directiva.

Pero bajo la mesa, mi mano se movió.

Apreté el muslo de Nathaniel con la suficiente fuerza para llamar su atención, pero no tanto como para resultar sospechoso para los demás. Nathaniel se volvió hacia mí, con una ceja levantada. Negué con la cabeza lentamente, mis ojos fijos en los suyos.

Luego susurré, apenas audible, solo para sus oídos:

—No te apresures a destruirlos. Quiero que sea lento. Déjalos sentirse seguros primero, déjalos reír. Al final, cuando estén más felices y se sientan ganadores, ahí los destruimos. Eso dolerá más —dije.

Nathaniel me miró largamente, luego asintió lentamente y presionó otro botón, el que apagó la pantalla.

La pantalla se oscureció. La sala quedó en silencio.

—Disculpen, parece que hay un problema técnico. Trataremos esto en la próxima reunión. Se levanta la sesión —dijo Nathaniel.

Los directivos se miraron unos a otros con desconcierto, pero nadie se atrevió a contradecirlo. Comenzaron a levantarse, recogiendo sus carpetas.

Derek exhaló un suspiro de alivio, tan profundo que casi pude ver sus hombros hundirse. Me miró con expresión de furia. Anita, a su lado, sonrió con sarcasmo, como si acabara de ganar una pequeña batalla. Pero no sabían. No sabían que esto era solo el comienzo de su destrucción.

La reunión terminó. Los directivos salieron uno por uno, dejando la sala cada vez más vacía. Me levanté lentamente, alisé mi vestido negro, preparada para irme.

Pero antes de que pudiera dar un paso, Derek ya estaba a mi lado. Su mano agarró mi muñeca con brusquedad, arrastrándome rápidamente fuera de la sala.

—¡Oye! —protesté, pero ya me había arrastrado al pasillo, lejos de la multitud.

—¿Qué estás haciendo? —siseó, sus ojos llameantes—. ¿Qué significa que estés aquí? ¿Con ese vestido?

Lo miré con indiferencia.

—Trabajo aquí. ¿Lo olvidaste? Tu padre me contrató.

—¡No juegues conmigo! Sabes a lo que me refiero. Ese vestido... —señaló mi cuerpo con desprecio—, es asqueroso. No deberías usarlo. Mírate, Sera. Tu cuerpo no es para un vestido así. Solo te haces ver como un payaso gordo.

Sentí el pecho oprimido. Sus palabras me atravesaron como dagas, como siempre hacían. Pero esta vez, no lloré.

Derek esperó mi reacción. Quizá esperaba lágrimas, como siempre. Quizá esperaba que suplicara, que pidiera disculpas o que saliera corriendo al baño a llorar.

Pero no hice nada de eso.

—¿Me oíste? —preguntó, algo desconcertado.

Sonreí con sutileza.

—Te oí.

Se quedó callado, desconcertado por mi respuesta. Entonces Anita apareció detrás de él, su mano enganchada en su brazo con coquetería.

—Señor, vámonos —dijo Anita, lanzándome una mirada venenosa.

Derek me miró una vez más, luego negó con la cabeza.

—Eres vergonzosa, Sera. Vete a casa y cámbiate ese vestido. No vuelvas a aparecer en la oficina con algo así.

Se dio la vuelta y se fue con Anita, que se pavoneaba a su lado como una ganadora. Miré sus espaldas, viendo a Anita pegada a Derek, riendo bajito mientras entraban al ascensor.

Me quedé en el pasillo. Sin llorar, sin temblar. Solo de pie, con el vestido negro abrazando mi cuerpo, y una leve sonrisa en mis labios.

Creen que ganaron. Creen que me humillaron.

Pero no saben lo que estoy planeando.

—Seraphina.

La voz de Nathaniel me llamó desde atrás. Me giré. Estaba en el umbral de su oficina, sus ojos fijos en mí con una intensidad que me quitaba el aliento.

—Entra —dijo en voz baja.

Entré en su oficina. La puerta se cerró tras de mí con un clic suave. Estábamos solos.

Antes de que pudiera decir nada, Nathaniel ya se había acercado. Su mano agarró mi cintura, atrayéndome hacia su abrazo, y me besó. No fue un beso suave como el del comedor, sino un beso lleno de deseo, de hambre, como si hubiera estado conteniéndose durante años y ya no pudiera más.

Me sobresalté, pero mi cuerpo respondió. Mis manos rodearon su cuello, atrayéndolo más cerca. El beso era profundo, cálido, y me hizo olvidar dónde estaba. Olvidé que seguía siendo la esposa de Derek. Olvidé que este era mi suegro. Solo sentía sus labios presionando los míos, su lengua explorando, y sus manos deslizándose por mi espalda.

Cuando nuestros labios se separaron, jadeaba. Nathaniel me miró con los ojos oscuros, sus dedos acariciaron mi mejilla con suavidad.

—Estás preciosa con ese vestido. Derek está ciego. No ve lo que yo veo. No ve tu belleza, tu fuerza, tu elegancia. Pero yo lo veo. Siempre lo he visto.

Tragué saliva, mi pecho subía y bajaba.

—Nathaniel...

—Derek no merece tocarte. No merece mirarte. Pero yo quiero ser el único que te mire, el único que te toque y te ame.

Me mordí el labio. Sus palabras me derretían, no solo porque eran dulces, sino porque durante años nadie me había hecho sentir amada. Derek siempre me humillaba. La gente siempre se burlaba de mí. Pero Nathaniel me veía como una mujer digna de ser amada.

—No podemos apresurarnos. Quiero que Derek sufra. Quiero que sienta lo que yo sentí: humillación, traición, ser considerada indigna. Pero no quiero que sepa de nosotros. Aún no. Quiero que crea que está ganando, y luego lo destruiremos cuando esté más feliz.

Nathaniel sonrió, una sonrisa que me puso la piel de gallina.

—Eres cruel. Me gusta.

Me besó la frente, luego retrocedió.

—Bien. Lo haremos a tu manera. Dejaremos que Derek crea que está a salvo. Dejaremos que Anita crea que te ha ganado. Pero cada noche, vendrás a mí. Y lentamente, construiremos el imperio que los destruirá a ambos.

Asentí.

—¿Cada noche?

Nathaniel sonrió con picardía.

—Cada noche, Seraphina. Te esperaré en mi habitación.

Tomó mi mano, besó el dorso con suavidad.

—Ahora tienes que irte. Hay mucho que planear. Pero recuerda: ahora eres mía.

Tragué saliva, luego asentí.

—Lo entiendo.

Me di la vuelta y caminé hacia la puerta. Pero antes de salir, Nathaniel dijo:

—Seraphina.

Me giré.

—Ese vestido, póntelo esta noche. Quiero verte de nuevo.

Sonreí, una sonrisa que nunca le había dedicado a Derek.

—Claro, papi.

La palabra salió de mis labios con naturalidad, y vi sus ojos brillar con satisfacción. Salí de su oficina, dejando a Nathaniel con una sonrisa de triunfo en el rostro.

En el pasillo, caminé hacia el ascensor. Dentro de la cabina de cristal, miré mi reflejo. Vestido negro, lápiz labial rojo, ojos llenos de venganza.

Ya no era la esposa engañada.

Era la mujer que planeaba la caída de su marido, con la ayuda de su suegro, ahora su amante secreto.

---

Derek volvió a casa esa noche. Escuché sus pasos en el pasillo, pero no me levanté de la cama. Solo me quedé tumbada, mirando el techo, sonriendo.

Entró en la habitación sin llamar. Vi su silueta en la oscuridad.

—Sera, ¿estás despierta?

No respondí. Fingí dormir.

Derek se acercó, se sentó en el borde de la cama. Podía sentir el peso de su cuerpo sobre el colchón. Su mano se alzó, casi tocando mi cabello, pero se detuvo.

—Lamento lo de hoy. Fui demasiado duro contigo. Solo no me gusta verte con ese vestido delante de los demás. Eres mi esposa. Deberías estar en casa, no en la oficina.

Seguí en silencio.

Derek suspiró.

—Mañana hablamos. Prometo ser mejor.

Se levantó y se fue al baño. Escuché el sonido del agua corriendo.

En la oscuridad, abrí los ojos. Mi sonrisa se ensanchó.

Cree que puede arreglarlo con una disculpa. Cree que lo perdonaré como siempre.

Pero está equivocado.

Porque esta noche, mientras duerme a mi lado, mis pensamientos no están en él.

Están en Nathaniel.

En sus caricias.

En sus promesas.

Y en la venganza que está por llegar.

Poco después, mi teléfono vibró con una notificación. Era un mensaje de Nathaniel:

"Ven a mi habitación a las 12 de la noche. Y no olvides ponerte el vestido negro. Recuerda, cariño, ya no puedes retroceder. No me decepciones. ~Tu querido suegro."

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (2)
goodnovel comment avatar
Yoa Samudio
Hay me está gustando esta historia, q sea así hasta el final, picante y bien provocativo ese suegro lleno de lujurias
goodnovel comment avatar
Yrilis Guerra
Tenía que haber desenmascarado a Dereck!!!
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 124

    He tragué saliva mientras la mirada oscura de Nathaniel se alzaba hacia mí desde abajo. Sus dedos aún se aferraban al dobladillo de la falda que ya había empujado hasta mi muslo. Su aliento cálido rozaba mi piel sensible.«Esto», repitió lentamente, casi como un gruñido, «es solo mío».No esperó una respuesta. Sus labios se posaron sobre la piel de mi muslo, besándola suavemente, y luego subieron más arriba. Me mordí el labio, mi mano se dirigió automáticamente a su cabello. Nathaniel separó más mis piernas, acomodándose entre ellas, y de un solo movimiento me bajó las bragas. Gemí suavemente cuando el aire frío tocó la parte de mí que ya estaba húmeda.«Nathaniel…»«Silencio. Déjame disfrutar de lo que es mío».Su lengua me tocó sin aviso. Casi salté, arqueando la espalda. No fue gentil. No como las noches anteriores, llenas de cuidado. Esta vez tenía hambre, era posesivo, como si quisiera marcar cada centímetro. Su lengua se movía rápido, profundo, a veces succionando hasta que yo j

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 123

    Tragué saliva.La mirada de Nathaniel todavía estaba fija en mi pecho claramente visible detrás de la camisa blanca ajustada.—Eres injusto —dije.—Soy tu esposo y no me gusta compartir. Ni siquiera una mirada.Se levantó. Sus pasos eran lentos pero seguros, rodeando el escritorio hasta que se paró justo detrás de mí. Podía sentir el calor de su aliento en mi nuca. Sus dedos tocaron mi cintura, luego lentamente se movieron hacia abajo siguiendo la curva de la falda lápiz.—¿Sabes lo que he estado haciendo todo el día? Me he estado conteniendo. Cada vez que te inclinas, cada vez que caminas, cada vez que esta tela se estira sobre tus nalgas, tengo que contenerme de cerrar la puerta y tomarte sobre este escritorio.Me mordí el labio. Mi cuerpo estaba tenso, pero no de miedo.—Nathaniel…—Mañana —continuó, su dedo tocando ligeramente mi cadera—, usa pantalones largos y holgados. Si no, en serio te haré trabajar dentro de esta habitación todo el día. Con la puerta cerrada con llave y no t

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 122

    Pasaron unos días.Derek finalmente fue trasladado a una habitación de cuidado regular. Su condición todavía era débil, pero ya no crítica. Anita y su bebé se mudaron al apartamento que Marcus había preparado, completo con enfermeras de tiempo completo. Ya no íbamos cada día. Solo ocasionalmente Nathaniel pedía actualizaciones por teléfono. Me sentí aliviada. La carga que había estado presionando mi pecho lentamente se aflojó.La luna de miel fracasada, la casa que era demasiado grande para dos personas, y las tardes largas me ponían inquieta. Una mañana, mientras Nathaniel se ponía la corbata frente al espejo, hablé.—Quiero volver a trabajar.Se giró, una ceja levantada. —¿Trabajar?—Como tu asistente y secretaria como antes.Nathaniel estuvo en silencio un momento, luego asintió lentamente. —Si eso es lo que quieres—pero no te esfuerces demasiado.—No me estoy esforzando demasiado. Necesito rutina.Lunes por la mañana, me paré frente al armario. Elegí un atuendo de trabajo que no h

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 121

    Nathaniel apretó mi mano suavemente.—¿Estás bien?Asentí. —Estoy bien.Pero por dentro, sabía que no todo estaba bien. Nuestra luna de miel fracasó. Derek todavía estaba crítico. Anita estaba sentada en la misma esquina con un bebé en sus brazos, y yo acababa de admitir que me alegraba verlos destruidos.Quizás Anita tenía razón.Quizás realmente soy una psicópata.Pasaron unas horas. El médico salió ocasionalmente para dar breves actualizaciones: la presión arterial de Derek estaba estable, el sangrado no había aumentado, pero la conciencia aún no había regresado. Anita seguía meciendo a su bebé, alimentándolo ocasionalmente, su rostro volviéndose más pálido. Ya no le hablé. Nathaniel también estaba mayormente en silencio, solo ocasionalmente mirándome como si se asegurara de que no explotaría de nuevo.Hacia el mediodía, el médico llamó a Nathaniel. Esta vez también me levanté. En la pequeña sala de consulta, el Dr. Patel explicó con voz calmada que la condición de Derek estaba suf

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 120

    Al día siguiente.Nathaniel estuvo listo primero. Su rostro todavía mostraba rastros de falta de sueño, pero sus ojos eran más afilados. Desayunamos rápidamente en la cocina—solo café y pan tostado—luego salimos para el hospital de inmediato.La sala de espera de la UCI estaba más concurrida esa mañana. Tan pronto como entramos, la vi inmediatamente.Anita.Estaba sentada en la silla de la esquina en una posición encorvada. Su cabello estaba mucho más desordenado que anoche, su rostro estaba pálido y apagado, y las bolsas oscuras bajo sus ojos indicaban que realmente le había faltado sueño. En sus brazos, acunaba a un pequeño bebé envuelto en una manta color crema. El bebé estaba dormido, pero ocasionalmente se movía inquieto.Me detuve un momento en el umbral.Nathaniel caminó adelante para ver a la enfermera y preguntar sobre la condición de Derek. Me quedé en mi lugar, mirando fijamente a la mujer que una vez fue su esposa. Anita levantó su rostro. Nuestros ojos se encontraron por

  • Deseo por mi Suegro: La Secretaria Curvy   Capítulo 119

    Nathaniel salió de la UCI con el rostro pálido.—Está realmente crítico.No respondí de inmediato.Nathaniel se sentó en la silla a mi lado. Estuvimos en silencio por un buen rato. El sonido de las máquinas de la UCI se escuchaba débilmente desde detrás de la puerta.De repente el sonido de tacones apresurados llenó el pasillo.Me giré.Anita.La mujer apareció desde el final del pasillo con el rostro pálido, cabello desordenado, y ojos rojos de tanto llorar. Su abrigo todavía estaba húmedo por la lluvia de Londres. Tan pronto como vio a Nathaniel, sus pasos se aceleraron.Inmediatamente giré mi rostro.No quería mirarla.Anita se detuvo justo frente a nosotros. Su respiración era entrecortada.—Dijeron que ya estabas aquí. ¿Cómo está Derek?Nathaniel se levantó.—Crítico. Todavía inconsciente. Hubo sangrado cerebral que ya fue operado, costillas rotas, y lesión en la columna.Anita cubrió su boca con su mano. Las lágrimas inmediatamente corrieron por su rostro.—Oh Dios…Sollozó suav

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status