LOGINNo había podido dormir en toda la noche, los acontecimientos habían sido demasiado para mi mente, solo podía pensar que cada vez que intentaba salir de esta maldita deuda de mi padre, me metía más en el fango. ¿Cuándo sería libre? ¿Cuándo podría pensar en mí? Sintiéndome asfixiada, me levanté viendo el amanecer, entra por la rota ventana del trastero en el que dormía. Lo mejor sería ponerle frente a Ezequiel con todo esto del contrato, no podía estar toda la vida pagándole.
—Vaya... ¿Hasta cuánto té harás de esperar? El tiempo es dinero y lo estás dejando ir —Dijo Rut sirviendo el desayuno a sus dos vagos hijos.
—Es mejor que me haga desear, u odiar. Cualquiera de las dos le traerá dinero a usted. —Indique fingiendo normalidad.
—Es bueno que estés de buen ánimo, porque he estado pensándolo, y no esperaremos a que ese imbécil te pague un sueldo de asalariada, yo quiero más y estoy cansada de depender de tu ineficiencia o de la calentura que te tenga un hombre. Cuando ya no le parezcas atractiva te botará como el otro imbécil.
—¿Y qué esperas que haga? No soy vidente de lo que pasara.
—No, no eres vidente, pero si eres un poco inteligente, buscarás algo de valor en esa mansión.
—¿Algo de valor? He vivido en esa mansión por 7 años al lado Jemes.
—Goro consiguió algo de información de una de las empleadas que salió de esa casa, y al parecer hay una habitación llena de antigüedades avaluada en muchos millones, será un golpe grande y no tendremos que esperar a tu incompetencia.
—No voy a robar tan descaradamente, no crees que seré la primera sospechosa si algo de esa casa se pierde. No lo haré... no me expondré de esa manera tan tonta. Y mucho menos por algo que no estamos seguros, pensé que eras más cuidadosa Rut.
—Para eso estas tú, para que confirmes toda esa información.
—No creo poder entrar a esa casa.
—Aún eres su esposa, y ahora sin ese idiota cerca, podrás seducir al hermano... muy fácil para ti, ¿no? — sus hijos rieron y con fuerza me solté de su agarre para tomar mi cartera y salir de ese basurero.
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Cuando llegue a la empresa, respire hondo mirando el edificio, arregle mi camisa arrugada y entre por la puerta giratoria llegando hasta la recepcionista que parecía hablar por teléfono muy alegre hasta que me vio, rechisto con molestia colgando.
—¿Sí? ¿La puedo ayudar en algo?
—Tengo una cita con el señor Montgomery, puede avisarle que ya llego la señorita Mónica. —me miro con disimulo de arriba para abajo, y tomando el teléfono marco sin quitarme los ojos de encima. Incómoda intenté ver en mi ropa lo que estaba mal, pero después de seis meses sin el dinero de Jemes ya no vestía tan elegante como en ese entonces, las camisas que eran blancas, ahora tenían un amarillo leve y desgastado. Cuando la chica colgó, salí de mí ensimismó.
—El señor Montgomery está en una reunión ahora mismo, por favor espere a que termine.
—Está bien. —Solté un suspiro y me senté en recepción, pero sospechaba que iba a tener que esperar demasiado.
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Miré mi reloj y ya habían pasado más de tres horas, estaba cabeceando del sueño mientras veía a la gente pasar y como la recepcionista comía hablando de banalidades por teléfono. Cansada, sentí como mi estómago rugió del hambre, no había podido comer nada en la mañana. Me levanté del sillón y golpe la mesa para llamar la atención de la chica que me ignoro, volví a golpear con fuerza, y al alzar sus ojos vi su fastidio relucir en su rostro, aparto el teléfono de su oreja y pregunto.
—¿Sí? ¿Qué necesita?
—Lo siento, pero llevo esperando más de tres horas, cuando puedo ver al señor Montgomery.
—No lo sé, entro en otra reunión.
—¿Cómo? Y porque no me aviso, llevo esperando demasiado. Puede avisarle que estoy aquí.
—El señor Montgomery es un hombre muy ocupado, realmente cree que hará un hueco en su agenda para recibirla. No me culpe de ello, a mí me pagan por avisarle, no por reunirlo.
—¡Pues haga su trabajo y vuélvale a visar! Dígale que la señorita Mónica Montgomery se encuentra aquí. — Sorprendida, me miro al escuchar ese apellido.
—¿Montgomery?
—Sí, soy la esposa de Jemes Montgomery, ¿va a avisarle o no?
—Con cuanto orgullo hablas de tu apellido de casada, a pesar de que ni siquiera tu esposo está presente —escuché tras de mí, al girarme vi a Ezequiel con un grupo de hombres trajeados.
—S-solo lo dije para qué me dejarán entrar, llevo esperándolo más de tres horas. —Dije intentando guardar la calma.
—Y si me apetece la puedo dejar esperando más tiempo. —Apartando sus ojos de mí, miro a los hombres y dijo —Gracias por venir, señores, estaremos en contacto para una respuesta —Se estrecharon las manos y cuando lo vi regresar al ascensor corrí hacia él.
—¿Ya podemos hablar?
—Sí —respiré con alivio y antes de entrar al ascensor, Ezequiel me detuvo.
—¿A dónde crees que vas? Sube las escaleras o usa el ascensor para los trabajadores. —Y sin dejarme responderle, las puertas cerraron en mi cara. Solté un largo suspiro caminando hacia el ascensor que estaba completamente lleno. Cuando llegue al último piso, la oficina de Ezequiel, camine a paso rápido, y toque la puerta de cristal.
—Pase. —Empuje la puerta y Ezequiel estaba sentado detrás de su escritorio, con una molestia paz en su semblante. Yo no podría estar tan calmado con mi presencia.
—Bien, creo que ya esperé suficiente por usted, ¿qué se supone que quiere que haga aquí?
—¿Sabes la importancia del proyecto que perdí por vosotros? —pasé saliva con dificultad, viéndolo levantarse de su silla mientras me miraba con burla.
—No. —indique mirando al frente, evitando su mirada, camino a mi alrededor y dijo.
—Mi proyecto como director de cine, perdí un gran negocio por estar internado seis meses recuperando mi vida por unos malnacidos. —le miré con firmeza y solté.
—¿Cómo puedo pagarte ese negocio? Haré lo que esté en mis posibilidades para recuperar lo que perdiste, pero este contrato tiene que tener una fecha límite, no puedo estar toda la vida pagándote. —Tomo mi barbilla y alzándola hacia él, indico.
—¿Por qué no? No crees que lo mínimo por romperme las entrañas sería deberme la vida.
—¿Qué es lo que quieres Ezequiel?
—¿Si te pido que te acuestes con un importante productor lo harías? —mi pecho se presionó con dolor mirando sus ojos verdes, aquellos mismos ojos que una vez me miraron con cariño, hoy me dolían más que otros días... y ya sabía por qué, tal vez porque esperanzaba ver a ese hombre que una vez me aferro en sus cálidos brazos, y hoy me decía que me acostara con otro hombre. Pensé que tenía muerto aquellos sentimientos, pero cada uno de sus rechazos me estaban acuchillando el pecho.
—Si eso es lo que necesitas, lo haré —solté apartando su mano de mi rostro con brusquedad, sintiendo el verdadero hierro de su odio hacia mí, prometí ser la villa que él pintó en su mente, no cambiaría su visión de mí. Ofendido por mi respuesta tan certera, soltó.
—Bien, entonces prepárate, porque tendremos una reunión esta noche. Ya que se te hace tan fácil soltar esas palabras, espero que no te contradigas a la hora de la verdad. —indico tomando su celular para marcar, aparte mi mirada de él cerrando mis ojos mientras sentía un profundo dolor en el pecho.
Abrí la puerta con fuerza completamente empapada de agua sucia, llena de barrio y la respiración acelerada, y vi el panorama lúgubre y sucio, las luces estaban apagadas, solo la televisión iluminaba el sillón, un horroroso ruido blanco, una botella callo de su mano rodando hasta mis pies. Solté un suspiro cerrando la puerta con fuerza, provocando que se quejara, lancé mi maleta empapada a un lado caminando hasta él.—Maldita puta… eres igual de ruidosa que ella.—¡Papá, dame dinero! —se irguió sentándose en el sillón mientras se tocaba su cabeza quejándose.—Piérdete, niña… crees que si tuviera dinero estaría aquí.—¡Te gasté el dinero de la alacena! ¡Dame el dinero, papá, tengo hambre!—¡Que te quites! —grito empujándome a un lado.—¿Crees que no tengo mejores cosas que pagar? Debemos meses de renta y a más tipos a los que le debo, crees realmente que me importe que tengas hambre, busca una manera de pagar mis deudas y tendrás tu plato. Le miré con rabia y solté.—Mi maestra de clase
Al salir del hospital el rostro de aquella chica no salía de mi mente alce mi mirada y el auto de Ezequiel aún estaba estacionado, me acerque pensado que ya se había ido, cuando me miro hizo una señal con su cabeza para que entrara, en silencio sin decir nada camine hasta la puerta para entrar al auto. En silencio arranco el auto.—No fui hacerle daño si es lo que estás pensando, solo quería saber si estaba bien, es una buena chica —dije después de un largo rato de silencio nos acompañó.—¿Qué le contaste? —me giré para mirarle conducir con expresión seria en su semblante.—No fue importante… solo me pregunto por mi vida.—Me dijo que te diera la oportunidad de escuchar tu historia, bien… habla, te daré la oportunidad que no pudiste hallar a decirme nunca. —Mi estómago se revolvió, ¿oportunidad? No sabía si realmente podía hacer eso. Ya me había resignado hacer ante sus ojos lo que realmente era… su enemiga, la persona a la que debía cuidarse.—Ezequiel… haces bien en no creerme, ya e
—Te fui a visitar al hospital, pero no me atreví a ver lo que te había hecho… pero da igual ya es demasiado tarde. —Ezequiel me miro en silencio y con una expresión de decepción me dio la espalda para dirigirse al hospital, respiré hondo y le seguí rezagada pensado que debí callarme la boca. Al entrar apurado hacia la recepcionista, pregunto con rapidez.—¿Soy el cuidador de la señorita Katya, como está su estado?—Es el señor Ezequiel, ¿Verdad? La señorita Katya entro a emergencias en paro cardiorrespiratorio, ella fue quien llamo. Ahora mismo la han podido estabilizar, pero su estado no es muy favorable con su enfermedad actual.—pero ¿estaba bien? ¿Es por su tratamiento? ¡Necesito verla!—Señor Ezequiel, necesito que se calme, le dejaremos verla cuando despierte, pero por ahora le pido a usted y su pareja que esperen al llamado del médico. —Nos miramos confusos y sin decir nada nos sentamos en recepción. Miré a Ezequiel nervioso sentado a mi lado y dije.—Es una chica muy fuerte, d
Cuando me levanté de la mesa después de unas horas con la mirada perdida, decidí que ya era hora de irme, nada había cambiado después de esta conversación, sino cambio cuando era una niña con un padre alcohólico y ausente no iba a empezar ahora. De repente el celular empezó a sonarme y el nombre de Antuan apareció en mi pantalla con un deje de emoción conteste, pero una música muy fuerte lleno mis oídos.—¡Hola, Antuan! ¿Me escuchas? —por si no me escuchaba, poco a poco la música fue disminuyendo y la voz de Antuan se escuche.—Sí, sí, sí, te escucho, ¿qué quieres? Tengo mi teléfono viejo con el buzón lleno de tus mensajes.—Estaba preocupada, Ezequiel te saco de la empresa, quito todos tus anuncios redes, fue muy cruel… te dio la espalda, a él no le importa ni siquiera que trabajaras para él, dice ser lo que jura destruir. Y es solo un hipócrita — increpé aún dolida con la decisión de fría y cruel, yo podía ser una villana… pero entonces que era él.—No sé qué te haya dicho Ezequiel…
La tasa de mi café se había terminado y con ella mi historia, juguete con el residual del fondo de mi tasa mientras esperaba algo, que me insultara, que me mirara con disgusto, solo quería que dijera algo, pero en silencio pago la cuenta y antes de irse dijo.—¿Qué harás con tu vida…?—¿A qué te refieres?—Está claro que repudias tu situación, piensas cambiarla.—Pienso liberarme, a toda costa…—¿Cuándo? Y cuanto piensas perder por lograrlo.—¿Perder? Yo ya no tengo nada que perder.—Ezequiel… has pensado en él. ¿Por qué no le cuentas tu historia…? Si no lo haces lo perderás.—Hace mucho tiempo que le perdí, él solo me ve tal y como soy ante sus ojos… la villa de su historia —Guarde silencio, no le había contado qué pensaba robar aquella habitación de la misión de Ezequiel… no tenía cara para mirarla y contarle el delito que planeaba hacer para liberarme por fin de esta gente.—Dime una cosa Mónica… nunca amaste a Ezequiel —la miré en silencio, y no pude aguantarle la mirada.—Porque
—Voy a morir —me quede impactada y con una sonrisa amarga se quedó mirando las vistas, en silencio el viento acaricio su cabello, aparto su cabello de su rostro, y al mirarme de nuevo la sorpresa surco su semblante.—Ay, disculpa… debió conmocionarte lo que acabo de decir. Ya lo tengo tan asumido, que lo suelto sin querer.—No entiendo… por qué me dices esto —soltó un suspiro con fuerza y indiqué.—Porque no estaré para Ezequiel cuando me necesite, soy la única amiga a la que confía y me queda poco tiempo Mónica.—Lo siento mucho, eres muy joven —dije con la mirada en mis manos, entonces soltó una risa tímida.—Él dijo lo mismo cuando se lo conté…, y entonces dijo que me ayudaría a vivir mis últimos días dignamente. Ha pagado mis estudios, viajes, ropa… me lo ha dado todo. Creo que por eso todo el mundo piensa que somos novios. —aparte la mirada entendiendo que aquello último era para mí. Sabía a donde quería llevar la conversación, así que me levante y solté.—Mira, lo siento, es una







