Mag-log inPierre llegó a las ocho y cuarenta y cinco, con la energía de siempre y se detuvo junto al escritorio de Oriana con una expresión que era mitad curiosidad y mitad algo más difícil de clasificar.La miró.Ella lo miró.-Buenos días. -dijo Pierre.-Buenos días.Pierre señaló hacia la ventana con un gesto casual.-¿Viste lo del cielo anoche?Oriana frunció el ceño.-¿Qué pasó con el cielo?Pierre sonrió con esa sonrisa suya que anunciaba que tenía algo que decir y estaba disfrutando el camino hacia decirlo.-Las luces artificiales y del festival de primavera claro que no era. Las proyectan desde el lago. -Hizo una pausa calculada. -Forman palabras en las nubes.-¿Palabras? -respondió Oriana.-Unas palabras, concretamente. -Pierre la miró directamente. -El mismo malecón donde, por coincidencia completamente fortuita, dos personas de esta oficina estuvieron antes de ayer por la tarde.Oriana abrió la boca.La cerró.-Pierre.-No digo nada. Solo es información meteorológica. -Se alejó con
Bruno rozó sus labios con un beso lento y delicado, apenas un instante que, para ambos, pareció eterno. No hubo prisa ni impaciencia como en las otras ocasiones, solo la certeza de que aquel momento habían confirmado ese sentimiento compartido.Cuando se separaron unos centímetros, Oriana sonreía con los ojos humedecidos por la emoción.-Ahora sí... esta noche será imposible de olvidar. -susurró ella.Bruno apoyó su frente contra la de ella una vez más y sonrió.-Lo mejor aún está por venir.En ese mismo instante, el capitán anunció que el barco se encontraba en el punto más alejado de la costa. Desde la cubierta superior comenzaron a elevarse pequeñas luces flotantes sobre el lago, creando un espectáculo mágico bajo el cielo estrellado.Bruno tomó nuevamente la mano de Oriana.-Ven. Quiero que veas algo.Juntos salieron a la cubierta. La luna iluminaba el lago con un resplandor plateado. Mientras contemplaban el horizonte, ninguno de los dos imaginaba que aquella noche, perfecta hast
Ya caída la noche y después de hacer lo acostumbrado.Oriana cerró la puerta de la habitación de los niños con el cuidado de quien ha hecho ese gesto mil veces, dejando apenas una rendija de luz del pasillo. Se quedó un momento apoyada en el marco, escuchando la respiración pareja de los pequeños, ese silencio que solo llega después de un día entero de gritos, risas y preguntas sin fin.Fue a su habitación, entró al baño, se miró al espejo y la imagen que le devolvió fue diferente.No las ojeras de la mañana. No la tensión de la reunión. No los ojos enrojecidos del malecón.Era otra cosa.Algo más suave y más inquietante al mismo tiempo.-Oriana. Oriana. -se dijo en voz baja. Como si necesitara recordar que esa persona en el espejo seguía siendo ella aunque esta noche se pareciera menos a quien había sido ayer.Entró a la ducha.Bajo el agua caliente cerró los ojos.Y los recuerdos llegaron sin pedir permiso, que era la única manera en que llegaban las cosas que uno lleva tiempo sin
Bruno pensó en Sandra.En la carpeta de aquel contrato con la mujer del vientre de alquiler. En Maira. -De acuerdo. -dijo finalmente, con la voz quieta de quien ha tomado una decisión. -Hablaré con Adriano sobre los términos del divorcio, y lo firmaré.Alejandro asintió. Se puso de pie. Extendió la mano.Bruno la estrechó.No fue un gesto de amistad. Fue el gesto de dos personas que han acordado algo difícil con la dignidad mínima que requieren los acuerdos difíciles.Alejandro recogió su chaqueta y salió.Bruno se quedó solo en la habitación.Se sentó en el sillón que Alejandro había dejado vacío y se quedó mirando por la ventana durante un momento que no supo cuánto duró.Pensó en todo lo que se estaba moviendo al mismo tiempo. Maira en la clínica. El divorcio sobre la mesa. Alejandro que amaba a su esposa desde antes de que él lo supiera. Adriano con su maletín y su eficiencia. Héctor en Zúrich preguntando cuándo volvía papá.Y Oriana.Oriana que tenía una respuesta que él había
Probablemente no era lo mismo que definitivamente, y Bruno no estaba dispuesto a apostar por la diferencia. -Perdió otro diente la semana pasada. Ya van cuatro. Está convencido de que el ratón tiene un sistema de recompensas. -le decía, sabiendo que no respondería.Bruno puso la mano sobre la de Maira un momento. No con afecto romántico. Con algo más parecido al respeto, o a la paz, o a esa manera que tiene la gente de despedirse de las cosas que ya saben que se han terminado aunque todavía no hayan terminado del todo.-Adriano viene esta tarde. -dijo. -Vamos a resolver lo de los documentos de nuestro divorcio. Perdóname, pero no quiero ser cruel ni mucho menos parecerlo. Al igual que tú encontraste el amor en Alejandro, yo encontré a la mujer que jamás creí encontrar. Y lo que debería haberse resuelto hace tiempo. Lo haré ahora. Bruno se quedó un momento más.Luego retiró la mano, se incorporó, y salió de la habitación.En el pasillo, sacó el teléfono.Había un mensaje de Marguere
La llamada que había interrumpido el beso en el malecón era de Sandra.Bruno lo supo antes de mirar la pantalla porque ella era la única que llamaba dos veces seguidas sin dejar mensaje. Condujo de vuelta a la mansión con una mano en el volante y la otra todavía recordando, sin que él lo decidiera, el roce de los dedos de Oriana entre los suyos.La mansión de las afueras de Zúrich. Grande, eficiente, fría de la manera en que son frías las casas que han sido decoradas por personas con buen gusto y sin afecto particular por el lugar. Bruno la había sentido suya del todo.Héctor estaba en el estudio cuando llegó.-Tardaste. -dijo, sin levantar la vista de los papeles que tenía sobre el escritorio.-Reuniones extras hijo. Tengo que viajar, estaré muy pronto de regreso.-¿Dónde irás? ¿Cuando volverás?-A Ginebra. Y no tardaré.-¿Que harás?-Tengo algo que resolver hijo.-¿Seguro?Bruno se detuvo.Héctor levantó la vista.-Héctor. -dijo Bruno, con el tono de quien está estableciendo un lím







