Share

5

Penulis: Annabella M P
last update Tanggal publikasi: 2026-08-06 11:08:03

Oriana pensó en eso.

-¿Es necesario?

-No es obligatorio. Hay casos en que la gestante y la pareja no se conocen en persona. Pero en mi experiencia, cuando hay una relación de confianza mínima entre las partes, en el proceso se generan vínculos y no es bueno para la gestante y el bebé. para todos. es incertidumbre, más angustia. Es tu decisión si deseas conocerlos o no.

-Déjame pensarlo.

-Por supuesto. -La doctora sacó otro documento.

-Ahora hablemos del contrato y de la compensación económica.

Oriana se incorporó levemente en su silla.

-El acuerdo contempla cincuenta mil dólares en tres cuotas. La primera, de veinte mil, se deposita en tu cuenta dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes a la firma del contrato, antes de iniciar cualquier procedimiento médico. La segunda, de quince mil, al confirmarse el embarazo. La tercera, de quince mil, al momento del parto.

Veinte mil dólares en cuarenta y ocho horas. No eran suficiente para cubrir la cirugía de su madre.

-¿Y los gastos médicos durante el embarazo?

-Cubiertos en su totalidad por la pareja. Consultas, exámenes, vitaminas, cualquier eventualidad. Tú no pagas nada durante esos nueve meses.

Oriana miró los documentos sobre el escritorio. Páginas y páginas de cláusulas redactadas en un lenguaje legal que no era el suyo.

-¿Puedo llevarme esto para leerlo con calma?

-Es lo que te iba a sugerir. Tienes hasta mañana al mediodía. Si quieres, puedes llevarlo a un abogado. De hecho, te lo recomiendo.

-No tengo dinero para un abogado.

La doctora abrió un cajón y sacó una tarjeta que puso sobre el escritorio junto a los documentos.

-Este es un colega. Revisa este tipo de contratos sin costo cuando el caso lo amerita. Llámalo hoy.

Oriana tomó la tarjeta y los documentos y los guardó en su cartera. Se puso de pie y extendió la mano.

-Gracias, doctora.

-Gracias a ti, Oriana. -La miró a los ojos con una seriedad tranquila.

-Lo que estás haciendo por tu madre, y lo que le vas a dar a esta pareja sin saberlo del todo todavía... es más grande de lo que crees.

Salió del consultorio con la cartera cargada de papeles y la cabeza cargada de todo lo demás. Bajó las escaleras despacio y cuando empujó la puerta de salida al exterior, el sol de la mañana le cayó de lleno en el rostro.

Se detuvo un momento en la entrada. Sacó el teléfono y empezó a caminar, cuando de pronto chocó con alguien frente a ella.

Su teléfono y su cartera cayó al suelo. Ella se inclinó a recogerlo.

-Disculpe. -dijo el hombre frente a ella. Oriana tomó sus cosas y se puso de pie.

-¡Otra vez usted! Es como una piedra en mi camino. -dijo y siguió su camino.

-Vienes distraída el el teléfono, ¿Y soy yo el culpable?

-Claro, estás ciego entonces, vienes muy enfocado en el camino y no me ves

-Ahora soy el culpable.

-Lo eres.

-Eres tu la que se cruza en mi camino.

-¿Yo? Casi me atropellas. Eres un peligro en la calle y caminando.

Oriana dió un paso y tropezó con su propio pie, cayendo sobre el hombre, haciendo que pierda el equilibrio, Bruno logró sostenerla haciendo que caiga sobre él.

Su cercanía era tanto que sus alientos se mezclaron, sus miradas se encontraron y por un momento, un muy breve momento el mundo a su alrededor desapareció.

Oriana sintió un fuerte impulso y se dejó llevar, unió sus labios a los de Bruno quien respondió.

Oriana sintió un estrujon en su pecho, se incorporó de un salto, arregló su ropa, agarró su cartera y salió corriendo del hospital.

Bruno se puso de pie, intentó alcanzarla pero no la encuentró.

"¿Que acaba de ocurrir?" pensó.

Se pasó la mano por su cabello y regresó al interior del hospital y siguió su camino.

Oriana caminó a pasos largos, casi corriendo, para desaparecer de la presencia del hombre, respiró profundo y llamó a Valentina.

-¿Cómo te fue? -contestó al primer tono.

-Bien. Tengo los documentos. Necesito que me acompañes donde un abogado esta tarde.

-¿Estás bien?

-Si, solo ven por favor.

-Ahí estaré. ¿Y después?

-Después regreso al hospital. Le voy a decir al doctor que en cuarenta y ocho horas tiene una parte del dinero. -dijo dejando de lado ll ocurrido, no podía permitirse desviar su prioridad que era su madre.

Hubo una pausa breve al otro lado.

-Ori.

-¿Qué?

-Tu mamá tiene la hija que merece.

Oriana apretó los labios y sus puños. Miró hacia la calle, hacia el movimiento ordinario de una ciudad que no sabía nada de lo que acababa de ocurrir en ese consultorio.

-Ojalá ella piense lo mismo cuando se entere. -murmuró.

-Lo pensará. Te lo juro.

Guardó el teléfono y empezó a caminar. Cada paso era una palabra, de una promesa que le había hecho a Florencia sin pronunciarla en voz alta.

"Tú me diste la vida.

Yo voy a prolongar la tuya."

Y si para eso tenía que dar una parte de sí misma que nunca había imaginado dar, lo haría. Sin mirar atrás. Sin arrepentirse.

Porque así amaba Oriana Serra. Con todo. Sin reservas. Igual que su madre le había enseñado.

Las horas pasaron y estaban frente al abogado. Quien leyó detenidamente el documento.

-Si aceptas el procedimiento, puedes firmar, todo está en regla. En nada te perjudica.

-Muchas gracias abogado.

Oriana y Valentina salieron del despacho jurídico. Salieron del ascensor y tomaron un Uber con dirección al hospital.

Todo el trayecto fue en completo silencio.

Mientras.

Bruno cruzaba las puertas del hospital sin dejar de pensar en el beso con esa mujer.

-Tienes unos ojos tristes a pesar de ser enojona... espero encontrarte una tercera vez. No. En qué estás pensando Bruno. -se dijo y continuó su camino.

Hoy había algo en el aire que no sabía que era exactamente, talvez una posibilidad. Una puerta entreabierta que todavía no sabía si tenía algo al otro lado.

Subió al tercer piso donde estaba ubicado el consultorio de la doctora Reyes, quien lo hizo esperar cinco minutos que él pasó de pie junto a la ventana, mirando el estacionamiento del hospital sin verlo realmente.

Pensaba en esa joven, en Maira.

La había dejado esa mañana en su oficina.

-Señor Bruno, puede pasar.

La doctora Reyes estaba de pie junto a su escritorio cuando él entró, como si ella también hubiera estado esperando con cierta impaciencia. Lo saludó con un apretón de manos y le indicó la silla frente a ella.

-Gracias por venir, señor Bruno. -dijo mientras tomaba asiento.

-Maira quería venir también pero le pedí que esperara. -dijo Bruno.

-No quería que se ilusionara antes de saber si había algo concreto.

La doctora tragó el nudo en su garganta, parpadeó y asintió.

-Es una decisión sensata. -dijo.

-Y precisamente por eso quería hablar con usted primero.

Bruno se quedó quieto. Era su manera de escuchar, sin moverse, sin interrumpir, concentrando toda su atención en un punto fijo mientras procesaba.

-Tenemos una candidata. -dijo la doctora.

Dos palabras. Sencillas, directas, y sin embargo Bruno sintió que algo dentro de su pecho se movía, algo que llevaba mucho tiempo sin moverse de esa manera.

-¿Una candidata seria? -preguntó, porque había aprendido a no asumir nada.

-Muy sería. -respondió la doctora. -Es una mujer joven, sana, sin hijos. Inteligente y emocionalmente lúcida a pesar de la situación difícil que está atravesando. La conocí hace pocos días y desde el primer momento supe que era el perfil adecuado.

-¿Ya aceptó?

-Está en proceso. Ahora mismo se encuentra reunida con el abogado revisando el contrato. Si todo marcha bien, podríamos tener su firma antes de que termine la semana.

Bruno procesó en silencio. Luego preguntó lo que más le importaba.

-¿Lo está haciendo por convicción o únicamente por dinero?

La doctora Reyes lo miró.

-Es una pregunta importante. -dijo.

-Y la respuesta es el dinero, fue lo que la trajo hasta aquí.

-Debi suponerlo. Entonces si está preparada para soltar al bebé cuando llegue el momento

-Tiene claridad sobre eso. Si hay algo que no podemos garantizar es cómo responderá el corazón en el momento exacto, porque eso no se puede saber de antemano en ningún caso. Pero tiene una fortaleza que no he visto en muchas personas. Y sobre todo quiere el dinero.

Bruno asintió despacio. Miró sus manos un momento.

-¿Puedo saber algo más de ella? No su nombre, no sus datos. Solo... quién es.

La doctora consideró la pregunta.

-Es una mujer que está dispuesta a cargar durante nueve meses una vida que no será suya para salvar la vida de la persona que más ama. -Hizo una pausa.

-Eso dice bastante de quién es, ¿no cree?

Bruno no respondió de inmediato. Volvió a mirar hacia la ventana. Afuera, una nube lenta cruzaba el cielo de la mañana.

-¿Cuándo podríamos conocerla? -preguntó finalmente.

-Si firma el contrato esta semana, podríamos organizar un encuentro para el viernes. Claro si ella lo desea. Y antes de iniciar cualquier procedimiento médico, me parece importante que no se conozcan. No generar vínculos. Por la salud mental del niño.

-Estoy de acuerdo.

-Quiro hablar con Maira. -dijo la doctora.

Bruno tardó un segundo en responder.

-Esta tarde estará aquí. -respondió Bruno.

La doctora sonrió con suavidad.

-La esperaré. Necesito hablar con ella, necesito otros exámenes.

Él la miró.

-Señor Bruno... ¿Cómo se siente con la noticia de la posible vientre de alquiler? ¿Cómo se siente emocionalmente?

Bruno la miró. No era común que alguien le hiciera esa pregunta a él. La mayoría de las preguntas habían sido para Maira. Los tratamientos, los resultados, los efectos secundarios, el estado emocional. Pero la pregunta de la doctora lo encontró en un lugar que no esperaba.

-Estoy aprendiendo a creer de nuevo -respondió finalmente.

-Es más difícil de lo que parece cuando te han fallado muchas veces. Pero estoy aprendiendo.

La doctora asintió sin agregar nada. A veces la respuesta correcta era simplemente dejar que las palabras existieran sin decirlas.

Se pusieron de pie. Bruno estrechó su mano.

-Llámeme en cuanto tenga confirmación. -dijo.

-Lo haré.

Salió del consultorio y caminó por el pasillo sin apuro. Pasó frente a la sala de espera de terapia intensiva sin saber que en ese mismo edificio, en otro pasillo apenas dos plantas más arriba, había una mujer sentada frente a un vidrio que era la misma que dentro de pocos días cambiaría el rumbo de su historia.

Salió del ascensor, fue al estacionamiento. Se sentó en el auto pero no lo encendió de inmediato. Sacó el teléfono y buscó el nombre de Maira en la pantalla.

Ella respondió no al primer tono, como si hubiera tenido el teléfono en silencio todo el tiempo, cosa que probablemente era cierta.

-Amor, estaba en una reunión. ¿Qué te dijo? -preguntó sin preámbulos.

-Hay una candidata. -respondió Bruno.

Fue un silencio vacío.

-¿Es seguro? -preguntó Maira.

-Seguro. -confirmó.

-Está firmando el contrato esta semana. Si todo sale bien, la conocemos el viernes.

Otro silencio. Más breve esta vez.

-Bruno.

-Sí.

-No quiero conocerla.

-¿No?.

-No...

Él cerró los ojos un momento.

-Esta bien, será como tú quieras. Ve hablar con la doctora. -dijo en voz baja.

Escuchó al otro lado de la línea un sonido pequeño que podía ser cualquier cosa, un suspiro, una risa contenida. Con Maira siempre era difícil saber cuál era, porque en los últimos dos años había cambiado mucho.

-Ven a la oficina. -dijo ella.

-Ya voy.

Encendió el motor. Salió del estacionamiento y se incorporó al tráfico de la ciudad, que fluía ajeno e indiferente como siempre. Pero algo dentro del auto, en ese espacio pequeño y cerrado donde nadie más podía verlo, se sentía distinto.

No era certeza. No era victoria. Era apenas la sensación frágil y precisa de que quizás, esta vez, el universo estaba acomodando sus piezas en la dirección correcta.

Bruno decidió que con eso era suficiente.

Condujo con la mirada fija al frente cuando, de pronto, el recuerdo de aquel beso robado por esa desconocida de cabellos oscuros y piel pálida irrumpió en su mente. Sus ojos azules, cargados de una tristeza silenciosa, volvieron a aparecer con una claridad inquietante.

-¿Qué demonios estoy pensando? -se reprochó en silencio.

Apartó la idea con brusquedad, intentando borrar de su mente a aquella desconocida que, de una u otra forma, el destino había cruzado en su camino.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    67

    Rodrigo empezó a explicar.Oriana los escuchaba.Y al otro lado del cristal, Guillermo seguía con la palma apoyada en el vidrio con esa expresión de quien no quiere quitar la mano por miedo a que si la quita algo cambie.En otra habitación, Isabella sus ojos estaban en Bruno.Héctor tenía los ojos en Oriana.Y en esa distribución de miradas específica de quién miraba a quién en ese pasillo de orfanato, estaba ya la forma de lo que vendría.Todavía sin nombre.Todavía sin resolución completa.Pero con una forma que los cinco que estaban en ese pasillo y los tres que estaban al otro lado del cristal podían sentir aunque todavía no pudieran describirla del todo.La forma de algo que finalmente estaba en el lugar correcto.Oriana deseaba llevarse a los niños ya, no quería estar un minuto más en ese lúgubre lugar. —Rodrigo. Quiero llevarmelos hoy mismo. —insistió Oriana.—Tenemos que seguir el procedimiento. —dijo Rodrigo.—Oriana, tenemos que casarnos para sacar a nuestros hijos de aquí.

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    66

    Fue a la ventana.Lyon, afuera, con su luz de la tarde que no le importaba a nadie en esa habitación.-¿Cuánto tiempo estuvo Oriana buscando a Sandra antes de rendirse? -preguntó sin girarse.-No se rindió. -dijo Rodrigo.Bruno se giró.-¿Qué?-Oriana nunca dejó de buscar no porque deseara el pago, quería saber porque el abandono de los niños. -dijo Rodrigo. -Como abogado que la representaba hice todo con los recursos insuficientes para continuar. Oriana siguió. Con lo que tenía después. Con el tiempo decidió quedarse con los niños. No buscar más y empezar de nuevo en otro país, aquí había perdido todo, su madre, su casa. Todo.Bruno miró el recuerdo de Oriana miró sin que hubiera nadie a quien que mirar.-¿Y las deudas? -preguntó Adriano.Rodrigo abrió otra sección.-El banco que le prestó el dinero para la cirugía de su madre inició proceso ejecutivo cuando Oriana no pudo seguir pagando las cuotas. -dijo. -El apartamento donde vivía, que era también el de su madre, fue embargado.

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    65

    Maira miró a Sandra.—Y si regresamos a París, y regresamos cuando esté completamente recuperada.Sandra miró. Maira achicando los ojos.—¿Por qué allá? —preguntó.—¿Y por qué no en Francia? —responde Maira, con el tono de quien pregunta por información y no por confirmación de lo que ya sabe.—Pues por qué no —dijo Sandra.—Alguien presentó una respuesta a la denuncia. Con documentos que refutan lo que presenté.—¿Quién?—Eso estoy averiguando —dijo Sandra, con algo en la voz que Maira identificó como la primera señal real de que el plan de Sandra tenía fisuras que Sandra todavía no podía ver completamente.—¿Y qué quieres que haga yo? —preguntó Maira.—Que llames a Bruno —dijo Sandra.—Que le digas que estás bien. Que le preguntes dónde está. —Una pausa.—Y que le digas que Oriana te contactó. Que te amenazó. Que te dijo que si Bruno no dejaba de buscar a los niños iba a hacer algo.Maira la miró.Era la instrucción más explícita que Sandra había dado.Y también la más imposible de

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    64

    Bruno recibió nuevamente datos sobre las pistas de Oriana, y todas eran completamente falsas. Había recibido más mensajes de la cuenta de Oriana y había transferido millones a la cuenta asignada sin cuestionarlo demasiado porque cuando uno tiene miedo por sus hijos la lógica cede ante el instinto y el instinto decía que si pagaba habría respuesta.No hubo respuesta.—¿Rastreaste esa cuenta? —preguntó Bruno.—Efectivamente está a nombre de Oriana Serra. —respondió Adriano, mirando la pantalla de su ordenador con esa expresión de quien presenta información que sabe que no va a gustar.—¿Cómo es posible? —Bruno miró el informe. —La cuenta fue abierta hace seis años. —dijo Adriano. —Con documentación que coincide con la identidad de Oriana Serra. Pero. —¿Qué?—La dirección de registro de la cuenta es la misma dirección es de una empresa, y la empresa no existe.Bruno se quedó completamente quieto.—La dirección falsa. —dijo.—La misma. —confirmó Adriano.Bruno miró el techo.Tres meses

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    63

    Seis meses atrás.Bruno llegaba a Zúrich nuevamente. Sandra tenía un día entero de ventaja y aún no encontraban pista sobre los niños. Como todo lo que había planeado meticulosamente, había logrado que toda la culpa recayera sobre Oriana.Una semana había transcurrido. Los mensajes de Oriana seguían sin respuesta.—Bruno. Maira está en un departamento en Ginebra —dijo Sandra.—Lo creí conveniente hasta encontrar a Héctor.—Gracias, Sandra. En estos momentos no tengo cabeza para Maira.—¿Alguna pista de Oriana? —preguntó, y Bruno la miró.—¿Cómo sabes de ella?—Te escuché dar instrucciones sobre ella.—Bruno —continuó Sandra, extendiendo una carpeta.—Recibí un correo con estas fotografías. Oriana está en Zermatt. Está en este hotel.Adriano entregó la información a Bruno, que sin pérdida de tiempo subió al helipuerto.Sandra los vio desaparecer.Sacó su teléfono y miró el mensaje que recién había llegado."Tengo el teléfono en mi poder."—¿Dime que la desapareciste? —preguntó Sandra e

  • Devuélveme a mis trillizos CEO arrogante    62

    No porque no tuviera nada que decir.Sino porque las palabras y las lágrimas llegaron al mismo tiempo y las lágrimas fueron más rápidas.—Mis hijos se los llevó Bruno. Rodrigo, no pueden ser ellos.—Y si no se los llevó Bruno.Oriana se levantó, se masajeó la frente de un lado a otro. Miró a Bruno.—¿Por qué crees que Bruno desapareció? Porque él se los llevó.Ana María estaba en la cocina.Oriana la escuchó detenerse.Luego escuchó sus pasos acercarse.Ana María apareció en el umbral de la sala con la expresión de quien ha escuchado todo.—Hija, desde hace meses me pregunto lo mismo que el abogado.—¿Y si el señor Franco no se los llevó? ¿Y si todo es obra de esa doctora loca?Oriana se puso de pie.Con esa lentitud nueva de los meses.Con la mano en el vientre de manera involuntaria, ese gesto que había vuelto a instalarse sin pedir permiso igual que la primera vez.Oriana no dijo nada por un momento, estaba procesando esa información que jamás se le pasó por su cabeza.Miró a Rodri

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status