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Capítulo treinta y tres

Author: Beika
last update publish date: 2026-05-17 10:06:31

El ruido ensordecedor de la música en la casa de Marcos nos recibió desde antes de aparcar. Adentro de la inmensa casa, la mezcla de los diferentes perfumes estallaba en el aire junto con los olores a sudor. Y ni hablar del alcohol.

No lo planeé, pero los recuerdos de la última vez de lo sucedido con Eiden se aventaron en mi mente; incluso sentí que mi cerebro recordaba más de lo que pasó. Fue extraño.

Zoe giró el rostro repetidamente, moviendo su cabellera rubia por todos lados, tratando de
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  • Dilemas del corazón   Capítulo cuarenta y cuatro

    Subí los escalones que llevaban a mi siguiente clase. La sonrisa en mis labios no se había borrado, sin importar las sacudidas de cabeza para ahuyentar el beso de Eiden, el contacto fantasmal de sus labios sobre los míos seguía ahí.Bajé la mirada a la bolsa de maquillaje. Qué locura.Apreté la pequeña bolsa contra mi pecho un segundo antes de deslizarla en mi bulto. Limpié el sudor en mis manos y empujé la puerta del aula, esperando pasar desapercibida, pero mis mejillas seguían ardiendo como chispas de llama flotando en una chimenea.La profesora ya estaba en el aula, pero por suerte aún no había iniciado la clase.Me apresuré rápidamente a mi asiento de siempre al lado de Vayolet. Pareció enterarse de lo sucedido con un solo vistazo.—¿Y esos labios fuego, diva? —susurró, analizando cada expresión de mi rostro.—Oh, ¿eso? —tartamudeé—. Tenía tiempo sin darle uso, ¿me queda bien?Achinó los ojos, un poco dudosa, luego asintió, desviando sus ojos a su bulto.—Te queda lindo.Exhalé e

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    —No me refería a eso. Solo digo que es injusto que la persona que puede tenerlos no tiene ni la menor idea de eso y la persona que sí los quiere no tenga ese derecho. Subí los hombros, restándole importancia. Odiaba admitirlo, pero lo que dijo sí hizo efecto en mi cabeza, no de forma negativa, más bien porque todavía no me cabía en la cabeza que ese chicó frente a mi realmente quería estar conmigo. Recogí mis cosas y me levanté, llevándome el bulto al hombro. Eiden se levantó justo en ese momento, como si lo hubiéramos ensayado. —Deja que te lleve a un sitio. Negué. —No puedo, tengo clases de psicología general. —Prometo que no nos tardaremos —insistió. —Yo… No dejó que hablara, tomó mi mano y corrió hacia la puerta. Traté de zafarme, pero hizo firme su agarre mientras me llevaba a la salida. Giraba el cuello hacia los lados inconscientemente, asustada de que alguien nos malinterpretara, o no queriendo, más bien, que Ryan o Zoe nos viera tomados de las manos. Llegando a su a

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    Bostecé, estirando mi cuerpo frente al espejo. Mis ojos se veían ligeramente hinchados. En el momento en que terminé mi cena, no hice más que irme a dormir. A pesar de que dormí temprano, sin desvelarme ni para usar el baño, desperté gracias a los regaños de mi madre; si no, todavía estaría durmiendo.Tiempo después, me di una ducha rápida y vestí unos pantalones jeans color carbón y una sudadera roja holgada. Puse unos tenis negros en mis pies, aproximándome de nuevo al espejo para ver qué podía hacerle a mi cabello. Al final, solo lo dejé suelto... Encontré un labial viejo que pocas veces usaba. Era de un color rojo no muy intenso. Lo había comprado hace un tiempo para colorearme los labios en las clases de literatura y poder llamar la atención de Ryan, pero una semana después me enteré de que le gustaba a Zoe. Si lo compre, de todas formas debía usarlo, ¿no? No es que lo quiera poner por él… ni por Eiden.El ambiente en la cocina estaba tranquilo. Mi padre ya se había ido a trabaja

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    Domingo por la mañana acompañé a mi madre al supermercado. Yo hice las compras de las bebidas y ella se encargó de lo demás. De regreso a casa, acomodamos cada compra en su respectivo lugar, mi mamá luego se puso a preparar el almuerzo y no me quedó más que ayudarla. Duré todo el día sin revisar mi teléfono. Era muy probable que la bandeja de notificaciones estuviera llena de más mensajes y llamadas perdidas de Zoe, o eso quería creer, de cualquier forma, yo aún no estaba lista para hablar con ella. Aunque ahora me dolía menos lo sucedido de la otra noche, seguía dando vueltas en mi cabeza. Y no es que quería hacerme la víctima, entendía que estaba pasada de copas, pero yo me obligué a asistir a esa fiesta porque no quería que se sintiera sola en esa noche que pensaba sería importante para ella, solo para que al final ella se sumara al resto.Sacudí mi cabeza y quité la bandeja de lasaña de entre las manos de mi madre, sirviéndolo a la mesa. Ocupé mi asiento al lado de Udri y mamá hiz

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    Mi madre soltó una risa que se escuchó suave y de total complacencia. Por supuesto, él le devolvió el mismo gesto, sin saber que lo único que estaba haciendo era incitándose una tortura en contra.Ella no le quitaba el ojo de encima; la sonrisa en su labio tampoco desa parecía, solo aguardaba cada bocado del pelinegro, asegurándose de que no desperdiciara la comida que le había servido. Y él no la defraudaba, tragaba, llenando continuamente su boca como si no hubiera comido antes. Su estómago debía estar rogando clemencia.Mi madre no tardó en retomar la conversación. Se apoyó en las manos, iniciando una avalancha de preguntas que, gracias a Dios, Eiden contestaba sin mucho esfuerzo.—¿A qué se dedican tus padres, hijo?—Mi padre es empresario hotelero, y mi madre es propietaria de un importante grupo bancario internacional.Ella contestó encantada entre elogios y aceptación, saltando rápidamente con otra interrogativa.—Dime Ryan… ¿tienes novia?Casi me ahogo con mi saliva. La expres

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