FAZER LOGINArthur Brigman frunció el ceño mientras observaba a Kate.Ella, completamente tranquila, se miró las uñas como si nada hubiera ocurrido.—A mí ni me mires. ¿Qué culpa tengo yo si vienen a buscar problemas aquí? —dijo con total desparpajo.Eric resopló, todavía alterado por el escándalo de la entrada.—Su actitud es reprochable. Parecía una pelea de gatas.Kate levantó lentamente la vista.—¿Quieres que me comporte como una gata?Eric abrió la boca para responder, pero Arthur intervino.—Kate, si alguien te filmó, tu imagen puede verse afectada.Félix, que permanecía unos pasos atrás con el teléfono en la mano, carraspeó incómodo.—Ah, es que me había olvidado. Aquí el asistente fue quien filmó —comentó Eric señalándolo.Félix levantó inmediatamente las manos mirando a Kate.—Con propósitos legales.Miró a Arthur antes de continuar.—Se olvidan de que mi auto fue destruido aquí enfrente. Era evidente que esa loca estaba acechando a Victoria. Se lo dije en su momento a Ethan y hoy quedó
Eran las cinco menos cuarto cuando Victoria salió de la habitación y se dirigió a la recepción del hotel.El lobby estaba casi vacío. Afuera todavía era de noche y, tras los ventanales, el frío de Texas empañaba los cristales.Se sirvió un café de la máquina automática y esperó a Jean Paul, que viajaría con ella. El resto del equipo se ocuparía de trabajar en el estudio de Houston, mientras ellos visitarían la locación de Dallas y otras dos locaciones exteriores que requerían permisos especiales y una ampliación de autorización.Por ese motivo debían pasar por las alcaldías correspondientes.Victoria quería dejar absolutamente todo resuelto en Texas antes de cruzar a Luisiana.Jean Paul apareció faltando cinco minutos, con el cabello todavía algo revuelto y una taza vacía en la mano.—Buenos días, mamá. Dime, ¿has dormido aquí en la recepción?Victoria soltó una sonrisa.—Y yo que pensé que por dormir solo te levantarías de mal humor.—Dormí perfectamente.—Entonces no quiero imaginar
Ethan estaba en casa de sus padres cuando su teléfono sonó.Había decidido ir a visitar a su madre después de que esta lo llamara furiosa para reclamarle por las declaraciones de Scarlett diciendo que tendrían un hijo.—La madre de mis nietos debió ser Victoria, no esa cosita. ¿Qué valores puede darles a sus hijos una mujer que empezó siendo una amante? Con las amantes no se forma una familia —dijo Susan.—Puedes estar tranquila, no habrá ningún nieto —le aseguró Ethan.—Tranquila estaré el día que recobres el sentido común y regreses con Victoria.Ethan se paso una mano por el pelo, su vida era un caos.El teléfono de Ethan volvió a sonar.No reconoció el número.Era un oficial de policía que se había acercado a su casa de Malibú porque la alarma del Audi R8 no dejaba de sonar.—Según la empleada, la señora Collins fue quien vandalizó su coche.Ethan no podía creerlo.Se llevó una mano al puente de la nariz.—No presentaré cargos. Lo manejaré como lo que es: un asunto privado.Cortó
Gabriel observó a Victoria por encima del monitor.Ella permanecía sentada en su escritorio, completamente concentrada.Si era sincero consigo mismo...Extrañaba a Vicky.Extrañaba su caos.Ya no se quitaba los zapatos.Ya no ponía heavy metal a todo volumen.Ya no discutía con personajes imaginarios ni se burlaba de su café.Todo era educado.Respetuoso.Y frío.—Señor Knight, a no ser que necesite otra cosa, iré a revisar la agenda de mañana —dijo ella sin apartar la vista de la tableta donde organizaba el cronograma.Gabriel iba a preguntarle por un documento.Ella se adelantó.—Ya se lo envié por correo hace unos minutos.Él soltó el aire con resignación.—Puedes ir.Victoria asintió, guardó la agenda, el portátil y el teléfono en el bolso.Estaba a punto de salir cuando la voz de Gabriel volvió a detenerla.—Victoria.Ella giró apenas.—Te quiero en una hora en el estudio tres.—Como ordene, señor Knight.La puerta se cerró.Gabriel dejó caer la cabeza sobre el escritorio.—Extra
Victoria abrió las cajas con los adornos de Navidad.Aunque tenía dinero suficiente para contratar a cualquier empresa de decoración de lujo para vestir toda la casa, siempre había preferido hacerlo ella misma.Se arrodilló frente a una caja más pequeña.La abrió con cuidado.Allí estaban.Los adornos especiales.Uno por cada año de matrimonio.Dieciocho.Cada uno llevaba una fecha, un viaje, una fotografía diminuta o un detalle que habían elegido juntos.Victoria apretó los labios.—Maldito Ethan...Mientras él planeaba su futuro y hablaba de formar una familia, ella solo tenía trozos de una vida inconclusa.Cerró la caja de golpe.La arrojó hacia un rincón del cuarto.El cartón golpeó la pared.Cerró la puerta con un portazo y caminó hasta el despacho improvisado.Necesitaba irse.Lejos.Encendió el ordenador y comenzó a redactar correos.Vancouver.Londres.Cualquier lugar donde pudiera empezar de nuevo.El teléfono vibró.Era su hermana.No había respondido las llamadas de su madr
Ethan estaba furioso en su oficina. La copa rota del sábado por la noche seguía apareciendo una y otra vez en su cabeza. Su secretaria golpeó la puerta. —Señor Callahan, la señorita Collins insiste en verlo. Ethan respiró hondo. —Que pase. Scarlett entró con gafas de sol, un abrigo claro sobre los hombros y el mentón en alto, como si aún estuviera frente a las cámaras. Cerró la puerta detrás de ella. El silencio duró apenas un segundo. —¿Qué tienes en la cabeza? —preguntó Ethan sin levantarse de la silla. Arrojó una carpeta sobre el escritorio. —Tengo inversionistas con un ataque de nervios. Tu representante me llamó. El estudio quiere saber si estás embarazada, si vas a quedar embarazada durante el rodaje o si pienso cambiar el calendario de producción. Scarlett cruzó los brazos. —Es lo que yo quiero. —¿Desde cuándo? Ethan se puso de pie.—Hablas conmigo, Scarlett. Te conozco. La señaló con el dedo.—Tú solo quieres tener lo que no le di a Victoria. Ella abrió los ojos







